Conectate con El Argentino

Sociedad

Falleció Luis Dri: el cura que inspiró a Francisco y vivió para perdonar

Tenía 98 años y desarrolló su labor pastoral en el Santuario de Pompeya, donde será velado. Fue confesor y guía espiritual de Jorge Bergoglio antes de su papado.

Publicado hace

#

El cardenal Luis Pascual Dri, uno de los sacerdotes más cercanos al Papa Francisco y referente de la pastoral del perdón, falleció este lunes a los 98 años. El arzobispado de Buenos Aires confirmó la noticia a través de un comunicado oficial, en el que destacó “el bien realizado por el padre Dri en nuestra Arquidiócesis” y pidió rezar por su eterno descanso.

Dri se desempeñó durante décadas como confesor en el Santuario de Nuestra Señora de Pompeya, en el barrio porteño de Nueva Pompeya, donde sus restos serán velados. Allí se celebrará este martes una misa a las 18. El miércoles a las 9 se realizará la Eucaristía de despedida, presidida por el arzobispo porteño Jorge García Cuerva.

Desde su humilde confesonario, Dri se convirtió en símbolo de una Iglesia centrada en la misericordia. Fue guía espiritual de Jorge Bergoglio antes de su elección como Papa, y continuó en contacto con él incluso después de su consagración en Roma. “Me llamó y me pidió que fuera a Santa Marta. Me hospedó diez días y me confesó”, relató el propio Dri años después.

De Federación al Vaticano: una vida consagrada al perdón

Luis Dri nació en 1927 en Federación, provincia de Entre Ríos, en el seno de una familia profundamente religiosa: siete de sus nueve hermanos abrazaron también la vida consagrada. Quedó huérfano a temprana edad y a los 11 años ingresó al Seminario Capuchino, donde cursó sus estudios primarios y secundarios.

A lo largo de su vida, Dri priorizó siempre la cercanía pastoral, el trabajo con los pobres y el ejercicio constante del sacramento de la reconciliación. Rechazó cargos de poder, incluso dentro de la Iglesia, y eligió permanecer como confesor en el Santuario porteño hasta sus últimos días, pese a sus dolencias físicas y su avanzada edad.

En octubre de 2023, el Papa Francisco lo nombró cardenal a través de un gesto inusual: no lo convocó a Roma, sino que dispuso que el nuncio apostólico le entregara el birrete, el anillo y el título cardenalicio en Buenos Aires. “Quiero rendir homenaje a este gran confesor, que pasó su vida en el confesonario, perdonando y escuchando”, dijo entonces Francisco.

El legado de la misericordia

El padre Dri fue símbolo de la pastoral del perdón que promueve Francisco. Nunca aceptó la lógica punitiva ni condenatoria. En entrevistas, recordaba que su modelo era san Leopoldo Mandic, también capuchino y confesor, a quien se refería como “el santo de los que no juzgan”.

Su nombre figuró en los círculos vaticanos como ejemplo de esa “Iglesia en salida” que el actual pontífice promueve desde el primer día. “Me duele cuando algún sacerdote dice que no puede dar la absolución. ¿Quién soy yo para negar el perdón si Jesús lo ofrece siempre?”, había dicho en una de sus últimas apariciones públicas.

En sus últimos años, se movilizaba en silla de ruedas y soportaba dolores físicos como consecuencia de fracturas óseas y una larga lucha contra el cáncer de colon, enfermedad que logró superar. Nunca se retiró. “Mientras pueda escuchar y acompañar, seguiré confesando”, aseguraba.

Ciencia 🧬

Científicos de la UBA buscan detectar trastornos del neurodesarrollo con un análisis de sangre

Un equipo del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular de la Facultad de Ciencias Médicas trabaja en el desarrollo de biomarcadores que permitirían identificar patologías como el TGD sin secuenciación genómica. La investigadora Verónica Báez advierte que la mayoría de los pacientes nunca recibe un diagnóstico preciso porque los estudios son costosos y las obras sociales no los cubren.

Publicado hace

#

Una muestra de sangre podría cambiarle la vida a miles de familias argentinas que llevan años sin saber qué le pasa a su hijo.

Un equipo científico de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CONICET avanza en el desarrollo de una herramienta de diagnóstico que podría transformar la forma en que se detectan los trastornos del neurodesarrollo en niñas y niños argentinos: una simple muestra de sangre, sin necesidad de secuenciación genómica ni equipamiento de alta complejidad. La investigación, que ya obtuvo resultados positivos en modelos animales publicados en revistas internacionales, se encuentra actualmente en la fase de recolección de muestras biológicas de voluntarios de la población general.

