Chaco
Wichis y Qom: el agua prometida en el Impenetrable chaqueño
Pequeña crónica sobre una recorrida por el Impenetrable chaqueño, donde comunidades originarias, accedieron al derecho al agua de sus habitantes a través de la construcción de cisternas para el acopio de agua de lluvia.
Por Eduardo Silveyra
EL ZANJÓN. A las seis de la mañana partimos de Castelli, pequeña ciudad del noroeste chaqueño, también conocida como Portal del Impenetrable, porque desde allí nacen todos los caminos que conducen a ese monte, con ese rumbo vamos junto a Analía Real y Ana Benedetto.
Entre las dos coordinan la construcción de las cisternas para acopio de agua de lluvia, en comunidades wichis y qom, un proyecto iniciado y llevado adelante por el Instituto Nacional de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (INAFCI) con fondos del Banco Mundial administrados por la Dirección de Programas y Proyectos Sectoriales y Especiales (DIPROSE), la construcción de las mismas se vio demorada por los tiempos de pandemia, pero volvió a cobrar impulso y se llevan construidas 479, y ya se han comenzado las obras para la construcción 557 más.

Ana, nació en Castelli y es licenciada en Ciencias Políticas, conduce con presteza por la ruta de tierra, un día a la semana hace el mismo camino para controlar las obras. Analía, que es antropóloga, me comenta que vamos a hacia la región del Chaco con el más alto índice de pobreza y que más allá de los problemas de coordinación con la empresa Urban S.A. encargada de la construcción con mano de obra de las comunidades, un punto que estaba establecido en la licitación que se adjudicaron y los problemas climáticos, las obras tomaron un buen ritmo en los últimos meses.
Nacida en Pehuajó, pero afincada desde hace ocho años en tierras chaqueñas, agrega que nunca trabajo tanto en la vida, como con estas cisternas. El sol ya comienza a clarear el día, si bien solo 100 kilómetros separan a Castelli del Paraje El Zanjón, uno de los lugares donde vamos, el camino solo permite ir a baja velocidad, por lo cual el viaje se torna largo. Después de casi tres horas de sobresaltos y polvareda, salimos de la ruta y nos metemos en una picada, cuya senda un tanto escabrosa transitamos con dificultad. Por el camino se nos cruza alguna piara de cerdos o algunas cabras, señal que estamos cerca de alguna casa. Unos 200 metros más delante de la espesura transitada, se abre otro camino desde el cual se puede ver el rancho de Santa Paz y Juan Ceballos, viven allí en el monte junto a sus tres hijos pequeños.

A un costado de la edificación de ladrillos y adobe, está la cisterna. Santa, al vernos abandona la tarea que realizaba con las fibras de yaguar y nos espera rodeada por las cabras y gallinas. Ana le pregunta si ya pasó el camión de la municipalidad para traer el agua.
-Llenaron un poco.
–le contesta. Le preguntó quién le enseñó hacer los tejidos y me dice: -Aprendí de mi madre, viendo cómo hacía ella.
-¿Y tener agua, qué te parece?
-Es lindo, le vamos a dar utilidad, podemos lavar la ropa y también para los animales.
-Está bueno eso. También podés hacer una huerta. -Sí, estamos aprendiendo la agricultura. -¿Estás contenta?
-Sí, esta vez cumplieron. Lo dice con cauta alegría, porque sabe que aún queda mucho por hacer, pero el agua es importante en momentos donde la sequía ya lleva instalada tres años en la región, producto entre otras cosas, de los desmontes para monocultivos, que incidieron en el cambio climático. Dejamos a Santa que comienza a avivar un fuego y nos introducimos en el monte por un sendero rodeado de espinillos, tuscas, algarrobos, tunas y plantas espinosas, vamos hacia el rancho de Dionisia Álvarez, una wichi delgada y fibrosa, en su rostro algunas arrugas han surcado su expresión penetrante. Ana, me dice que no le gusta hablar y Analía lo corrobora, vaya a saber por qué, tal vez porque le pregunté si el arbolito bajo el cual estábamos parados era una tusca y me dijo que sí, le haya inspirado cierta confianza para entablar un dialogo enjuto, pero dialogo al fin, en el cual me cuenta que cría cabras, chanchos y gallinas y que ahora iba a tener agua. Y que también, le parecía buena la obra de la cisterna. -Ahora solo falta la lluvia.
–Dijo con su vos tenue.
-Dicen que el viernes llueve.
-Falta poquito. Está bien. Al despedirnos nos tiende la mano, cruzamos la tranquera para volver al camino, sobre el cielo celeste planean los cuervos y después se pierden en ese infinito silencioso.

