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Los genocidas de la calle Corro no quieren declarar

Los diez militares detenidos en la causa por la masacre del 29 de septiembre de 1976 en la que murió Victoria Walsh, se negaron a declarar

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Los diez militares detenidos en el marco de la causa en la que se investiga la muerte de Victoria Walsh, hija del escritor Rodolfo Walsh, y el asesinato de otros cuatro militantes de Montoneros se negaron hoy a prestar declaración indagatoria, informaron fuentes judiciales.

Todos los imputados quedaran detenidos en la unidad 34 dependiente del Servicio Penitenciario Federal, ubicada en Campo de Mayo, mientras el juzgado a cargo de Daniel Rafecas resuelve sobre planteos de detención domiciliara para luego abocarse a decidir sobre la situación procesal de cada uno.

En la causa se investiga el operativo de la calle Canónigo Miguel Calixto del Corro 105, en el barrio porteño de Villa Luro, hasta donde llegaron el 29 de septiembre de 1976, distintos escuadrones del Ejército, la Policía Federal y Gendarmería que desataron una cacería en contra de un grupo de militantes de la agrupación política Montoneros.

En aquel operativo conjunto de las fuerzas represivas fueron asesinados Alberto José Molina Benuzzi, Ignacio José Bertrán, Ismael Salame y José Carlos Coronel; mientras que María Victoria Walsh se quitó la vida al evidenciar que no podría huir del operativo en el que había quedado encerrada. Esa mañana, además, fueron privadas ilegalmente de su libertad y conducidas a diversas dependencias del circuito de represión clandestino -hasta que fueron finalmente liberadas tiempo después- Lucy Matilde Gómez de Mainer, Juan Cristóbal Mainer, Maricel Marta Mainer y Ramón Alcides Baravalle.

En el marco de la investigación se logró determinar la confluencia de diversas fuerzas en la perpetración de los hechos mencionados -Ejército Argentino, Policía Federal y Gendarmería Nacional-, habiéndose comprobado la intervención del personal del Grupo de Artillería de Defensa Aérea 101 del Ejército Argentino en estos hechos, según informaron fuentes judiciales.

Guillermo Viola es uno de los imputados

Los militares retirados detenidos son Héctor Eduardo Godoy, Gustavo Gilberto Tadeo Juárez Matorras, Danilo Antonio González, Abel Enrique Re, Carlos Alberto Orihuela, Ricardo Grisolía, Gustavo Antonio Montell, Hugo Eduardo Pochón, Guillermo César Viola y Domingo Armando Giordano.

Los imputados fueron individualizados a partir del análisis de los elementos incorporados al expediente entre los que se encuentra el libro histórico del GADA 101, legajos personales del Ejército Argentino, declaraciones testimoniales de víctimas y familiares de las víctimas; declaraciones testimoniales de ex soldados conscriptos y legajos Conadep. La historia de la muerte de “Vicky” Walsh fue relatada por su propio padre en la “Carta a mis amigos” que escribió el 29 de diciembre de 1976 donde relató con detalles el asedio que sufrió ella y el resto de los militantes que se habían reunido en el inmueble de la calle Corro 105.

Vicky se quitó la vida al día siguiente de cumplir los 26 años tras aquel operativo conjunto de las fuerzas represivas que rodeó la vivienda, asesinó a cuatro militantes y secuestró a otros cuatro: antes había resistido por más de una hora junto a sus compañeros. “Mi hija estaba dispuesta a no entregarse con vida. Era una decisión madurada, razonada. Conocía, por infinidad de testimonios, el trato que dispensan los militares y marinos a quienes tienen la desgracia de caer prisioneros: el despellejamiento en vida, la mutilación de miembros, la tortura sin límite en el tiempo ni en el método, que procura al mismo tiempo la degradación moral, la delación”, escribió Rodolfo Walsh en aquella carta a sus amigos.

«Mi hija estaba dispuesta a no entregarse con vida. Era una decisión madurada, razonada. Conocía, por infinidad de testimonios, el trato que dispensan los militares y marinos a quienes tienen la desgracia de caer prisioneros»- escribió Rodolfo Walsh

“El 28 de septiembre, cuando entró en la casa de la calle Corro, cumplía 26 años. Llevaba en sus brazos a su hija porque en último momento no encontró con quién dejarla. Se acostó con ella, en camisón. Usaba unos absurdos camisones largos que siempre le quedaban grandes. A las siete del 29 la despertaron los altavoces del Ejército, los primeros tiros. Siguiendo el plan de defensa acordado, subió a la terraza con el secretario político Molina, mientras Coronel, Salame y Beltrán respondían al fuego desde la planta baja”, relató.

“El cerco de 150 hombres, los FAP emplazados, el tanque. Me ha llegado el testimonio de uno de esos hombres, un conscripto: ´El combate duró más de una hora y media. Un hombre y una muchacha tiraban desde arriba, nos llamó la atención porque cada vez que tiraban una ráfaga y nosotros nos zambullíamos, ella se reía´», escribió Walsh en el texto que hoy reprodujo el diario Página/12.

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Argentina

Lago Escondido: manifestante terminó con «fractura de costilla y edema»

Fue tras las agresiones de peones de Joe Lewis.

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Joel Sverdlik, responsable del frente de abogados de La Cámpora San Isidro y participante de la Séptima Marcha por la Soberanía al Lago Escondido, denunció hoy que tiene una fractura de costilla con desplazamiento y un edema en la rodilla producto de las agresiones que recibió por parte de «la patota de Joe Lewis», el magnate británico, y criticó la atención médica recibida en la Patagonia, donde los médicos «dijeron que era algo menor».

«Fuimos al portón (de la propiedad de Lewis) desarmados, con la idea de salir y fuimos increpados por la patota de Lewis, con Pablo Puchi a la cabeza y personas que nos vinieron a agredir de forma sistemática. Tenían cuchillos, perros, piedras, palos, caballos, estábamos totalmente indefensos», indicó Sverdlik en diálogo con Télam.

Nueve manifestantes y una fotoperiodista fueron retenidos el miércoles pasado durante dos horas y agredidos por peones rurales que responden al magnate británico Joe Lewis, en un incidente producido durante la Séptima Marcha por la Soberanía al Lago Escondido.

La agresión denunciada ocurrió cuando los manifestantes intentaron ingresar al Camino del Tacuifí, uno de los accesos al Lago Escondido, prohibido para el tránsito público y quedó registrada en un video, donde Sverdlik se reconoció como aquel que tiene «la remera de Argentina».

«Cuando salgo para buscar refugio en unos arboles, me persiguen, tiran fustazos, me tiran de la mochila y me pechea un caballo. Me caigo y me patean entre cinco personas, me pisa un caballo y me remata una patada de una persona con una remera blanca y un pantalón naranja», detalló.

El dirigente afirmó que estos golpes le produjeron «contusiones» y la patada en la cabeza «me dejo chichón y un hematoma».

«En el cuerpo tengo un fustazo, lo más grave es un edema en la rodilla por la patada del caballo y una fractura en la costilla con desplazamiento producto de la patada de la persona que se ve en el video», subrayó.

Además, Sverdlik denunció que «esto surge de la tomografía que me hicieron en Buenos Aires, porque tanto en El Foyel como en el hospital de El Bolsón no detectaron absolutamente nada. Los médicos dijeron que no teníamos nada, que era algo menor y nos venimos a encontrar con que el cuadro es muchísimo más grave de lo que pronosticaron», aseveró.

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