Política 📢
Coalición Federal rechazaría el mega DNU de Milei
El diputado nacional del Partido Socialista, Esteban Paulón, que forma parte del bloque de Miguel Pichetto, aclaró que si hubiera una sesión, dará quórum, al igual que con la ley ómnibus.
El diputado nacional de Hacemos Coalición Federal Esteban Paulón sostuvo este domingo que en esa bancada que lidera Miguel Pichetto “hay una posición mayoritaria para rechazar” el mega DNU 70 del Gobierno, mientras que en el caso de la ley ómnibus las posturas son más diversas.
El diputado socialista santafesino explicó que en el caso del DNU, que ya recibió el rechazo del Senado, el bloque se inclinaría mayoritariamente por darle la espalda.
“Con el DNU tenemos diferentes posturas en el bloque de Hacemos Coalición Federal. Entiendo que hay una posición mayoritaria para rechazarlo”, indicó Paulón.
Sobre la discusión que se reabrirá respecto de la ley Bases una vez que el Gobierno la envié al Congreso en los próximos días, el santafesino señaló que el voto en general de Hacemos Coalición Federal seguramente reproducirá la división que ya tuvo en febrero pasado, y anticipó una complejización en la votación en particular.
En aquella oportunidad, los socialistas Mónica Fein y Paulón, la bonaerense Margarita Stolbizer y la cordobesa Natalia de la Sota rechazaron la iniciativa, mientras que la mayoría del bloque de Pichetto votó a favor.
“Con la ley Bases hay una primera parte de la votación que ya se ha producido. Lo que va a haber es un debate nuevamente sobre el contenido de cada artículo. No hemos recibido un texto definitivo”, precisó el socialista.
Sin embargo, anticipó que en el Partido Socialista “hay intención de rechazar” la ley ómnibus, más allá de que van a garantizar el quórum para habilitar la sesión.
“Estamos para dar quórum pero en el Partido Socialista hay intención de rechazarlo. La delegación de facultades y privatizaciones son cuestiones que por principios no podemos acompañar, aunque algunos integrantes del bloque sí se muestran a favor”, manifestó.
En otro orden, Paulón se refirió a la angustiante situación de jubilados y advirtió que con la propuesta del Gobierno se va a “cristalizar una pérdida de su capacidad adquisitiva de alrededor del 30%”.
“Si bien el ajuste mensual por índice de inflación es igual al que proponíamos desde nuestro bloque, la verdad que con el empalme y ese aumento extraordinario que da el Gobierno del 12,5% estamos hablando de que los jubilados van a cristalizar una pérdida de su capacidad adquisitiva de alrededor del 30%”, expresó.
En este sentido, el diputado opositor alertó que “hoy los jubilados y jubiladas no pueden pagar ni siquiera sus medicamentos”.
“Estamos en una epidemia de dengue. Un repelente vale a partir del 12 mil pesos. Es el 10% de una jubilación mínima. Debería darnos vergüenza que un jubilado o jubilada gane lo que equivale a diez potecitos de repelente y no se nos mueva el pelo ni se nos conmueva nada”, se quejó.
“Es un tema que hay que abordar urgentemente desde el financiamiento del sistema pero reparando rápidamente los ingresos de jubilados y jubiladas porque verdaderamente es un sector que no puede esperar más”, insistió.
Géneros 🟣
Senado: denuncian proyecto de “falsas denuncias” intenta silenciar a las víctimas
A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos.
Senado: qué pasa con el proyecto de “falsas denuncias”
El conversatorio “Derecho a la voz: contra la criminalización de quienes denuncian violencia” funcionó como una respuesta urgente frente al proyecto impulsado por Carolina Losada, que ya cuenta con dictamen de mayoría en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales. La iniciativa propone agravar las penas por falsa denuncia, falso testimonio y encubrimiento en casos de violencia de género, delitos sexuales y situaciones que involucren a niñas, niños y adolescentes.
Para quienes expusieron, el diagnóstico fue otro: no hay vacío legal ni problema empírico que justifique la reforma. Lo que sí aparece, señalaron, es una estrategia política para disciplinar a quienes denuncian y reinstalar el silencio.
