Presidencia
Literal: la Argentina de Milei está gobernada por J.P. Morgan
Tras la cadena nacional de Milei, queda claro que la política económica está en manos de ex ejecutivos del gigante financiero estadounidense, mientras el país enfrenta una crisis social y política profunda.
El reciente discurso en cadena nacional del presidente Javier Milei, marcado por la judicialización de la política económica y la criminalización del déficit fiscal, dejó al descubierto una realidad poco comentada pero fundamental: casi todo el equipo económico que administra las finanzas nacionales proviene directamente del grupo financiero estadounidense J.P. Morgan.
Mientras Milei anunció medidas duras y vetos para “proteger” a Argentina del “abismo económico”, la realidad detrás del gabinete económico revela una Argentina gobernada desde las oficinas de Wall Street.
El equipo de J.P. Morgan al mando de la economía argentina
Más allá del discurso presidencial, el plantel económico del gobierno está integrado por ex empleados de J.P. Morgan con largos años en la institución financiera que domina los mercados globales:
- Luis Caputo, ministro de Economía, fue vicepresidente para América Latina en trading (1994-1998).
- Agustín Daza, secretario de Finanzas, fue director general de investigación de mercados emergentes (1992-2000).
- Diego Bausili, secretario de Política Económica y Planificación, fue director en mercados de capitales para Argentina, Chile y Perú (1996-2007).
- Guillermo Werning, subsecretario de Política Económica, fue director ejecutivo para América Latina (1996-2016).
Este perfil revela que el equipo económico no solo posee experiencia financiera, sino que representa directamente los intereses y la lógica del capital financiero internacional, con décadas de conexión con una de las instituciones más poderosas de Wall Street.
La paradoja del superávit y el ajuste social
En la cadena nacional, Milei apeló al argumento del déficit fiscal para justificar la política de ajuste y veto, presentando una postura intransigente frente a cualquier gasto público que no esté “respaldado”. Sin embargo, los datos del Congreso y la Oficina de Presupuesto contradicen su versión: existen fuentes de financiamiento claras para proyectos sociales vetados, como aumentos jubilatorios o mejoras para personas con discapacidad.
Mientras tanto, el Gobierno reduce impuestos y retenciones a los sectores más poderosos —incluyendo la eliminación del impuesto a Bienes Personales y bajas a retenciones para el campo y la minería—, favoreciendo a los grandes capitales, en especial a aquellos vinculados a las finanzas globales que el equipo económico representa.
¿Gobernar para quién?
Este contexto plantea una pregunta inquietante: ¿quién gobierna realmente en Argentina? Mientras los discursos hablan de “responsabilidad fiscal” y “realismo económico”, la gestión materializa un ajuste que golpea a los sectores vulnerables, al tiempo que privilegia a las grandes corporaciones y al capital financiero internacional.
El hecho de que el equipo económico provenga directamente de J.P. Morgan convierte al Ministerio de Economía en una especie de sucursal local del gigante financiero, orientando las políticas del país hacia los intereses del capital global.
La Argentina de Milei se muestra entonces como un territorio donde las decisiones económicas ya no son tomadas únicamente por representantes elegidos por el pueblo, sino por ex funcionarios de un poderoso grupo financiero que maneja la economía mundial.
Mientras el Gobierno judicializa la política y endurece el ajuste, la presencia corporativa en el poder se consolida, mostrando que el “no hay plata” para políticas sociales es una elección política, no una realidad económica inevitable.
Islas Malvinas
La agenda Malvinas frenó el viaje de Milei a Londres: crónica de una gira que nunca tuvo sustento político
El presidente descartó el «Londres Week» planificado para fines de octubre después de que la cuestión de la soberanía sobre las Islas Malvinas volvió al centro de la escena política, impulsada por la selección de fútbol y el fracaso legislativo del oficialismo. Lo que arrancó como una gira de inversiones terminó en una ofensiva de soberanía que nadie tenía en el radar.
Javier Milei no viajará a Londres. Lo que empezó como un foro de inversiones a gran escala, el «Londres Week» diseñado para replicar el esquema del «Argentina Week» de Nueva York de marzo pasado, naufragó ante la imposibilidad política de que el presidente pise suelo inglés sin pronunciarse sobre la soberanía argentina en las Islas Malvinas. La agenda Malvinas, que según miembros del propio gabinete no estaba ni remotamente en el radar cuando se planificó el viaje, terminó siendo el factor decisivo que canceló la gira.
