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Perú: tras 26 años, piden justicia las víctimas de esterilizaciones forzadas

El Gobierno de Alberto Fujimori había lanzado su controvertida política de planificación familiar en Perú, donde más de 8.000 mujeres afirman que se las esterilizó sin permiso.

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Casi 26 años después de que el Gobierno de Alberto Fujimori lanzara su controvertida política de planificación familiar en Perú, más de 8.000 mujeres que afirman que se las esterilizó sin permiso empezaron esta semana la recta final de su lucha por justicia.

No será, empero, un camino fácil ni rápido, según anticipó Sigfredo Florián, abogado de algunas de las denunciantes: se requerirá de más de 2.000 diligencias en un proceso maratónico, que comenzó el jueves pasado, incluidas las que se tendrán que hacer ante Chile para que se pueda procesar a Fujimori.

Durante un conversatorio en el que participaron abogados y denunciantes y al que tuvo acceso Télam, Florián descartó que se cumplan los plazos dispuestos por los jueces –que hablan inicialmente de ocho meses- y anticipó dificultades para, por ejemplo, contactarse con las afectadas.

Entre las diligencias anunciadas, una que ha generado rechazo, pero que al parecer es ineludible, será la práctica de exámenes médicos invasivos para confirmar que hubo esterilización, incluso en casos que ya se consideran plenamente confirmados.

Aun así, para las mujeres que iniciaron su lucha en 2001, un año después de la caída del régimen fujimorista, el arranque del juicio es un paso decisivo en su lucha por “verdad, justicia y reparación”.

El de Sabina Huilca, campesina del departamento de Cusco que participó en el conversatorio, es un testimonio emblemático: después de dar a luz en 1996, los médicos le propusieron esterilizarla, pero ella se negó. Entonces le dijeron que necesitaban “limpiarla”, la anestesiaron y simplemente procedieron.

“Ya no tendrás más hijos como cuyes, como chanchos”, cuenta Huilca que le dijeron los médicos cuando despertó. Según los diversos testimonios, ese fue el modus operandi en centenares de casos.

Parecido le ocurrió a María Elena Carbajal, presidenta de la Asociación de Víctimas de Esterilizaciones Forzadas, a quien le practicaron el procedimiento sin permiso en Lima. En su caso, narrado a Télam, los del hospital ni siquiera le confirmaron lo que le habían hecho y ella tardó 21 años en saber que desde ese día ya no podía tener más hijos.

La política de esterilización masiva fue aplicada en la última parte del Gobierno autoritario de derecha de Fujimori para reducir el número de nacimientos en las clases pobres, en especial entre campesinos quechuahablantes de provincias andinas, aunque también hubo casos en Lima y otras zonas.

LOS DATOS

Según datos del Ministerio de Salud, de 270.000 a 300.000 mujeres fueron sometidas a esa práctica entre 1996 y 2000. Teóricamente siempre se debía tener autorización, pero los testimonios y las investigaciones dan cuenta de que, en un porcentaje imposible de precisar, el personal médico recurrió a engaños, presiones o simplemente a la fuerza.

Decían que era para acabar con la pobreza, pero era para acabar con los pobres, que es distinto”, dijo a Télam María Esther Mogollón, comunicadora que, como portavoz de la Asociación de Mujeres Peruanas Afectadas por Esterilizaciones Forzadas, ha dedicado más de 20 años a la lucha.

Desde 2001, cuando 12 pioneras decidieron buscar justicia con apoyo de activistas como Mogollón, el Estado ha respondido con lentitud y desinterés. Según la portavoz, esa ha sido una constante de todos los gobiernos, incluido el actual, aunque la primera ministra de la Mujer de Pedro Castillo, Anahí Durand, sí mostró empeño.

Fueron casi 20 años marcados por dilaciones, hasta que en 2021 las diligencias comenzaron a tomar mayor ritmo para llegar a la fase actual. En esos últimos meses se recogieron cientos de testimonios a pesar de las dificultades generadas por el hecho de que la mayoría de víctimas vive en poblados remotos y sin servicios de internet.