Una arquitectura punitiva para desalentar la denuncia
La abogada Ileana Arduino, referente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales, desmenuzó el corazón del proyecto. Sostuvo que no se trata de una falla técnica sino de una decisión deliberada: utilizar el derecho penal como herramienta de control social.

“Funciona como una extorsión procesal”, advirtió. El planteo es claro: en un sistema judicial que ya resulta hostil, la amenaza de una contra-denuncia penal empuja a las víctimas a no hablar. El resultado no es más justicia, sino menos denuncias.
Arduino también apuntó a un efecto colateral clave: la criminalización de las redes de acompañamiento. Equipos interdisciplinarios, profesionales y organizaciones quedarían bajo sospecha por intervenir en procesos donde la prueba suele ser compleja y el tiempo judicial, lento.
Construir un problema inexistente
La ministra bonaerense Estela Díaz fue directa: “Lo falso es el problema que quieren instalar”.
Respaldada por un documento con más de 1.700 firmas, sostuvo que las falsas denuncias no representan un fenómeno significativo en Argentina. En cambio, sí lo es la subdenuncia en casos de violencia y abuso.
Para Díaz, la iniciativa se inscribe en una narrativa política más amplia que cuestiona la existencia misma de la violencia de género. En ese marco, el proyecto no busca mejorar el sistema penal, sino desplazar el foco: de la protección de las víctimas a la sospecha sobre su palabra.
El miedo como política pública
Desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Natalia Gherardi aportó datos que desarman el argumento central del proyecto:
- Solo una de cada cuatro mujeres en situación de violencia busca ayuda.
- En abuso sexual infantil, más del 88% de los casos no llega a la Justicia.
En ese contexto, endurecer penas por denuncias “falsas” no resuelve un problema: crea otro. Introduce una amenaza concreta para quienes están obligados a denunciar, como establece la Ley Lucio.
La contradicción es evidente: el Estado exige denunciar ante la sospecha de abuso, pero al mismo tiempo instala el riesgo de persecución penal si la causa no prospera. El mensaje implícito, señalaron, es el silencio.
Convenciones internacionales vulneradas
La dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, María Elena Naddeo, cuestionó la compatibilidad del proyecto con los estándares internacionales.
Mencionó dos marcos normativos clave:
- Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
- Convención de Belém do Pará
Ambos obligan al Estado a garantizar el acceso a la justicia y a no generar obstáculos para denunciar violencia de género. La iniciativa, en cambio, invierte esa lógica: convierte a la denunciante en potencial imputada.
Naddeo también desarmó una de las falacias centrales: equiparar falta de prueba con falsedad. En delitos que ocurren en la intimidad, esa equivalencia no solo es errónea, sino funcional a la impunidad.
Datos incómodos para el oficialismo
A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos. Se trata de una cifra marginal, que en general no está vinculada a violencia de género sino a otros delitos.
Sin evidencia empírica que justifique el endurecimiento penal, el proyecto queda expuesto como una definición ideológica: desplazar la centralidad de la víctima y reinstalar la sospecha sobre su palabra.
Efectos concretos: censura, desprotección e impunidad
El rechazo no se agota en el plano simbólico. Las organizaciones advirtieron consecuencias concretas:
- Bozal mediático: limitaciones a la difusión de casos que han sido clave para visibilizar violencias.
- Persecución profesional: equipos técnicos y redes de acompañamiento bajo amenaza penal.
- Inseguridad jurídica: profesionales de salud y educación atrapados entre denunciar o protegerse.
- Desaliento de denuncias: una profundización en la caída previsible en el acceso a la justicia.
En ese marco, el proyecto aparece como una herramienta de disciplinamiento que redefine el sistema: ya no se investiga al agresor, se sospecha de quien denuncia.
Una disputa de fondo: voz o silencio
Lo que se debatió en el Senado excede una reforma penal. Se trata de una disputa política y cultural: quién tiene derecho a hablar y bajo qué condiciones.
Frente a un escenario que intenta reinstalar el miedo como frontera, el feminismo articuló una respuesta clara. El derecho a la voz no es un privilegio ni una concesión: es un derecho humano básico.
Y su restricción, no fortalece la justicia. La debilita.
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