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La «fake news» difundida por WhatsApp que agitó el odio de bolsonaristas, que piden golpe militar

La interpretación falaz del discurso de Jair Bolsonaro motiva aún más la embestida de la derecha brasileña que fue a los cuarteles a pedir la intervención del ejército para anular las elecciones en las que triunfó Lula el pasado domingo. En ese contexto, también aparecieron grupos de ultraderecha que corearon sin tapujos y exhibieron un patético orgullo nazi.

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El-Argentino-Brasileños frente a cuarteles pidiendo golpe de Estado

Por Pablo Giuliano

Seguidores del presidente brasileño Jair Bolsonaro protestaron este miércoles frente a los cuarteles del Ejército en San Pablo y Río de Janeiro para reclamar a los jefes militares intervenir mediante un golpe de Estado e impedir la asunción del mandatario electo el domingo en las elecciones generales, Luiz Inácio Lula da Silva.

Los manifestantes entendieron, y así lo diseminaron por más de 220.000 grupos de WhatsApp y Telegram, que el discurso de ayer de Bolsonaro en el Palacio del Planalto, dos días después de haber sido derrotado, los invita a seguir manifestándose y reclamando fraude.

El presidente evitó admitir la victoria de Lula y dijo que respetará la Constitución, a la vez que justificó las protestas, aunque se opuso a que sean violentas.

«Venimos a pedirle al Ejército que haga una intervención federal en las instituciones de Brasilia, en la justicia electoral, que se vote nuevamente porque hubo fraude. Nosotros somos el pueblo y no aceptamos las elecciones, queremos el recuento de los votos», dijo a Télam Marcelo Rossetti, uno de los organizadores de la marcha en San Pablo, vestido con una camiseta de la selección brasileña, que es usada desde 2015 por los seguidores de la ultraderecha.

Según Rossetti, la manifestación debería permitir un golpe para evitar la asunción de Lula.

«Bolsonaro no reconoció la victoria de Lula en su discurso, por eso estamos acá, para no permitir que asuma», dijo entre gritos Marcia, levantando un cartel con la frase «No al Comunismo-Stop Comunism».

La protesta generó un caos de tránsito en el feriado del Día de los Muertos frente al Comando del Sudeste de Ejército Brasileño, en inmediaciones de Parque Ibirapuera, uno de los lugares emblemáticos de San Pablo, la mayor ciudad sudamericana.

En la protesta, que estuvo convocada por grupos de WhatsApp y Telegram, muchos de los participantes entrevistados por Télam repetían las noticias falsas que les llegaban a su celular, como que era inminente una decisión del jefe de Ejército para detener al presidente de la corte electoral, Alexandre de Moraes. En el lugar, sin embargo, no había dirigentes políticos de peso.

La consigna de los golpistas fue similar a la utilizada por Bolsonaro en la campaña: patria, familia, propiedad y libertad.

Decenas de manifestantes montaron carpas en inmediaciones de la Asamblea Legislativa de San Pablo, frente a cuartel del Ejército, para realizar una «vigilia» para pedir que se anulen las elecciones.

«Lula no puede asumir, fue condenado y no tendrá respiro si asume el gobierno», comentó un hombre que se identificó como Rafael Vieira, quien aseguró que quien dio un golpe de Estado fue «el Supremo Tribunal Federal» al anular la condena de los cargos de corrupción contra el ahora presidente electo.

El fundador del Partido de los Trabajadores (PT) estuvo 580 días en la cárcel y fue proscrito en las elecciones de 2018, que ganó Bolsonaro, por condenas que fueron luego anuladas por parcialidad y falta de competencia del juez.

En Río de Janeiro, la manifestación cortó la Avenida Presidente Vargas y en Bahía un pequeño grupo marchó frente al regimiento de Salvador.

Los manifestantes cortaron las calles sin ser reprimidos por la policía.

Estas protestas se dan mientras en el país se redujeron los bloqueos de rutas iniciados el lunes por bolsonaristas que no reconocieron el resultado, pese a que el presidente ordenó iniciar la transición con el equipo de Lula.

El Supremo Tribunal Federal (STF) determinó que la Policía Militar participe en las acciones para levantar los piquetes, incluso en las rutas nacionales, y que se investigue al director de la Policía de Carreteras, Silvinei Vasques.

La corte suprema también autorizó a la Policía Militar a identificar camiones utilizados para bloquear el tráfico para que se aplique una multa de 100.000 reales (más de 19.000 dólares) por hora y detención.

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Otro argentino detenido en Brasil por racismo: esta vez, sin retorno a la vista

Un hombre de 67 años fue aprehendido en flagrancia en Copacabana tras insultar racialmente a una joven repartidora en la fila de un supermercado. A diferencia del caso Páez, el acusado es residente en Brasil y enfrenta condiciones procesales más duras.

