Consumo
Las cifras que Milei no muestra cuando celebra en el Consejo de las Américas
El jefe de Estado defendió su gestión ante el establishment y aseguró que «ya cumplió» con las promesas electorales. Pero los datos de inflación acumulada, pobreza y ajuste cuentan otra historia: la de una economía que crece en los papeles y se achica en los bolsillos.
En la edición de este jueves del Consejo de las Américas, realizada en un hotel porteño, el presidente Javier Milei se presentó ante el empresariado local e internacional con un mensaje que mezcla autocomplacencia y confrontación: «Mi mandato es bajar la inflación y hacer crecer la economía y lo voy a cumplir». Lo notable no fue la promesa en sí, sino la afirmación que la antecedió, cuando el mandatario sostuvo que ya cumplió con las metas que lo llevaron a la Casa Rosada. Una lectura de los propios datos oficiales basta para poner en cuestión esa narrativa.
El relato del 8,3% y lo que no dice
Milei destacó ante el auditorio que «la economía creció un 8,3%» durante su mandato y que, «limpiando el arrastre que dejó el kirchnerismo», la expansión acumulada en los dos primeros años supera los 10 puntos porcentuales. Los datos del INDEC efectivamente registran una recuperación en 2025, pero ese crecimiento se apoya sobre una base excepcionalmente deprimida: 2024 fue el peor año económico en más de dos décadas, con una caída del PBI superior al 3%. Recuperarse de un piso histórico no es lo mismo que crecer. Y las señales de los primeros meses de 2026 complican la continuidad de ese rebote: en el primer trimestre, la actividad económica se contrajo un 0,3% respecto del trimestre anterior, según estimaciones de consultoras privadas como Orlando J. Ferreres & Asociados y Analytica, con una caída mensual del 0,7% en abril.
El presidente calificó como «imbecilidad» y «monumento a la ignorancia» el concepto de «crecimiento a dos velocidades», una expresión que circula entre economistas para describir la brecha entre sectores orientados a la exportación o la tecnología, que efectivamente crecen, y el consumo interno y la industria, que no logran recuperarse. Lejos de refutar el concepto con datos, Milei lo descartó con adjetivos. Esa «precariedad intelectual grosera» que le atribuye a sus críticos es, en realidad, la descripción de lo que los propios números del INDEC reflejan: la producción manufacturera cayó un 2% interanual en abril de 2026 y el sector automotriz se desplomó un 17,5%.
La inflación que «bajó» y el costo de vida que no
Milei celebró que «la inflación bajó un 85%» y que «la mayorista arrancó con cero siendo 0,8%». La desaceleración del índice mensual es real: la inflación minorista de julio de 2026 se ubicó en torno al 2,5% mensual, muy por debajo del 25,5% registrado en diciembre de 2023. Pero esa comparación omite deliberadamente lo acumulado en el camino. Desde el inicio de la gestión libertaria, los servicios públicos y el transporte acumularon subas superiores al 525% y 912% respectivamente, según datos del IIEP (UBA-CONICET). El gas subió más del 748%, el agua un 365%, la electricidad un 339%. Esos aumentos no se revierten cuando «baja» la inflación mensual; se consolidan como un piso permanentemente más alto para los hogares.
La inflación interanual de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) se mantuvo en 32,8% a marzo de 2026, según el INDEC, sobre una base que ya venía erosionada por las devaluaciones previas. El propio Presupuesto 2025 del gobierno proyectaba una inflación acumulada del 24,5% para todo ese año; los datos a noviembre de 2025 ya marcaban 27,9%, superando la meta antes de cerrar el ejercicio. El contraste entre las proyecciones oficiales y la realidad es una constante de esta gestión, no una excepción.
