En el Día de la Visibilidad Trans, continúa la desesperada búsqueda de Tehuel
Con dos detenidos en la causa, Ramos y Montes, por entorpecimiento de la investigación y falso testimonio, la ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual bonaerense, Estela Díaz, pidió que «no paren de buscar» al joven trans y diversas organizaciones del colectivo LGTBIQ+ se manifestaron a lo largo de todo el país.
La ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires, Estela Díaz, se reunió con familiares Tehuel de la Torre, el joven trans desaparecido en el partido de San Vicente el 11 de marzo último, y aseguró que «la provincia está presente, trabajando con el Ministerio de Seguridad y con nuestro equipo en la búsqueda».
«Fue muy importante la movilización del viernes. El pedido por Tehuel está muy instalado. No hay que parar de buscar, hay que poner todos los esfuerzos», sostuvo la ministra tras el encuentro con los familiares del joven trans.
Díaz destacó la importancia de tener un Ministerio de las Mujeres que acompañe a los familiares en estas situaciones, para «estar cerca como Estado». La cartera bonaerense trabaja desde el 19 de marzo último en el territorio con un equipo abocado al seguimiento de la investigación y a colaborar activamente con iniciativas y articulaciones.
Según detalló un comunicado ministerial, se propició una mesa de trabajo conjunta con el Ministerio de Justicia, el Ministerio de Seguridad, la municipalidad específicamente el Área Género y la Unidad Fiscal de Investigación de San Vicente.
Norma, la mamá de Tehuel, agradeció «la visita» de la funcionaria porque «es importante el acompañamiento» . Por su parte, la hermana de Tehuel explicó que «ahora estamos haciendo pegatina con fotos de Tehuel en distintos puntos de la ciudad, en la estación de trenes, para la búsqueda. En esa tarea está abocada la novia de Tehuel».
Respecto al caso, la Subsecretaria de Políticas contra las Violencias por Razones de Género, Flavia Delmas, precisó que «es importante que la causa avance con medidas que parten de la investigación».
En tanto, la Directora de Intervención de Casos Críticos y Alto Riesgo, Agostina Balastegui, agregó que «los recursos están puestos en encontrarlo con rapidez y celeridad. Están trabajando peritos informáticos sin descanso en la búsqueda de datos».
Por otra parte, la ministra Estela Díaz se reunió también con el intendente de San Vicente, Nicolás Mantegazza, para conversar sobre la búsqueda de Tehuel y el acompañamiento a la familia.
Las organizaciones de la comunidad LGTBIQ+ se reunieron este miércoles desde las 16 en el Congreso de la Nación y distintos puntos del país en el «Día de la visibilidad travesti- trans» reclamando entre otras cosas la aparición con vida de Tehuel.
Los detalles de la desaparición
Tehuel, quien vive en San Vicente, fue visto por última vez alrededor de las 19 del 11 de marzo último, cuando salió de su domicilio rumbo a la estación de trenes de Alejandro Korn, en el suroeste del conurbano bonaerense, hacia una entrevista laboral de la que nunca regresó.
Tras la denuncia que hizo su pareja, la Policía y la fiscal Karina Guyot desplegaron diversos operativos, entre ellos en la casa de Luis Alberto Ramos, el hombre que lo había convocado por un trabajo y que, según fuentes de la pesquisa, tiene antecedentes de violencia y por venta de drogas.
Los investigadores llegaron a esa casa ubicada en la calle Mansilla número 1203 no sólo porque era la persona a la que el joven iba a ver sino porque, además, el celular de Tehuel estuvo por última vez activo en esa zona desde las 19.45 del día de la desaparición hasta las 0.30 del día siguiente.
Las fuentes detallaron que en una excavación realizada en la casa del sospechoso se encontró un teléfono incendiado y algunas prendas que podrían pertenecer al joven. Ramos reconoció haberse encontrado con Tehuel el 11 de marzo a las 16.30, pero sostuvo que no fueron a ningún evento y que cada uno se fue por su lado.
Al continuar con la pesquisa también se allanó la vivienda de la madre de Ramos, donde se secuestraron dos teléfonos celulares. Fuentes judiciales aseguraron que un menor de edad declaró en el marco de la investigación y dijo que el día 13 de marzo a la mañana «había tres personas limpiando la casa de Ramos, sacando bolsas de residuos negras».
Un joven de 21 años declaró haber visto a Tehuel el viernes 12 «en la canchita del barrio junto con Luis Alberto Ramos, cuando éste quiso increpar a unos pibes y lo sacaron corriendo tirándole piedras». Ese testigo reconoció a Tehuel mediante fotografía, confió una fuente policial.
Con todos estos elementos, la Justicia ordenó la detención de Ramos, que se concretó cuando quiso ingresar a la casa de una expareja, ubicada en la calle Núñez 1119, de Dock Sud. Ramos se había rapado, tenía una boina y barbijo y llevaba una mochila con una manta y un cuchillo verijero, que le fue secuestrado por la Policía.
