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Mujeres

El grito del 8M: “Nos están matando y la justicia no escucha las denuncias previas”

Miles de mujeres marcharon en todo el país para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora; el epicentro fue el Congreso Nacional tras una masiva concentración frente al domicilio de Cristina Fernández de Kirchner.

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​★ La movilización por el Día Internacional de la Mujer (8M) congregó este lunes a miles de personas en distintos puntos de la Argentina, con una convocatoria central que se desplazó desde las inmediaciones del Congreso Nacional hacia la Plaza de Mayo. La jornada, que buscó visibilizar las desigualdades de género y la violencia machista, estuvo marcada por el reclamo de justicia ante la cifra de 43 femicidios registrados en lo que va del año, según datos del observatorio «Ahora que sí nos ven».

​Concentración y apoyo en Constitución

​Las actividades comenzaron con una vigilia en la intersección de las calles San José y Humberto I, frente al domicilio de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Diversas agrupaciones y mujeres autoconvocadas se reunieron en el lugar para expresar su apoyo a la exmandataria, a quien calificaron como una «presa política» víctima de una «justicia corrupta».

​Durante la tarde, la exvicepresidenta salió al balcón de su residencia para saludar a las manifestantes, quienes realizaron cánticos en reconocimiento a los derechos adquiridos durante sus gestiones, como la moratoria previsional para amas de casa, las becas Progresar y la Asignación Universal por Hijo (AUH).

​El crudo relato de los «Atravesados por el femicidio»

​El punto neurálgico de la marcha se situó en el Congreso, donde el grupo «Atravesados por el femicidio», que nuclea a más de 200 familias, expuso la falta de respuestas judiciales. Marcela Morera, madre de Julieta Mena (asesinada en 2015), y familiares de otras víctimas como Alicia Vallejos y Florencia Cuenca, denunciaron la demora en las condenas firmes y la desprotección estatal.

​Entre los testimonios más alarmantes, Violeta Flavia Cooperman, madre de Florencia Cuenca (asesinada en diciembre de 2024), denunció que el femicida continúa hostigándola por redes sociales desde el interior de la cárcel utilizando un teléfono celular. Asimismo, familiares de víctimas de Cañuelas y Florencio Varela señalaron que en muchos casos existían denuncias previas por violencia que fueron desestimadas por la justicia bajo carátulas de «lesiones leves».

​Crisis económica y precarización laboral

​La movilización también funcionó como caja de resonancia de la situación social. Manifestantes consultadas expresaron su preocupación por el impacto de la crisis económica y las recientes reformas laborales. Se mencionaron casos de empresas lácteas y granjas que, tras la firma de nuevas normativas, habrían comenzado a ofrecer el pago de medio sueldo a sus empleados o avanzado con despidos masivos; situación que profundiza la vulnerabilidad de las mujeres trabajadoras.

Puntos clave:

  • ​La movilización principal se realizó desde el Congreso Nacional hacia Plaza de Mayo.
  • ​El observatorio «Ahora que sí nos ven» registró 43 femicidios en el transcurso del año 2026.
  • Cristina Fernández de Kirchner saludó a las manifestantes desde su balcón en el barrio de Constitución.
  • ​Familiares de víctimas denunciaron que los detenidos mantienen acceso a teléfonos móviles para continuar el acoso.
  • ​Se registraron reclamos específicos por la aplicación de recortes salariales en empresas como lácteos Verónica. ★

Espectáculos 🎭

Femicida en pantalla: la película «Barreda» no escapa del relato del asesino

El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra en La Plata. Tres décadas después, Prime Video estrena una película protagonizada por Luis Machín que reconstruye el caso, el juicio y la figura de las víctimas, aunque no todo lo que muestra tiene respaldo documental.

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La pantalla volvió a poner en el centro de la escena uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. «Barreda», la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi (El Rapto), llegó a la plataforma este viernes y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por el odontólogo Ricardo Barreda en su casa de La Plata.

Luis Machín encarna al femicida; Carla Peterson interpreta a su esposa Gladys McDonald; Mercedes Morán da vida a la suegra Elena Arreche; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a las hijas Cecilia y Adriana. La producción recorre el crimen, el juicio oral de 1995 y algunas dimensiones más íntimas de la vida familiar del femicida, combinando hechos verificados con escenas de elaboración ficcional.

