Política 📢
Milei lanzó su campaña del miedo 2027 antes que nadie: acusó a la izquierda de “sembrar el terror”
Sin esperar siquiera que comience el año electoral, el presidente Javier Milei utilizó un foro financiero privado para lanzar el primer ataque de su campaña 2027, acusando a los «movimientos de izquierda» de planear sembrar el miedo, mientras repitió su relato de gestión con cifras que no resisten la verificación independiente.
La táctica del espejo: cómo Milei construye el relato del miedo acusando a otros de sembrarlo
★ Javier Milei convirtió este martes el Congreso Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) en el escenario de lanzamiento informal de su campaña electoral 2027. En su discurso ante ejecutivos del sector financiero, el mandatario advirtió que en la previa a los comicios del año próximo habrá «campañas negativas de los movimientos de izquierda para atacar la libertad y sembrar el miedo», en una anticipación que llamó la atención por su tono agresivo y su carácter abiertamente electoral en un contexto protocolar. Las expresiones a favor del discurso presidencial fueron muy escasas entre el público presente, en una señal que no pasó inadvertida.
La «campaña del miedo»: estrategia de manual para desviar la atención
La acusación de Milei no es nueva ni espontánea. Reproducir en el adversario la propia estrategia comunicativa es una técnica electoral documentada, y el presidente la aplicó con precisión quirúrgica: al advertir que la izquierda «va a sembrar el miedo», construyó preventivamente un paraguas narrativo que le permitirá desacreditar cualquier crítica futura a su gestión como «campaña del terror colectivista».
La operación discursiva quedó expuesta cuando el propio mandatario recurrió a la película de animación «Monsters, Inc.» para ilustrar su argumento. «El día que le saquemos la careta a los monstruos colectivistas este país va a ser grande nuevamente», afirmó, en una declaración que difícilmente pueda calificarse de sobria para quien ocupa la primera magistratura del país.
El presidente también redobló su caracterización de la oposición en términos que rozan la provocación institucional. «El año pasado intentaron un golpe de Estado y les salió mal», sostuvo, en referencia a las tensiones parlamentarias de 2025, en las que la oposición ejerció su legítimo rol legislativo bloqueando iniciativas del Ejecutivo. Esa definición, reiterada sin evidencia judicial que la respalde, constituye una acusación de extrema gravedad que el propio Milei ha instalado como lugar común de su retórica sin que hasta el momento haya derivado en ninguna causa penal concreta.
El relato de la gestión: cifras que no cierran
Milei aprovechó el foro para reiterar los logros de su administración con el énfasis habitual. «Sacamos a 14 millones de personas de la pobreza», afirmó, una cifra que contrasta con los propios datos del INDEC: la medición de pobreza de 2025 mostró una reducción respecto del pico de 2024, pero los registros del organismo oficial no avalan la magnitud del descenso proclamado por el presidente. En ese mismo período, los precios de los servicios públicos acumularon subas que superan el 525% en transporte, gas y electricidad según el IIEP (UBA-CONICET), mientras los salarios reales recién comenzaron a recuperarse en el último trimestre de 2025 tras dos años de caída sostenida.
«La inflación va a seguir bajando, y sucedió gracias al ajuste. Todo esto lo logramos sin devaluar, sin plan Bonex», dijo Milei, aunque omitió que las previsiones de inflación de su propio Presupuesto 2025 ya fueron superadas antes de que cerrara el ejercicio. Según los datos que el Ejecutivo presentó al Congreso, la inflación proyectada para ese año era del 24,5%, pero los registros a noviembre de 2025 ya marcaban un 27,9%, por encima de la meta oficial.
