Geopolítica 🌎
China cruzó a EEUU tras la captura de Maduro y denunció una “violación del derecho internacional”
Beijing exigió la liberación inmediata del presidente venezolano y su esposa, mientras crece la tensión diplomática y el Consejo de Seguridad de la ONU se prepara para intervenir.
La captura y secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, a Nueva York desató un nuevo capítulo de tensión internacional. El Gobierno chino exigió la “liberación inmediata” del mandatario venezolano y denunció la operación militar encabezada por EEUU como una “grave violación del derecho internacional” y de los principios básicos que rigen las relaciones entre Estados.
La respuesta llegó a través de un comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, que no sólo cuestionó el despliegue militar estadounidense sino que también reclamó garantías sobre la seguridad personal de los detenidos. Beijing instó además a Washington a abandonar cualquier intento de derrocamiento del gobierno venezolano y a favorecer el diálogo y la negociación política.
Cuando la “hegemonía” vuelve a escena
Entre los principales ejes del pronunciamiento oficial se destacan:
Violación de la Carta de la ONU: Beijing sostuvo que la operación contradice los principios de soberanía y no intervención.
Escalada militar peligrosa: en paralelo, emitió una alerta para sus ciudadanos desaconsejando viajar a Venezuela ante el deterioro de la seguridad.
Relación privilegiada en tensión: ambos países habían elevado meses atrás su vínculo al rango de “asociación estratégica integral a toda prueba”, aunque Beijing, fiel a su estilo, evita cualquier compromiso bélico.
Analistas coinciden en que el respaldo chino seguirá siendo político y económico, pero no militar. El mensaje apunta más a marcar territorio en la disputa global con Washington que a ensayar una intervención directa.
El frente diplomático: Rusia, Irán, Cuba… y China en sintonía
La maniobra estadounidense cuenta con apoyos como el de Japón, que celebró el operativo bajo el argumento de “restaurar la democracia” en Venezuela. Del otro lado, China se ubica junto a Rusia, Irán y Cuba, denunciando lo que consideran una “intervención armada ilegal”.
La próxima escena de esta pulseada se jugará en Nueva York:
El Consejo de Seguridad de la ONU se reunirá de urgencia tras un pedido de Caracas respaldado por países aliados de la región. Nadie espera una resolución simple: lo que está en juego ya excede a Venezuela.
¿Qué queda de la relación entre China y Estados Unidos?
La captura de Maduro no sólo reconfigura el mapa político venezolano. También pone a prueba, otra vez, la capacidad de convivencia entre las dos principales potencias del planeta.
China necesita estabilidad para proteger sus inversiones. No quiere un choque militar abierto. Ni pretende que Venezuela se transforme en un nuevo escenario de guerra por delegación.
En ese equilibrio incómodo, la potencia asiática refuerza su influencia diplomática y económica mientras acusa a Washington de dinamitar cualquier orden internacional basado en reglas comunes.
El tablero latinoamericano vuelve, así, al centro de la disputa global.
Deuda externa
Bessent usó a Argentina como ejemplo del poder financiero de Trump y Milei lo festejó
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, presentó al gobierno de Javier Milei como modelo de «políticas sólidas» ante el mundo, en el marco de una estrategia que usa el dinero de Washington para construir alianzas geopolíticas en el hemisferio occidental. Milei lo celebró en X con la frase «fenómeno barrial».
Argentina fue exhibida ante el mundo como un caso de éxito de la política financiera exterior de Estados Unidos. El elogio no provino de un think tank afín al libertarismo ni de un medio simpatizante, sino del secretario del Tesoro del gobierno de Donald Trump, Scott Bessent, quien presentó a la gestión de La Libertad Avanza como el ejemplo más claro de cómo Washington puede utilizar su poder monetario para ganar aliados.
Bessent realizó las declaraciones durante una disertación en la Escuela de Negocios Cox de la Universidad Metodista del Sur (SMU), donde expuso la doctrina financiera de la administración Trump. El funcionario fue explícito: «Creo que puedo utilizar el poder financiero de Estados Unidos como herramienta de política exterior. Tenemos un objetivo de política exterior y ese objetivo es crear aliados en el Hemisferio Occidental». En ese contexto, colocó a la Argentina en el centro del argumento: «Argentina fue la principal candidata para eso. Según mi opinión, el gobierno de Milei tenía políticas sólidas».
