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Cambio climático

Meteotsunami: ¿el fenómeno puede volver a repetirse en la Costa Atlántica?

El oceanógrafo Walter Dragani explicó el evento que golpeó Mar del Plata, Camet y Santa Clara del Mar. Aclaró que es de baja frecuencia, pero que puede volver a ocurrir y que no se puede predecir con anticipación.

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Tras el fuerte meteotsunami que sacudió este lunes la Costa Atlántica bonaerense, la comunidad científica busca llevar tranquilidad sin minimizar los riesgos. El oceanógrafo Walter Dragani explicó que el fenómeno se originó por un centro de baja presión que perturbó la superficie del mar y generó una onda que, al llegar a la costa, se amplificó de manera abrupta.

El especialista precisó que este tipo de eventos depende de perturbaciones atmosféricas muy localizadas que se producen mar adentro. “Si esa perturbación se hubiese generado apenas más cerca del continente, probablemente no habría producido ningún efecto visible”, detalló.

¿Puede volver a pasar?

Dragani fue claro: la posibilidad existe. Sin embargo, aclaró que es extremadamente raro que se repita con la magnitud que tuvo el episodio de este lunes.

Además, subrayó una limitación clave:

“Estos fenómenos no pueden preverse con días de anticipación, ya que no están asociados a tormentas visibles ni a sismos, sino a alteraciones súbitas de presión y viento sobre el océano”.

Por eso, aunque el riesgo es bajo, no es nulo.

Antecedentes en la región

Para dimensionar la frecuencia real de este tipo de eventos, Dragani recordó dos episodios que quedaron registrados en la historia reciente y pasada de la región:

11 de enero de 1954: Mar del Plata sufrió un evento similar durante un día de calor y cielo despejado. El agua avanzó de manera súbita sobre la costa y provocó escenas de pánico entre los bañistas.

8 de diciembre de 2022: Un meteotsunami ocurrido de madrugada inundó balnearios marplatenses y llegó a volcar una embarcación en Montevideo. En ese caso no hubo víctimas fatales.

La señal de alerta clave

A diferencia de un tsunami provocado por un terremoto, el meteotsunami no viene precedido por temblores ni alertas sísmicas. La única señal real es el propio mar.

Dragani fue terminante:

“Cuando el mar se retira de manera rápida y anormal, hay que tomar precaución y alejarse de inmediato”.

Ese retroceso brusco del agua es el indicio más claro de que una ola de gran amplitud puede llegar segundos o minutos después.

En plena temporada de verano y con miles de personas en las playas de la Costa Atlántica, el mensaje es simple y vital: ante cualquier comportamiento extraño del mar, no hay que dudar, hay que salir del agua y de la orilla ya mismo.

Cambio climático

El SMN advierte sobre un posible “Súper El Niño”: qué provincias estarán en riesgo esta primavera

El Servicio Meteorológico Nacional confirmó una probabilidad cercana al 100% de que continúe la fase El Niño durante el trimestre agosto-octubre de 2026. Las regiones del Litoral, el noreste y el este pampeano concentran el mayor riesgo de lluvias torrenciales y crecidas de ríos. El cambio climático agrava el escenario.

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El Niño más el calentamiento global: por qué este episodio climático no puede leerse como los anteriores.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó en su actualización de agosto que las condiciones del ENOS son consistentes con una fase cálida, es decir, con un episodio de El Niño activo, con temperaturas del Pacífico ecuatorial por encima de los valores normales. Los modelos utilizados por el organismo estiman una probabilidad cercana al 100% de continuidad del fenómeno durante los meses de agosto, septiembre y octubre. Este escenario, que algunos especialistas comenzaron a describir como un posible «Súper El Niño», plantea interrogantes urgentes sobre el impacto que tendrá sobre el territorio argentino durante la primavera y el verano.

Qué significa «Súper El Niño» y por qué no es una categoría científica

La expresión «Súper El Niño» ganó circulación entre especialistas para describir episodios de particular intensidad, pero el propio SMN aclaró que esta denominación no constituye una categoría científica oficial. Lo que sí está verificado es que se trata de un episodio El Niño de fase cálida sostenida en el tiempo, cuya interacción con otros sistemas atmosféricos y con el calentamiento global determinará su impacto real sobre cada región del país.

El fenómeno responde a la dinámica conocida como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS): el debilitamiento de los vientos alisios en el Pacífico ecuatorial genera un calentamiento superficial del océano que, al ascender a la atmósfera, altera los patrones globales de circulación, modificando lluvias y temperaturas en vastas regiones del planeta. Para Argentina, ese mecanismo tiene consecuencias asimétricas: afecta de manera diferente según la ubicación geográfica, la época del año y, cada vez más, el estado de base de la atmósfera global.

