Música
Keith Richards: las ocho décadas de una leyenda que marcó a fuego al rock and roll
El icónico guitarrista de The Rolling Stones llega a los 80 años con el título honorífico de ser un símbolo inequívoco del rocanrol.
Por Hernani Natale
A principios de los ’70, John Lennon proclamaba que «si el rock and roll tuviera un nombre, se llamaría Chuck Berry», pero lo que el exbeatle no podía saber entonces era que la leyenda de Keith Richards aún no estaba toda escrita, porque transitado ya casi un cuarto del siglo XXI y unas siete décadas del género nadie puede negar que el icónico guitarrista de The Rolling Stones llega a los 80 años con el título honorífico de ser un símbolo inequívoco de este movimiento cultural.
Sin temor a equivocaciones, podría afirmarse que el fenómeno que explotaría en los años `50 con Elvis adquirió forma humana el 18 de diciembre de 1943, cuando en la localidad de Dartford, del condado británico de Kent, nació una de las mitades fundamentales de la mítica banda que prácticamente atravesó toda la historia del género.
Es cierto que hay una imagen ligada al pantalón de cuero y el jopo que simboliza al rock and roll primigenio; pero en los `60 hubo una evolución que tuvo a Los Stones como uno de sus impulsores y, allí, la imagen de Richards comenzó a elevarse, desde lo conceptual, el comportamiento y lo estético, como el modelo del perfecto rocker.
Creador de emblemáticos riffs y dueño de un inigualable e inconfundible estilo como guitarrista, entrañable, sobreviviente a todo; Keef -como lo llaman los amigos y los millones de fans- ha eternizado su imagen de viejo pirata con el cuerpo lleno de marcas que hablan de su inabarcable historia.
Un breve, caprichoso, pero elocuente fresco sobre el personaje incluye necesariamente algunas pintorescas anécdotas como cuando hace unos años atrás se cayó de la rama de un árbol de coco en la que reposaba durante unas vacaciones; o cuando contó en un reportaje que había inhalado las cenizas de su padre:
- Richards es el autor del riff de «(I Can´t Get No) Satisfaction», tal vez uno de los cinco más famosos en la historia del rock, pero no recuerda mucho sobre su creación porque sucedió en medio de un desvarío nocturno guitarrístico, en plena somnolencia etílica, y logró rescatarlo gracias a que dejó una grabadora de cinta prendida toda la noche.
- Hace apenas unas semanas, trascendió un video de una entrevista en el programa de Jimmy Fallon en el que con una guitarra acústica tocaba varias de las famosas bases de clásicos de los Stones. Cuando el presentador se sorprendió porque lograba extraer de ese instrumento desenchufado el característico sonido «eléctrico» que despliega con la banda en escena, Keith expresó de manera inocente: «No sé cómo lo hago. Solo sé que lo hago».
- Integró junto a Mick Jagger una de las duplas compositivas más importantes en la historia del rock -solo superada por Lennon y McCartney-; una sociedad que al igual que la de sus pares beatles funcionó por tratarse de opuestos que operaban como complementarios. Claro que esto significó una fraternal relación personal llena de cariño y admiración, pero tormentosa, que supo de momentos casi terminales.
- En su libro «Éramos unos niños», Patti Smith cuenta que en la primera mitad de los `70 miraba una foto de Richards para copiar su corte de pelo. En los primeros 2000, el actor Johnny Depp se inspiró en el look de «viejo pirata» del famoso guitarrista para darle vida a Jack Sparrow en la saga «Piratas del Caribe», y años más tarde lo reconocería literalmente como el «padre de la criatura» al invitarlo a una aparición en otra película de esta serie.
- Cuando la Policía británica inició en pleno apogeo hippie redadas anti-drogas en las mansiones de los músicos de rock, Richards se convirtió en uno de los blancos predilectos. Es que en la morada del guitarrista siempre había pruebas suficientes como para ponerlo a disposición de la Justicia.
- Una gran cantidad de chistes, en los últimos tiempos en forma de memes, hacen alusión a la resistencia a las sustancias tóxicas y a la capacidad de sobrevivir a todo de Richards. En tal sentido, se lo emparenta con las cucarachas y su aptitud para superar el diluvio universal.
- Richards puede manifestar a los cuatro vientos que el pop de sintetizadores y el rap «son una mierda», y a nadie se le va a ocurrir criticarlo por eso o desautorizarlo. «Prefiero la música hecha por gente que toca instrumentos», suele justificar.
