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Falleció Raquel Hermida, defensora de víctimas de violencia machista

La penalista fue figura central en casos emblemáticos de violencia de género y dejó una huella jurídica en el reconocimiento de la legítima defensa.

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Lo que tenés que saber

  • Tenía 63 años y murió por una afección cardíaca en el CEMIC, en CABA.
  • Representó a Nahir Galarza, Calu Rivero y otras mujeres en causas mediáticas.
  • Logró precedentes judiciales en defensa de mujeres que sufrieron violencia.
  • Su trayectoria combinó litigio penal, activismo feminista y formación académica.
  • Fue crítica del trato mediático hacia las abogadas feministas.

Murió Raquel Hermida Leyenda, abogada penalista y pionera en causas de género

Raquel Hermida Leyenda, reconocida abogada penalista especializada en violencia de género, murió este domingo a los 63 años en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a raíz de una afección cardíaca. Su fallecimiento ocurrió durante la madrugada en el CEMIC, según confirmó su entorno familiar.

Defensora en causas emblemáticas

Egresada de la Universidad Católica Argentina (UCA), Hermida representó legalmente a Nahir Galarza entre 2020 y 2022, la joven condenada a prisión perpetua por el homicidio de su pareja, y también a la actriz Calu Rivero en su denuncia por abuso contra el actor Juan Darthés.

A lo largo de su carrera, intervino en numerosos casos que marcaron precedentes jurídicos. Uno de los más destacados fue el de Beatriz López, donde la Cámara de Casación Penal bonaerense la eximió por haber actuado en legítima defensa frente a un agresor sistemático.

Fallos que marcaron jurisprudencia

Hermida Leyenda logró la absolución de Mafalda Secreto, una mujer de Pergamino acusada de matar a su marido en un contexto de violencia de género. En otro caso, logró la condena a prisión perpetua de Rubén Carrazzone por femicidio, sin que apareciera el cuerpo de la víctima.

También formó parte del juicio contra el exfutbolista Alexis Zárate, condenado por violación. En ese proceso, su trabajo fue decisivo para que la Justicia aceptara como pruebas válidas tanto los informes psicológicos como el testimonio de la víctima.

“Hay mujeres que en un 70% resuelven su vida gracias a la Justicia. Pero hay un 30% que no lo logra, que espera algo más, y en esa espera se les va la vida”, sostuvo en una entrevista.

Trayectoria marcada por el compromiso

Nacida el 19 de diciembre de 1959 en el Centro Gallego de Buenos Aires, Hermida fue hija de inmigrantes españoles. Cuando sus padres decidieron regresar a España, ella optó por quedarse en Argentina para terminar su carrera de Derecho.

“En los medios suelen llamarme abogada feminista, pero usan el término como un ninguneo”, expresó en diálogo con el sitio Feminacida. “Cuando llego a Tribunales se sorprenden: soy académica y los dejo en evidencia”.

Una vida compartida también con sus mascotas

Su último posteo en redes sociales fue el 2 de mayo. En esa publicación, compartió una imagen junto a sus mascotas, a quienes consideraba parte fundamental de su vida.

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Senado: denuncian proyecto de “falsas denuncias” intenta silenciar a las víctimas

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos.

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Senado: qué pasa con el proyecto de “falsas denuncias”

El conversatorio “Derecho a la voz: contra la criminalización de quienes denuncian violencia” funcionó como una respuesta urgente frente al proyecto impulsado por Carolina Losada, que ya cuenta con dictamen de mayoría en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales. La iniciativa propone agravar las penas por falsa denuncia, falso testimonio y encubrimiento en casos de violencia de género, delitos sexuales y situaciones que involucren a niñas, niños y adolescentes.

Para quienes expusieron, el diagnóstico fue otro: no hay vacío legal ni problema empírico que justifique la reforma. Lo que sí aparece, señalaron, es una estrategia política para disciplinar a quienes denuncian y reinstalar el silencio.

Una arquitectura punitiva para desalentar la denuncia

La abogada Ileana Arduino, referente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales, desmenuzó el corazón del proyecto. Sostuvo que no se trata de una falla técnica sino de una decisión deliberada: utilizar el derecho penal como herramienta de control social.

