Mujeres
Jubilación por tareas de cuidado: más de 150 mil madres beneficiadas en 1 año
A través de esta política, la dependencia previsional reconoce un año de aporte por cada hija o hijo y 2 años de aportes por cada hija o hijo adoptado y, de forma adicional, un año por hija o hijo con discapacidad y 2 años si accedieron a la Asignación Universal por Hija e Hijo.
Más de 150 mil madres accedieron a la jubilación al cumplirse un año de la implementación del reconocimiento de aportes jubilatorios por tareas de cuidado, una política que busca reparar la desigual distribución de esas tareas generando condiciones para que más mujeres puedan acceder a un reconocimiento previsional.
El decreto 475/2021 firmado hace un año por el presidente Alberto Fernández, fue el elemento determinante para que la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) comenzara a reconocer aportes a las mujeres en condiciones de jubilarse por el cuidado de sus hijos e hijas.
En ese marco, la titular de la Anses, Fernanda Raverta, resaltó hoy que «el Reconocimiento de Aportes por Tareas de Cuidado es una reivindicación del trabajo de las madres argentinas que durante mucho tiempo se dedicaron a cuidar a otros y a otras y ahora les toca ser cuidadas por el Estado nacional que las acompaña en esta nueva etapa para que puedan cumplir sus sueños y proyectos pendientes».

«El Reconocimiento de Aportes por Tareas de Cuidado persigue el objetivo de reparar una desigualdad histórica y estructural en la distribución de esas tareas, reconociendo y valorando por primera vez en nuestro país el tiempo que las mujeres destinaron y destinan a la crianza de sus hijas e hijos, generando así las condiciones necesarias para que cada vez más mujeres puedan acceder a su jubilación», señaló la Anses en un comunicado.
A través de esta política, la dependencia previsional reconoce un año de aporte por cada hija o hijo y 2 años de aportes por cada hija o hijo adoptado y, de forma adicional, un año por hija o hijo con discapacidad y 2 años si accedieron a la Asignación Universal por Hija e Hijo
Además, contempla los plazos de licencia por maternidad y de excedencia a las mujeres que hayan hecho uso de estos períodos al momento del nacimiento de sus hijas o hijos.La medida, en tanto, puede complementarse con las moratorias vigentes (Ley N° 24.476 y Ley N° 26.970).
Por provincias, desde su implementación hay ya 61.003 nuevas jubiladas en la provincia de Buenos Aires; 13.743 en Córdoba; 12.706 en Santa Fe; 7761 en Mendoza; 6750 en Tucumán; 6513 en CABA; 6326 en Chaco; 6104 en Misiones y 5344 en Entre Ríos.En Corrientes suman 5315; 3811 en Santiago del Estero; 3647 en Salta; 3460 en San Juan; 2968 en Jujuy; 2623 en Río Negro; 2543 en Formosa; 2063 en Neuquén; 1945 en Chubut; 1945 en San Luis; 1660 en Catamarca; 1447 en La Pampa; 1091 en La Rioja; 753 en Santa Cruz; y 426 en Tierra del Fuego.
Espectáculos 🎭
Femicida en pantalla: la película «Barreda» no escapa del relato del asesino
El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra en La Plata. Tres décadas después, Prime Video estrena una película protagonizada por Luis Machín que reconstruye el caso, el juicio y la figura de las víctimas, aunque no todo lo que muestra tiene respaldo documental.
La pantalla volvió a poner en el centro de la escena uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. «Barreda», la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi (El Rapto), llegó a la plataforma este viernes y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por el odontólogo Ricardo Barreda en su casa de La Plata.
Luis Machín encarna al femicida; Carla Peterson interpreta a su esposa Gladys McDonald; Mercedes Morán da vida a la suegra Elena Arreche; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a las hijas Cecilia y Adriana. La producción recorre el crimen, el juicio oral de 1995 y algunas dimensiones más íntimas de la vida familiar del femicida, combinando hechos verificados con escenas de elaboración ficcional.
El arma que regaló la suegra: un dato confirmado
Uno de los elementos más fuertes del relato tiene sustento documental. La película muestra que la suegra de Barreda, Elena Arreche, le obsequió la escopeta con la que el odontólogo posteriormente mató a las cuatro mujeres de su familia. Se trata de una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma de origen español que el femicida utilizaba para la caza.