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Otro argentino preso en Brasil: el racismo como patrón que se repite

★ A poco más de tres meses del escándalo que protagonizó la abogada argentina Agostina Páez, detenida en Río de Janeiro por realizar gestos racistas frente a empleados de un bar de Ipanema, Brasil vuelve a ser escenario de un incidente protagonizado por un ciudadano argentino. Esta vez, el acusado es José Luis Haile, de 67 años, residente en el país vecino desde hace dos años, detenido en flagrancia el lunes en una sucursal del supermercado sobre la calle Siqueira Campos, a metros de la playa de Copacabana, en Río de Janeiro.

«Negra puta»: el insulto que derivó en prisión preventiva

Según consta en la denuncia policial, la víctima es Samara Rodrigues de Lima, de 23 años, trabajadora de una aplicación de repartos. Samara se había ubicado frente a una caja que estaba por abrir en ese local para ganar tiempo con sus pedidos. La cajera demoró aproximadamente diez minutos en comenzar a atender.

Durante esa espera, Haile comenzó a quejarse en voz alta por la demora. Cuando Samara intervino para explicar que la tardanza correspondía al proceso de apertura de caja y que no era responsabilidad de la empleada, el hombre le exigió que se callara. Al negarse, Haile le dirigió el insulto «negra puta» en dos oportunidades.

La escena fue presenciada por otro ciudadano argentino que también realizaba compras en el local. Ese testigo, indignado, alertó a una patrulla de la Guardia Municipal que se encontraba en la esquina del supermercado. Los agentes detuvieron a Haile en el acto y lo trasladaron a la 12ª Comisaría de Policía Civil de Copacabana, donde quedó detenido en flagrancia por injuria racial.

Residente, no turista: una distinción clave

Un elemento diferencia este caso del de Agostina Páez y condiciona el proceso judicial de Haile: el acusado no está de vacaciones en Brasil. Según declaró ante la policía, vive en el país desde hace dos años y cuenta con residencia. Esa condición aceleró su derivación directa a una cárcel común en el barrio de Benfica, en lugar del arresto domiciliario con tobillera electrónica que tuvo Páez en sus primeras semanas, situación asociada a su estatus de turista.

La Justicia de Río de Janeiro convirtió rápidamente la detención en prisión preventiva. Desde enero de 2023, Brasil equiparó la injuria racial al delito de racismo por vía legislativa, lo que lo convierte en un delito imprescriptible, inafianzable en instancia policial y con una pena de entre dos y cinco años de reclusión.

Para Haile, las posibilidades de obtener autorización para abandonar el país durante el proceso son significativamente menores que las que tuvo Páez: al ser residente y no turista, los fundamentos procesales para una eventual morigeración de la pena o salida anticipada se reducen considerablemente.

El caso Páez: un antecedente que no cerró

El episodio de este lunes ocurre mientras el caso Páez aún no tiene sentencia firme. La abogada santiagueña fue filmada en enero de este año realizando gestos de imitación de mono frente a empleados de un bar de Ipanema. Estuvo más de 70 días bajo medidas cautelares y tobillera electrónica en Río, y solo pudo regresar a la Argentina luego del pago de una caución de aproximadamente 20.000 dólares.

Como informó este medio, el regreso de Páez al país no estuvo exento de nuevas polémicas: días después de su arribo, su padre Mariano Páez fue filmado repitiendo los mismos gestos racistas en un bar de Santiago del Estero. El hombre reconoció luego haber «reaccionado muy mal» ante lo que describió como una situación de provocación, aunque la retractación llegó después de haber intentado desmentir el video tildándolo de «trucado». La causa de Agostina Páez sigue abierta a la espera de la sentencia definitiva del juez brasileño.

El caso también tuvo derivaciones políticas en Argentina: la ministra de Seguridad Patricia Bullrich se reunió con Páez en un café, en un gesto interpretado por analistas como una reivindicación implícita de la acusada que generó críticas dentro y fuera del oficialismo.

Una pauta que se instala

La acumulación de casos de argentinos detenidos o investigados en Brasil por injurias raciales o actos de discriminación comenzó a instalarse como pauta periodística recurrente. Más allá de las circunstancias individuales de cada episodio, el fenómeno refleja la brecha entre la legislación antirracista brasileña, que desde 2023 no distingue entre injuria racial y racismo, y la percepción que algunos viajantes o residentes argentinos tienen sobre sus propias conductas en el exterior. En Brasil, ese tipo de actos no quedan en una disputa interpersonal: son delitos graves, de acción pública, imprescriptibles y con penas de prisión efectiva.

Puntos clave:

  • José Luis Haile, argentino de 67 años residente en Brasil, fue detenido en flagrancia por insultar racialmente a una joven repartidora en un supermercado de Copacabana, Río de Janeiro.
  • El incidente ocurrió en la fila de una caja y fue presenciado por otro ciudadano argentino que alertó a la Guardia Municipal.
  • La Justicia de Río convirtió la detención en prisión preventiva; Haile quedó alojado en una cárcel del barrio de Benfica.
  • A diferencia de Agostina Páez, que era turista, Haile es residente en Brasil desde hace dos años, lo que reduce sus posibilidades de obtener autorización para salir del país.
  • Desde enero de 2023, Brasil equiparó la injuria racial al racismo: el delito es imprescriptible, inafianzable y contempla penas de entre 2 y 5 años de prisión.
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