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Piden sancionar ley que amplíe la Prestación Alimentar

El colectivo Infancia en Deuda alertó que hay también cerca de 1,4 millones de niños y adolescentes que están excluidos de toda prestación social.

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El-Argentino-Tarjeta Alimentar.

El colectivo Infancia en Deuda alertó por el aumento de la indigencia y la pobreza infantil en el país, debido a que considera que la Asignación Universal por Hijo (AUH) y las asignaciones familiares resultan «insuficientes», a la vez que llamó a sancionar una ley que amplíe la Prestación Alimentar.

La organización señaló que el segmento de 15 a 17 años está alcanzado por la Prestación Alimentar, por lo que reclamó la sanción de una ley, en una reunión realizada en la sede de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), en la Ciudad de Buenos Aires.

Esta prestación «es un instrumento que entrega el Estado nacional para que todos accedan a la canasta básica alimentaria», que tiene como destinatarios a madres o padres con hijos e hijas de hasta 14 años de edad (inclusive) que reciben la AUH, embarazadas a partir de los 3 meses que cobran la asignación por embarazo, personas con discapacidad que reciben la AUH, y madres con 7 hijos o más que perciben Pensiones No Contributivas.

En su último reporte, el Indec precisó que en el primer semestre de 2023 la pobreza infantil alcanza al 56,2% de los niños y adolescentes mientras que la indigencia llega al 14.3%, por lo que desde las organizaciones civiles se llamó a «visibilizar la grave situación» que atraviesa este grupo etario en Argentina.

«La situación en los últimos años se ha agravado más allá de una baja sutil en los últimos años post pandemia. Son niveles altos e inaceptables», sostuvo Celeste Fernández, codirectora de ACIJ, y aseguró que «hay cosas que la política pública puede hacer, hay que abordarlo en todas sus dimensiones».

Fernández explicó que hay una «infantilización de la pobreza» ya que es mayor en esta franja etaria que a nivel general, que en el primer semestre del corriente año se ubicó en 40,1% de la población.

El grupo particularmente afectado por esta situación es el de adolescentes entre 10 a 17 años que pertenecen a hogares mono-ma/parentales y de hogares de barrios populares.

«Hay que trabajar en las asistencias sociales porque, si bien no resuelven el problema solas, tienen un impacto positivo en evitar que más personas caigan en la pobreza, sin estas transferencias serían más altas la pobreza y la indigencia», afirmó Fernández y aclaró que desde el Estado se brindan prestaciones sociales como la AUH, la Prestación Alimentar y las Asignaciones Familiares.

Según Bárbara Zanino, integrante del Programa de Derechos Sociales de la Niñez, «las principales falencias de estos sistemas es la insuficiencia, ya que las prestaciones no alcanzan para cubrir la canasta básica alimentaria, que son los alimentos que mínimo tienen que recibir los niños y adolescentes que son personas en crecimiento».

El colectivo Infancia en Deuda alertó que hay también cerca de 1,4 millones de niños y adolescentes que están excluidos de toda prestación social.

Asimismo, Zanino precisó que la Prestación la Alimentar tiene una limitación etaria ya que llega sólo hasta los 14 años, por lo que hay cerca de 360 mil adolescentes que no perciben esta asistencia, «como si los de 15 a 17 años no siguieran en etapa de desarrollo».

Ante estas dificultades, desde ACIJ llamaron a sancionar una ley que regule la Prestación Alimentar para que se amplíe su cobertura y se le brinde estabilidad como política de Estado.

«La falta de una jerarquización legal es muy grave, no sabemos que va a pasar por la política. Solo está regida por resoluciones del Ministerio de Desarrollo Social», aseguró Fernández y agregó que «estamos en una crisis económica, pero esta situación es inaceptable en las infancias».

«No hay que ajustar en prestaciones básicas a una población que ya de por sí debería acceder a una mayor protección que una persona adulta. Es una cuestión de prioridades de la política, ya no como gobierno, sino como Estado», concluyó Zanino.

