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“Caiga quien caiga”: el vice boliviano rompe el silencio y pone en jaque al presidente Paz por Cerimedo

El vicepresidente Edmand Lara calificó el ataque a Nadia Beller como «un atentado a la democracia» y exigió al presidente Rodrigo Paz que le explique al pueblo boliviano cómo llegó Fernando Cerimedo a tener tanto poder dentro del gobierno. «Decidía desde adentro y desde afuera», denunció Lara, quien advirtió además que medios oficialistas ya intentan minimizar lo sucedido.

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El vicepresidente exigió al presidente Rodrigo Paz que explique públicamente cómo y quién introdujo a Cerimedo en el gobierno.

La detención de Fernando Cerimedo en Bolivia, investigado como presunto autor intelectual del ataque a balazos contra la abogada y activista Nadia Beller, abrió una fisura profunda en el gobierno del presidente Rodrigo Paz. El vicepresidente Edmand Lara, abiertamente distanciado del primer mandatario, rompió el silencio y exigió explicaciones sobre el nivel de influencia que el consultor político argentino ejerció durante meses en las entrañas del Estado boliviano.

«Cerimedo participaba en las reuniones de Gabinete, incidía en la designación de gente en los ministerios, hablaba en nombre del presidente, manejaba la línea editorial de algunos medios, bajaba línea y operaba la comunicación del gobierno desde afuera y también desde adentro», afirmó Lara en declaraciones públicas que generaron un impacto político inmediato en La Paz.

El vicepresidente que fue al gabinete menos que el asesor

Lo más revelador del testimonio de Lara no fue solo lo que dijo sobre Cerimedo, sino lo que implicó sobre su propio lugar en el esquema de poder. «Con la responsabilidad que cargo de vicepresidente de Bolivia, Cerimedo estuvo en las dos únicas reuniones de Gabinete en las cuales me dejaron participar como vicepresidente. Cerimedo participaba más en las reuniones que el vicepresidente que fue electo democráticamente«, señaló con contundencia.

La imagen resultante es la de un asesor externo, sin cargo formal, sin contrato público y sin control parlamentario, que ocupó un lugar de poder real por encima del segundo funcionario más importante del Estado. El propio Lara lo formuló sin ambigüedades: «Bolivia no puede acostumbrarse a que alguien sin cargo, sin contrato y sin control tome decisiones de Estado».

La exigencia al presidente Paz

Lara fue directo en su interpelación al jefe de gobierno. «Quiero que el presidente Rodrigo Paz le explique al pueblo de Bolivia de dónde vino Fernando Cerimedo, cómo llegó a tener tanto poder, quién lo puso donde estaba», planteó el vicepresidente. Y amplió la demanda más allá del proceso penal: «Con la justicia penal no basta, el país merece saber cómo llegó Cerimedo a Bolivia, de dónde vino, quién lo trajo, cómo ingresó al país».

La pregunta tiene peso político concreto. Cerimedo, fundador de La Derecha Diario en Argentina y figura de la red internacional de comunicación estratégica de ultraderecha, llegó a Bolivia con vínculos documentados en el entorno de Javier Milei y conexiones en el ecosistema político-mediático de Jair Bolsonaro. Su inserción en el aparato comunicacional del gobierno de Paz no fue un accidente; fue el resultado de una operación de influencia que el vicepresidente boliviano ahora exige que se transparente.

La democracia, bajo ataque según el vice

Respecto al ataque armado contra Beller, que sobrevivió con tres impactos de bala, Lara fue categórico en su caracterización política del hecho. «Es un atentado a la democracia», dijo, y reclamó que la investigación avance «a fondo y que caiga quien caiga». La frase no es menor en un contexto donde la víctima es una abogada y activista que desarrolló una intensa actividad pública crítica.

Lara advirtió además sobre un patrón que reconoció en curso: «Ahora vemos que algunos medios de comunicación han empezado a minimizar o a desviar lo sucedido», denunció, y subrayó que esa operación de encubrimiento mediático no es casual. «Esto no merece la gente; la gente merece que se le cuente la verdad: Fernando Cerimedo existió, tuvo poder y decidió en el gobierno de Bolivia», completó.

Un espejo boliviano del conflicto Milei-Villarruel

El enfrentamiento entre Lara y Paz replica, en clave boliviana, la fractura que sacude al gobierno argentino entre Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel, una mujer que no tardó en ironizar públicamente sobre la detención de Cerimedo el mismo día en que se conoció la noticia, con una publicación en redes sociales que muchos leyeron como un distanciamiento deliberado del personaje. En Bolivia, la tensión tiene una dimensión adicional: el vicepresidente fue excluido sistemáticamente de las decisiones de gobierno mientras un asesor externo sin cargo ni mandato popular tomaba su lugar en las reuniones más reservadas del Estado.

«La democracia se defiende con transparencia; la justicia se defiende siempre diciendo la verdad», cerró Lara. La frase suena a programa político tanto como a denuncia. En Bolivia, como en Argentina, la pregunta que orbita el caso Cerimedo es siempre la misma: quién habilitó ese poder en las sombras, y por qué.

Puntos clave

  • Edmand Lara denunció que Cerimedo asistió a las dos únicas reuniones de Gabinete en las que él mismo participó como vicepresidente.
  • El vicepresidente exigió al presidente Rodrigo Paz que explique públicamente cómo y quién introdujo a Cerimedo en el gobierno.
  • Lara calificó el ataque a Nadia Beller como «un atentado a la democracia» y reclamó que la investigación avance «caiga quien caiga».
  • Advirtió que medios oficialistas ya comenzaron a intentar minimizar los hechos.
  • Cerimedo enfrentó su negativa a declarar ante la fiscalía boliviana, que lo investiga como presunto autor intelectual del ataque a balazos.

Elecciones

Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25

Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.

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Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.

El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.

El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.

Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.

Lo que las encuestas no vieron venir

Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.

La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.

Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico

La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.

A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.

El mapa territorial y los puntos de quiebre

La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.

Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.

El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa

Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.

Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.

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