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Recíproco: Rusia sanciona a Biden, Blinken y altos funcionarios de Estados Unidos

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El gobierno de Rusia aprobó sanciones personales contra el presidente de Estados Unidos, Joe Biden; el secretario de Estado, Antony Blinken; así como contra otros altos funcionarios del país, reveló la Cancillería de Moscú. Es en respuesta a las medidas impuestas por la Casa Blanca ante la invasión en Ucrania.

«En respuesta a la lista de sanciones sin precedentes, que prohíben, entre otras cosas, la entrada a EEUU de los altos funcionarios de Rusia, desde el 15 de marzo de este año el presidente Joe Biden, el secretario de Estado Antony Blinken, se incluyen en la lista recíproca de vetos rusos«, indica el comunicado del Kremlin.

En la lista aparecen también el secretario de Defensa, Lloyd Austin; el jefe del Estado Mayor Conjunto, Mark Milley; el asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan; el director de la CIA, William Burns; y la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, entre otros.

Las sanciones también alcanzan a altos funcionarios de Canadá, entre los que están el primer ministro Justin Trudeau y la titular de la cartera de Relaciones Exteriores, Melanie Joly.

Las potencias occidentales vienen anunciando sanciones contra el Kremlin y sus aliados desde el inicio de la acción militar en Ucrania del 24 de febrero último.

Geopolítica 🌎

Milei reclamó las Malvinas en The Economist y citó Hong Kong como modelo de recuperación

En una entrevista con la revista británica, el Presidente ratificó la soberanía argentina sobre el archipiélago, las Georgias y las Sandwich del Sur, descartó la vía armada y propuso un acuerdo de largo plazo similar al que llevó a Hong Kong de vuelta a China. Al mismo tiempo, reconoció que el reclamo puede tener costos geopolíticos concretos con Gran Bretaña y el FMI.

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El Argentino Diario-Javier Milei.
El reclamo soberano de Milei en Londres: ¿convicción diplomática o maniobra electoral de cara a 2027?

Javier Milei utilizó las páginas de The Economist para relanzar el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, las Georgias del Sur, las Sandwich del Sur y la zona marítima circundante. «Las Malvinas son argentinas», sentenció el mandatario en el diálogo con la revista británica, publicado el 4 de septiembre, y agregó: «Defenderemos nuestros derechos de soberanía sobre las Malvinas, Georgia del Sur, las Islas Sandwich del Sur y toda la zona marítima circundante».

El contexto de la declaración no es menor. Milei eligió un medio de referencia del establishment anglosajón, con amplia circulación en Londres y Washington, para hacer un planteo que en Argentina aglutina consenso transversal pero que en el plano diplomático genera tensiones con uno de los aliados más estrechos que el propio gobierno libertario supo cultivar desde diciembre de 2023.

El modelo Hong Kong: una salida diplomática de largo aliento

La novedad del discurso de Milei no estuvo tanto en la afirmación de soberanía, que ya había formulado en otros ámbitos, sino en la analogía que eligió para proyectar una solución. El Presidente recordó el acuerdo de 1997 mediante el cual Gran Bretaña cedió el control de Hong Kong a China tras décadas de negociaciones, y trazó un paralelo explícito: «A largo plazo podemos recuperar nuestras islas. El Reino Unido lo hizo con Hong Kong, así que ¿por qué no encontrar un acuerdo para que, tarde o temprano, las islas regresen a Argentina? Son nuestras».

La comparación tiene una lógica diplomática propia. La transferencia de soberanía sobre Hong Kong no fue el resultado de una confrontación militar sino de un proceso de negociación que llevó décadas, reconoció intereses económicos mutuos y desembocó en un esquema de transición. Milei parece apostar a un proceso similar, aunque la asimetría entre la posición china de 1997 y la argentina de 2026 es significativa en términos de peso geopolítico y económico.

El mandatario dejó en claro, sin embargo, que esa recuperación no pasará por la fuerza. «No creemos en la guerra», subrayó, y remarcó que los argentinos «no han decidido empezar como salvajes», en una alusión implícita al conflicto armado de 1982. La vía que propone es una «solución consensuada» con Gran Bretaña, lo que implica sentarse a negociar con un gobierno que hasta ahora rechaza cualquier discusión sobre soberanía.

