Judiciales ⚖️
Causa Vialidad: en noviembre inicia el último tramo con las palabras finales previas al veredicto
Con la finalización mañana del alegato final de la defensa de los acusados extitulares de Vialidad de Santa Cruz Juan Carlos Villafañe y Raúl Santibañez, el debate ante el Tribunal Oral Federal (TOF) 2 seguirá con la respuesta fiscal a nulidades planteadas.
El juicio oral en la causa Vialidad entrará desde noviembre en su último tramo, en el que se esperan las palabras finales de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, a quien la fiscalía pidió 12 años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos mientras que su defensa reclamó la absolución por haberse «desmantelado» la acusación de Diego Luciani y Sergio Mola.
Con la finalización mañana del alegato final de la defensa de los acusados extitulares de Vialidad de Santa Cruz Juan Carlos Villafañe y Raúl Santibañez, el debate ante el Tribunal Oral Federal (TOF) 2 seguirá con la respuesta fiscal a nulidades planteadas.
Además, Luciani y Mola podrían pedir replicar en base a lo escuchado en los alegatos de las defensas de los 13 acusados, que en todos los casos reclamaron la absolución y consideraron que las pruebas durante el debate dieron por tierra con la acusación.
Una vez concluida esta etapa, se anunciará un cronograma para las últimas palabras de los 13 acusados, entre ellos la Vicepresidenta, el empresario Lázaro Báez, el exministro de Planificación Federal Julio De Vido y el exsecretario de Obra Pública José López.
El juicio por el supuesto direccionamiento de la obra pública en Santa Cruz a favor de empresas de Báez como Austral Construcciones comenzó en mayo de 2019 en los tribunales federales de Retiro, estuvo seis meses interrumpido por la pandemia de Covid 19 y se reanudó de manera virtual en agosto de 2020 sin recuperar nunca la presencialidad plena.
«No es corrupción o justicia. Hay un solo camino, justicia. Las acusaciones fueron desmanteladas, destruidas. No hay otro camino», sostuvo el abogado Carlos Beraldi, defensor de Cristina Fernández de Kirchner, al cerrar su alegato final con un reclamo de absolución en septiembre pasado, a más de tres años de iniciado el debate y luego de escucharse a 114 testigos en 117 audiencias.
Ese día, la Vicepresidenta también hizo uso de su derecho como abogada a ejercer su propia defensa y habló ante los jueces Jorge Gorini, Rodrigo Giménez Uriburu y Andrés Basso.
«¿Yo impunidad? Si quieren mirar por impunidad, miren para otro lado -replicó la expresidenta-. Me siento en estado de indefensión. Los jueces que me juzgan, un fiscal, son amigos y juegan al fútbol en la quinta de Macri, otros iban a jugar con Macri a Olivos», cuestionó.
Además, sostuvo que la acusación fue una «fábula» montada para llevarla «de los pelos» ante la justicia, que en la causa «se violó la Constitución Nacional» y que los fiscales cometieron «prevaricato».
En un alegato que se extendió por nueve audiencias y terminó el 22 de agosto último, los fiscales Luciani y Mola la acusaron de ser la jefa de una supuesta asociación ilícita y le atribuyeron haber cometido el delito de administración fraudulenta por irregularidades en las 51 obras públicas viales que las empresas de Báez recibieron para la provincia de Santa Cruz entre 2003 y 2015.
«Estamos convencidos de haber alcanzado la verdad y ahora le toca a cada uno de los jueces, a quienes la sociedad está mirando. Señores jueces, este es el momento: es corrupción o justicia. y ustedes tienen la decisión», concluyó Luciani al pedir condenas de 12 años de prisión para la exmandataria y su inhabilitación especial perpetua para ejercer cargos públicos.
También pidieron 12 años de prisión para el empresario Báez como autor de asociación ilícita agravada por su calidad de organizador y partícipe primario de administración fraudulenta agravada.
En el alegato, Luciani y Mola sostuvieron que en el kirchnerismo se montó un esquema «piramidal» de corrupción.
En cuanto al resto de los acusados, todos los defensores coincidieron en reclamar la absolución al realizar sus alegatos, mientras que la otra querella del caso, la Unidad de Información Financiera (UIF), decidió no acusar porque consideró que en la causa Vialidad no hubo delito de defraudación ni tampoco asociación ilícita.
«Esta querella entiende que no existe la posibilidad de sobreprecios y sería irresponsable avanzar en una acusación», sostuvo en su alegato el abogado de la UIF Leandro Ventura y descartó que corresponda encuadrar a los investigados bajo los delitos de administración fraudulenta y asociación ilícita.
En el caso de la titular del Senado y exmandataria entre 2007 y 2015, el organismo consideró que su intervención en los hechos investigados se desarrolló «en el marco de facultades que le eran propias, en el marco de la Constitución Nacional y las leyes».
Las defensas remarcaron en sus alegatos que no hubo perjuicio al erario público, que tampoco se probaron sobreprecios y que las redeterminaciones de precios a las obras adjudicadas a Báez eran habituales por efectos de la inflación y por las condiciones climáticas y geográficas de Santa Cruz.
También pidieron no considerar como prueba una pericia que arrojó supuestos sobreprecios por las irregularidades que se denunciaron en torno a la realización de esa prueba pericial, entre otros argumentos.
A lo largo de más de tres años de juicio declararon como testigos los ex jefe de Gabinete de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, entre ellos el actual presidente Alberto Fernández y el actual ministro de Economía, Sergio Massa.
También declararon empresarios del rubro de la construcción vinculados a la obra pública como el primo del expresidente Mauricio Macri Ángelo Calcaterra, quien remarcó que «es imposible» realizar obra pública «sin redeterminación de precios» para ajustar los valores «a la realidad»
Otros testigos, como el caso del constructor Juan Chediak, evaluaron que la cercanía geográfica con las obras licitadas constituía una «clara ventaja» para la empresa oferente Austral Construcciones, de Báez.
Cuando el debate era aún presencial, prestó declaración indagatoria por primera vez Fernández de Kirchner y afirmó que la acusación en el debate donde por primera vez era juzgada «fue un plan ideado por el gobierno saliente», en referencia a Mauricio Macri, y lo enmarcó en el «lawfare» planeado con «el auxilio invalorable del aparato judicial».
Al finalizar el alegato, Luciani y Mola pidieron además diez años de cárcel para De Vido y para el extitular de la Dirección Nacional de Vialidad Nelson Periott; y seis años para el exresponsable del distrito 23 de ese organismo, Mauricio Collareda, al igual que para el extitular de la Administración General de Vialidad en esa provincia, Juan Carlos Villafañe.
Para otro exresponsable del distrito 23 de Vialidad, Raúl Daruich, y el expresidente de la AGVP Raúl Pavesi requirió cinco años, y cuatro años para el ex subsecretario de Obras Públicas Abel Fatala, junto a otro expresidente de la AGVP, Raúl Santibáñez.
En cuanto al exsecretario de Coordinación de Obra Pública Carlos Kirchner, los dos fiscales postularon la absolución por asociación ilícita y una condena a dos años en suspenso por abuso de poder.
Lawfare
Un informe del Consejo de la Magistratura desnuda el ensañamiento judicial con Cristina
Solo el 1,76% de los detenidos con domiciliaria tiene restricciones de visitas como las que padece la expresidenta. Los datos oficiales dispararon una ola de repudio político y reinstalaron la consigna del «secuestro judicial».
“No es una prisión, es un secuestro”: el 98% de los presos con domiciliaria recibe visitas sin restricciones
★ Un informe elaborado a partir de pedidos de acceso a la información pública al Consejo de la Magistratura de la Nación confirmó, con datos oficiales y cifras inapelables, lo que organizaciones de derechos humanos y la dirigencia peronista venían denunciando desde hace meses: Cristina Fernández de Kirchner cumple su condena bajo un régimen de arresto domiciliario drásticamente más restrictivo que el aplicado a la inmensa mayoría de los detenidos federales, incluso a quienes están presos por narcotráfico o por delitos de lesa humanidad.
El documento fue presentado este martes por los legisladores Rodolfo Tailhade y Vanesa Siley (diputados nacionales), Mariano Recalde y Anabel Fernández Sagasti (senadores nacionales) y el consejero César Grau. Se construyó sobre respuestas oficiales remitidas por juzgados federales de todo el país tras pedidos de información presentados por los propios integrantes del Consejo de la Magistratura, lo que priva a sus detractores del argumento de la «opinión política»: son números provistos por los jueces de ejecución penal de la Nación.
Los datos que desnudan la doble vara
Sobre un universo de 2.513 detenidos con prisión domiciliaria relevados en el ámbito de la Justicia Federal, el informe advierte que solo el 23,96% de los casos con información disponible utiliza tobillera electrónica, porcentaje que desciende al 19,54% si se toma el universo total. Cuatro de cada cinco personas cumpliendo domiciliaria en causas federales no llevan ningún dispositivo de control. A Cristina Kirchner se lo impusieron desde el primer día.
El dato más demoledor, sin embargo, refiere al régimen de visitas. De los 1.192 casos con información disponible, apenas 21 personas (el 1,76%) tienen restricciones específicas para recibirlas. El 98,24% restante puede recibir visitas sin limitación alguna.
En los delitos de narcotráfico, la cifra es todavía más contundente: de 1.280 personas con prisión domiciliaria por ese tipo de causas, solo en 8 casos (el 0,86%) se reportaron restricciones de visitas. Entre los procesados o condenados por delitos de lesa humanidad, el informe señala que el 84,38% no presenta restricciones de visitas y que el 56,25% posee permisos de salida, principalmente por razones médicas o caminatas autorizadas. Solo el 44,12% de ese grupo utiliza tobillera electrónica.
Las condiciones de un régimen de excepción
En contraste con ese panorama, la expresidenta enfrenta un régimen que su defensa calificó de «arbitrario e infundado». Las restricciones actuales fueron impuestas en noviembre de 2025 por el Tribunal Oral Federal 2 (TOF 2), a cargo de ejecutar la condena de la causa Vialidad (seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos), ratificada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en 2025.
Según precisaron fuentes del entorno de Kirchner, la expresidenta solo puede recibir visitas dos días a la semana, durante dos horas en cada jornada, con un máximo de tres personas por día. Cada visitante requiere, además, autorización judicial previa, con indicación de día y hora específicos. El endurecimiento se dispuso luego de una reunión que Kirchner mantuvo con nueve economistas en su departamento de la calle San José 1111, en el barrio de Monserrat. El abogado defensor Carlos Beraldi apeló las resoluciones del TOF 2 y calificó la medida de «arbitraria, infundada y contradictoria», señalando que antes del 19 de noviembre de 2025 no existía regla alguna sobre la cantidad de visitantes.
La reacción política: «No es una prisión, es un secuestro»
La divulgación del informe generó una reacción inmediata en toda la dirigencia de Unión por la Patria y el kirchnerismo. La consigna que empezó a circular con fuerza entre intendentes del conurbano, legisladores y referentes de derechos humanos fue precisa y contundente: «No es una prisión, es un secuestro judicial».
La legisladora porteña y referenta de La Cámpora, Lucía Cámpora, salió a denunciar el contraste con dureza en sus redes sociales. «El 76% de los detenidos con domiciliaria no tiene que usar tobillera. ¿Sabés a quién sí le hacen usar? A Cristina. ¿Sabés quién sí tiene restricciones en las visitas? Cristina. Es más: la dos veces presidenta y principal dirigenta opositora tiene peores condiciones de detención que condenados por narcotráfico y por delitos de lesa humanidad», sostuvo.
El senador Mariano Recalde fue igualmente categórico en declaraciones a Radio 750: «Solo el 1,76 por ciento de los presos tienen restricciones en las visitas. Eso demuestra más el interés y la connotación política de este tipo de detención. Lo que buscan con estas condiciones degradantes es que no haya actividad política.»
La denuncia también llegó a los organismos históricos de derechos humanos. En una conferencia realizada en el edificio anexo al Congreso de la Nación, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel caracterizó las restricciones como «una acción represiva psicológica» y trazó un paralelo con el proceso sufrido por el presidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva antes de su absolución. «Estamos aquí para defender a una persona que consideramos inocente, que es víctima del lawfare, como le hicieron a Lula», afirmó. También tomaron la palabra Taty Almeida (Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora), Guillermo Pérez Roisinblit (Abuelas de Plaza de Mayo), Eduardo Tavani (Asamblea Permanente de los Derechos Humanos) y Charly Pisoni (Agrupación Hijos), quien señaló que Kirchner «está injustamente presa con restricciones completamente arbitrarias por decisión del poder concentrado, mientras los genocidas condenados por delitos de lesa humanidad no tienen que cumplir ninguna: reciben visitas, van a festejos y hasta hacen deporte».
El lawfare que no cesa
El informe del Consejo de la Magistratura no es el primer elemento que señala el carácter excepcional del trato aplicado a Kirchner. Desde el inicio del proceso judicial en su contra, especialistas en derecho penal y organismos de derechos humanos denunciaron una aplicación selectiva de las normas procesales. La causa Vialidad investigó el presunto direccionamiento de obra pública en Santa Cruz. La condena fue dictada en primera instancia en 2022, confirmada por la Cámara de Casación en 2023 y ratificada por la Corte Suprema en 2025. Kirchner siempre negó los hechos imputados y calificó el proceso como parte de una estrategia de persecución judicial con fines políticos.
Los bloques opositores unificaron su análisis en torno a tres ejes: que los datos no provienen de una «opinión política» sino de los propios juzgados de ejecución penal; que la contradicción entre la laxitud con que se conceden domiciliarias a capos del narcotráfico y el cerco impuesto a la expresidenta resulta constitucionalmente insostenible; y que el objetivo real del régimen de excepción no es garantizar el cumplimiento de la pena, sino impedir la actividad política de la principal referenta opositora del país.
Solo 21 personas de más de 2.500 con domiciliaria en el sistema federal enfrentan condiciones similares a las de la expresidenta. Los números ya no admiten otra lectura.
Puntos clave:
- Solo el 1,76% de los 2.513 detenidos federales con domiciliaria tiene restricciones de visitas como las impuestas a Cristina Kirchner.
- El 98,24% de los presos con domiciliaria puede recibir visitas sin limitaciones, incluidos condenados por narcotráfico y lesa humanidad.
- Las restricciones actuales fueron endurecidas por el TOF 2 en noviembre de 2025: dos días por semana, dos horas y máximo tres personas por visita, con autorización judicial previa.
- El senador Recalde denunció que el objetivo es impedir «la actividad política» de la expresidenta.
- Organismos de DDHH, incluyendo Madres, Abuelas e Hijos, respaldaron la denuncia y calificaron las condiciones de «represivas y arbitrarias».
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