Por el hecho también fue detenido un chatarrero identificado como Oscar Alfredo Montes (46), a quien la fiscal Karina Guyot imputó el delito de «encubrimiento en concurso real con falso testimonio».
“Rezamos cada mañana para no dormir en la calle”: huyó de la violencia machista en Argentina y denuncia abandono en España
Valeria De Bernardinis habló con El Argentino sobre la violencia que la obligó a huir del país junto a sus hijos. Hace siete años viven en España entre la precariedad, las secuelas psicológicas y el temor de quedar en la calle, mientras reclaman ayuda urgente del consulado argentino y que la Justicia los reconozca como víctimas para acceder a derechos básicos.
“Vivimos el día a día, prácticamente no tenemos para comer. Rezamos cada mañana para no dormir en la calle esa misma noche”. La frase sale de la boca de Valeria De Bernardinis, pero atraviesa a toda la familia. «Hace 7 años y 145 días» vive en España junto a sus dos hijos menores -hoy 16 y 19 años-, uno de ellos con autismo severo y el otro diagnosticado con trastorno por estrés postraumático. Escaparon de Argentina después de años de violencia extrema, amenazas y denuncias que -asegura- nunca lograron protegerlos del todo.
Hoy, lejos de encontrar tranquilidad, dice sentirse nuevamente abandonada. “El consulado argentino nos ha abandonado literalmente”, denuncia, al tiempo que reclama una vivienda urgente, la restitución de la pensión por discapacidad de uno de sus hijos -suspendida desde febrero- y que la Justicia española finalmente los reconozca a los tres como víctimas de violencia machista, condición que les permitiría acceder a asistencia económica, programas habitacionales y derechos básicos.
Un botón antipánico y 148 denuncias
La historia que hoy la tiene al borde de quedar en la calle comenzó mucho antes de España. Valeria ya era madre de un hijo de 11 años de un matrimonio anterior cuando conoció a Dionisio Ruiz Díaz a comienzos de los 2000. “Él lo quería más que a sus propios hijos”, recuerda con angustia.
Al principio, la violencia fue silenciosa: “Me fue apartando de mis amistades, de todo mi entorno. Me hacía creer que sin él yo no era nadie”. Después llegaron los golpes: “Perdí cinco embarazos por las palizas”. Durante años ocultó la violencia incluso frente a médicos y conocidos. “Decía que me había caído o golpeado con una puerta”, y confiesa que sentía «vergüenza«.
Valeria asegura que convivió durante años con miedo constante. En octubre de 2016 consiguió una perimetral y fue una de las primeras mujeres de Almirante Brown en recibir un botón antipánico. “A mí ese botón me salvó la vida”, asegura.
Pero ni las denuncias ni las restricciones alcanzaron para frenar a su agresor. Según relata, violentaba las órdenes de alejamiento y vigilaba la vivienda permanentemente. Valeria llegó a realizar “59 denuncias en lo civil y 89 en lo penal”. El episodio que terminó de quebrarlo todo ocurrió una semana antes de viajar a España. Según cuenta, su expareja intentó incendiar la casa familiar de Claypole mientras ella y los chicos estaban adentro: “Escondí a mis hijos debajo de la cama y pensé: ‘Que sea lo que Dios quiera’”.
Asimismo, cuenta que la policía llegó después de la activación del botón antipánico y que el hombre «fue detenido con un bidón de combustible en la mano». Sin embargo, horas después recuperó la libertad: “Me dijeron que cuando llegara a mi casa avisara para poder soltarlo”.
Dormían todos juntos en el comedor mientras patrulleros vigilaban la casa durante la noche. Para llevar a su hijo a las terapias necesitaba custodia policial. “A cada hora me llamaban para ver si seguía viva”.
Cabe señalar que la historia de Valeria refleja una problemática estructural que se repite en muchos casos de violencia de género: mujeres que denuncian durante años y aun así continúan expuestas a situaciones extremas. Según el Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”, de La Casa del Encuentro, durante 2025 hubo 262 víctimas fatales de violencia de género en Argentina: un femicidio cada 33 horas.
Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.
En esta misma línea, la Asociación Civil “Ahora que sí nos ven” registra que entre el 1 de enero y el 30 de abril de 2026 hubo 80 víctimas fatales de violencia de género: un femicidio cada 36 horas. Casi el 20% de esas mujeres había denunciado previamente y en el 70% de los casos los agresores eran parejas o exparejas.
“Hasta que no subí al avión no sabía si iba a seguir con vida”
Después de aquél episodio, escapar fue la única alternativa posible. Valeria consiguió la autorización del padre para sacar legalmente a los chicos del país, vendió su casa y armó las valijas de madrugada. “Hasta que no subí al avión no sabía si iba a seguir con vida”, confiesa.
El refugio apareció a través de Facebook. Una familia española le ofreció alojamiento después de conocer su historia. Pero cuando llegó, asegura, todo fue distinto: “Me usaron”.
Según relata, le quitaron dinero, contactos y documentación y, cuando “se acabó el dinero”, los echaron de la casa en plena pandemia. “Dormíamos en el piso y nos tapábamos con nuestra propia ropa”.