El «mandato cumplido» que Chequeado no encontró
Milei aseguró en el Consejo de las Américas que cumplió sus promesas de campaña. Sin embargo, al cumplirse el primer año de gestión en 2024, el organismo de verificación Chequeado señaló que solo el 10% de sus compromisos principales estaba efectivamente cumplido. Entre los incumplimientos más resonantes: la dolarización prometida no se realizó, el cepo cambiario se mantuvo durante la mayor parte del mandato y recién se flexibilizó parcialmente en 2025, y la «baja de impuestos» no incluyó a los sectores de menores ingresos, que siguieron soportando la presión del IVA sobre una canasta básica en suba permanente.
El gasto primario total acumuló una caída real del 31% desde diciembre de 2023. Las transferencias a provincias cayeron un 66%, los programas sociales un 61%, el gasto de capital un 86% y los fondos a universidades nacionales un 20%, según datos del propio Foro Economía y Trabajo, elaborados sobre información del Ministerio de Economía. Ese es el «mandato cumplido» que el presidente no mostró en el Consejo de las Américas.
El gabinete que habló antes que el presidente
Antes de que Milei subiera al atril, media docena de funcionarios se turnaron para defender los resultados del gobierno ante el mismo auditorio. El jefe de Gabinete, Diego Santilli, el viceministro de Economía, José Luis Daza (el ministro Luis Caputo no participó por problemas de salud), el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, y el canciller Pablo Quirno ofrecieron sus propias versiones del relato oficial. La secuencia no fue casual: el Consejo de las Américas es uno de los espacios privilegiados de interlocución entre el gobierno libertario y el capital financiero internacional, y el mensaje que se envía allí tiene consecuencias concretas sobre el acceso al crédito externo y la percepción de riesgo del país.
El aborto, el empleo y los datos que «no importan»
En un momento del discurso que combinó doctrina económica con agenda ideológica, Milei vinculó la caída de la natalidad con la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, a la que calificó como «la locura de los pañuelitos verdes», y afirmó que «esa pasión por asesinar niños nos está costando en términos de crecimiento y del sistema previsional». La afirmación no tiene respaldo en ningún estudio demográfico serio: la natalidad en Argentina venía cayendo de manera sostenida desde antes de la sanción de la ley en 2020, en línea con tendencias regionales y globales que los especialistas atribuyen a factores socioeconómicos, educativos y culturales.
También descartó como «una estupidez» decir que «la gente no llega a fin de mes». Los datos del INDEC de 2025 mostraron que la pobreza se ubicó por encima del 38% y que la indigencia afectó a más de un 8% de la población, porcentajes que en términos absolutos representan millones de personas cuya experiencia cotidiana desmiente puntualmente la visión presidencial. Milei reconoció que «la foto es horrible, pero la película sigue siendo la mejor de la historia argentina». La metáfora sintetiza con precisión el núcleo de su estrategia comunicacional: pedir paciencia mientras la evidencia disponible muestra el impacto concreto del ajuste sobre los sectores más vulnerables.
Puntos clave
- Milei afirmó en el Consejo de las Américas que ya cumplió con sus promesas electorales, pero Chequeado verificó en 2024 que solo el 10% de sus compromisos principales estaba efectivamente cumplido.
- El crecimiento del 8,3% que citó el presidente se mide desde el piso histórico de 2024, el peor año económico en dos décadas, y los indicadores de 2026 muestran señales de freno.
- Los servicios públicos acumularon aumentos superiores al 525% desde diciembre de 2023, con el transporte rozando el 912%, según datos del IIEP (UBA-CONICET).
- El gasto social cayó un 61% en términos reales y el gasto de capital, un 86%, desde el inicio de la gestión.
- La afirmación de Milei sobre la Ley del Aborto como causa de la caída de la natalidad no tiene respaldo en estudios demográficos y contradice tendencias previas a la sanción de la norma.
Consumo
El lujo del asado: comemos menos carne que en cualquier momento de los últimos 20 años
En julio de 2026 los argentinos consumieron apenas 46,3 kilos de carne vacuna por persona al año, el mínimo en más de dos décadas. La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (CICCRA) relevó que la faena se contrajo casi un 10% y la oferta interna se desplomó, mientras las exportaciones crecieron un 8,8% y las ventas a Estados Unidos se triplicaron.
