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Fuerte repudio de Bolivia a Milei por dichos «ofensivos» sobre su soberanía y modelo económico

La Cancillería boliviana calificó las declaraciones del presidente argentino como una «intromisión» y un «atentado» a la integración regional, tras críticas al sistema político y económico del país vecino. La tensión diplomática escala en un contexto de realineamiento ideológico en Sudamérica.

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El gobierno de Bolivia, encabezado por Luis Arce, manifestó su «más enérgico repudio» a los comentarios que consideró «ofensivos» del presidente argentino, Javier Milei. A través de un comunicado oficial de su Ministerio de Relaciones Exteriores, La Paz denunció una «intromisión a la soberanía y la dignidad nacional», marcando un nuevo punto de fricción en las relaciones bilaterales y regionales.

Las declaraciones que encendieron la polémica

El malestar boliviano se originó por declaraciones atribuidas a Milei durante su participación en el IEFA Latam Forum en Buenos Aires a fines de marzo de 2024, evento al que asistieron figuras internacionales como el subsecretario de Asuntos Internacionales del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, Jay Shambaugh (y no Scott Bessent como mencionaron algunas versiones iniciales, quien es un gestor de fondos y potencial asesor externo). Según trascendió y fue recogido por diversos medios, Milei afirmó que ciertos modelos políticos habían dejado países «destrozados».

«Producto de políticas socialistas escondidas bajo un nacionalismo meramente retórico, muchos de esos países terminaron destrozados (…), como Bolivia, que también ha encontrado el límite material de su modelo socialista y paulatinamente se está deteriorando», fue la frase específica que resonó con fuerza en el Estado Plurinacional. Estas palabras se inscriben en la línea discursiva de Milei, crítica de los modelos económicos que define genéricamente como «socialistas» o «colectivistas» en la región.

La respuesta contundente desde La Paz

La Cancillería boliviana no tardó en responder. En su comunicado, divulgado a través de redes sociales y replicado por la Agencia Boliviana de Información (ABI), el gobierno de Arce consideró que las afirmaciones de Milei «constituyen un atentado al proceso de fortalecimiento de la integración regional latinoamericana y caribeña». Este punto es sensible, dado el giro en la política exterior argentina bajo Milei, que incluyó el retiro del país del bloque televisivo TeleSUR y un distanciamiento de foros como la CELAC, priorizando alianzas con Estados Unidos e Israel.

El comunicado boliviano también lanzó una crítica velada a la situación interna argentina: «Es paradójico que quienes emiten calificativos sobre otros países omitan referirse a las profundas crisis sociales, la creciente desigualdad y la violencia institucional que existen en sus propios territorios». Finalmente, reafirmó el compromiso de Bolivia con su modelo «elegido soberanamente», que, según defienden, «ha demostrado que genera excedentes y distribuye riqueza para beneficio de las inmensas mayorías». Si bien Bolivia enfrenta desafíos económicos actuales, como la disminución de reservas de gas y presiones sobre sus reservas internacionales, el gobierno de Arce reivindica los logros sociales y la reducción de la pobreza alcanzados durante los gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS).

Repercusiones sociales y antecedentes de tensión

Las críticas de Milei no solo generaron una respuesta oficial. Adalberto Ticona, dirigente de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), una organización de fuerte peso político y social en el país, interpretó las palabras del mandatario argentino como una expresión de «odio de que los pobres puedan tomar decisiones». En declaraciones recogidas por la agencia Sputnik, Ticona enfatizó: «Nada tiene que opinar ni fundamentar respecto al modelo económico y el sistema político de un país. La soberanía de un país se respeta».

Este episodio se suma a otros roces. Previamente, existieron tensiones por declaraciones cruzadas entre funcionarios y, más recientemente, por la decisión del Ministerio de Seguridad argentino de instalar un alambrado de unos 200 metros en el paso fronterizo no habilitado que une Aguas Blancas (Argentina) con Bermejo (Bolivia), una medida justificada por Argentina para combatir el contrabando pero vista con recelo desde el lado boliviano. El incidente actual profundiza las diferencias ideológicas y políticas entre ambos gobiernos, reflejando un panorama regional cada vez más polarizado.

Puntos clave:

  • Repudio Oficial: El Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia emitió un comunicado repudiando enérgicamente los comentarios de Javier Milei por considerarlos «ofensivos» y una «intromisión».
  • Críticas de Milei: Se atribuye a Milei haber afirmado que Bolivia está «destrozada» y su modelo socialista «deteriorándose», en el marco de una crítica general a gobiernos de izquierda en la región.
  • Defensa de la Soberanía: Bolivia defendió su modelo político y económico como una decisión soberana y acusó a Milei de atentar contra la integración latinoamericana.
  • Reacción Social: Organizaciones campesinas bolivianas, como la CSUTCB, también condenaron las declaraciones, calificándolas como una falta de respeto a la soberanía nacional.
  • Contexto Regional: El incidente se enmarca en un clima de tensión ideológica y realineamiento de alianzas en Sudamérica, con antecedentes de roces entre ambos países.

Región

Otro argentino detenido en Brasil por racismo: esta vez, sin retorno a la vista

Un hombre de 67 años fue aprehendido en flagrancia en Copacabana tras insultar racialmente a una joven repartidora en la fila de un supermercado. A diferencia del caso Páez, el acusado es residente en Brasil y enfrenta condiciones procesales más duras.