PARAJES. Los caminos son abruptos, Ana, me dice que cebe los mates cortos, para que no se derrame el agua en algún barquinazo que sobrevendrá indefectiblemente. Así vamos recorriendo los ranchos de los parajes El Zanjón, Punta Negra, Colonia Elisa y Miraflores. Le pregunto a Analía que víboras hay en esos montes y me cuenta que lo más común es encontrar a la yarará, la coral y la cascabel, las más venenosas de todas. Ya casi a media tarde y después de una larga recorrida sinuosa, llegamos a la casa de Ricardo Gallardo, su casa es de ladrillos, construida por un plan de viviendas provincial, lo que la diferencia de otras construcciones, es la distribución de las habitaciones, todas dispuestas una tras otra en galería. A un costado hay un aljibe pequeño pero seco, apenas alejado unos metros, una cuadrilla trabaja colocando las losas de la cisterna, pido permiso para sacar unas fotos, pero los cuatro muchachos qom, que están ensimismados con el trabajo, me dicen que no les gustan las fotos. Ana y Analía toman notan de ciertas demandas de los que allí trabajan, como la falta de agua para terminar el trabajo y otros detalles. Estamos en eso, cuando aparece Ricardo Gallardo, es el cacique de la comunidad Nuevo Qompi. No es muy alto, si robusto y firme, su rostro parece tallado a hachazos, como si en él se expresara toda la fiereza del monte. Ana le pregunta si está contento con la obra y le dice que sí, pero que van a tener que traer agua para poder terminarla y que además, quiere saber cuándo van a cobrar la construcción de la cisterna. En eso estamos, cuando Analía me pregunta, si quiero ver una coral que esta junto a un poste casi pegado a unos matorrales, hacía allí voy con ella. La víbora de anillos negros, blancos y rojos, repta entre los pastos, le sacamos fotos. De pronto vemos a un muchacho alto, muy fornido, que avanza decidido con una pala en la mano, le rogamos que no la mate y nos aclara que solo la va a tirar al monte. Nos sentimos aliviados en nuestras conciencias, de ver esa acción como un acto de preservación de la naturaleza, una idea que se diluye rápidamente, cuando Gallardo vuelve aparecer y levanta un terrón del suelo seco y lo estrella contra la víbora que deja de zigzaguear al cabo de unos segundos. Gallardo, nos mira y nos dice: Hay niños que cuidar.
Antes de irnos, no extiende su mano, dura como una piedra y agrega: Ya falta poquito, para tener el agua. Con Ana y Analía, volvemos en busca del camino que nos lleve otra ve a la ruta, mucho no falta para la caída del sol y para que la noche cubra la espesura del Impenetrable y los sueños de las mujeres y hombres que le habitan.
Chaco
Zdero y la mordaza prensa: un periodista preso siete horas por preguntar sobre la falta de agua
Fernando Ojeda, cronista de TV Local, fue detenido en Margarita Belén tras una consulta que incomodó al gobernador radical. La policía justificó el arresto con acusaciones de desorden, mientras el jefe de la fuerza y el juez de paz ensayaron versiones contradictorias.
Margarita Belén se convirtió en el escenario de un grave atropello a la libertad de expresión que sacudió a la provincia del Chaco. El periodista Fernando Ojeda, trabajador del medio TV Local, terminó detenido de forma arbitraria luego de intentar realizar una consulta al gobernador Leandro Zdero. El cronista permaneció privado de su libertad durante siete horas bajo una acusación de «promover desorden» que despertó el repudio inmediato de sus colegas y de organismos de prensa locales.
El incidente ocurrió durante una visita oficial del mandatario radical al Club San Martín. Según registros fílmicos que circularon con rapidez, Ojeda se acercó al gobernador para consultarle sobre las deficiencias en el suministro de agua potable en la zona. Ante la pregunta, Zdero evitó dar una respuesta técnica o política y optó por descalificar al trabajador al tildarlo de militante kirchnerista antes de continuar su camino. Minutos después, efectivos policiales procedieron a la aprehensión del joven.
Versiones cruzadas y abusos de poder
La Policía del Chaco emitió un comunicado donde intentó justificar el arresto con el argumento de que el ciudadano buscó «violar el perímetro de seguridad» y que intentó fugarse. Sin embargo, el jefe de la fuerza, Fernando Romero, brindó una explicación distinta en contacto con los medios. Romero negó que el arresto estuviera vinculado a la labor de prensa o a la seguridad de Zdero y afirmó que se debió a un supuesto «entredicho» e insultos hacia el personal de seguridad a cien metros del club.
El Juez de Paz de Margarita Belén, José Luis Pontón, reconoció ante el portal Litigio que no tomó contacto directo con el cronista ni constató su estado de salud antes de ratificar el procedimiento. Pontón admitió que su decisión se basó exclusivamente en la versión policial y afirmó que no tuvo constancia de que el episodio ocurrió durante una cobertura periodística, un dato que pone de manifiesto la precariedad legal del proceso.
El uso de figuras comodín contra la prensa
El caso generó una fuerte alerta en el arco periodístico regional debido al uso de figuras contravencionales que funcionan como herramientas de disciplinamiento. La creación de conceptos como la violación de perímetros para restringir el acceso de los trabajadores a los funcionarios públicos representa un antecedente peligroso para el ejercicio de la profesión en la provincia.
Finalmente, Pontón ordenó la libertad de Ojeda a la una de la madrugada al considerar que no existían motivos para mantener una prisión preventiva. La prensa local confirmó que el hecho despertó la solidaridad de diversos sectores que exigen garantías para que preguntar no sea motivo de detención en el Chaco de Zdero.
Puntos clave
- Un periodista de TV Local fue detenido siete horas en Margarita Belén.
- El gobernador Leandro Zdero lo calificó de «militante» ante una consulta sobre el agua.
- La policía y el juez de paz brindaron versiones contradictorias sobre el arresto.
- Denuncian el uso de figuras contravencionales para cercenar la libertad de prensa.
- El trabajador fue liberado durante la madrugada sin cargos claros.
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