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Buscan echar a Bolsonaro de EEUU: ¿Se va a Hungría?

El Congresista Ocasio-Cortez pidió «dejar de dar refugio» a Jair Bolsonaro en Estados Unidos. Rumores señalan que Viktor Orban le abriría las puertas.

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La congresista estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez pidió «dejar de dar refugio» en el país al expresidente brasileño Jair Bolsonaro, a quien vinculó con el asalto «fascista» de este domingo a las instituciones brasileñas.

«Hace casi dos años el Capitolio estadounidense fue atacado por fascistas. Hay movimientos fascistas en el extranjero que intentan hacer lo mismo en Brasil», apuntó Ocasio-Cortez en su cuenta en Twitter, al comparar el ataque de seguidores del expresidente Donald Trump a la sede del Congreso de EEUU con lo ocurrido hoy en el país sudamericano, donde manifestantes golpistas ingresaron a la fuerza a los edificios de los poderes públicos en Brasilia.

«Debemos apoyar solidariamente al gobierno elegido democráticamente de (el presidente brasileño, Luiz Inácio) Lula. Estados Unidos debe dejar de dar refugio a Bolsonaro en Florida», añadió, según recogió la agencia Europa Press.

Bolsonaro guarda silencio desde el asalto de sus simpatizantes a las sedes de los tres poderes del Estado en Brasilia que terminó después de varias horas de disturbios tras una intervención policial.

El expresidente se encuentra en Orlando, Estados Unidos, desde el 29 de diciembre, dos días antes de que finalizara su mandato, por lo que no asistió a la asunción de Lula el domingo pasado.

Cabe recordar que Bolsonaro había recibido apoyos de figuras de la extrema derecha internacional, desde Donald Trump junior, hijo del expresidente de Estados Unidos, hasta el primer ministro húngaro Viktor Orban, pasando por el líder del partido español Vox, Santiago Abascal, de cara a los últimos comicios en Brasil.

Bolsonaro había recibido el respaldo de Orban, uno de los principales líderes de la extrema derecha internacional.

«He servido a mi país en Europa durante más de 30 años, he conocido a muchos líderes, pero pocos tan destacados como el presidente Jair Bolsonaro», dijo, elogiando al fascista sudamericano.

«Es un presidente que, a pesar del globalismo progresista liberal, tuvo el coraje de poner a Brasil primero», había dicho. ¿Lo recibirá en Hungría?

Geopolítica 🌎

El apellido más polémico del Perú llega al poder: Keiko jura y anuncia militares en las calles

La hija de Alberto Fujimori asumió como la 66ª mandataria de la historia peruana y prometió militarizar la seguridad para combatir el narcotráfico y el crimen organizado. Diez jefes de Estado asistieron a la ceremonia en Lima, entre ellos el rey de España Felipe VI y el presidente argentino Javier Milei.

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"Recibimos un Estado debilitado": Fujimori promete militarizar la seguridad con la sombra del fujimorismo encima.

Keiko Fujimori juró este martes como presidenta del Perú para el período 2026-2031 ante el Congreso de la República en Lima. Con ese acto, se convirtió en la 66ª mandataria de la historia peruana y en la primera mujer en llegar a la presidencia del país andino por el voto popular. En su primer discurso ante el Parlamento, adelantó el perfil que tendrá su gestión: mano dura contra el crimen organizado, militarización de la seguridad y un diagnóstico lapidario sobre el Estado que recibe.

«Recibimos un Estado debilitado por la corrupción, donde las instituciones dejaron de servir a los ciudadanos», declaró Fujimori ante los legisladores. Prometió aplicar «método, disciplina, trabajo y una ruta clara» para revertir esa situación, según informó Perú 21.

Militarización de la seguridad como eje de gestión

El eje central del discurso inaugural fue la seguridad. Fujimori anunció que su gobierno desplegará a las Fuerzas Armadas en zonas dominadas por el narcotráfico, el crimen organizado y la minería ilegal. «Vamos a recuperar cada barrio, cada carretera y cada espacio público para las familias peruanas. Allí donde el crimen organizado, el narcotráfico y la minería ilegal hayan arrebatado el control al Estado, haremos uso de todas las herramientas que la Constitución pone a disposición del Gobierno», sostuvo la nueva presidenta.

