Entrevista
Crisis en Colombia: «La voz fundamental a escuchar es la de los muchachos que pelean en las calles»
Entrevista de Carlos Aznárez a Magaly Pino, integrante del Equipo Nacional de Derechos Humanos del Congreso de los Pueblos de Colombia. A lo largo del diálogo abordan la actual situación social y política en su país, la cruda represión y las luchas populares.
Entrevista del periodista Carlos Aznárez a Magaly Pino, integrante del Equipo Nacional de Derechos Humanos del Congreso de los Pueblos de Colombia. A lo largo del diálogo abordan la actual situación social y política de su país, la cruda represión y las luchas populares.
Por Carlos Aznárez*
Hablar con Magaly Pino es abrevar en una fuente informativa fundamental a la hora de saber cómo y por qué Cali se está movilizando con la fuerza que lo hace y también cuáles son las razones de que el sistema opresor gubernamental ha puesto en la mira a esa región del Valle del Cauca.

Magaly es integrante del Equipo Nacional de Derechos Humanos del Congreso de los Pueblos y también del Coordinador Agrario. Estas son sus opiniones sobre la actual situación de lucha popular en toda Colombia.
Magaly, te pido una primera reflexión sobre la actual situación.
Antes que nada quiero agradecer a la comunidad internacional que nos permitió dar a conocer todo lo que esta ocurriendo en nuestro país y sobre todo la violación tan grande de derechos humanos en este momento. Me refiero a la ciudad de Cali y otras ciudades donde la protesta, la movilización y la vulnerabilidad de derechos, que se han venido cometiendo, es más contundente. Es muy grande la cantidad de violaciones a los derechos humanos; contamos desaparecidos y personas asesinadas con tiros certeros, Por eso, decimos que todo esto que ocurre es parte de ese escenario genocida que venimos arrastrando históricamente. Ahora se traslada a las ciudades, pero nosotros en otro contexto ya manejábamos idénticas situaciones en el sector rural.
En Cali se ha generado una durísima represión, se bloquean comunicaciones, se hace desaparecer a muchos de sus habitantes. ¿El gobierno uribista quiere disciplinar y sentar ejemplo de terror?
Tendríamos que hablar de un contexto que proviene desde las grandes protestas del 21 de noviembre del 2019. Pensamos que estas expresiones que se han volcado en los últimos 10 días a las calles no sólo son el acumulado de los trabajos organizativos de los distintos procesos sino la sumatoria de indignación y desesperanza que genera el mal gobierno. La población colombiana ya hablaba de inconformidad con las políticas de gobierno encabezadas por Iván Duque, y que por fin se manifestaron en noviembre de 2019 con la toma de las calles. Movimientos con más protagonismo se dieron en la ciudad de Bogotá, convirtiendo a la fecha en un hito de las movilizaciones en la última década. Allí, también nos sorprendió un virus que amenazaba de muerte, y entonces el gobierno nacional desplegó una serie de medidas como contingencia al Covid, que no resultaron ser las más eficientes. Por el contrario, se ampliaron las brechas de desigualdad socioeconómica, el empobrecimiento de la clase media y los trabajadores. Se profundizaron condiciones de inconformidad o reinvención, que históricamente se las conoce aquí como “el rebusque”.
O sea que el Covid vino a ampliar la brecha de desigualdades y a poner en claro que el discurso neoliberal de Duque se resquebrajaba. ¿Frente a ello, ustedes siguieron movilizadxs?
El año de la pandemia puso en juego un caldero lleno de indignación que solo se intensificó con las medidas asumidas por el gobierno nacional y los diferentes gobiernos locales para afrontar el virus, cuarentenas excesivas, toque de queda, desalojos forzados, etc . Medidas que afectaron al pueblo colombiano económicamente y por supuesto a Cali.
Por esos días se dio el asesinato del abogado Javier Ordoñez que crispó aún más la situación.
Así es, en septiembre de 2020, la movilización social se activó como respuesta violenta al asesinato del abogado Ordoñez en un CAI (Centro de Atención Inmediata) de la Policía de Bogotá. Ordoñez muere producto de la brutalidad policial, que agudizó la represión en diversas ciudades, principalmente en la Capital. Empezamos a ver que muchos CAI fueron incendiados después de ser ocupados por jóvenes que respondían de esa manera a esos “escenarios de guerra” y repudiaban el asesinato del abogado, quien fue torturado y sometido a muchos vejámenes, que deterioraron rápidamente su salud, hasta su muerte. En homenaje a él los CAI se han convertido en varios sitios, en bibliotecas populares, en lugares de encuentros de formación. Aunque las protestas del actual paro nacional tienen otros elementos y actores importantes, no se puede ocultar la relación de estos antecedentes inmediatos con lo que sucede en la actualidad.
¿Crees que en estas luchas actuales está surgiendo un nuevo sujeto social, curtido en las calles y enfrentamientos con la policía?