Por un cúmulo de cuestiones como las mencionadas, Richards es la imagen viva del rock y, probablemente, una de las pocas figuras que cuentan con la admiración y el cariño unánime.
Y como si todo eso no alcanzara, para la feligresía argentina, el guitarrista cuenta con un valor extra: fue el primer stone en poner un pie en carácter de solista en nuestro país, lo que impulsó un par de años más tarde el debut de la banda en suelo local.
La historia de Richards podría empezar a escribirse cuando en sus primeros años escolares se hizo amigo de Mick Jagger, a quien dejó de ver por varios años pero reencontró de manera fortuita en una estación de tren cuando eran adolescentes, y con quien reanudó el vínculo de inmediato y para siempre, cuando descubrió que el futuro cantante llevaba varios discos de blues americano que coincidían con su gusto.
«Jagger y Richards escribían las canciones necesarias para el éxito de la banda, no solo blues, y siempre buscaban ir para adelante», dijo a Télam el descubridor, primer manager y productor de The Rolling Stones, Andrew Loog Oldham, en una entrevista exclusiva en noviembre pasado.
Precisamente, la dupla se afianzó a partir de la perfecta combinación de dos personalidades opuestas en muchos sentidos. La voz y, especialmente, la forma de frasear de MiIck y las bases de la guitarra de «Keef», caracterizada por su afinación abierta, conformó la esencia de la inexplicable pero inequívoca etiqueta de «rock stone».
Como toda relación fraternal, en especial con personalidades tan distintas, la relación entre los socios creativos atravesó tempestades. La más compleja fue en la segunda mitad de los ´80, cuando ambos iniciaron una suerte de «Guerra Fría», a partir de una simbólica «carrera armamentística» que tomó cuerpo en sendos lanzamientos de proyectos solistas que pusieron en riesgo de muerte a The Rolling Stones.
De portar la legendaria remera con la inscripción «Who the Fuck is Mick Jagger?» («¿Quién carajo es Mick Jagger?»), al amoroso mensaje en redes sociales que dejó en julio pasado a su viejo camarada por sus 80 años, corrió mucha agua debajo del puente. Con todas las cartas sobre la mesa, a esta altura puede decirse que el nervio y el carácter cerebral de Jagger requería de la parsimonia y la conexión con las raíces de Richards.
Es que Keith se enamoró de chico del rock de Elvis, se sumergió de inmediato en la música afroamericana y posó su mirada un poco más allá, cuando curioseó en el reggae jamaiquino. En esa mezcla, el artista fue forjando un estilo propio y único, simple y pegadizo al oído, pero complejo de reproducir con fidelidad. El documental «Under the Influence», de 2015, narra con precisión y belleza este viaje musical.
Y, por sobre todas estas virtudes, se impone una imagen construida a partir de las marcas que la historia fue dejando sobre su cuerpo. Richards fue la quintaesencia del «rockero reventado» que vive en un permanente estado tóxico, al punto que llegó a desayunar whisky y heroína. Allí adquirió un andar tambaleante y un hablar balbuceante que se convirtieron en su sello personal y conserva hasta hoy. A eso hay que sumarle el cigarrillo en la boca, como una extensión más de su cuerpo.
Keith Richards justificó durante muchos años sus adicciones al reconocer que no sabía qué hacer cuando no estaba de gira, a pesar de contar desde hace décadas con una familia estable.
El artista dejó la heroína hace décadas, la cocaína hace algunos años y el cigarrillo, unos pocos. A los 80, y a pesar de la artritis, lo que evidentemente no dejará nunca son los escenarios. Por suerte para los millones que lo adoran en todo el mundo, todavía no encontró satisfacción en otro lugar más que en ese hábitat natural.
Celebridades
El Palacio Barolo y las calles de la Ciudad rinden homenaje a Charly García
Un ciclo musical en la terraza del emblemático edificio porteño y un mural colosal en Corrientes y Callao confluyen en un mayo que convierte al creador de Sui Generis y Serú Girán en protagonista central de la agenda cultural de la ciudad.
Charly García toma Buenos Aires: el Palacio Barolo y un mural monumental del rock
La figura de Charly García se instala con fuerza en la escena cultural de Buenos Aires durante este mes de mayo de 2026. Dos iniciativas simultáneas, una de carácter musical y otra de intervención urbana, sitúan al compositor, pianista y referente del rock argentino en el centro de la conversación cultural de la ciudad: el ciclo Panorama Barolo lo convierte en protagonista de su segunda edición, mientras que un mural monumental de 195 metros cuadrados transforma la icónica esquina de Corrientes y Callao en un homenaje a cielo abierto.