En la misma línea, precisó que «durante los estados de emergencia, las Fuerzas Armadas asumirán temporalmente el liderazgo de las operaciones de seguridad y del control del orden interno, en estrecha coordinación con la Policía Nacional, hasta restablecer plenamente la autoridad del Estado y devolver esos territorios a los ciudadanos».

Fujimori también advirtió que la ofensiva «no será únicamente contra el delincuente común» sino que apuntará a «las mafias nacionales e internacionales que financian la extorsión, el sicariato, el narcotráfico y la minería ilegal». Anunció el fortalecimiento de los sistemas de inteligencia para desarticular esas organizaciones «desde sus cabecillas y sus estructuras económicas» y fue explícita respecto a la tolerancia cero hacia la corrupción policial: «ningún miembro de la Policía Nacional que se ponga al servicio del delito encontrará protección en nuestro gobierno».

El anuncio de militarización de la seguridad interior despertará inevitablemente el debate sobre sus límites constitucionales y sobre el historial del fujimorismo en materia de derechos humanos: durante la presidencia de Alberto Fujimori (1990-2000), las fuerzas armadas cometieron graves violaciones a los derechos humanos, documentadas por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que incluyeron ejecuciones extrajudiciales, torturas y un programa de esterilizaciones forzadas que afectó a más de 270.000 mujeres, mayoritariamente campesinas e indígenas.

El peso de un apellido y la sombra de la historia

Keiko Fujimori asume con el peso político y simbólico de ser hija del expresidente que gobernó el Perú con mano de hierro durante una década. Alberto Fujimori fue condenado por la justicia peruana por crímenes de lesa humanidad y falleció en septiembre de 2024 tras obtener un indulto humanitario que fue restituido judicialmente. Keiko, por su parte, enfrentó sucesivos procesos judiciales por presunto lavado de activos vinculado al financiamiento irregular de sus campañas electorales y pasó períodos bajo prisión preventiva, aunque llegó a esta elección sin condena firme.

Su triunfo en el balotaje, conseguido en su cuarta candidatura presidencial, se produjo en un país agotado institucionalmente: desde la caída de su padre en 2000, Perú atravesó ocho presidentes sin que ninguno completara su mandato, con destituciones parlamentarias, renuncias, condenas judiciales y hasta un suicidio presidencial en medio de una investigación por corrupción.

Lima, escenario de una cumbre regional

La transmisión del mando reunió en Lima a diez jefes de Estado y de Gobierno, además de representantes de organismos internacionales y potencias globales. Entre los mandatarios presentes se encontraban el rey de España, Felipe VI; los presidentes Javier Milei (Argentina), Daniel Noboa (Ecuador), José Raúl Mulino (Panamá), Yamandú Orsi (Uruguay), Santiago Peña (Paraguay), Rodrigo Paz (Bolivia) y José Antonio Kast (Chile), junto a Nasry Asfura, jefe de Gobierno de Honduras, y Mike Eman, de Aruba. También participaron representantes de China, Estados Unidos, Japón y Corea.

La presencia de Milei no fue puramente ceremonial. El mandatario argentino, que llegó a Lima junto al canciller Pablo Quirno y la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, mantuvo un encuentro bilateral previo con Fujimori para afianzar los vínculos entre ambos gobiernos. La afinidad ideológica entre el libertarismo argentino y el fujimorismo peruano, dos proyectos que comparten el discurso antiestatal, la retórica de seguridad dura y el rechazo a los gobiernos progresistas de la región, marcó el tono político de la jornada.

Puntos clave

  • Keiko Fujimori juró como la 66ª presidenta del Perú y primera mujer en alcanzar ese cargo por el voto popular.
  • Anunció la militarización de la seguridad interior durante los estados de emergencia, con las Fuerzas Armadas al mando de las operaciones de orden público.
  • Prometió combatir el narcotráfico, la extorsión, el sicariato y la minería ilegal con apoyo de inteligencia y tolerancia cero hacia la corrupción policial.
  • Diez jefes de Estado asistieron a la ceremonia, entre ellos el rey Felipe VI de España y los presidentes de Argentina, Ecuador, Chile, Uruguay y Paraguay.
  • El historial de violaciones a los derechos humanos durante la presidencia de Alberto Fujimori proyecta su sombra sobre los anuncios de militarización de su hija.
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