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Escándalo en el Congreso: gritos, denuncias y una audiencia por la Ley de Glaciares que se convirtió en una batalla política

El segundo día de las audiencias públicas por la modificación de la Ley de Glaciares estalló en escándalos. Un periodista fue expulsado a los gritos, el debate se tornó caótico y las voces críticas volvieron a denunciar un proceso diseñado para excluir a la ciudadanía. El agua y la soberanía hídrica, otra vez, quedaron rehenes de la opacidad oficial.

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★ El miércoles 26 de marzo, la segunda jornada de audiencias públicas por la reforma de la Ley de Glaciares en la Cámara de Diputados no tardó en desbordarse. Lo que debía ser un espacio de participación ciudadana se transformó en una escena de gritos, acusaciones cruzadas y una nueva denuncia de irregularidades. Un periodista fue expulsado del recinto en medio de forcejeos verbales con el personal legislativo, y el ambiente en la Sala 2 del Congreso reflejó la tensión acumulada desde el primer día.

La polémica no fue espontánea. Llegó montada sobre el andamiaje de un proceso que, según sus críticos, nació viciado: de más de 120.000 ciudadanos que se inscribieron para exponer, apenas 380 obtuvieron el derecho a hablar, 200 el martes de forma presencial y 180 el miércoles en formato virtual, con cuatro minutos cronometrados cada uno. El resto fue empujado a enviar videos cortos o presentaciones escritas sin posibilidad de réplica ni debate real.

El escándalo del periodista: cuando la opacidad se defiende a los gritos

El incidente que sacudió la jornada involucró a un periodista que intentó cubrir el desarrollo de la audiencia y fue eyectado del espacio con gritos y presión del personal a cargo. La escena, captada por quienes estaban presentes, condensó en pocos minutos lo que el proceso entero viene exhibiendo desde el inicio: una vocación de control sobre la información y una hostilidad estructural hacia la mirada pública independiente.

El episodio no fue un accidente. Fue la consecuencia lógica de un procedimiento diseñado para administrar el debate, no para habilitarlo. Cuando la forma de un proceso político excluye a 119.620 personas de las que quisieron participar, la violencia institucional no necesita esperar a los gritos: ya estaba inscripta en el reglamento.

Lo que dijeron ayer: Maffei, Pérez Esquivel y Viale

El martes, la primera jornada dejó declaraciones que todavía resonaron en el ambiente del miércoles. Marta Maffei, autora original de la Ley de Glaciares sancionada en 2010, calificó la convocatoria como de «una profunda ilegitimidad». No fue retórica: fue el diagnóstico de quien escribió la norma que hoy se busca desmantelar y que vio cómo el proceso para hacerlo se construyó sobre una exclusión masiva y deliberada.

El Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel fue directo: «El agua no es una mercancía». La frase apuntó al corazón del debate que el oficialismo prefiere evitar: la modificación de la ley no es una discusión técnica sobre glaciares. Es una disputa sobre quién controla el agua en la Argentina, y para qué.

El abogado ambientalista Enrique Viale también denunció irregularidades en la metodología de las audiencias y advirtió que el proceso vulnera el Acuerdo de Escazú, incorporado al ordenamiento nacional por la Ley 27.566, que garantiza el acceso a la información, la participación pública y la justicia en asuntos ambientales.

El contexto que no hay que perder: minería, agua y soberanía

La reforma de la Ley de Glaciares no ocurre en el vacío. Se discute en el marco de una agenda de desregulación extractivista que el gobierno de Javier Milei profundizó desde su asunción, con el RIGI como herramienta central para atraer inversiones mineras bajo condiciones de opacidad y privilegio fiscal sin precedentes.

Los glaciares son reservas estratégicas de agua dulce. La Argentina tiene el 70% del agua dulce superficial de América del Sur. Modificar la ley que los protege, flexibilizando las zonas de exclusión o los criterios de inventario, equivale a abrir la puerta a proyectos mineros que hoy están vedados en áreas periglaciales y glaciológicamente sensibles.

La industria minera, particularmente la megaminería metalífera a cielo abierto, lleva años presionando para modificar la norma. Provincias como San Juan, con proyectos como Veladero y Pascua-Lama, fueron el epicentro histórico de ese lobby. El debate en el Congreso no puede leerse sin ese mapa de intereses.

La impugnación opositora

Once diputados de la oposición, entre ellos Fernando Ferraro, Margarita Selva, Natalia Zigarán y Eduardo Basualdo, presentaron una impugnación formal al proceso. El texto denunció «graves irregularidades en la metodología» que, según argumentaron, vulneran el Reglamento de la Cámara de Diputados, la Constitución Nacional, la Ley General del Ambiente N° 25.675 y el Acuerdo de Escazú.

La impugnación no tuvo efecto inmediato. Las audiencias continuaron según el cronograma oficial. Los gritos del miércoles fueron la respuesta institucional.

Puntos clave

  • 120.000 inscriptos, 380 habilitados: la proporción habla sola. El 99,7% de quienes quisieron participar no pudieron hacerlo en igualdad de condiciones.
  • Un cronista fue expulsado a los gritos durante la segunda jornada, en un episodio que sintetizó la cultura de opacidad del proceso.
  • Once diputados opositores denunciaron violaciones constitucionales y al Acuerdo de Escazú.
  • Maffei, Pérez Esquivel y Viale calificaron el proceso de ilegítimo, mercantilizador del agua y violatorio de derechos ambientales.
  • La presión por modificar la ley tiene nombre y apellido en el sector extractivo, que lleva años buscando ampliar su zona de operación en áreas glaciares.
  • La discusión de fondo no es técnica, es política: ¿el agua es un bien común o una oportunidad de negocio?

