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Uruguayos renuevan su reclamo silencioso por los desaparecidos y asesinados en la última dictadura

Bajo la consigna de «¿Dónde Están? Nunca Más Terrorismo de Estado», familiares de desaparecidos durante la dictadura caminaron anoche con pancartas con las fotos de sus buscados seres queridos y reclamaron verdad, memoria y justicia.

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Miles de personas se movilizaron en las calles de Montevideo como parte de la marcha anual para denunciar los crímenes de la última dictadura militar (1973-1985) en Uruguay y renovar el pedido de castigo a los culpables.

Bajo la consigna de «¿Dónde Están? Nunca Más Terrorismo de Estado», familiares de desaparecidos durante la dictadura caminaron anoche con pancartas con las fotos de sus buscados seres queridos y reclamaron verdad, memoria y justicia.

En una nueva edición de esta llamada Marcha del Silencio, que se realiza desde 1996, los manifestantes avanzaron a pie completamente callados, solo respondiendo «presente» al unísono cada vez que se nombraba a un desaparecido por altavoces.

La edición número 28 de la Marcha del Silencio, que se realizó en simultáneo en más de 70 localidades del interior- fue organizada, como es tradición, por la organización Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos.

Se hace cada 20 de mayo en recuerdo del asesinato en Buenos Aires en esa fecha de 1976 de los políticos exiliados uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, así como de los militantes tupamaros Rosario Barredo y William Whitelaw.

Los cuerpos de los cuatro asesinados aparecieron en un auto abandonado en la vía pública en el barrio de Bajo Flores.

La Marcha del Silencio «mantiene viva la memoria de lo que pasó en los 70, que nunca más debe volver a repetirse», dijo a Télam en la movilización Raúl «Polo» Altuna, yerno de Michelini, que resaltó el «mundo de gente» que participó, en especial jóvenes.

«Pero la información sobre el destino de los desaparecidos sigue sin aparecer en Uruguay y eso es muy grave, por eso vamos a seguir marchando», agregó.

La diputada Verónica Mato, del partido Frente Amplio e hija del militante comunista Miguel Ángel Mato, desparecido en Montevideo en 1982, destacó la construcción «popular» de la marcha.

«Esta marcha tiene algo fundamental, que es que la construyó el pueblo, no la decretó ningún gobierno, ninguna ley, ningún feriado, la fue construyendo el pueblo uruguayo (…) para saber a dónde están los desaparecidos, para que nos digan dónde están», dijo.

Mato dijo que en el actual Gobierno de derecha del presidente Luis Lacalle Pou «hay políticos que tienen vínculos con los militares, que tienen información y que la niegan.

«La verdad sigue secuestrada, porque esa información está», aseguró.

«Cuando se encuentra a cada compañero detenido desaparecido aparece la prueba de un delito, de un crimen. Los autores materiales de estos crímenes aberrantes quieren seguir eternamente manteniendo la impunidad», remarcó Mato.

Valentina Chaves, hija del sindicalista y militante comunista Ubagesner Chaves Sosa, desaparecido en Montevideo en 1976, dijo que los participantes de la marcha sentían cada vez más el peso de las pancartas a medida que pasaban las cuadras.

«Esto se parece a lo que nos pasa: cada vez nos pesa más llevar esta impunidad con los delitos de lesa humanidad», graficó Chaves.

En la previa de la marcha, la intendenta de Montevideo, Carolina Cosse, del opositor Frente Amplio, realizó un homenaje a los desaparecidos en el Memorial del Cerro, junto a representantes de los organismos de derechos humanos.

En el acto se arrojaron margaritas -la flor que es símbolo de los desaparecidos en Uruguay, se hizo un minuto de silencio y se cantó el himno uruguayo.

Tras el fin de la dictadura, el Congreso de Uruguay aprobó la denominada Ley de

Caducidad, refrendada en referéndum en 1989 y 2009, que decretó una amnistía a los militares y policías que habían violado los derechos humanos en la dictadura.

La ley delegaba en el Gobierno la decisión de qué casos podían ser juzgados.

Con el arribo del Frente Amplio al poder en 2005, se buscaron excepciones a la ley para iniciar varios juicios a militares y políticos por su rol en esa época.

A partir de una sentencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y a aprobación de una ley en 1985, se permitió ampliar los procesos, que en algunos casos terminaron con condenas de cárcel de hasta 30 años.

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Palantir, el gran hermano de Trump: la empresa que rastrea migrantes enfrenta una rebelión interna

Empleados de la compañía tecnológica cuestionaron públicamente, en canales internos, los contratos con el ICE y el rol de la firma en operaciones militares. La dirección respondió borrando mensajes y exigiendo acuerdos de confidencialidad.