Durante el juicio oral, el propio Barreda declaró que el arma había sido un regalo de su suegra. El dato también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Según la declaración del acusado, después de los asesinatos se deshizo del arma arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también recrea.
Pirucha, la vidente: personaje real con un rol todavía discutido
El personaje interpretado por Paola Barrientos es uno de los que más puede generar dudas entre quienes no conocen el caso en detalle, pero tiene existencia real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como «Pirucha», fue una vidente que mantuvo un vínculo cercano con Barreda y que declaró en el juicio de 1995.
Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer lo habría persuadido de que las mujeres de su familia practicaban magia negra contra él y querían matarlo. La película fiel a ese relato muestra a Pirucha alimentando los miedos del odontólogo. También se retrata que, luego de cometidos los crímenes, Barreda pasó por su casa en busca de ayuda. De acuerdo al relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el asesino le dijo al llegar: «Me mandé una macana». La influencia real de Pirucha sobre las decisiones de Barreda fue debatida durante el proceso judicial, sin que se llegara a una conclusión definitiva sobre su responsabilidad.
Las hijas: vidas que la historia oficial silenció
La película reconstruye a Cecilia y Adriana Barreda como dos mujeres jóvenes con proyectos concretos: Cecilia planeaba mudarse con su pareja e instalar un consultorio odontológico en la casa familiar, mientras que Adriana estaba próxima a casarse. En la vida real, la historia de las víctimas quedó durante décadas relegada frente al relato construido alrededor de su asesino. Hay registros que confirman que el novio de Cecilia declaró como testigo en el juicio en contra de Barreda. Amigas de las jóvenes le dijeron al periodista Enrique Russo, en 1992, que evitaban ir a la casa porque Barreda «era mano larga». Las escenas que recrean vínculos y conversaciones cotidianas de las hijas pueden partir de datos fragmentarios, pero en buena medida se completan con elaboración ficcional.
La venta de la casa y el divorcio: sin respaldo documental
Uno de los elementos que la película presenta como detonante de la violencia es la intención de Gladys McDonald y su madre de vender la propiedad, junto con el deseo de Gladys de separarse definitivamente de Barreda. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando vender la casa en los términos que plantea el film. Distintas reconstrucciones del caso sí señalan que Barreda y su esposa habían atravesado una separación previa al crimen, aunque continuaban conviviendo bajo el mismo techo. La decisión de incorporar ese elemento como disparador dramático responde a una licencia narrativa de la dirección.
«Conchita»: el apodo que tal vez nunca existió
Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban «Conchita» como forma de humillación y que esa degradación constante había sido el motor de los crímenes. Con el tiempo, ese apodo se convirtió en uno de los elementos más recordados del caso.
La película va un paso más lejos: muestra que el propio Barreda construyó la idea de que lo llamaban así como parte de una estrategia de defensa, algo que no tiene una prueba definitiva. En 2011, el periodista Rodolfo Palacios publicó Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, donde puso en duda la veracidad del apodo y planteó que Barreda pudo haberlo inventado para justificar la masacre familiar y evitar la condena. La película toma esa hipótesis y la presenta como un hecho, cuando en rigor sigue siendo una versión periodística sin confirmación judicial.
Una historia que siempre corrió el riesgo de reproducir el relato del asesino
El caso Barreda fue durante años un ejemplo de cómo el sistema mediático y judicial argentino tendió a construir el relato desde la mirada del perpetrador, relegando a las víctimas a meros datos del expediente. La película de Goggi hace un esfuerzo visible por devolverle humanidad a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana, mostrando sus vínculos, sus proyectos y sus voces antes de los disparos.
Ese gesto no es menor en términos simbólicos. Al mismo tiempo, la producción no escapa del todo a la lógica del true crime que fascina con la figura del criminal, algo inherente al género y que el espectador tendrá que procesar con perspectiva crítica. «Barreda» llega a Prime Video en un momento en que el femicidio en Argentina sigue siendo una crisis estructural sin respuesta institucional suficiente, lo que hace que la pregunta sobre qué historia se cuenta y desde qué lugar no sea un detalle menor.
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