Pensamos que esta organización es un momento que debe apuntarle a la construcción de poder popular. La cultura caleña, es decir el aleteo (baile típico de los jóvenes), la berraquera y la terquedad prendieron fuego a las calles. Ahí se hizo protagonista el barrio, y los pelados (jóvenes)que no tienen nada que perder, aquellos que no aceptan nada y ya no creen en promesas. Es decir, estos pelados, históricamente han sido abandonados y no tienen ninguna oportunidad económica fruto del desplazamiento y abandono histórico del sistema y sus políticas de guerra. Los muchachos no tienen oportunidad de estudiar y su costo para la inserción laboral es dificultosa.

Estos son los que crean, en la lucha callejera contra el Esmad, los escudos para protegerse, que atacan y se defienden con piedras, es la voz del movimiento popular que propone y legitima confrontar a las autoridades del gobierno, aún sabiendo que su más evidente estrategia es callarnos a balazos. Esos muchachos y muchachas no temen perder. Nos decían a nosotros cuando entrábamos como organizaciones de derechos humanos a interlocutar: «Hemos perdido todo que ya no nos importa perder la vida, estamos dispuestos a todo» . Hoy el «pedazo», el barrio, como le llaman ellos, cuenta con una “primera línea” dispuesta a morir en la barricada. Cuenta con la colectividad humana que cocina, canta, pinta y cura.
Alrededor de estos ejercicios de resistencia, es el barrio el que permite curar los heridos, atenderlos y cuidarlos, asumiendo esa responsabilidad. Incluso en el momento de la confrontación, proveer del agua con bicarbonato o la leche para repeler los gases, es la comunidad la que asume esta responsabilidad. Entonces, aunque ellos no tengan una propuesta política, hacen un llamado a cambiar el país. Es claro que a la política de la muerte la enfrentamos con la política del cuidado, con que siempre hemos intentado construir el mundo, en el cual tenemos el cuerpo y trabajo, y a otros para tejer. Allí, entonces, se han edificado unas conversas y relaciones entre vecinos que ha permitido reconocerse como individuos víctimas de la política de Estado.
¿La calle actúa como escuela y universidad para estas luchas?
Como proceso organizado debemos tomarnos el tiempo de analizar la situación, los actores y el contexto. Es claro que suele desbordar nuestros análisis y está bien que así suceda. Pensamos que la calle es y siempre será nuestra escuela, y esta nos enseña que la solidaridad es la práctica en que los barrios y comunidades construyen lazos sólidos. Que la política de la muerte los fortalece. Que los pelados comen mejor en el piquete y la barricada que en la casa. Las ollas comunitarias se arman en un dos por tres que los jóvenes están cansados de las injusticias y la exclusión. Es nuestro análisis cuando visitamos esos puntos de resistencia, donde los mal llamados “vándalos” son estigmatizados. Ahí comprobamos que aunque ellos no tengan suficientes estudios o un doctorado, nos enseñan todos los días en que los cruzamos en las calles.
Actualmente, las violaciones de derechos humanos se repiten incesantemente y la confrontación y esa rabia se da en las calles. Eso significa que durante el día no ocurren grandes enfrentamientos, se mantienen los puntos de resistencia, se conversa e intercambia entre los vecinos, se realizan actos culturales e incluso la gente aprovecha para conocerse ya que hace años que viven en un barrio pero no han llegado a intercambiar entre ellos. Así hablan de los males que los aquejan, ya no solo como integrantes de una familia o un barrio, sino también de una comuna y un país.

Frente a este escenario popular, el gobierno comienza a aplicar otra modalidad y forma de conflicto, como el tratamiento de guerra y atropellamiento total cuando ingresa la policía con todos sus aparatos antiterroristas. Utilización de armamento pesado contra piedras y palos. Esto lo hemos visto porque nosotros caminamos los terrenos, saliendo desde muy temprano para posibilitar el encuentro entre jóvenes y permitiendo que tengan atención. En ese recorrido se dan escenas que vimos en ciudades con muchísima confrontación, donde las misiones médicas se arman en una esquina, en un garaje, en la caseta comunal, o la gente nos abre las casas para atender a la misión médica.
De parte del Estado también se ilegalizan la represión, en un país donde el paramilitarismo campa a sus anchas.
La violación de Derechos Internacionales es asumida con total impunidad por el Estado. Los “escuadrones de la muerte” salen en las noches con camionetas blindadas, armas de corto y largo alcance. Lesionan, hieren y asesinan a las personas. También encontramos un aparato judicial lento en acelerar investigaciones, comprometidos con el esclarecimiento de la verdad de decirnos qué es lo que está pasando y porque esos escuadrones y sus camionetas circulan con legalidad e impunidad en una ciudad como Cali, donde en cada cuadra hay policías y militares desplegados. Ellos actúan a diario, matan a nuestros jóvenes y nunca son apresados. Está claro que estos grupos están estrechamente relacionados con la fuerza pública.