El Palacio Barolo como escenario íntimo
El ciclo Panorama Barolo regresa el próximo 16 de mayo con una propuesta que une música en vivo y arquitectura histórica en un mismo espacio. La cita se realizará en la terraza del piso 13 del Palacio Barolo, el edificio de la Avenida de Mayo inspirado en la Divina Comedia de Dante Alighieri, en tres funciones con los siguientes horarios: 17:30, 19:30 y 21:00hs. Las entradas están disponibles en la página web del recinto.
La banda Songtracks, responsable también de la edición inaugural del ciclo, será la encargada de recorrer las distintas etapas de la obra de García, desde la sensibilidad acústica de Sui Generis y la complejidad compositiva de Serú Girán hasta la vanguardia de su etapa solista. Clásicos como «Los dinosaurios» y «Seminare» formarán parte del repertorio en versiones adaptadas al formato íntimo que define a este ciclo.
La propuesta de Panorama Barolo no es la de un recital convencional. El espacio en sí, con su acústica particular y su entorno patrimonial, forma parte del espectáculo. La primera edición del ciclo, dedicada a Soda Stereo y Gustavo Cerati, confirmó que existe un público ávido de experiencias donde la cercanía entre músicos y oyentes, el entorno histórico y la escucha reflexiva definen una experiencia distinta a la del estadio o el teatro.
La elección de García para esta segunda edición responde a la profundidad y extensión de su obra. Su trayectoria, considerada una de las más influyentes del rock en lengua castellana, atraviesa más de cinco décadas y ofrece un material de capas múltiples que, según la propuesta del ciclo, invita a ser redescubierto lejos de la mera reproducción nostálgica.
Un mural de 195 metros cuadrados en el corazón cultural de la ciudad
En paralelo, la esquina de Corrientes y Callao, uno de los puntos más simbólicos de la cultura porteña, estrenó días atrás un mural monumental dedicado a García. La obra, de 195 metros cuadrados, lleva la firma del reconocido artista Martín Ron y fue realizada en el marco de las celebraciones por el 55º aniversario de la histórica disquería y librería Zivals.
La pieza está inspirada en la icónica portada del álbum «Clics Modernos» (1983), uno de los discos fundamentales del rock nacional, y traslada la imagen de García en la intersección neoyorquina de Walker Street y Cortlandt Alley, donde el músico fue retratado por el fotógrafo Uberto Sagramoso, al corazón de Buenos Aires. La intervención propone así un diálogo simbólico entre Manhattan y la Avenida Corrientes.
Según las fuentes, el propio Charly García visitó el local y dio su aval al proyecto, un gesto que selló el carácter especial de la obra. El mural incluye además un sector interactivo donde los visitantes pueden posar como García en la portada del álbum, consolidando el homenaje como un nuevo punto de encuentro para fanáticos y amantes del arte urbano. Según consignó la Agencia NA, el trabajo de Ron fue reconocido por la Legislatura porteña como patrimonio cultural de la ciudad.
La esquina de Corrientes y Callao no es un escenario elegido al azar. Durante décadas fue epicentro de la vida cultural y contracultural porteña, rodeada de espacios como el Centro Cultural Ricardo Rojas, el Teatro General San Martín y el Cine Cosmos, lo que convierte al mural en una intervención doblemente significativa.
La obra de García, más vigente que nunca
El impulso simultáneo de estas dos iniciativas llega en un momento en que la figura de Charly García mantiene una vigencia que pocas veces se ve en el rock argentino. Su obra atraviesa generaciones y géneros, y su influencia sobre músicos contemporáneos resulta innegable. La elección de un edificio centenario como el Palacio Barolo y de la esquina más literaria de Buenos Aires como escenarios de homenaje no hace más que subrayar el lugar que ocupa García en el patrimonio cultural argentino.
Panorama Barolo apuesta por devolver esa música a un espacio donde pueda escucharse de otra manera, lejos del espectáculo masivo, cerca del oyente. El mural de Martín Ron, en cambio, lleva la imagen de García a la calle, al espacio público, al tránsito cotidiano de miles de personas que quizás no habrían elegido detenerse ante un cuadro en un museo pero sí lo harán ante una pared de casi doscientos metros cuadrados en el corazón de la ciudad.
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