El «fenómeno barrial» y la lógica del cliente
Milei no demoró en amplificar el elogio. En su cuenta de X, el presidente de la Nación citó las palabras de Bessent y las celebró con la expresión «fenómeno barrial», una frase coloquial que usa para describir algo que considera excepcional. La reacción presidencial condensa con precisión la naturaleza del vínculo: el jefe de Estado libertario encuentra en el reconocimiento externo, especialmente el norteamericano, una fuente de legitimidad que difícilmente puede construir en el plano interno, donde los indicadores sociales de su gestión siguen siendo críticos.
Lo que el discurso oficial omite al celebrar el halago es el marco en el que fue pronunciado: Bessent no describió a Argentina como un socio soberano ni como un modelo de desarrollo, sino como el resultado más visible de una estrategia de poder donde el dinero de Washington opera como instrumento para moldear la política económica de gobiernos de la región. La «candidatura» argentina, en los propios términos del funcionario republicano, fue una elección estratégica de Estados Unidos, no un reconocimiento a la autonomía de Buenos Aires.
El swap de 20.000 millones y la intervención cambiaria
Las declaraciones de Bessent no pueden leerse en el vacío. En 2025, el gobierno de Milei firmó con Washington un acuerdo de swap por hasta 20.000 millones de dólares. De ese total, la Argentina utilizó 2.700 millones de dólares para intervenir en el mercado cambiario y cumplir con los compromisos adquiridos ante el Fondo Monetario Internacional (FMI). El swap, en la práctica, permitió al gobierno libertario sostener su esquema cambiario y mostrar ante el FMI reservas que, sin ese auxilio, no hubieran alcanzado las metas pactadas.
La secuencia revela una interdependencia que el elogio de Bessent vuelve más transparente que nunca: Argentina recibió asistencia financiera de Estados Unidos, cumplió con las condiciones del FMI y, en ese recorrido, se convirtió en el «ejemplo» que Washington necesita para justificar ante su propio auditorio el uso de herramientas monetarias como instrumento de política exterior. El círculo se cierra cuando el secretario del Tesoro sale a explicar en una universidad norteamericana por qué ese dinero fue bien invertido.
Geopolítica financiera y soberanía en disputa
Bessent también mencionó en su exposición la intervención sobre el yen japonés como parte de esta misma estrategia, lo que sitúa la relación con Argentina en una cadena de decisiones de política exterior global donde los recursos del Tesoro norteamericano se mueven según los intereses de Washington. Que Japón y Argentina aparezcan en el mismo argumento dice más sobre la lógica del poder que sobre las virtudes específicas del programa económico libertario.
La pregunta que el alarde presidencial deja sin responder es la misma que se repite desde diciembre de 2023: a qué precio se sostiene ese reconocimiento. El acuerdo con el FMI suscrito por Milei en abril de 2025 comprometió al país por 20.000 millones de dólares adicionales (el 479% de la cuota argentina), condicionó las reservas, el tipo de cambio y el gasto público, y transfirió hacia los próximos dos gobiernos una carga de vencimientos que, según estimaciones del Foro Economía y Trabajo, supera los 13.400 millones de dólares solo en intereses para el período 2026-2030. Ser el «ejemplo» de la política exterior financiera de Trump tiene un costo que los sectores populares argentinos pagan todos los días en la canasta, en las tarifas y en los salarios erosionados.
Puntos clave
- El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, presentó a Argentina como «la principal candidata» para demostrar el uso del poder financiero norteamericano como herramienta de política exterior.
- Milei celebró el elogio en X con la frase «fenómeno barrial».
- En 2025, Argentina utilizó 2.700 millones de dólares de un swap con EE.UU. de hasta 20.000 millones para intervenir en el mercado cambiario y cumplir metas con el FMI.
- Bessent encuadró la asistencia a Argentina en una estrategia para «crear aliados en el Hemisferio Occidental», no como un reconocimiento a la autonomía argentina.
- El acuerdo con el FMI de abril de 2025 compromete vencimientos que superan los 13.400 millones de dólares en intereses para el período 2026-2030.
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