La promesa de baja de impuestos: condicional y sin fecha
En el marco del discurso, Milei anunció que «a la suba de la recaudación habrá baja de impuestos», aunque condicionó el anuncio a que «la base del Estado» siga siendo alta. La afirmación resulta llamativa a la luz de la trayectoria de su propio gobierno: la Ley Bases (27742) redujo alícuotas y creó mecanismos de adelantamiento de ingresos, pero lo hizo en el marco de una reforma tributaria que economistas del Foro Economía y Trabajo calificaron como «aún más regresiva», al beneficiar principalmente a los sectores de mayor capacidad contributiva mientras el gasto social acumuló recortes reales de hasta el 61% en programas sociales y del 86% en inversión pública desde diciembre de 2023.
El presidente también anticipó su «revolución de los seguros», una propuesta que transformaría al Estado en un «gran gestor de seguros» para prestaciones sociales, en reemplazo del modelo de provisión directa. Los detalles del esquema, según el propio Milei, «hoy no van a cambiar», y su implementación estará sujeta a un proceso de «ordenamiento y secuencialidad». La propuesta fue discutida, según indicó el presidente, en un gabinete ampliado el 25 de mayo, pero no trascendieron documentos ni proyectos concretos.
El trasfondo: comicios 2027 y la construcción del enemigo
Lo más revelador del discurso no fue ninguna de las medidas anunciadas, sino el tono y el momento. Con los comicios legislativos de octubre de 2027 todavía a más de un año de distancia, Milei eligió un foro financiero privado para instalar el eje de su campaña: la contraposición entre «libertad» y «colectivismo», entre su gestión y el fantasma de la izquierda. La operación tiene una lógica clara. En un contexto donde los indicadores de pobreza, el impacto del tarifazo y el endeudamiento con el FMI por USD 20.000 millones acuerdo de 2025 siguen siendo puntos vulnerables de su gestión, la estrategia consiste en desplazar el foco hacia el adversario y construir preventivamente el relato de la «campaña del miedo» que, según el propio mandatario, aún no comenzó. El presidente arrancó primero.
Puntos clave:
- Milei anticipó en el IAEF que los «movimientos de izquierda van a sembrar el miedo» en las elecciones 2027, en un discurso de tono abiertamente electoral.
- Afirmó que la oposición «intentó un golpe de Estado» en 2025, sin que exista causa judicial que respalde la acusación.
- Proclamó haber «sacado a 14 millones de personas de la pobreza», cifra que no encuentra correlato en los datos del INDEC.
- Las proyecciones de inflación del propio Presupuesto 2025 del Ejecutivo fueron superadas antes de cerrar el ejercicio.
- Las expresiones de apoyo al discurso presidencial en la sala fueron escasas.
Dólar 💵
El vocero de Milei dijo que el dólar podría llegar a $1.800: la grieta entre el relato oficial y el mercado
El vocero presidencial admitió en un streaming oficialista que una corrección cambiaria «es una posibilidad», y el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un tipo de cambio cercano a los $1.700 para fin de año. La confesión contradice el discurso gubernamental de estabilidad.
El dólar y los salarios son los dos pilares sobre los que el Gobierno de Javier Milei construyó su relato de éxito económico. Pero en las últimas horas, uno de los propios funcionarios del equipo oficialista horadó ese andamiaje: el vocero presidencial Adrián Ravier reconoció públicamente que el tipo de cambio podría experimentar una corrección y llegar a valores de entre $1.700 y $1.800 en los próximos meses. La declaración, formulada en un streaming de carácter oficialista, no pasó inadvertida en un contexto donde la devaluación es una amenaza latente para el poder adquisitivo de los trabajadores.
«Es una posibilidad»: la admisión que el oficialismo intentó minimizar
Ravier intentó enmarcar la posible corrección cambiaria como un movimiento «mínimo» que «no va a tener un impacto significativo en el bolsillo de los argentinos». Tras recorrer una serie de grandes devaluaciones de gobiernos anteriores para contextualizar el escenario actual, el vocero reconoció que «es una posibilidad que el tipo de cambio llegue a $1.800 ó $1.700 para dentro de unos meses». El argumento del funcionario buscó diferenciarse de saltos cambiarios abruptos del pasado, pero la admisión en sí misma representa una fisura en el discurso oficial de estabilidad cambiaria que el equipo económico repite cada vez que puede.