El arma que regaló la suegra: un dato confirmado

Uno de los elementos más fuertes del relato tiene sustento documental. La película muestra que la suegra de Barreda, Elena Arreche, le obsequió la escopeta con la que el odontólogo posteriormente mató a las cuatro mujeres de su familia. Se trata de una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma de origen español que el femicida utilizaba para la caza.

Durante el juicio oral, el propio Barreda declaró que el arma había sido un regalo de su suegra. El dato también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Según la declaración del acusado, después de los asesinatos se deshizo del arma arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también recrea.

Pirucha, la vidente: personaje real con un rol todavía discutido

El personaje interpretado por Paola Barrientos es uno de los que más puede generar dudas entre quienes no conocen el caso en detalle, pero tiene existencia real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como «Pirucha», fue una vidente que mantuvo un vínculo cercano con Barreda y que declaró en el juicio de 1995.

Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer lo habría persuadido de que las mujeres de su familia practicaban magia negra contra él y querían matarlo. La película fiel a ese relato muestra a Pirucha alimentando los miedos del odontólogo. También se retrata que, luego de cometidos los crímenes, Barreda pasó por su casa en busca de ayuda. De acuerdo al relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el asesino le dijo al llegar: «Me mandé una macana». La influencia real de Pirucha sobre las decisiones de Barreda fue debatida durante el proceso judicial, sin que se llegara a una conclusión definitiva sobre su responsabilidad.

Las hijas: vidas que la historia oficial silenció

La película reconstruye a Cecilia y Adriana Barreda como dos mujeres jóvenes con proyectos concretos: Cecilia planeaba mudarse con su pareja e instalar un consultorio odontológico en la casa familiar, mientras que Adriana estaba próxima a casarse. En la vida real, la historia de las víctimas quedó durante décadas relegada frente al relato construido alrededor de su asesino. Hay registros que confirman que el novio de Cecilia declaró como testigo en el juicio en contra de Barreda. Amigas de las jóvenes le dijeron al periodista Enrique Russo, en 1992, que evitaban ir a la casa porque Barreda «era mano larga». Las escenas que recrean vínculos y conversaciones cotidianas de las hijas pueden partir de datos fragmentarios, pero en buena medida se completan con elaboración ficcional.

La venta de la casa y el divorcio: sin respaldo documental

Uno de los elementos que la película presenta como detonante de la violencia es la intención de Gladys McDonald y su madre de vender la propiedad, junto con el deseo de Gladys de separarse definitivamente de Barreda. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando vender la casa en los términos que plantea el film. Distintas reconstrucciones del caso sí señalan que Barreda y su esposa habían atravesado una separación previa al crimen, aunque continuaban conviviendo bajo el mismo techo. La decisión de incorporar ese elemento como disparador dramático responde a una licencia narrativa de la dirección.

«Conchita»: el apodo que tal vez nunca existió

Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban «Conchita» como forma de humillación y que esa degradación constante había sido el motor de los crímenes. Con el tiempo, ese apodo se convirtió en uno de los elementos más recordados del caso.

La película va un paso más lejos: muestra que el propio Barreda construyó la idea de que lo llamaban así como parte de una estrategia de defensa, algo que no tiene una prueba definitiva. En 2011, el periodista Rodolfo Palacios publicó Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, donde puso en duda la veracidad del apodo y planteó que Barreda pudo haberlo inventado para justificar la masacre familiar y evitar la condena. La película toma esa hipótesis y la presenta como un hecho, cuando en rigor sigue siendo una versión periodística sin confirmación judicial.

Una historia que siempre corrió el riesgo de reproducir el relato del asesino

El caso Barreda fue durante años un ejemplo de cómo el sistema mediático y judicial argentino tendió a construir el relato desde la mirada del perpetrador, relegando a las víctimas a meros datos del expediente. La película de Goggi hace un esfuerzo visible por devolverle humanidad a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana, mostrando sus vínculos, sus proyectos y sus voces antes de los disparos.

Ese gesto no es menor en términos simbólicos. Al mismo tiempo, la producción no escapa del todo a la lógica del true crime que fascina con la figura del criminal, algo inherente al género y que el espectador tendrá que procesar con perspectiva crítica. «Barreda» llega a Prime Video en un momento en que el femicidio en Argentina sigue siendo una crisis estructural sin respuesta institucional suficiente, lo que hace que la pregunta sobre qué historia se cuenta y desde qué lugar no sea un detalle menor.

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