📌 Nota relacionada: Audiencias por la Ley de Glaciares: una «farsa» con 120.000 excluidos y el agua en juego

Legislativo

Sin los votos para eliminar las PASO, el Gobierno busca suspenderlas o hacerlas optativas

El plan B tomó forma luego de que el PRO y la UCR anticiparan su rechazo a la eliminación lisa y llana de las primarias. Ambas fuerzas sostienen que las PASO cumplen una función estructural para dirimir candidaturas internas que LLA, por su naturaleza verticalista, no necesita resolver.

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El Gobierno no tiene los votos y busca un plan B para las PASO

★ El oficialismo reconoce que no cuenta con los apoyos suficientes para eliminar las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y baraja dos alternativas de menor alcance: suspenderlas nuevamente, como ya ocurrió en las elecciones de medio término de 2025, o quitarles el carácter obligatorio para convertirlas en optativas.

La admisión surge de las propias filas del Gobierno, dos días después de que el Poder Ejecutivo enviara al Congreso la reforma electoral que tiene la eliminación de las PASO como su punto más ambicioso. Como informó este medio el 22 de abril, el proyecto llegó al Parlamento en un contexto político adverso y sin los votos necesarios para avanzar.

El PRO y la UCR frenan la eliminación

El plan B tomó forma luego de que el PRO y la Unión Cívica Radical (UCR) anticiparan su rechazo a la eliminación lisa y llana de las primarias. Ambas fuerzas sostienen que las PASO cumplen una función estructural para dirimir candidaturas internas que la Libertad Avanza, por su naturaleza de partido sin internas, no necesita resolver.

Un miembro de la mesa política, que según trascendidos volverá a reunirse este sábado a las 12 en Casa Rosada, reconoció la situación: «Es muy probable que varios sectores no quieran apoyar la eliminación. Veremos si podemos suspenderlas o en tal caso, hacerlas no obligatorias».

La declaración desnuda la debilidad parlamentaria del oficialismo. Con 95 diputados propios, La Libertad Avanza necesita acumular 129 votos para obtener mayoría simple en la Cámara baja, lo que exige el respaldo de aliados que, hasta ahora, no están dispuestos a acompañar la medida de máxima.

Un paquete con más resistencias que votos

Más allá de las PASO, el proyecto presenta otros dos puntos de alta conflictividad: la modificación del sistema de financiamiento de los partidos políticos, que reemplazaría el aporte público por un esquema de financiamiento privado, y la eliminación de la elección directa de parlamentarios del Mercosur.

El presidente Javier Milei estableció ambas cuestiones como prioridades de la reforma. Sin embargo, el nuevo esquema de financiamiento preocupa especialmente a los partidos de menor escala, que dependen de los fondos estatales para subsistir, y la eliminación de los parlamentarios del Mercosur generó resistencias incluso dentro del arco aliado.

El proyecto incluye además cambios en los requisitos legales para presentar listas y la incorporación de la denominada Ficha Limpia, que aparece como el principal anzuelo para sumar voluntades, tal como anticipó este medio en la cobertura del 22 de abril.

Los «guiños» a los gobernadores

En Balcarce 50 anticipan que el articulado del proyecto incluye señales destinadas a los gobernadores aliados. Entre los ejemplos que circulan en el entorno oficial figuran la incorporación de un casillero en la boleta para tildar la lista completa, lo que permitiría «enganchar» las listas locales a las nacionales, y la decisión de vetar la propuesta de avanzar hacia un sistema de circunscripciones uninominales, que varios mandatarios provinciales rechazaban por considerarlo desfavorable para sus distritos.

Desde el oficialismo aseguran que el proceso será «similar al de la reforma laboral» y que «los votos van a estar», según afirmó un importante alfil legislativo. La comparación, sin embargo, no resulta del todo tranquilizadora: la reforma laboral tardó meses en aprobarse y requirió decenas de modificaciones para obtener los apoyos necesarios.

El contexto político

La reforma llega en un momento de fragilidad creciente para el Gobierno. Según datos de la consultora Opina Argentina difundidos en abril, la imagen positiva de Milei cayó al 35%, trece puntos menos que en enero. En ese escenario, forzar una disputa parlamentaria sobre las reglas electorales con las elecciones legislativas de octubre en el horizonte puede representar tanto una apuesta estratégica como un riesgo político de primer orden.

La eliminación de las PASO beneficia directamente a una fuerza, como La Libertad Avanza, que no tiene internas que resolver. Para el resto del arco político, las primarias son una herramienta de ordenamiento interno. Esa asimetría explica, en buena medida, la resistencia que el Gobierno no logra vencer.

Puntos clave

  • El Gobierno admitió que no tiene los votos para eliminar las PASO y evalúa suspenderlas nuevamente o quitarles el carácter obligatorio.
  • El PRO y la UCR anticiparon su rechazo a la eliminación, lo que obligó al oficialismo a diseñar un plan alternativo.
  • La Libertad Avanza cuenta con 95 diputados propios y necesita 129 para alcanzar mayoría simple.
  • El proyecto incluye también cambios en el financiamiento partidario y la eliminación de parlamentarios del Mercosur, dos puntos que generan alta resistencia.
  • El oficialismo comparó el proceso con la reforma laboral, que tardó meses y requirió numerosas modificaciones para aprobarse.
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