DDHH

Entra en vigencia la Ley Penal Juvenil que baja la imputabilidad a los 14 años

Desde este sábado rige la Ley 27.801, la B aja de imputabilidad de 16 a 14 años llega sin presupuesto ni política social y con más del 60% de los adolescentes en situación de pobreza.

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El Argentino Diario-Adolescentes miran celular.

Entró en vigencia este sábado el nuevo régimen penal juvenil que habilita juzgar y condenar a adolescentes desde los 14 años. La Ley 27.801, promulgada mediante el decreto 138/2026 y publicada en el Boletín Oficial el 9 de marzo, cumplió este día los 180 días que se fijó para entrar en vigencia, derogando el decreto-ley 22.278 de 1980, que durante más de cuatro décadas reguló el sistema penal de la minoridad con el piso de punibilidad en los 16 años.

Una ley sancionada con votos de la derecha y los aliados del oficialismo

La norma fue aprobada por el Senado el 27 de febrero de 2026 con 44 votos a favor, 27 en contra y una abstención. El oficialismo logró sumar a sus aliados para imponer la reforma, mientras la oposición peronista cuestionó tanto la reducción de la edad como la ausencia de presupuesto para sostener el nuevo sistema en las provincias. El proyecto había sido incorporado al temario de sesiones extraordinarias mediante el decreto 53/2026, y fue uno de los objetivos legislativos centrales de la gestión Milei desde el inicio.

Qué cambia desde este sábado

El principal cambio es la baja de la edad de imputabilidad. Desde hoy, los adolescentes de 14 y 15 años pueden ser investigados, juzgados y condenados por delitos previstos en el Código Penal o las leyes penales especiales. La escala de sanciones llega hasta los 15 años de privación de la libertad para los delitos más graves, y queda prohibida la prisión perpetua para menores de edad.

La nueva norma incorpora la figura del supervisor especializado, profesionales de psicología, trabajo social y adicciones que deben acompañar el proceso de reinserción. También exige la especialización obligatoria de jueces, fiscales y defensores en materia penal juvenil, y prohíbe la divulgación de nombres, fotografías o cualquier dato que permita identificar al adolescente imputado. Las detenciones deben realizarse en dependencias diferenciadas, sin compartir alojamiento con personas adultas. Cuando se acredite responsabilidad, los progenitores quedan alcanzados por responsabilidad civil por los daños causados.

Respecto de cuándo puede evitarse la prisión, el texto establece dos supuestos. El primero abarca las condenas que no superen los tres años. El segundo comprende penas de entre tres y diez años, siempre que el delito no haya causado la muerte de la víctima ni una grave violencia física o psíquica, y que el adolescente no tenga otras condenas o procesos en trámite. En esos casos, el juez debe imponer medidas socioeducativas vinculadas con la educación, el trabajo y la comprensión del hecho cometido.

Bullrich, el festejo y el discurso del castigo

La jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, quien impulsó el proyecto desde el Ministerio de Seguridad, festejó la entrada en vigencia con un mensaje en su cuenta de X: «Desde hoy no importa la edad: si delinquís, las pagás». Añadió que «se terminó la excusa de la edad para delinquir» y que «el que roba, mata o lastima, responde por lo que hace». Para las víctimas y sus familias, afirmó, habrá «una pizca de justicia que nunca van a tener».

El mensaje de Bullrich sintetiza el enfoque del Gobierno: ampliar la capacidad punitiva del Estado sobre los adolescentes más vulnerables, sin que medie una política pública de prevención, educación o contención social. Ese discurso de mano dura no se sostiene ante los datos: la Comisión del Fuero de Responsabilidad Juvenil del Colegio de Magistrados y Funcionarios bonaerenses proyectó que el nuevo régimen puede incrementar entre un 40 y un 60% el volumen de causas penales juveniles en los centros urbanos del país.

