Política 📢
Monteoliva quiere revisar mochilas y prohibir banderas tras la violencia desatada por agentes infiltrados
La ministra de Seguridad anunció que estudia revisar las mochilas de manifestantes y prohibir banderas en las marchas. De manera burda, la funcionaria usa como excusa los incidentes generados por sus propios agentes encubiertos para restringir el derecho a la protesta.
★ La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, anunció este domingo que el Gobierno estudia una serie de medidas para endurecer los controles en las manifestaciones sociales, que van desde la revisión de mochilas hasta la prohibición de banderas, utilizando como justificación los incidentes del miércoles pasado que fueron provocados por infiltrados policiales durante la marcha contra la reforma laboral.
«Hemos conversado de endurecer más las medidas para la realización de manifestaciones o este tipo de protestas, llámese el protocolo antipiquete (dispositivo de seguridad declarado inconstitucional y prohibido por la Justicia)…la cantidad de elementos que tenemos en cuenta», advirtió la funcionaria que sucedió en el cargo a Patricia Bullrich.
Las medidas en carpeta
En diálogo con «Pan y Circo», el ciclo que conduce Jonatan Viale por Radio Rivadavia, Monteoliva adelantó que están en carpeta medidas como la revisión de mochilas y hasta la prohibición de banderas por su utilización como «flechas» para atacar a fuerzas de seguridad.
«No solamente se pueden dar de alguna manera revisión de mochilas. Pongo un ejemplo: banderas. Si después van a estar usando los palos de la bandera de flecha, o de arma para tirarlas…Vimos el miércoles pasado cómo le sacaban los palos», indicó la ministra.
Monteoliva señaló que desde su cartera se va a «mirar de qué manera se puedan realizar otro tipo de controles sin poner en riesgo la vida de absolutamente nadie».
La contradicción: usar la violencia propia como excusa
Las declaraciones de la ministra resultan particularmente contradictorias si se considera que los incidentes del miércoles pasado fueron provocados por agentes de civil vestidos como manifestantes, según pudo documentar este medio a través de cronistas propios que cubrieron la movilización.
Como se publicó en esta edición, los infiltrados policiales fueron vistos conversando con uniformados en la zona del Congreso antes de los incidentes y posteriormente se mezclaron entre los manifestantes para, de manera coordinada y organizada, arrojar piedras, bombas Molotov, fuegos artificiales y maderas contra las fuerzas de seguridad.
La operación de provocación desencadenó la represión con balas de goma, gases lacrimógenos, carros hidrantes y palos contra quienes estaban protestando genuinamente de manera pacífica en rechazo a la reforma laboral.
El protocolo antipiquete inconstitucional
La referencia de Monteoliva al «protocolo antipiquete» resulta especialmente llamativa, considerando que este dispositivo fue declarado inconstitucional y prohibido por la Justicia por vulnerar el derecho constitucional a la protesta.
El miércoles pasado, en paralelo a la sesión en el Senado donde se discutía la reforma laboral, se registraron enfrentamientos entre efectivos de la Policía y la Gendarmería con supuestos manifestantes, algunos de los cuales lanzaron piedras como proyectiles y bombas molotov.
Según denuncias en redes sociales, medios de comunicación e influencers, estos elementos violentos eran infiltrados policiales que las fuerzas de seguridad no detuvieron ni reprimieron, para luego terminar reprimiendo únicamente a los manifestantes pacíficos.
La escalada autoritaria
Las medidas anunciadas por Monteoliva se inscriben en la estrategia de criminalización de la protesta social que el Gobierno desplegó tras los incidentes. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, había anunciado una denuncia por terrorismo contra manifestantes, mientras que este sábado fue detenido Milton Tolomeo, acusado de arrojar bombas molotov, aunque su nombre no figuraba en las listas iniciales de sospechosos.
La movilización del miércoles fue convocada por la CGT y las dos CTA con un cese de actividades desde las 13 horas para rechazar un proyecto que modifica las condiciones de contratación y despido, amplía el período de prueba, reduce indemnizaciones y flexibiliza los convenios colectivos.