Un diagnóstico que llega tarde, o nunca

Las patologías del neurodesarrollo se agrupan en Argentina bajo el paraguas clínico de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), una categoría amplia que, en la práctica, deriva en tratamientos de ensayo y error. Un niño con dificultades motoras va a fisioterapia; uno con problemas cognitivos, a psicopedagogía; ante convulsiones, se prueban anticonvulsivantes hasta dar con el que funciona. El sistema trata síntomas porque, en la mayoría de los casos, no sabe cuál es la causa.

«La mayoría de los pacientes queda sin un diagnóstico certero de la causa. Lo que se hace es tratar los síntomas que va teniendo el paciente», explicó Verónica Báez, docente e investigadora de la UBA y el CONICET, quien dirige el proyecto. La especialista señaló que solo quienes concurren a clínicas especializadas y pueden costear una secuenciación genómica obtienen un diagnóstico preciso: «Pocas familias pueden acceder a este tipo de estudios, dado que muchas obras sociales no los cubren y terminan siendo muy costosos».

El contexto regional agrava el cuadro. «De todos los niños y niñas que tenemos en Argentina con patologías del neurodesarrollo, son muy pocos los que podemos diagnosticar. Y en Latinoamérica son muchísimo menos», subrayó Báez.

Buscar en la sangre lo que ocurre en el cerebro

La propuesta del equipo es rastrear en muestras de sangre las huellas de ciertas proteínas sinápticas, es decir, propias de la sinapsis, la estructura donde las neuronas se comunican entre sí. En particular, el laboratorio trabaja sobre los receptores NMDA, que controlan la plasticidad sináptica: la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y aprender, formar recuerdos y mantener estables las conexiones cerebrales. Cuando estas proteínas se desregulan o fallan, los circuitos cerebrales se desequilibran, un mecanismo directamente vinculado a trastornos del neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas.

«Lo que detectamos es que hay ciertas cosas que se modifican en la sangre cuando una persona tiene una de estas patologías», precisó Báez. Si bien la concentración de estas proteínas en sangre es notablemente menor que en tejido cerebral, el equipo ya pudo verificar su detectabilidad en modelos animales. El paso siguiente es establecer valores de referencia en personas sanas para luego contrastarlos con los de niños y niñas que presentan trastornos sin diagnóstico específico. Cualquier desviación relevante de esos rangos podría constituir una alerta clínica.

Democratizar el diagnóstico: menos costo, más acceso

El objetivo declarado de la investigación no es encontrar una cura, sino abrir una puerta que hoy permanece cerrada para la mayoría de las familias. «Queremos dejar en claro que esta investigación no va a impactar en la cura, pero puede haber un diagnóstico y un tratamiento acertados, que es muy importante», enfatizó Báez.

En un país donde el desfinanciamiento de la ciencia pública avanzó en los últimos años sobre presupuestos universitarios y sobre el CONICET, la apuesta de este equipo representa una respuesta concreta al desafío de sostener investigación aplicada con impacto social en condiciones adversas. Un test de sangre accesible, sin equipamiento de alta complejidad, podría acortar drásticamente los tiempos de diagnóstico y habilitar intervenciones tempranas, que son las que mejoran de manera sustantiva la calidad de vida de los niños y sus familias.

El proyecto se desarrolla en el Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA y el CONICET, y actualmente se encuentra en la etapa de recolección de muestras de la población general, paso previo indispensable para validar el método en humanos.

Puntos clave

  • El equipo de la UBA-CONICET busca detectar trastornos del neurodesarrollo mediante biomarcadores en sangre, sin necesidad de secuenciación genómica.
  • La mayoría de los pacientes con TGD en Argentina no recibe diagnóstico preciso por el alto costo de los estudios genéticos y la falta de cobertura de las obras sociales.
  • Los resultados positivos en modelos animales ya fueron publicados en revistas científicas internacionales; la fase actual trabaja con voluntarios humanos.
  • La investigadora Verónica Báez advierte que en Latinoamérica el déficit de diagnóstico es aún más grave que en Argentina.
  • El objetivo es facilitar un diagnóstico temprano y accesible que permita tratamientos adecuados, no una cura para los trastornos.
Seguir leyendo
El Argentino

El Argentino
El Argentino

Las más leídas

Descubre más desde El Argentino Diario

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo