Buenos Aires
Kosteki y Santillán: piden juicio a los responsables políticos
La investigación pretende determinar si existe responsabilidad en los crímenes del entonces presidente interino Eduardo Duhalde y sus ministros; concretamente si existió una orden de reprimir la movilización piquetera con balas de plomo.
Los crímenes de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, ocurridos hace 20 años, generaron un proceso legal que terminó con las condenas a reclusión perpetua del entonces comisario Alfredo Fanchiotti y el cabo Alejandro Acosta, a cargo del operativo represivo.
La prisión para los responsables materiales de los crímenes no es suficiente para los familiares de los dirigentes asesinados, quienes siguen exigiendo el avance de las causas que involucran a los responsables políticos de la denominada «Masacre de Avellaneda».
La investigación que busca desentrañar las responsabilidades al más alto nivel está en el juzgado federal de Ariel Lijo, quien delegó la investigación en la fiscal Paloma Ochoa.
La causa se inició en 2003 por iniciativa de la madre de Maximiliano Kosteki, Mabel Ruiz, quien falleció poco después de recurrir a los tribunales para pedir que se investigue a todos los responsables de la muerte de su hijo.
La investigación pretende determinar si existe responsabilidad en los crímenes del entonces presidente interino Eduardo Duhalde y sus ministros; concretamente si existió una orden de reprimir la movilización piquetera con balas de plomo.
La causa por las responsabilidades políticas se escindió de la que juzgó a Fanchiotti y Acosta en diciembre de 2004, a raíz de un recurso presentado ante la Corte Suprema por las querellas que representaban a los familiares de las víctimas.
Desde ese momento, el expediente no logró avances significativos y en mayo de 2012 el fiscal de la causa, Miguel Osorio, decidió archivarlo por inexistencia de pruebas.
Pero en 2015, a instancia de los familiares y sus representantes legales, se logró la reapertura del expediente por la presentación de nuevos elementos.
El último de ellos se incorporó a la investigación este año, a través del documental «Diciembre», del director Patricio Escobar y el periodista Alejandro Bercovich, en el que fue entrevistado el expresidente interino.
En el filme, Duhalde reconoce un temperamento represivo en la actitud del gobierno ante la marcha del 26 de junio de 2002, que además de las muertes de Santillán y Kosteki dejó 33 heridos con balas de plomo.
«Dí la orden de que no pasaran» los piqueteros, dice Duhalde en el documental y refuerza: «La gente no puede hacer lo que quiera».
La línea de investigación de la fiscalía también contempla determinar si hubo participación de fuerzas federales, como la Policía Federal o Prefectura, lo que probaría una operación coordinada desde el poder político nacional.
La justicia también reiteró pedidos a la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) en busca de determinar cuál era el comportamiento de la Secretaría de Inteligencia en los días previos y en la jornada de la masacre.
Según trascendió de fuentes judiciales, el día de la represión, desde un teléfono de la SIDE, se hicieron dos llamados al comisario Fanchiotti, aunque el funcionario policial no los atendió.
Desde que se reabrió la investigación judicial, prestó declaración testimonial el entonces intendente Avellaneda, Oscar Laborde, y dirigentes sociales como la miembro de Madres de Plaza de Mayo Nora Cortiñas y el dirigente de «Autodeterminación y Libertad», Luis Zamora.
El excomisario Fanchiotti, quien luego de disparar sobre los manifestantes intentó instalar en los medios que las muertes habían sido provocadas por «enfrentamientos internos» del movimiento piquetero, solicitó este año que se le otorgue la libertad condicional.
La justicia de Lomas de Zamora le negó el beneficio en primera instancia, medida que esta semana ratificó la sala III de la Cámara de Apelación, con lo cual el expolicía seguirá cumpliendo su condena preso.
Costa Atlántica
“Desastrosas” vacaciones de invierno: solo 25% de ocupación en Mar del Plata y 19% en Necochea
La primera semana del receso invernal 2026 cerró con números alarmantes en la Costa Atlántica. Mar del Plata registró una ocupación hotelera de apenas el 25% y Necochea del 19%, mientras comerciantes y empresarios del sector calificaron la temporada como «desastrosa». El ajuste en los bolsillos volvió a golpear al turismo interno.
