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«Nuestra historia», una impactante exposición sobre la memoria trans en el Museo del Bicentenario
¿Cuál es tu primer recuerdo de una persona trans?”, interpela al público un escrito en un módulo de la sala del Museo del Bicentenario que acompaña fotos de mujeres trans.
El Museo del Bicentenario acaba de inaugurar la muestra “Nuestra historia”, integrada por una selección de documentos fotográficos del Archivo de la Memoria Trans (AMT) que dan cuenta de la marginación a la comunidad trans, las estigmatizaciones en las que fueron caracterizadas por los medios, las escenas de la vida cotidiana del colectivo y las conquistas logradas durante los gobiernos democráticos que permitieron visibilizar los procesos de lucha y organización popular.
“¿Cuál es tu primer recuerdo de una persona trans?”, interpela al público un escrito en un módulo de la sala del Museo del Bicentenario que acompaña fotos de mujeres trans. “Seguro nos viste en la televisión y como vedettes. Muchas veces ridiculizadas”, afirma a continuación el texto. A lo largo de los años, los medios masivos de comunicación han presentado al colectivo trans como víctimas pasivas de una cantidad atroz de horrores, delitos y marginalidad. “Nuestra historia” se despliega en el museo con el fin de contrarrestar una narrativa oscura sobre la comunidad a través de memorias fotográficas, cartas, notas, legajos policiales, artículos de diarios y revistas, hasta pasaportes y el “Reglamento de procedimientos contravencionales del Archivo de la Memoria Trans”.
Desde la anécdota personal y el gesto privado, la muestra invita a la construcción de nuevos sentidos colectivos para que “el día de mañana, cuando alguien pregunte cuál es su primer recuerdo de una persona trans”, las recuerden “tal cual” son. La iniciativa, que cuenta con 10 mil imágenes digitalizadas que ilustran las experiencias del colectivo desde 1936 a 1999, fue expuesta anteriormente en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti y en la Tate Modern. Además, estuvo en el Museo Reina Sofía y en cientos de espacios barriales.
Sobre la importancia de exponer el AMT en una institución pública como el Museo del Bicentenario, María Belén Correa, una de sus fundadoras, reflexiona en una entrevista durante la inauguración: “Dentro de lo que es el arte, también está la parte de mostrar y parte de mostrar es lo que nos falta. Es una indemnización para todas las compañeras que pusieron el cuerpo en esa época”.
Lo destacable del AMT es su multidireccionalidad que cuenta también con una serie documental estrenada este martes en Canal Encuentro, del mismo nombre, que comenzó con el testimonio de Correa, quien fundó el archivo a partir de la muerte Claudia Pía Baudracco, amiga y activista que soñó con un acervo que atesorara cada foto robaba, cada pasaporte, cada carta, cada DNI ganado a la destrucción de quienes las negaban.
Además, el AMT publicó 2.500 ejemplares de un libro homónimo editado por el sello Chaco. La obra, que se agotó en tan solo dos meses y ya no puede conseguirse, fue pensada para que no tuviera reimpresión, pero sí un segundo tomo donde primen textos en primera persona sobre las imágenes.
Abordar la selección final del material para la muestra en el Museo del Bicentenario, lo primero implicó -cuenta Correa- “hacer una investigación ardua dentro del Archivo General de la Nación, que es la primera parte que se encuentra con fotos en blanco y negro”. “Hubo mucho trabajo de curación con el museo, su opinión y el diálogo constante hizo que se decidiera el formato y la disposición. Por ejemplo, que en el piso se pueda encontrar información sobre las fotos y distintas estéticas que se hicieron especialmente para esta exposición”, detalla la fundadora.
En ese sentido, el primer módulo que recibe al público en el salón del museo pertenece al “Archivo Diario Crónica”. Las imágenes muestran la detención de Mariela Muñoz en 1993, una reunión de travestis redactando una carta dirigida al presidente Alfonsín en la redacción del diario Crónica y a una mujer trans sosteniendo un cartel: “Igualdad de derechos”. También aparecen más consignas, escritas con firmeza en papel: “Somos seres humanos, queremos libertad”, “Queremos igualdad de derechos”, “Queremos tolerancia”.
En una vitrina contigua, cinco personas se aglutinan para ver la exposición de originales de revistas y diarios que retoman eventos en los que estuvieron involucradas personas trans desde una óptica discriminatoria y violenta. “El travesti se casó de blanco”, «La mujer-hombre», «Un mundo de siliconas, sexo furtivo, karate y delirios», titulaba la prensa. “Todo en un registro como si fueran hombres, ¿viste?”, nota una espectadora.
“En la visión que tenían sobre nosotras, en lo que se fotografiaba, encontramos una mala catalogación. Después, cuando seguís avanzando, es la misma etapa pero con la visión del Archivo de la Memoria Trans. Ósea, con las fotografías que las compañeras se sacaban por sí solas”, relata Correa.
A tan solo 15 minutos de que se abrieran las puertas del museo, ya había en el salón más de cincuenta espectadoras y espectadores que recorrían los diferentes módulos. Muchos de ellos llevaban pequeñas piedras de strass de colores en la cara. Las fotografías, que están suspendidas en el espacio como si fueran móviles, se encuentran impresas en ambos lados y muestran mujeres posando con una fuente de fondo o en el taxi.
