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La Universidad de las Madres reclama en la Justicia los fondos para su funcionamiento

«La gravedad institucional aportada por el Estado Nacional en retener los fondos legítimamente asignados es de un precedente histórico que no solo daña al sistema educativo, sino también a la vida democrática que merece nuestra Nación», sostuvo la rectora de la UNMa, la ex fiscal y ex interventora de la AFI Cristina Caamaño.

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La Universidad Nacional Madres de Plaza de Mayo (UNMa) ha presentado una demanda ante la Justicia en lo Contencioso Administrativo para que el gobierno transfiera los fondos establecidos por ley para su funcionamiento. La acción judicial, registrada bajo el número 6293/2024, fue radicada en el juzgado número 12, a cargo de la jueza Macarena Marra Giménez.

Según la rectora de la UNMa, Cristina Caamaño, la retención ilegítima de los fondos asignados por el Estado Nacional es un precedente histórico que afecta no solo al sistema educativo, sino también a la vida democrática de nuestra Nación. La demanda está dirigida contra el Ministerio de Capital Humano y busca que se ordene el cese automático de la retención de fondos, tanto discriminados como indiscriminados.

«La gravedad institucional aportada por el Estado Nacional en retener los fondos legítimamente asignados es de un precedente histórico que no solo daña al sistema educativo, sino también a la vida democrática que merece nuestra Nación», sostuvo la rectora de la UNMa, la ex fiscal y ex interventora de la AFI Cristina Caamaño.

La situación es grave: la UNMa no ha recibido los fondos asignados en el presupuesto ni ningún ingreso durante todo el año. Esto, según el amparo presentado, refleja la discriminación por parte de un Gobierno Nacional negacionista. Además, el retraso en el pago de haberes, la infraestructura educativa deficiente y la falta de insumos han llevado a una emergencia educativa. Los docentes universitarios han advertido sobre la proximidad de medidas de fuerza prolongadas en busca de mejoras salariales y edilicias.

«El retraso en el pago de haberes, infraestructura educativa deficiente y falta de insumos, han provocado la emergencia educativa y la proximidad de prolongadas medidas de fuerza por parte de los docentes universitarios, en reclamo por mejoras salariales como edilicias», advierte el texto.

En la actualidad, la UNMa cuenta con 2245 estudiantes activos que ya han iniciado el ciclo lectivo. Sin embargo, 287 personas, entre trabajadores docentes y no docentes, no han percibido su salario en lo que va del año 2024 debido a un acto inconstitucional emitido por el Ministerio de Capital Humano.

El texto consigna que «en la actualidad hay 2245 estudiantes activos, que al momento de la presentación de esta demanda ya han iniciado el ciclo lectivo».
Además, «un total de 287 personas que revisten funciones como trabajadores docentes y no docentes, quienes a partir de la emisión del acto inconstitucional dictado por el Ministerio de Capital Humano no han podido percibir su salario en todo lo que va del año 2024».

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Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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