El asado del domingo, símbolo cultural e identitario de nuestro país, se volvió un lujo cada vez más difícil de sostener para las familias trabajadoras. Un nuevo informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) reveló que en julio de 2026 el consumo per cápita de carne vacuna cayó a 46,3 kilos por persona al año, el nivel más bajo registrado en más de 20 años, con una caída de casi 5 kilos respecto de igual período de 2025.
Este medio publicó en junio pasado los datos correspondientes al período enero-mayo, cuando el indicador ya marcaba 47,5 kilos anuales. La tendencia no solo se mantuvo sino que se profundizó.
Menos faena, menos oferta: el ajuste llega a la góndola
La caída del consumo no es un fenómeno de preferencias sino de disponibilidad y precio. Según el relevamiento de la CICCRA, entre enero y julio de 2026 se procesaron 7,09 millones de cabezas, un 9,8% menos que en el mismo período de 2025. Esa contracción de la faena se tradujo en una oferta de apenas 1,202 millones de toneladas para el mercado interno, una caída del 12% interanual. Menos animales faenados significan directamente menos carne en carnicerías y supermercados, y precios más altos para lo que queda en el mostrador. El asado dejó de ser un bien accesible para convertirse en un gasto que requiere planificación.
Las exportaciones en alza: el negocio mira para afuera
Mientras la mesa de los argentinos se vacía, el puerto se llena. En los primeros siete meses de 2026 se exportaron 487.200 toneladas de carne vacuna, un 8,8% más que en igual período de 2025. Solo en junio, el ingreso de divisas por exportaciones de carne alcanzó USD 427,8 millones, un salto del 40,4% interanual, con un precio promedio de USD 7.880 por tonelada, casi el doble de lo que vale la carne importada.
El gran motor del crecimiento exportador fue Estados Unidos, que amplió su cupo de importación de carne argentina de 20.000 a 100.000 toneladas. En el primer semestre del año, el mercado norteamericano adquirió 54.150 toneladas, un incremento del 193,9% frente al mismo lapso de 2025. China sigue siendo el principal comprador en volumen, pero perdió terreno relativo frente al avance del mercado estadounidense como destino de mayor valor agregado y precio por tonelada.
¿El modelo uruguayo? Importar barato para exportar caro
El sector ganadero y frigorífico analiza abiertamente un modelo de negocios que tiene a Uruguay como referencia: importar carne de Brasil a precio bajo para abastecer el mercado interno, y destinar la producción nacional a mercados de exportación donde los precios son sustancialmente más elevados. La lógica es matemáticamente clara: la carne importada desde Brasil puede ingresar a alrededor de USD 4 por kilo, mientras que la tonelada de exportación se vende a cerca de USD 8. Con precios internacionales proyectados en niveles altos hasta 2033, el incentivo económico para priorizar el mercado externo es estructural y no coyuntural.
Esta orientación plantea una tensión política y social de fondo. El acceso a la carne vacuna no es solo una cuestión alimentaria sino cultural, y su retiro de la mesa popular es también un indicador del deterioro del poder adquisitivo de la clase trabajadora. Las familias argentinas no dejaron de comer proteínas, como mostraron los datos de cobertura previa de este medio: migraron al pollo y al cerdo, que durante 2025 y 2026 acumularon subas de precios menores que la carne vacuna. Pero esa sustitución no es una elección libre sino una adaptación forzada al ajuste.
Un mínimo que no es casualidad
El desplome del consumo de carne vacuna a mínimos de 20 años se inscribe en una secuencia más amplia de contracción del consumo popular que este medio viene documentando. Los datos de la consultora Scentia mostraron caídas sostenidas en el consumo masivo durante 2025 y el primer semestre de 2026. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) relevó en julio siete meses consecutivos de baja en las ventas minoristas de pymes, con una caída del 3,8% interanual. La carne no es una excepción al patrón general: es su expresión más visible y culturalmente resonante.
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