Géneros 🟣
Cúneo Libarona violento: el Gobierno rechaza diversidades sexuales «no alineadas con la biología»
Declaró en la Comisión de Mujeres y Diversidades junto a otras atrocidades jurídicas que atrasan al menos 100 años.
El ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, generó un fuerte revuelo en la Cámara de Diputados al manifestar que el Gobierno rechaza las diversidades sexuales que «no se alinean con la biología». Estas declaraciones fueron realizadas en el marco de su exposición ante la Comisión de Mujeres y Diversidades, donde fue convocado para responder sobre la implementación de políticas de género por parte del Poder Ejecutivo.
Las excusas del Cierre del Ministerio de la Mujer
Durante su intervención, Cúneo Libarona defendió la decisión del Gobierno de cerrar el Ministerio de la Mujer, Géneros y Diversidad, una medida que ha sido ampliamente criticada por mujeres, diversidades y distintas organizaciones de derechos humanos, tanto nacionales como internacionales. Según el ministro, en dicha cartera «hubo hipocresía del género, cinismo y omisiones identificables». Aseguró que el ministerio «fue una gran estafa, despilfarros, pérdidas y mentiras», y que los programas implementados «eran inútiles y las víctimas no eran acompañadas». Además, señaló que las trabajadoras del ministerio ejercían sus funciones «de modo virtual», lo que, en su opinión, evidenciaba la falta de compromiso con las causas que se suponía debían defender.
Nuevamente sin fundamentos, el abogado, denostó las políticas de género que paradójicament debe aplicar ahora en una de las Subsecretarías que dependen de su cartera. No brindo datos ciertos, ni estadísticas ni ninguna prueba para sustentar sus dichos, que, como señalara una de las integrantes de la Comisión, resultan «simples opiniones personales».
Discursos de odio y retrógrados: «El Valor es la Familia»
En un discurso que resonó con las ideas del libertario Javier Milei, Cúneo Libarona destacó que el Gobierno se orienta hacia la promoción de «valores tradicionales familiares». Según él, «la familia es el centro de la sociedad y la educación», y esos valores incluyen «el amor, la unión, el trabajo, el estudio, la solidaridad, la igualdad ante la ley, y promover los símbolos patrióticos«. En este contexto, el ministro rechazó las diversidades sexuales que no se alinean con su interpretación de la biología, calificándolas como «inventos subjetivos que carecen» de fundamento. De esta forma el ministro de Justicia negó leyes vigentes y desconoció derechos humanos fundamentales, normados en la Constitución Nacional y Tratados Internacionales que nuestro país suscribió.
Tensión en la Comisión de Mujeres y Diversidades
Las declaraciones del ministro provocaron una inmediata reacción por parte de la diputada de la Unión Cívica Radical (UCR), Ana Carla Carrizo, quien le reprochó públicamente. «Una cosa son las opiniones personales y otra cosa es la ley», dijo Carrizo, quien además subrayó que el ministro de Justicia está «obligado a respetar las leyes del Estado argentino». Carrizo consideró las palabras de Cúneo Libarona como una «falta de respeto a todos los diputados» y le recordó que su función es velar por el cumplimiento de la ley, independientemente de sus creencias personales.
Micrófono Abierto y el furcio de Libarona: «Esto Está Textual del Discurso de Milei»
En medio de la tensión, un asesor de Cúneo Libarona se acercó al ministro para hablarle en privado, pero sin darse cuenta de que tenía el micrófono abierto, se escuchó a Cúneo Libarona decir: «No boludo, esto está textual del discurso de Milei», lo que sugiere que sus declaraciones estaban alineadas con las posturas del actual presidente de la Nación. Esto desató aún más controversia, dado que muchos consideran que refleja la influencia directa de Milei en las políticas actuales del Gobierno.
El ministro intentó rectificar sus declaraciones agregando que «esto está en la constitución, la biblia, el corán, la ciencia, la naturaleza del ser humano«, insistiendo en que su postura se basa en principios universales y rechazando lo que considera como «cuestiones que no se alinean con la biología». Sin embargo, el daño ya estaba hecho, y las palabras de Cúneo Libarona continúan generando polémica en los medios y entre los defensores de los derechos de la diversidad.
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Análisis
La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo
Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».
Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia
Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.
Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.
Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.
Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.
El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina
La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.
Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.
La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.
Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)
La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.
Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.
Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.
El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas
El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.
Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.
El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.
Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala
La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.
El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.
En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.
Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.
Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.
Machismo de guardapolvo blanco
Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.
La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.
Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.
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