Los costos que el propio Milei reconoció

Uno de los pasajes más llamativos de la entrevista fue la admisión presidencial de los riesgos que el reclamo puede acarrear. Ante la pregunta de The Economist sobre posibles represalias británicas, Milei no las negó: «Por supuesto, hay algunos efectos secundarios y es necesario destacarlos y considerarlos», señaló. Entre esos efectos secundarios, la revista mencionó la posibilidad de que Gran Bretaña bloquee ventas de armas con componentes británicos a Argentina, que obstaculice un eventual acuerdo de libre comercio bilateral, o que ejerza influencia sobre el modo en que el FMI procede con el país.

La admisión es políticamente significativa porque desnuda una tensión que el gobierno venía disimulando. Milei construyó una parte relevante de su política exterior sobre la premisa del alineamiento irrestricto con Occidente, y en particular con Washington y Londres. Ahora reconoce que el reclamo soberano puede generar fricciones con uno de esos socios, y esas fricciones podrían tener costos económicos concretos en un momento en que el país negocia el cumplimiento de metas con el FMI.

¿Soberanía o estrategia electoral?

The Economist formuló una pregunta que sintetiza la lectura más escéptica del episodio: si el reclamo puede traer costos, «¿por qué el presidente argentino está intensificando su retórica sobre las Malvinas?». La respuesta que ofrece la propia revista apunta en dos direcciones: el debilitamiento de la posición interna de Milei y su declarada intención de ir por la reelección en las elecciones presidenciales de 2027.

La lectura no es descabellada. La causa Malvinas opera en Argentina como un reservorio de consenso que trasciende las grietas ideológicas. En un año electoral, enarbolar el reclamo soberano permite a Milei disputar un terreno simbólico que históricamente el peronismo consideró propio, a la vez que desvía la atención de debates más incómodos sobre el rumbo económico y el ajuste fiscal. El timing, que coincide con un ciclo de presión interna creciente y con la campaña legislativa en marcha, no parece casual.

En ese marco, el Presidente también volvió a elogiar la figura de Donald Trump, cuya posición sobre un eventual conflicto entre Argentina y Gran Bretaña no fue clara cuando se le preguntó. Milei optó por interpretar el silencio de su par estadounidense como evidencia de una «brillante» concepción estratégica del equilibrio geopolítico, una lectura que dice más sobre el modo en que el gobierno argentino gestiona sus vínculos externos que sobre la posición real de Washington.

Un reclamo histórico con nuevas tensiones

Las declaraciones de Milei en The Economist se inscriben en una secuencia de episodios recientes en los que el tema Malvinas volvió al primer plano. En julio, los jugadores de la Selección Argentina desplegaron una bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» tras derrotar a Inglaterra en el Mundial 2026, lo que generó un expediente disciplinario de la FIFA y un cruce interno entre el propio Milei y los futbolistas. Antes, comentarios de Trump habían abierto una discusión sobre el posicionamiento de Estados Unidos ante el diferendo, que el canciller Pablo Quirno buscó administrar con cautela.

Lo que la entrevista con The Economist agrega es una formulación más sistemática y dirigida al público anglosajón: Argentina no resigna el reclamo, no contempla la guerra y propone negociar. El problema es que la contraparte, el gobierno del Reino Unido, rechaza de plano cualquier discusión sobre soberanía, lo que convierte la propuesta de Milei, por razonable que suene en abstracto, en un monólogo diplomático sin interlocutor confirmado.

Puntos clave

  • Milei ratificó la soberanía argentina sobre Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur en una entrevista con The Economist.
  • Propuso como modelo de solución el acuerdo de 1997 que devolvió Hong Kong a China, descartando la vía armada.
  • Reconoció que el reclamo puede tener costos: bloqueo de venta de armas, obstáculos a un acuerdo comercial y presión sobre la negociación con el FMI.
  • The Economist vinculó la intensificación retórica con el debilitamiento interno del gobierno y la estrategia electoral de cara a 2027.
  • Las declaraciones se producen en un contexto de escalada simbólica del tema Malvinas, que incluye el episodio del Mundial 2026 y los comentarios de Trump.
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