UNICEF y la Pastoral: el Estado punitivo no resuelve lo que el Estado social abandonó

Desde organismos de derechos humanos y de protección de la niñez, las advertencias son categóricas. UNICEF Argentina señaló que no existe evidencia de que bajar la edad de imputabilidad tenga un impacto favorable en la seguridad, y remarcó que la inmensa mayoría de los conflictos con la ley protagonizados por adolescentes involucran delitos contra la propiedad. El organismo internacional advirtió además que el encierro habitual favorece la reincidencia y deteriora la escolaridad y la inserción laboral, produciendo daños a la salud física y mental de los jóvenes.

La Pastoral, por su parte, pidió que la privación de la libertad sea de carácter excepcional y señaló que el nuevo régimen no debe agravar la vulnerabilidad de los menores. El organismo expresó su preocupación específica por el impacto del sistema penal sobre adolescentes que atraviesan situaciones de exclusión, y alertó sobre dos contextos que el Gobierno evita nombrar: el avance del narcotráfico y la pobreza infantil.

Según datos del Observatorio Social de la UCA, más del 60% de los niños, niñas y adolescentes del país se encuentra bajo la línea de pobreza. Encerrar a quienes ya fueron abandonados por el Estado antes de los 14 años no es justicia; es la continuación de otra forma de exclusión.

El problema del presupuesto y la operatividad real

Uno de los cuestionamientos centrales de la oposición durante el debate parlamentario fue la ausencia de financiamiento específico para implementar el nuevo sistema en las provincias. La reforma exige juzgados especializados, equipos interdisciplinarios, supervisores, alojamientos diferenciados y programas de resocialización. Nada de eso se sostiene sin presupuesto. La tensión entre el anuncio político y la infraestructura institucional real es, en este caso, la diferencia entre una ley que protege y una ley que castiga sin reparar.

Datos de la Procuración bonaerense indican que durante 2025 se iniciaron 1.857 procesos penales juveniles, donde fueron imputados 1.828 menores. Con el umbral de imputabilidad ahora en los 14 años, la proyección de nuevas causas plantea un desafío institucional que ningún funcionario del Gobierno respondió con cifras concretas de inversión.

Una reforma que llega sin política social y con el ajuste profundizado

El nuevo régimen penal juvenil comienza a aplicarse en un escenario marcado por el recorte sistemático del gasto social bajo la gestión Milei. Desde diciembre de 2023, los programas sociales sufrieron una caída real del 61%, las transferencias a universidades cayeron un 20% y el gasto de capital se desplomó un 86%. La paradoja es brutal: el mismo Gobierno que desmanteló las políticas de prevención, contención y acceso a derechos ahora amplía el alcance del sistema penal sobre los adolescentes que esas políticas debían proteger.

El debate de fondo no pasó por la edad. Pasó por quién paga el costo de una política de seguridad que se concentra en encerrar y no en prevenir. La respuesta, esta vez, la dieron los propios datos: mientras el Estado se retiró de la educación, la salud y los programas sociales, el sistema penal avanzó sobre los más jóvenes y los más pobres.

Lo que tenes que saber de la nueva Ley Penal Juvenil

  • La Ley 27.801 entró en vigencia este sábado 5 de septiembre, tras ser publicada en el Boletín Oficial el 9 de marzo de 2026.
  • La edad de imputabilidad bajó de 16 a 14 años; las penas llegan hasta 15 años y se prohíbe la prisión perpetua para menores.
  • Bullrich celebró la medida en redes sociales con un discurso de mano dura, omitiendo toda consideración sobre las causas estructurales del delito juvenil.
  • UNICEF Argentina advirtió que bajar la imputabilidad no reduce el delito y que el encierro favorece la reincidencia.
  • La Pastoral Judicial alertó sobre el avance del narcotráfico y la pobreza infantil como contextos que la sanción penal no resuelve.

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