Las vacaciones de invierno 2026 arrancaron en la Costa Atlántica con una postal que el sector turístico preferiría no repetir. Mar del Plata, el destino balneario más convocante del país, terminó la primera semana del receso escolar con una ocupación hotelera de apenas el 25%. El sábado 25 de julio, que debería haber sido uno de los picos de demanda, no superó el 30%. Los números no solo están lejos de los registros históricos para esta época; revelan, una vez más, el impacto directo del deterioro del poder adquisitivo sobre el turismo interno.
Una ciudad que no se llenó
El mayor movimiento en Mar del Plata se concentró durante el fin de semana, traccionado principalmente por visitantes de localidades vecinas y público local que aprovechó las condiciones climáticas. Sin embargo, la actividad decayó abruptamente pasada la tarde del domingo: calles con escaso tránsito nocturno, restaurantes y bares con mesas vacías, comercios de indumentaria sin ventas significativas. Desde el sector describieron la situación como «muy por debajo de las expectativas» para un receso invernal que, en condiciones normales, es uno de los momentos de mayor demanda del año.
Hoteles, agencias de turismo y comercios del rubro implementaron ofertas especiales, promociones bancarias y paquetes a precios reducidos para incentivar la llegada de visitantes. El resultado fue marginal. La demanda no respondió, y los operadores reconocen que el problema es estructural: los hogares argentinos salieron del verano con el presupuesto familiar recortado por meses consecutivos de tarifazos, inflación y caída del salario real.
Necochea, con números aún peores
La situación en Necochea fue todavía más crítica. El sector hotelero de esa ciudad informó una ocupación del 19% durante la primera semana de vacaciones de invierno, un dato que generó alarma entre los prestadores turísticos locales. Empresarios de la región no dudaron en calificar los resultados como «desastrosos» y advirtieron que la menor afluencia de turistas arrastra consecuencias directas sobre toda la cadena de valor: hoteles, gastronomía, comercios y actividades recreativas.
La Costa Atlántica en su conjunto atraviesa una temporada de invierno que contrasta con los datos que el Gobierno nacional suele exhibir como señales de recuperación. El consumo turístico es uno de los termómetros más sensibles del ingreso disponible de los hogares; cuando ese consumo cae, la narrativa oficial del «rebote» queda en evidencia.
El patrón que se repite: escapadas cortas y gasto cuidado
Los operadores del sector identificaron una tendencia que no es nueva pero que se profundiza: los turistas que sí viajaron optaron por estadías más cortas, priorizaron destinos cercanos para reducir el costo del traslado, y ajustaron al mínimo el gasto en gastronomía y entretenimiento. El fenómeno del «turismo de cercanía» y el consumo mínimo indispensable se convirtieron en la norma de un receso que debería ser uno de los más activos del año.
Este comportamiento no puede leerse en clave puramente individual. Es el resultado acumulado de más de dos años de ajuste sistemático sobre los ingresos populares: la caída del salario real, el tarifazo en servicios y transporte, y la escalada del costo de vida redujeron el margen disponible de millones de familias que, en otro contexto, habrían elegido la Costa como destino vacacional. En su lugar, muchos optaron por quedarse en sus ciudades o resignar el viaje.
La expectativa, puesta en la segunda semana
Desde el sector turístico bonaerense la mirada está puesta ahora en los próximos fines de semana y en la segunda mitad del receso invernal, con la esperanza de que el flujo de visitantes mejore y permita compensar, aunque sea parcialmente, los números negativos de la primera semana. Sin embargo, las condiciones de fondo no cambiaron: el bolsillo de los trabajadores y las familias argentinas sigue comprimido por una política económica que priorizó el equilibrio fiscal y el pago de la deuda externa por sobre el consumo popular.
Mar del Plata y la Costa Atlántica no tienen un problema de oferta turística. Tienen el problema de un país donde cada vez menos familias pueden permitirse salir de vacaciones.
Puntos clave
- Mar del Plata cerró la primera semana de vacaciones de invierno con apenas el 25% de ocupación hotelera.
- Necochea registró un porcentaje aún menor: 19% de ocupación en el sector hotelero.
- Empresarios y comerciantes del sector calificaron los resultados como «desastrosos».
- Los turistas que viajaron optaron por estadías cortas y consumo reducido al mínimo.
- El ajuste acumulado sobre salarios y tarifas se identifica como la causa estructural de la baja demanda.
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