Durante estos años distintas asociaciones y personas particulares les brindaron ayuda. Pero con el tiempo -dice- muchos terminaron alejándose por el desgaste emocional y económico que implicaba sostener una situación tan prolongada. La sensación de haber cometido un error la acompañó desde el comienzo: “Sentí que había cometido el peor error de mi vida”.
El miedo siguió en España
Los hijos de Valeria llegaron a España siendo apenas chicos. Tenían 9 y 11 años. Atrás habían quedado las denuncias, los patrulleros y la violencia cotidiana. Pero el miedo -asegura- nunca desapareció del todo.
El menor fue diagnosticado con un grave trastorno por estrés postraumático. “El desarraigo es enorme. Mi hijo extraña a su hermano mayor, que se quedó en Argentina, y no puede con todo lo que vivimos”, cuenta.
Según relata, las secuelas psicológicas se profundizaron con los años. El menor atravesó situaciones de bullying y discriminación escolar que terminaron afectando seriamente su salud emocional.
Pero lo peor volvió a ocurrir hace tres años. Valeria asegura que su expareja logró encontrarlos en España y secuestró durante varias horas a uno de sus hijos. “Creo que me desmayé cien veces en ese lapso”.
Todavía hoy recuerda esas horas como uno de los momentos más desesperantes de su vida. Para ella, hubo fallas graves que permitieron el ingreso de su agresor al país. “No falló el juez. Falló la policía”.
“No quiero dormir en la calle con mis hijos”
Siete años después de haber escapado de Argentina, Valeria asegura que volvió a sentir el mismo miedo: quedarse sola, sin protección y sin un lugar donde vivir. “La situación es cada vez peor. Vivimos el día a día. Prácticamente no tenemos para comer”, relata.
Hoy reclama que la Justicia española finalmente cierre el expediente y los reconozca formalmente como víctimas de violencia machista, algo que -según denuncia- permanece paralizado desde hace más de siete años en el Juzgado Nº3 de Sant Feliu de Guíxols.
En España, ese reconocimiento puede habilitar el acceso a asistencia económica, programas de vivienda, apoyo psicológico y otras ayudas sociales específicas. “Hasta que no nos reconozcan como víctimas, no podemos acceder a derechos básicos”, explica.
A eso se suma otra urgencia: desde febrero dejó de cobrar la pensión por discapacidad de uno de sus hijos. “Era lo único que me llegaba. Y hasta eso me sacaron”. Valeria asegura haber presentado toda la documentación requerida, incluida la fe de vida ante el consulado argentino en Barcelona, pero afirma que todavía no obtuvo respuestas.
La situación no es aislada. En distintos puntos de Argentina, familias vienen denunciando suspensiones de pensiones por discapacidad, demoras administrativas y falta de respuestas oficiales, en un contexto atravesado por auditorías impulsadas por el Gobierno nacional que alcanzaron a más de 110.000 beneficios durante el último año.
Pero detrás de los expedientes, las auditorías y las demoras administrativas, la urgencia de Valeria y sus hijos es mucho más simple y brutal: sobrevivir. Sin ingresos estables y con miedo constante a quedarse en la calle, intenta sostener a sus hijos como puede. “No quiero dormir en la calle con mis hijos”, repite.
Y aunque el miedo y el agotamiento parecen haber atravesado cada etapa de su vida, hay una ausencia que todavía le duele más que cualquier otra: la de su hijo mayor, que permanece en Argentina y al que no ve desde hace más de siete años. “¿Sabés lo que daría por un abrazo?”, dice con la voz quebrada.
Si queres colaborar con Valeria:
Banco BBVA a nombre de María Valeria De Bernardinis
“Hoy no sé quién soy”
La historia de Valeria también atraviesa otra búsqueda: la de su identidad. En Argentina, Abuelas de Plaza de Mayo estima que todavía quedan alrededor de 300 hombres y mujeres que podrían haber sido apropiados durante la última dictadura militar y aún desconocen su verdadera identidad. “Yo siempre supe que era adoptada”, cuenta.
Según relata, fue criada por un matrimonio italiano y sufrió violencia durante toda su infancia. “Yo siento que me criaron mis secuestradores”.
Años después, mientras revisaba viejas valijas familiares, encontró partidas de nacimiento y comenzó a investigar sus orígenes. Así fue como Valeria logró descubrir quién era su madre biológica. Se llamaba Teresa Sandoval y trabajaba en una casa de Capital Federal.
“Hay toda una historia oscura detrás”, que incluso la llevó a sospechar que pudo haber sido víctima de apropiación ilegal durante la última dictadura militar. “Cuando mi mamá dio a luz, el hijo de esa familia se fue a Israel y la abuela se suicidó. Hay muchas cosas que nunca pude entender”. Hoy, sigue buscando respuestas: “No sé quién soy”.
Línea 102 Si necesitas ayuda o conoces a alguien que esté expuesto a violencia, llamá al 102. Es un servicio gratuito y confidencial, de atención especializada sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. Podés llamar ante una situación de vulneración de derechos. Si vivís una emergencia llama al 911.