En principio, son 1.320 las mujeres que denuncian, aunque los casos documentados pasan de 8.000 en por los menos 10 departamentos.

Florián, de la ONG Instituto de Defensa Legal, confía en que esas mujeres se puedan ir sumando, aunque lamentó dificultades como la de que apenas un 10% de las 1.320 pioneras cuenten con abogado.

Los principales acusados son Fujimori y sus ministros de Salud de esos años: Alejandro Aguinaga, Marino Costa y Eduardo Yong. A ellos se les acusa de estar al frente de este proceso de violación a los derechos humanos.

En el caso de Fujimori, quien desde 2007 paga 25 años de cárcel por 25 asesinatos y dos secuestros, antes de incorporarlo al juicio se debe obtener permiso de Chile, pues el caso no figura entre aquellos por los que Santiago autorizó su extradición. En concepto de Florián, ese proceso tomará entre un año y medio y dos años.

Los tres ex ministros fueron citados por los jueces para ser interrogados el jueves pasado, en una de las primeras diligencias, pero solo se presentó Yong, un médico que está ahora dedicado exclusivamente al ejercicio de su profesión.

Aguinaga, uno de los líderes del partido Fuerza Popular, alegó que no podía asistir por ser para él día laborable, pero al parecer no en su función de congresista, sino como médico de cabecera de Fujimori, pues fue visto junto al exmandatario en una de sus continuas crisis de salud. Costa, abogado y empresario, ni siquiera presentó al parecer justificación para su ausencia.

Las consecuencias para las mujeres esterilizadas sin permiso han sido múltiples. Muchas presentaron complicaciones de salud, cuadros permanentes de depresión, rupturas familiares y rechazo por parte de sus comunidades, que culturalmente desean más hijos como fuerza de trabajo.

Las palabras claves para las denunciantes son “verdad”, para que se conozca lo que ocurrió; “justicia”, para que Fujimori, sus ministros y los que resultaran responsables paguen culpas; y “reparación”, para que el Estado responda con dinero y servicios, según estándares internacionales, por los daños causados.

Para Mogollón, el de las esterilizaciones forzadas “es un caso único en la historia de la humanidad para vergüenza nuestra (de los peruanos)”, por lo que los tribunales tendrán el reto de impartir justicia en medio de las dificultades.

Gremiales

Emova despidió a una trabajadora del subte por denunciar acoso sexual

La protesta, organizada por Metrodelegados junto al Comité por la Reincorporación de Araceli Pintos, integrado por organizaciones sociales, políticas y feministas, permitió el ingreso gratuito de los pasajeros durante la mañana de este lunes.

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Metrodelegados liberaron molinetes en la Línea B por el despido de una trabajadora que denunció acoso

★ Los trabajadores del subte liberaron este lunes los molinetes en la estación Federico Lacroze de la Línea B en una contundente medida de fuerza que exige la reincorporación inmediata de Araceli Pintos, empleada del área de limpieza de la concesionaria Emova S.A. que fue despedida luego de haber denunciado una situación de acoso sexual por parte de un efectivo de la Policía de la Ciudad durante su horario laboral.

La protesta, organizada por la Asociación de Trabajadores del Subte y Premetro (Metrodelegados) junto al Comité por la Reincorporación de Araceli, integrado por organizaciones sociales, políticas y feministas, permitió el ingreso gratuito de los pasajeros durante la mañana de este lunes, una herramienta habitual del sindicato para visibilizar sus reclamos sin afectar el bolsillo de los usuarios.