Puntos clave:
• Monteoliva anunció que el Gobierno estudia endurecer controles en manifestaciones, incluyendo revisión de mochilas y prohibición de banderas
• La ministra usa como excusa los incidentes del miércoles que fueron provocados por infiltrados policiales documentados
• Hizo referencia al protocolo antipiquete, declarado inconstitucional y prohibido por la Justicia
• Las fuerzas de seguridad no detuvieron a los infiltrados que generaron violencia, pero reprimieron a manifestantes pacíficos
• Las medidas se inscriben en la estrategia de criminalización de la protesta social que incluye denuncias por terrorismo ★
Cultura
Más destrucción de Milei: buscan derogar la Ley que protege a las librerías
Un anteproyecto impulsado por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado propone eliminar la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera. Libreros, editoriales y entidades del sector alertaron que la medida favorecería la concentración del mercado, pondría en riesgo a las librerías independientes y afectaría la bibliodiversidad en la Argentina.
El Gobierno nacional impulsa un anteproyecto para derogar la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera y la iniciativa encendió las alarmas en toda la cadena del libro. Desde editoriales, librerías independientes y cámaras del sector advirtieron que la eliminación de la norma favorecería la concentración del mercado, reduciría la oferta editorial y pondría en riesgo cientos de comercios dedicados a la venta de libros en todo el país.
La iniciativa fue elaborada por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, a cargo de Federico Sturzenegger, y apunta a eliminar una legislación vigente desde hace más de dos décadas que establece el precio único de venta al público para los libros.
Qué establece la Ley de Defensa de la Actividad Librera
La Ley 25.542, sancionada en 2001 y vigente desde 2002, obliga a que cada libro tenga el mismo precio de venta en cualquier librería del país, independientemente del canal comercial donde se adquiera.
La norma contempla excepciones para determinadas operaciones, como descuentos de hasta el 10% durante ferias del libro o ventas a bibliotecas e instituciones culturales, y rebajas de hasta el 50% para compras destinadas a programas públicos de distribución gratuita. También excluye a libros usados, de colección, artesanales, descatalogados o importados a precio de saldo.
El objetivo de la ley fue evitar que grandes cadenas comerciales o plataformas con mayor poder económico utilicen los libros como producto de atracción mediante descuentos imposibles de igualar para las librerías independientes.
El sector advirtió por el impacto de la derogación
La posible eliminación de la norma recibió un amplio rechazo de las principales entidades vinculadas al mundo editorial.
Desde la Cámara Argentina del Libro (CAL) sostuvieron que el precio único «es la herramienta fundamental para proteger a las librerías independientes y a las editoriales pymes frente a la concentración del mercado», además de garantizar el acceso federal a la lectura y preservar la bibliodiversidad.
En la misma línea, la Cámara Argentina de Librerías Independientes (CALI) consideró que la iniciativa constituye «un ataque contra la cultura» y remarcó que cada librería representa un espacio de encuentro, promoción de nuevos autores y desarrollo de la industria editorial.
La Fundación El Libro, organizadora de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, también expresó su preocupación y afirmó que la legislación permitió sostener durante más de veinte años una amplia red de librerías independientes en todo el territorio nacional, reconocida internacionalmente por su diversidad y alcance.
Advierten por el futuro de las librerías de barrio
Libreros de distintas provincias coincidieron en que la derogación pondría en desventaja a los comercios independientes frente a las grandes cadenas y plataformas de venta online.
María Eugenia Ajamil, responsable de Boutique del Libro de Ushuaia, sostuvo que la normativa permitió que libros de editoriales pequeñas llegaran a todos los rincones del país y alertó que, sin esa protección, «solo sobrevivirán los títulos más rentables».
En el mismo sentido, Giselle Ale, titular de Fray Mocho y Libros de la Arena, de Mar del Plata, recordó que la ley «no le cuesta un peso al Estado» y aseguró que garantiza condiciones equitativas de competencia entre librerías independientes, cadenas comerciales y plataformas digitales.
Desde el sector también remarcaron que la experiencia internacional muestra que, en los países donde se eliminó el precio único del libro, desaparecieron numerosas librerías independientes y el mercado quedó concentrado en pocos actores, con una oferta editorial más reducida y menos espacio para autores emergentes y editoriales de menor escala.
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