Las provincias en mayor riesgo: Litoral, noreste y pampeana oriental

Según el SMN, las regiones que podrían recibir la señal más intensa del fenómeno son el noreste argentino, el Litoral y el este de la región pampeana. Entre las provincias identificadas con mayor exposición al riesgo climático se encuentran Misiones, Corrientes, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires. En estas zonas, El Niño históricamente se asocia con mayor frecuencia de lluvias, jornadas de precipitación sostenida y mayor probabilidad de tormentas severas con ráfagas fuertes, abundante caída de agua y, en determinadas condiciones, granizo.

La provincia de Buenos Aires, y especialmente el AMBA, enfrenta además un desafío estructural: los sistemas de drenaje urbano no están diseñados para absorber episodios de precipitación intensa en períodos cortos. Un escenario con mayor frecuencia de lluvias torrenciales amplifica, en ese contexto, el riesgo de anegamientos y cortes de servicios en zonas densamente pobladas.

El riesgo de crecidas: el Paraná, el Uruguay y el Iguazú bajo presión

Uno de los efectos más preocupantes del fenómeno sobre Argentina es su impacto en el sistema hídrico regional. Las precipitaciones abundantes en el sur de Brasil tienen efectos directos sobre los caudales de los ríos Iguazú, Uruguay y Paraná, cuya cuenca abarca buena parte del noreste argentino y el Litoral. Una temporada con lluvias superiores a lo normal podría favorecer nuevas crecidas y desbordes en sectores de la cuenca del Plata, con consecuencias graves para comunidades ribereñas y zonas productivas de baja cota.

El riesgo no es abstracto: el invierno de 2026 ya registró nevadas excepcionales en sectores de la cordillera y períodos prolongados de frío en la Patagonia, con algunas olas frías que se extendieron durante más de diez días. Esto indica que El Niño no actúa de manera uniforme ni garantiza «más calor» en todo el país; sus efectos se redistribuyen de maneras que pueden sorprender incluso a quienes monitorean el fenómeno de cerca.

El factor que cambia el juego: cambio climático y atmósfera más cargada

Los especialistas advierten que el episodio de 2026 no puede leerse con los mismos parámetros de los eventos históricos anteriores. Una atmósfera globalmente más caliente retiene mayor cantidad de vapor de agua, lo que potencia las precipitaciones cuando se dan las condiciones necesarias. La combinación entre un El Niño de intensidad significativa y el calentamiento global de base configura un escenario sin precedentes directos, donde los modelos de predicción tienen mayor incertidumbre que en décadas pasadas.

Esta advertencia tiene implicancias prácticas: los patrones esperados para un episodio de El Niño «estándar» pueden no ser suficientes para anticipar la magnitud de los eventos concretos que ocurran durante la primavera y el verano de 2026-2027. Los especialistas consultados anticipan que la señal más evidente del fenómeno se hará sentir a partir de la primavera de 2026 y se extendería hacia el verano de 2027, cuando aumenta el riesgo de períodos de lluvias superiores a los valores históricos.

Lo que el SMN no puede anticipar: eventos extremos puntuales

El organismo meteorológico fue explícito en un punto clave: no es posible afirmar que habrá inundaciones generalizadas ni anticipar con precisión qué ciudades serán afectadas. El Niño funciona como un modificador de probabilidades climáticas, no como un determinante absoluto de eventos concretos. Cada tormenta, cada período de lluvia intensa y cada crecida dependerá de la interacción de múltiples sistemas atmosféricos que solo pueden evaluarse en tiempo real.

Por eso, el SMN mantendrá bajo monitoreo constante la evolución del ENOS durante los próximos meses, y sus actualizaciones periódicas serán el insumo más confiable para que los organismos de gestión de riesgo, los gobiernos provinciales y los municipios puedan preparar respuestas preventivas. La primavera y el verano 2026-2027 serán el período determinante para conocer el alcance real del fenómeno.

Puntos clave

  • El SMN confirmó una probabilidad cercana al 100% de que El Niño continúe durante agosto, septiembre y octubre de 2026.
  • Misiones, Corrientes, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires son las provincias con mayor riesgo de lluvias intensas y tormentas severas.
  • El término «Súper El Niño» no es una categoría científica oficial; lo relevante es la intensidad del episodio y su interacción con otros factores atmosféricos.
  • El cambio climático hace que este episodio sea difícilmente comparable con los anteriores: una atmósfera más caliente potencia las precipitaciones.
  • La señal más intensa del fenómeno se esperaría a partir de la primavera de 2026 y se extendería hacia el verano de 2027.
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