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Palantir: la empresa de vigilancia masiva que enfrenta una rebelión ética interna

★ La empresa de análisis de datos e inteligencia artificial Palantir Technologies atraviesa una profunda crisis interna. Empleados actuales y exfuncionarios cuestionaron el rumbo ético de la compañía tras conocerse su participación activa en la política migratoria de la administración Donald Trump y su posible involucramiento en operaciones militares con víctimas civiles, según informó la revista especializada Wired.

Desde el inicio del segundo mandato de Trump, Palantir se convirtió en una pieza clave del aparato represivo del gobierno estadounidense. La empresa firmó contratos con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) y su tecnología, en particular la aplicación denominada ELITE, se usa para identificar, rastrear y deportar a inmigrantes en situación irregular, según reveló en febrero el portal especializado Hipertextual en base a material interno del ICE.

La chispa que encendió el debate

Las tensiones escalaron en enero de 2026, tras la muerte de Alex Pretti, un enfermero abatido por agentes federales durante una protesta contra el ICE en Minneapolis, según reportó DiarioBitcoin en base a fuentes internas de la empresa. A partir de ese hecho, trabajadores de distintos equipos empezaron a exigir explicaciones a la dirección sobre el alcance real del vínculo de Palantir con esa agencia.

En un canal interno de Slack, un empleado escribió que la relación con el ICE había sido ocultada durante la era de «Trump2» y reclamó transparencia sobre el uso del software en tareas de identificación y apoyo a deportaciones. Otro trabajador fue más directo: «En mi opinión, ICE son los malos. No me enorgullece que la empresa para la que tanto disfruto trabajando forme parte de esto», declaró según reprodujo Wired.

La respuesta de la empresa fue reveladora: Palantir eliminó los mensajes varios días después, bajo el argumento de evitar filtraciones. Luego organizó sesiones de preguntas y respuestas, pero condicionó el acceso a información sensible a la firma de contratos de confidencialidad. Según los propios empleados consultados por Wired, la medida fue percibida como un intento de silenciar las críticas, no de afrontarlas.

De socialista a ideólogo del autoritarismo

El giro de la empresa es inseparable del giro ideológico de su CEO. Alex Karp, cofundador de Palantir, se definía hasta hace pocos años como socialista y apoyó candidatos demócratas como Joe Biden. Sin embargo, desde 2024 se convirtió en un aliado estratégico de Trump y comenzó a defender públicamente políticas de corte autoritario y militarista.

En los últimos días, Karp publicó un manifiesto de 22 puntos en X (ex Twitter) desde la cuenta oficial de la empresa, con un fuerte contenido nacionalista y militarizado, que volvió a generar malestar interno. Varios empleados expresaron vergüenza en canales de Slack y relataron que conocidos les preguntaban al respecto, según Wired.

Un historial que no engaña

La crítica interna llegó tarde, aunque no deja de ser significativa. Palantir fue fundada en 2003, en el contexto posterior a los atentados del 11 de septiembre, bajo la narrativa del antiterrorismo. Desde entonces acumuló denuncias por violaciones a los derechos humanos.

Ya en 2020, Amnistía Internacional alertó sobre las prácticas de la empresa. La consultora MSCI le otorgó una puntuación de 2 sobre 10 en libertades civiles. Y su fundador, Peter Thiel, declaró abiertamente que no cree que «la libertad y la democracia sean compatibles», según reportó El País.

La tecnología de Palantir también fue señalada como parte de operaciones militares en las que murieron civiles. La firma tuvo participación en acciones bélicas con víctimas mortales, entre ellas niños.

La pregunta que no debería sorprender

Que los empleados de Palantir se pregunten hoy si son «los malos de la película» revela, antes que una crisis de conciencia colectiva, la profundidad del autoengaño que sostiene a ciertas corporaciones tecnológicas. La empresa eligió su nombre, palantir, de las piedras videntes que en El Señor de los Anillos usa el villano Saruman para comunicarse con Sauron. Esa elección, lejos de ser inocente, fue siempre una declaración de intenciones.

La pregunta relevante no es si son los malos. La pregunta es cuánto tiempo más podrán seguir haciéndose esa pregunta sin responderla con hechos.

Puntos clave

  • Palantir firmó contratos con el ICE y su tecnología se usa activamente para rastrear y deportar migrantes en Estados Unidos.
  • Empleados cuestionaron internamente la relación de la empresa con el ICE; la dirección eliminó los mensajes y exigió acuerdos de confidencialidad.
  • El CEO Alex Karp publicó un manifiesto de 22 puntos con contenido nacionalista y militarista desde la cuenta oficial de Palantir.
  • Amnistía Internacional ya alertó en 2020 sobre las prácticas de la empresa; la consultora MSCI le dio 2 sobre 10 en libertades civiles.
  • El fundador Peter Thiel declaró que no cree que «la libertad y la democracia sean compatibles».

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