La pregunta de si existe o no atraso cambiario sobrevoló la declaración de Ravier, quien esquivó una respuesta directa: «Si hay atraso cambiario o no, es muy difícil de decir», señaló, antes de concluir que cualquier corrección sería de magnitud acotada. Sin embargo, la dificultad para responder con certeza esa pregunta es, en sí misma, una señal de alarma para quienes siguen de cerca la política monetaria.
El mercado ya descuenta una suba del dólar
Las palabras de Ravier no llegaron en el vacío. Antes de su declaración, el propio mercado financiero ya venía descontando un tipo de cambio más elevado hacia fin de año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, elaborado en base a encuestas realizadas a las consultoras y empresas más relevantes del sector financiero, proyecta un dólar cercano a los $1.700 para diciembre de 2026. El consenso privado y las palabras del vocero apuntan, entonces, en la misma dirección, aunque el Gobierno se esfuerce en llamarlo «corrección mínima» en lugar de devaluación.
El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares en reservas desde principios de año, un dato que el oficialismo exhibe como señal de fortaleza. No obstante, analistas del sector advierten que ese ritmo de compra se desacelerará una vez superada la cosecha gruesa, lo que limitará el margen del Gobierno para sostener artificialmente el valor del dólar en los meses siguientes.
El ancla que sostiene una macroeconomía frágil
El tipo de cambio cumple en el esquema libertario una función doble y contradictoria: es, al mismo tiempo, el principal instrumento antiinflacionario y el punto de mayor fragilidad del modelo. La estabilidad financiera que el Gobierno exhibe hoy, a pesar de la caída de los salarios, la pérdida de empleos y el cierre de empresas, depende en gran medida del dólar quieto. Una devaluación, aunque sea presentada como «mínima», arrastra un riesgo concreto: acelerar el cierre de negocios y licuar aún más el poder adquisitivo de los trabajadores, especialmente si la respuesta del Gobierno fuera profundizar el ajuste para evitar nuevas correcciones del tipo de cambio, como ya hizo en ciclos anteriores.
El propio Gobierno reconoció en otras instancias que el proceso de recomposición salarial «lleva tiempo» y «genera tensiones». Mientras tanto, los salarios privados registrados subieron apenas un 2% en mayo, por debajo de la inflación del mismo mes, que fue del 2,1%, según datos del INDEC. La brecha entre salarios y precios se repite en las comparaciones interanuales y acumula un deterioro sostenido desde el inicio de la gestión. En ese contexto, una nueva corrección del tipo de cambio sería una mala noticia más para los sectores populares.
La contradicción estructural del modelo
La declaración de Ravier expone una contradicción que el Gobierno prefiere no abordar frontalmente: si el tipo de cambio está atrasado, cualquier corrección afectará los precios internos y erosionará los ingresos reales; si no lo está, la competitividad de las exportaciones queda condicionada por otros factores estructurales que el modelo libertario tampoco resolvió. El propio Ravier intentó salir de ese dilema reivindicando el rendimiento exportador como prueba de competitividad sin necesidad de devaluación, pero sus números sobre la posible llegada del dólar a $1.700 o $1.800 desmienten esa certeza.
El mercado, los analistas y ahora el propio vocero presidencial confluyen en un escenario que el relato oficial prefiere esquivar: el dólar se va a mover. La discusión es cuánto, cuándo y, sobre todo, quién pagará el costo.
Puntos clave
- El vocero presidencial Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.
- El REM del Banco Central proyecta un dólar cercano a $1.700 para diciembre de 2026.
- El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares desde principios de año, pero el ritmo se desaceleraría tras la cosecha gruesa.
- Los salarios privados registrados subieron 2% en mayo, por debajo de la inflación del 2,1% según el INDEC.
- Una corrección cambiaria profundizaría el deterioro del poder adquisitivo en un contexto de ajuste sostenido.
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