Un despido que huele a represalia

Según el comunicado firmado por el referente gremial Claudio Dellecarbonara, Pintos fue desvinculada luego de denunciar el acoso perpetrado por un policía de la Ciudad durante su jornada laboral, hecho que derivó además en episodios de violencia laboral por parte del personal jerárquico de la empresa. El gremio calificó el despido como «persecutorio, ilegal y discriminatorio» y advirtió que continuará peleando por la reincorporación de la trabajadora, exigiendo que Emova deje de encubrir a acosadores y violentos, según palabras del propio Dellecarbonara.

De acuerdo a datos publicados por el medio feminista Feminacida, Pintos tiene 27 años, es mamá soltera de dos hijas y trabajaba en el turno nocturno, de las 23.30 a las 5.30 de la madrugada, en la estación Federico Lacroze. Cuando fue despedida llevaba cuatro de los seis meses del período de prueba que exigía la empresa para quedar efectiva, y había esperado ocho años en la bolsa de trabajo para acceder al empleo.

La abogada Andrea Forgueras, que patrocina a Pintos, señaló que Emova tomó «la salida más fácil y cruel»: en lugar de investigar y sancionar al policía acosador y al superior jerárquico que ejerció violencia laboral, optó por despedir a la víctima durante el período de prueba, sin tomar medidas contra los responsables. Forgueras remarcó además que la empresa protegió con impunidad al agente acosador, negándose incluso a brindar su nombre, y que al intentar radicar una denuncia ante la Subsecretaría de Trabajo de la Ciudad, le informaron a la trabajadora que no podían tomarla porque ya estaba despedida.

La empresa habla de «incumplimientos» y esquiva la denuncia

En un comunicado difundido este lunes, Emova rechazó cualquier vinculación del despido con la denuncia de acoso y aseguró que la medida de fuerza del gremio «responde a la decisión de no incorporar de manera efectiva a una empleada tras su período de prueba por reiterados incumplimientos en sus tareas», añadiendo que «la empresa cumplió con todas las instancias posibles para evitar dicha situación». La versión de la empresa contrasta con la del sindicato y con el contenido de las denuncias penales que ya tramitan ante la Justicia.

Proyectos legislativos y escalada del conflicto

El caso trascendió los límites del subte. Según publicó Feminacida, en la Cámara de Diputados de la Nación y en la Legislatura porteña se presentaron proyectos de repudio al accionar de Emova e impulsados por las diputadas Myriam Bregman y Andrea D’Atri, en los que se señaló el carácter ilegal y discriminatorio del despido y se exigió la reincorporación inmediata de la trabajadora.

Desde el gremio también recordaron que el caso de Pintos no es aislado: la delegada de la Línea D, Agustina Chávez, cuestionó que Emova sea la misma empresa que viene siendo denunciada por exponer a trabajadores y usuarios al asbesto, un material cancerígeno, señalando que la concesionaria antepone sus ganancias a la integridad de quienes trabajan o viajan en el subterráneo.

La medida de este lunes se suma a un historial de reclamos de los Metrodelegados por mejores condiciones de seguridad y la implementación de protocolos efectivos ante situaciones de violencia de género en la red de transporte. Los trabajadores advirtieron que, si no hay respuestas por parte de la concesionaria, el conflicto podría escalar con nuevas medidas de mayor alcance.

Puntos clave

  • Araceli Pintos, empleada de limpieza de Emova en la Línea B, fue despedida durante el período de prueba luego de denunciar acoso sexual por parte de un efectivo de la Policía de la Ciudad.
  • Los Metrodelegados liberaron los molinetes en Federico Lacroze este lunes 27 de abril, con apoyo de organizaciones feministas y sociales nucleadas en el Comité por la Reincorporación de Araceli.
  • El gremio calificó el despido como «persecutorio, ilegal y discriminatorio«; hay denuncias penales en curso ante la Justicia.
  • Emova sostiene que la desvinculación se debió a «incumplimientos» laborales y niega vinculación con la denuncia de acoso.
  • Diputadas Myriam Bregman y Andrea D’Atri presentaron proyectos de repudio al accionar de la empresa en el Congreso y la Legislatura porteña.
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