El pasado converge con el presente cuando las protagonistas del AMT posan con sus fotografías. “Convocamos a todas las mujeres mayores para que pudieran verse en las fotos y a la vez mostrar esa resistencia. Muchas de las chicas, tuvimos que trasladarlas para que pudieran llegar. Fue parte de tener autos a disposición e inclusive chicas que necesitan sillas de ruedas. Han venido también la familia de chicas que han fallecido y resulta muy emocionante”, relata Correa.
Cerca de una vitrina que enseña fotografías originales, una mujer se detiene. “Esta soy yo de chiquita”, cuenta señalando a un infante de sonrisa amplia. “Cuando se pasa a la parte de la vida cotidiana, a los cumpleaños y reuniones, se vuelve más festivo”, cuenta la fundadora. Como parte del archivo que lleva su nombre (“Archivo María Belén Correa”), se presentan fotografías de celebraciones, encuentros y felicidad. Se encuentran eternizados momentos de brindis, jolgorio y vacaciones, que se contraponen con las imágenes en blanco y negro que enseñan integrantes del colectivo golpeadas.
Al final del salón, una línea del tiempo destaca los eventos más trascendentales para el colectivo desde la segunda mitad del siglo XX. Aparece el movimiento de “Maricas Unidas Argentinas” de 1951, las reformas de la Ley de Medicina en 1967, los crímenes de la ruta panamericana en 1982.
“Estamos tratando de que se vea la desidia, el abandono y el genocidio que hizo el Estado argentino con una población. Marcamos la Ley de Identidad de Género como nuestra democracia porque fue el momento en que el Estado dejó de perseguirnos”, explica Correa.
Actualmente el equipo del archivo está conformado por María Belén Correa, Ceci Estalles, Car Ibarra, Cecilia Sauri, Magali Muñoz, Carola Figueredo, Ornela Vega, Luis Juárez, Carolina Nastri, Sonia Torrese, Guade Bongiovanni y Julieta González. En Neuquén Marina Cisneros. Katiana Villagra y Paola Guerrero.
Educación
Sin mochilas: una escuela ensaya controles de emergencia por amenazas de tiroteos
La decisión se tomó en un colegio de San Fernando tras la aparición de mensajes intimidatorios. La medida expone el clima de temor que se extendió en al menos quince provincias y abre interrogantes sobre el rol del Estado.
La escena es tan inusual como elocuente: estudiantes que llegan a clase con carpetas bajo el brazo, útiles en bolsas de supermercado y aulas semivacías. No es una postal de otro país ni de otra época. Ocurrió esta semana en Virreyes, partido de San Fernando, donde una escuela decidió prohibir el ingreso de mochilas tras una serie de amenazas de tiroteos.
El disparador fueron inscripciones en los baños del establecimiento. “Mañana tiroteo en el cole”, decía uno de los mensajes. La advertencia, lejos de ser leída como una broma, activó un protocolo de urgencia: controles reforzados, presencia policial en la puerta y una medida inédita en la vida cotidiana escolar.
Una normalidad alterada
La decisión no tardó en mostrar sus efectos. La asistencia se desplomó y la dinámica escolar se volvió errática:
- Cursos con uno o dos estudiantes.
- Jornadas completas sin asistencia en algunos casos.
- Familias que optaron por no enviar a sus hijos.
Una alumna lo sintetizó sin rodeos: el aula quedó vacía de un día para otro. La sensación de amenaza, aun sin hechos concretos, operó como un disciplinador silencioso.
El eco de Santa Fe
El telón de fondo es el asesinato de un adolescente en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, un hecho que sacudió a la comunidad educativa y que funcionó como catalizador de una serie de amenazas replicadas en distintos puntos del país.
El fenómeno no es aislado. Se multiplicaron mensajes en redes sociales y dentro de las propias instituciones. El miedo circula, se amplifica y encuentra terreno fértil en un contexto donde la prevención parece llegar siempre un paso atrás.
Desde la conducción del colegio insistieron en que la prohibición de mochilas es una medida “transitoria”. Admitieron, sin embargo, que la escuela sola no puede dar respuesta a una problemática que desborda lo educativo.
- Se habilitaron espacios de diálogo con familias.
- Se reforzó la vigilancia en el ingreso.
- Se pidió mayor presencia estatal.
El vicedirector fue directo: el problema es social y requiere intervención más allá de las aulas.
Padres en alerta
Las familias acompañaron la decisión, aunque atravesadas por la incertidumbre. Entre el “algo hay que hacer” y la conciencia de que las soluciones son limitadas, el miedo se volvió una experiencia compartida.
Una madre lo planteó sin eufemismos: la discusión tiene que darse en las casas, pero también necesita respuestas colectivas.
Línea 102
Si necesitas ayuda o conoces a alguien que esté expuesto a violencia, llamá al 102. Es un servicio gratuito y confidencial, de atención especializada sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. Podés llamar ante una situación de vulneración de derechos. Si vivís una emergencia llama al 911.
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