Funciona como una extorsión procesal”, advirtió. El planteo es claro: en un sistema judicial que ya resulta hostil, la amenaza de una contra-denuncia penal empuja a las víctimas a no hablar. El resultado no es más justicia, sino menos denuncias.

Arduino también apuntó a un efecto colateral clave: la criminalización de las redes de acompañamiento. Equipos interdisciplinarios, profesionales y organizaciones quedarían bajo sospecha por intervenir en procesos donde la prueba suele ser compleja y el tiempo judicial, lento.

Construir un problema inexistente

La ministra bonaerense Estela Díaz fue directa: “Lo falso es el problema que quieren instalar”.

Respaldada por un documento con más de 1.700 firmas, sostuvo que las falsas denuncias no representan un fenómeno significativo en Argentina. En cambio, sí lo es la subdenuncia en casos de violencia y abuso.

Para Díaz, la iniciativa se inscribe en una narrativa política más amplia que cuestiona la existencia misma de la violencia de género. En ese marco, el proyecto no busca mejorar el sistema penal, sino desplazar el foco: de la protección de las víctimas a la sospecha sobre su palabra.

El miedo como política pública

Desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Natalia Gherardi aportó datos que desarman el argumento central del proyecto:

  • Solo una de cada cuatro mujeres en situación de violencia busca ayuda.
  • En abuso sexual infantil, más del 88% de los casos no llega a la Justicia.

En ese contexto, endurecer penas por denuncias “falsas” no resuelve un problema: crea otro. Introduce una amenaza concreta para quienes están obligados a denunciar, como establece la Ley Lucio.

La contradicción es evidente: el Estado exige denunciar ante la sospecha de abuso, pero al mismo tiempo instala el riesgo de persecución penal si la causa no prospera. El mensaje implícito, señalaron, es el silencio.

Convenciones internacionales vulneradas

La dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, María Elena Naddeo, cuestionó la compatibilidad del proyecto con los estándares internacionales.

Mencionó dos marcos normativos clave:

  • Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
  • Convención de Belém do Pará

Ambos obligan al Estado a garantizar el acceso a la justicia y a no generar obstáculos para denunciar violencia de género. La iniciativa, en cambio, invierte esa lógica: convierte a la denunciante en potencial imputada.

Naddeo también desarmó una de las falacias centrales: equiparar falta de prueba con falsedad. En delitos que ocurren en la intimidad, esa equivalencia no solo es errónea, sino funcional a la impunidad.

Datos incómodos para el oficialismo

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos. Se trata de una cifra marginal, que en general no está vinculada a violencia de género sino a otros delitos.

Sin evidencia empírica que justifique el endurecimiento penal, el proyecto queda expuesto como una definición ideológica: desplazar la centralidad de la víctima y reinstalar la sospecha sobre su palabra.

Efectos concretos: censura, desprotección e impunidad

El rechazo no se agota en el plano simbólico. Las organizaciones advirtieron consecuencias concretas:

  • Bozal mediático: limitaciones a la difusión de casos que han sido clave para visibilizar violencias.
  • Persecución profesional: equipos técnicos y redes de acompañamiento bajo amenaza penal.
  • Inseguridad jurídica: profesionales de salud y educación atrapados entre denunciar o protegerse.
  • Desaliento de denuncias: una profundización en la caída previsible en el acceso a la justicia.

En ese marco, el proyecto aparece como una herramienta de disciplinamiento que redefine el sistema: ya no se investiga al agresor, se sospecha de quien denuncia.

Una disputa de fondo: voz o silencio

Lo que se debatió en el Senado excede una reforma penal. Se trata de una disputa política y cultural: quién tiene derecho a hablar y bajo qué condiciones.

Frente a un escenario que intenta reinstalar el miedo como frontera, el feminismo articuló una respuesta clara. El derecho a la voz no es un privilegio ni una concesión: es un derecho humano básico.

Y su restricción, no fortalece la justicia. La debilita.

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