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Otro argentino preso en Brasil: el racismo como patrón que se repite

★ A poco más de tres meses del escándalo que protagonizó la abogada argentina Agostina Páez, detenida en Río de Janeiro por realizar gestos racistas frente a empleados de un bar de Ipanema, Brasil vuelve a ser escenario de un incidente protagonizado por un ciudadano argentino. Esta vez, el acusado es José Luis Haile, de 67 años, residente en el país vecino desde hace dos años, detenido en flagrancia el lunes en una sucursal del supermercado sobre la calle Siqueira Campos, a metros de la playa de Copacabana, en Río de Janeiro.

«Negra puta»: el insulto que derivó en prisión preventiva

Según consta en la denuncia policial, la víctima es Samara Rodrigues de Lima, de 23 años, trabajadora de una aplicación de repartos. Samara se había ubicado frente a una caja que estaba por abrir en ese local para ganar tiempo con sus pedidos. La cajera demoró aproximadamente diez minutos en comenzar a atender.

Durante esa espera, Haile comenzó a quejarse en voz alta por la demora. Cuando Samara intervino para explicar que la tardanza correspondía al proceso de apertura de caja y que no era responsabilidad de la empleada, el hombre le exigió que se callara. Al negarse, Haile le dirigió el insulto «negra puta» en dos oportunidades.

La escena fue presenciada por otro ciudadano argentino que también realizaba compras en el local. Ese testigo, indignado, alertó a una patrulla de la Guardia Municipal que se encontraba en la esquina del supermercado. Los agentes detuvieron a Haile en el acto y lo trasladaron a la 12ª Comisaría de Policía Civil de Copacabana, donde quedó detenido en flagrancia por injuria racial.

Residente, no turista: una distinción clave

Un elemento diferencia este caso del de Agostina Páez y condiciona el proceso judicial de Haile: el acusado no está de vacaciones en Brasil. Según declaró ante la policía, vive en el país desde hace dos años y cuenta con residencia. Esa condición aceleró su derivación directa a una cárcel común en el barrio de Benfica, en lugar del arresto domiciliario con tobillera electrónica que tuvo Páez en sus primeras semanas, situación asociada a su estatus de turista.

La Justicia de Río de Janeiro convirtió rápidamente la detención en prisión preventiva. Desde enero de 2023, Brasil equiparó la injuria racial al delito de racismo por vía legislativa, lo que lo convierte en un delito imprescriptible, inafianzable en instancia policial y con una pena de entre dos y cinco años de reclusión.

Para Haile, las posibilidades de obtener autorización para abandonar el país durante el proceso son significativamente menores que las que tuvo Páez: al ser residente y no turista, los fundamentos procesales para una eventual morigeración de la pena o salida anticipada se reducen considerablemente.

El caso Páez: un antecedente que no cerró

El episodio de este lunes ocurre mientras el caso Páez aún no tiene sentencia firme. La abogada santiagueña fue filmada en enero de este año realizando gestos de imitación de mono frente a empleados de un bar de Ipanema. Estuvo más de 70 días bajo medidas cautelares y tobillera electrónica en Río, y solo pudo regresar a la Argentina luego del pago de una caución de aproximadamente 20.000 dólares.

Como informó este medio, el regreso de Páez al país no estuvo exento de nuevas polémicas: días después de su arribo, su padre Mariano Páez fue filmado repitiendo los mismos gestos racistas en un bar de Santiago del Estero. El hombre reconoció luego haber «reaccionado muy mal» ante lo que describió como una situación de provocación, aunque la retractación llegó después de haber intentado desmentir el video tildándolo de «trucado». La causa de Agostina Páez sigue abierta a la espera de la sentencia definitiva del juez brasileño.

El caso también tuvo derivaciones políticas en Argentina: la ministra de Seguridad Patricia Bullrich se reunió con Páez en un café, en un gesto interpretado por analistas como una reivindicación implícita de la acusada que generó críticas dentro y fuera del oficialismo.

Una pauta que se instala

La acumulación de casos de argentinos detenidos o investigados en Brasil por injurias raciales o actos de discriminación comenzó a instalarse como pauta periodística recurrente. Más allá de las circunstancias individuales de cada episodio, el fenómeno refleja la brecha entre la legislación antirracista brasileña, que desde 2023 no distingue entre injuria racial y racismo, y la percepción que algunos viajantes o residentes argentinos tienen sobre sus propias conductas en el exterior. En Brasil, ese tipo de actos no quedan en una disputa interpersonal: son delitos graves, de acción pública, imprescriptibles y con penas de prisión efectiva.

Puntos clave:

  • José Luis Haile, argentino de 67 años residente en Brasil, fue detenido en flagrancia por insultar racialmente a una joven repartidora en un supermercado de Copacabana, Río de Janeiro.
  • El incidente ocurrió en la fila de una caja y fue presenciado por otro ciudadano argentino que alertó a la Guardia Municipal.
  • La Justicia de Río convirtió la detención en prisión preventiva; Haile quedó alojado en una cárcel del barrio de Benfica.
  • A diferencia de Agostina Páez, que era turista, Haile es residente en Brasil desde hace dos años, lo que reduce sus posibilidades de obtener autorización para salir del país.
  • Desde enero de 2023, Brasil equiparó la injuria racial al racismo: el delito es imprescriptible, inafianzable y contempla penas de entre 2 y 5 años de prisión.
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