Un ejemplo claro lo tuvimos estos días cuando sale el Estrato 7, los barrios donde viven los industriales, los dueños de la economía y atacan a tiros a la comunidad organizada, a la minga indígena. Pero no es cualquier cosa, esta gente está más armada que la escuela sicarial, con fusiles, pistolas, camionetas blindadas. Disparan entonces a diestra y siniestra, y se puede ver en las imágenes que están acompañados por la policía. De allí, que sea urgente que la comunidad internacional, frente al silencio de los grandes medios de comunicación cooptados por el Estado, se hagan cargo de nuestras denuncias y llamados para este acompañamiento. Si bien es cierto, que los militares no están oficialmente en el poder como en una dictadura, sí están accionando. Tenemos al Ministro de Defensa dando órdenes de arrasamiento total en contra de una población civil desarmada.
Hablabas de la gente que se moviliza en las calles, incluso pasando por encima de las organizaciones tradicionales como ha ocurrido en Chile en similar situación, demostrando el cansancio no solamente del neoliberalismo sino el hartazgo frente a la politiquería burguesa. Sin embargo, al calor de esta lucha, empiezan a aparecer los oportunistas de los partidos tradicionales que tratan de llevar agua para su molino en el sentido electoralista ¿Cómo están viendo esas actitudes desde la calle, y más concretamente, desde la militancia en el Congreso de los Pueblos?
Esto que se da en Colombia no es espontáneo. Sabemos que el modelo se reagrupa y se prepara, no solo desde el 2019, sino que se está cumpliendo con un libreto donde el capital desarrolla esa trama. Sensibilidades como esas frente al oportunismo que hay de la oligarquía, que muestra a los partidos políticos como los salvadores de esta situación que estamos pasando ahora. Pero los muchachos rechazan todas estas maniobras porque nunca se han sentido incluidos dentro de estas políticas. Otro tema candente es el desgaste que genera la guerra. Hay que recordar que nosotros llevamos, en el Valle del Cauca, desde el 28 de abril hasta hoy 98 desaparecidos en este solo departamento. Pensamos que es una forma acelerada, que ni siquiera se dio en una dictadura. Por otro lado, se hicieron las cifras y ya tenemos 500 desaparecidos en el país.
El Gobierno habla de diálogo pero sigue metiendo bala. ¿Es posible dialogar en lo inmediato?
Hay que entender que hay un desgaste frente a la confrontación, y que las organizaciones sociales y de derechos humanos, también dialogamos e insistimos en que hay que cuidar la vida, pero no llamamos a desistir de la lucha. Hay una decisión de los barrios e incluso de la clase media, que han salido en marchas multitudinarias históricamente y de respaldo al paro. Por eso, tenemos que pensar en cual va a ser la mejor forma de continuar en este ejercicio, esto no puede ser eterno y hay que imaginar qué vamos a hacer después de esto, cómo vamos a decirle a los muchachos qué hacer, cuando son ellos quienes están poniendo su cuota más alta en la lucha.
Por otro lado, como organizaciones de derechos humanos, nosotros también hemos sido atacados. A la misión de 10 compañeros que estábamos en una misión médica nos acorralaron y nos recibieron a punta de plomo. Entonces, ahora se han comenzado a hacer asambleas populares en los barrios y llamando a los muchachos, aunque tenemos claro que no representamos a esos muchachos. Aquí no hay que hacer suplantaciones, son esas comunidades que tienen que llegar a una gran mesa de diálogo nacional pero que no sea el comando nacional del paro el que venga a decir paramos hoy o iniciamos este diálogo, sin tener en cuenta esas necesidades que los muchachos de los territorios y a través de asambleas populares van a construir como propuesta. Son ellos la voz fundamental a escuchar, los que nos dicen, sí, la reforma tributaria fue retirada pero nos preguntan: qué pasa con la salud, queremos estudiar, queremos trabajo, no queremos terminar en las escuelas de sicarios, no queremos terminar en la delincuencia.
Por eso decimos que son ellos los principales protagonistas y no otros, que nunca han estado, que nunca los han incluido, pero que los visitan para acumulación electoral.

*Carlos Aznárez es un periodista de larga trayectoria en medios de prensa escrita y digital, radio y televisión. Tiene escritos varios libros, principalmente de temas de política internacional. Es el creador y director del periódico Resumen Latinoamericano. Además, en Venezuela es coordinador de las Cátedras Bolivarianas, ámbito de reflexión y debate sobre América Latina y el Tercer Mundo.
Entrevista
Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”
En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.
A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.
El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.
“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.
Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.
Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega
Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.
La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.
Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.
Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.
Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.
“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.
“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión
Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.
En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.
“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.
Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.
Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.
El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña
La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.
Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.
Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.
La popularidad que llegó después de décadas de trabajo
Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.
Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.
La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.
Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.
No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.
Del teatro a las series: los proyectos de Vega
Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.
La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.
Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado
La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.
Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.
Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.
Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.
Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.
Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.
Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.
¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.
Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.
Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.
Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.
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