La aspiración de Milei era convertirse en el primer presidente argentino en visitar el Reino Unido desde Carlos Menem en 1998. El «Londres Week» estaba diseñado para fines de octubre y, según trascendió en las últimas semanas, el entorno presidencial siguió alimentando la expectativa incluso cuando las señales políticas internas ya apuntaban en sentido contrario: se habló de una charla en la Universidad de Oxford, luego de «una reunión con empresarios», con el abandono progresivo del formato original.
El gol que torció la agenda presidencial
El punto de inflexión llegó desde una cancha de fútbol. La selección argentina, en la última edición del Mundial FIFA, desplegó una sábana blanca con la leyenda «Las Malvinas son Argentinas» tras vencer a Inglaterra en semifinales. El gesto deportivo reactivó el debate sobre soberanía con una intensidad que la Rosada no supo anticipar ni gestionar. La situación se agravó cuando la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, respaldó la decisión de la organización del torneo de prohibir al público llevar inscripciones sobre el archipiélago en disputa.
A ese escenario se sumó el fracaso del oficialismo en el Senado con la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. El detonante fue una declaración del canciller Pablo Quirno, quien sostuvo en defensa del proyecto que un extranjero «si quería» podía comprarse un pueblo. La frase encendió el rechazo social y enlazó el debate sobre tierras con la cuestión Malvinas, manteniendo vivo el tema en la agenda pública durante semanas.
Improvisación en Balcarce 50 y Cancillería
Mientras una parte del entorno presidencial difundía que el viaje seguía en pie, desde Balcarce 50 y Cancillería se sembraban interrogantes. La contradicción entre sectores del propio gobierno evidenció la ausencia de una posición unificada sobre cómo manejar la situación. El riesgo concreto era claro: que Milei aterrizara en Londres sin hablar de Malvinas habría sido una señal política devastadora en un momento en que la sociedad tenía el tema instalado con fuerza.
Frente a la imposibilidad de resolver esa tensión, el Poder Ejecutivo ensayó una operación de control del relato. Anunció el envío al Congreso de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, orientada a sancionar a empresas y personas vinculadas a la explotación ilegal de recursos en las islas. También anunció la creación de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego y envió a los ministros Carlos Presti (Defensa) y Pablo Quirno (Relaciones Exteriores) a la provincia patagónica. «Desde el anuncio en cadena nacional, ya abrimos procesos sancionatorios contra 60 empresas y personas que operan directa o indirectamente la cuenca Malvinas sin nuestra autorización», declaró Milei.
El guiño de Trump y la ofensiva que no cierra
El oficialismo aprovechó además la promesa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de revisar su posición sobre Malvinas para montar una ofensiva que permitiera a Milei recuperar terreno en un tema históricamente adverso para el espacio libertario. Sin embargo, varias autoridades británicas rechazaron públicamente cualquier revisión de la soberanía sobre el archipiélago, lo que dejó en evidencia que la maniobra diplomática tiene límites concretos.
La secuencia completa del episodio revela un patrón de improvisación que ya caracterizó otras decisiones del gobierno: primero una iniciativa trazada sin evaluación de riesgos políticos, luego señales contradictorias desde el propio Ejecutivo y, finalmente, una cancelación envuelta en una operación de comunicación orientada a que la retirada parezca una ofensiva. La cuestión Malvinas, en todo caso, ganó visibilidad. El «Londres Week», en cambio, quedó en el archivo.
Puntos clave
- Milei canceló el «Londres Week» planificado para fines de octubre, que lo habría convertido en el primer presidente argentino en visitar el Reino Unido desde Menem en 1998.
- La selección argentina desplegó una bandera con la leyenda «Las Malvinas son Argentinas» tras vencer a Inglaterra en semifinales del Mundial, reactivando el debate soberanista.
- El fracaso en el Senado de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, y la frase del canciller Quirno sobre la compra de tierras por extranjeros, agudizaron la presión política.
- El Ejecutivo anunció el envío de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional y la creación de una Base Naval en Tierra del Fuego para controlar el daño narrativo.
- Autoridades británicas rechazaron públicamente cualquier revisión de la soberanía sobre el archipiélago, limitando el margen de la maniobra diplomática del gobierno.
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