Femicidio
Mató a su pareja embarazada, estuvo prófugo 22 años y ahora se entregó para pedir su libertad
Se trata de Ramón Ángel Abregú, quien el 23 de enero de 2000 asesinó de cuatro balazos a su pareja, Eva Azulina Falcón, dentro del consultorio de la clínica Cemep de Río Grande.
Un hombre que hace 23 años mató a balazos a su pareja embarazada dentro de una clínica de la ciudad fueguina de Río Grande y que en 2001, pocos meses después de haber sido condenado a 20 años de prisión, se escapó de la cárcel y permaneció prófugo hasta ahora, se entregó en las últimas horas ante la Justicia para solicitar la prescripción de la causa y su libertad, confirmaron hoy fuentes judiciales.
Se trata de Ramón Ángel Abregú, quien el 23 de enero de 2000 asesinó de cuatro balazos a su pareja, Eva Azulina Falcón, dentro del consultorio de la clínica Cemep de Río Grande.
Abregú fue detenido y condenado a 20 años de cárcel en septiembre de ese mismo año, pero el 15 de febrero de 2001 logró fugarse del establecimiento penitenciario ubicado en el barrio Margen Sur, y, desde entonces, se mantuvo prófugo de la Justicia.
El hombre, que ahora tiene 70 años, sorprendió a las autoridades fueguinas al presentarse de manera espontánea ante el Tribunal de Juicio en lo Criminal de Río Grande, donde quedó detenido, aunque su abogado defensor, Alejandro De la Riva, ya presentó un escrito solicitando su libertad debido a la «prescripción del caso».
«El plazo de prescripción son 20 años, que es el tiempo en que logró mantenerse prófugo viviendo en la clandestinidad. Cumplió la pena de esa manera», explicó De la Riva a medios fueguinos.
El letrado agregó que Abregú «se mantuvo oculto en el norte argentino» y admitió que logró reingresar a Tierra del Fuego, lo que incluye pasar cuatro pasos fronterizos (dos argentinos y dos chilenos) «de manera furtiva» y sin documentación personal.
De esta manera, el hombre pudo llegar caminando hasta las puertas del mismo tribunal que ordenó su captura hace más de 20 años.
Al momento de su juzgamiento, el paradigma judicial no contemplaba la visión de género respecto del homicidio en perjuicio de una mujer mediando una situación de violencia, y tampoco se consideró el agravante por el vínculo entre el victimario y la víctima.
Por ello, Abregú no fue condenado por «femicidio» sino por «homicidio simple».
Poco después de esa sentencia, el hombre logró escapar de la isla hacia Chile escondido en un camión, a través del Paso Fronterizo San Sebastián, y desde allí reingresó al país para refugiarse en una provincia del norte.
De acuerdo con lo que lograron reconstruir en aquel momento los pesquisas, el detenido aprovechó las deficiencias de seguridad del establecimiento carcelario llamado «Puesto 1», donde por entonces había solo tres policías que custodiaban a 23 internos, y escapó.
El exjefe de la policía Gustavo Penza definió por esos días al lugar como «un depósito de presos» sin «cerco perimetral» y «atravesado al medio por una calle».
Las falencias del lugar eran tantas que el reo se escapó a la mañana y su ausencia recién fue notada «en horas de la tarde» durante el relevo del turno de los vigilantes de guardia.
Con Abregú fugado, el Superior Tribunal de Justicia de la provincia igual confirmó la condena en su contra por el crimen de la mujer, el 1 de marzo de 2001.
Con ello, el período de prescripción de la causa «comenzó a operar ese día y venció el 1 de marzo de 2021», momento en que su abogado aprovechó para solicitar la eximición de prisión, aunque el tribunal se la denegó.
El argumento de los magistrados fue que el prófugo debía primero someterse a derecho para luego peticionar por su libertad.
Ahora, con Abregú detenido, los jueces no tendrían otro camino que determinar la prescripción y ordenar la liberación del hombre, que además ya tiene edad para solicitar la prisión domiciliaria, explicaron las fuentes consultadas.
Sin embargo, fuentes de la fiscalía penal interviniente deslizaron que el trámite «no es tan automático» y que resta dirimir algunas cuestiones jurídicas en torno a lo sucedido.
Los voceros indicaron que para esta causa «rigen los preceptos de tratados de derecho internacional adoptados por el país y que podrían ser aplicados para denegarle la libertad a esta persona», adelantaron.
Abregú pasó su primera noche detenido después de 22 años en la Unidad de Detención de Río Grande, mientras los jueces del Tribunal en lo Criminal de la ciudad ya evalúan el pedido de excarcelación presentado por su defensa.
El asesinato de Eva Falcón produjo una gran conmoción social en Río Grande 20 años atrás.
Según las fuentes de la investigación, Abregú estaba provisoriamente separado de su mujer, pero en las semanas previas al crimen se había acercado a ella con la supuesta intención de reconciliarse.
El día del hecho, Abregú acudió al domicilio de Falcón y la atacó con un arma calibre 9 milímetros.
La mujer, embarazada de siete meses, logró escapar herida y se refugió en la sala de guardia del sanatorio Cemep, donde su agresor la alcanzó y la remató con cuatro disparos más, según se probó en el juicio oral.
La fuga del preso, menos de cuatro meses después de su condena, abrió el capítulo de su infructuosa búsqueda y de su condición de prófugo de la Justicia que se mantuvo inalterable por 22 años, hasta el momento en que el propio fugitivo decidió entregarse, ingresando al país sin documentos y sin ser detectado por ninguna autoridad competente.
Femicidio
Femicidio en Los Polvorines: mató a una madre que defendió a su hija de ser abusada
Lorenzo Esteban Amarilla, de 25 años, fue capturado por la Policía Federal en un edificio del microcentro porteño luego de dos días prófugo. Este lunes se realiza la lectura de cargos: enfrenta una pena en expectativa de prisión perpetua por homicidio calificado con violencia de género y uso de arma blanca.
Femicidio en Los Polvorines: atraparon al asesino de la madre que murió protegiendo a su hija
Lorenzo Esteban Amarilla, de 25 años, acusado del femicidio de Yolanda Raquel Cáceres, de 52 años, fue detenido por la Policía Federal en las últimas horas en un edificio de la calle Florida, entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear, en el microcentro de la Ciudad de Buenos Aires, donde frecuentaba a una pareja ocasional. El hombre había permanecido prófugo desde el jueves, cuando cometió el crimen en el partido bonaerense de Los Polvorines, al norte del Gran Buenos Aires.
Una madre que dio su vida por su hija
El hecho ocurrió mientras Yolanda Cáceres y su hija de 9 años dormían en su vivienda. Según los reportes policiales, Amarilla ingresó a la casa a través de una ventana y comenzó a abusar sexualmente de la menor. La madre advirtió la situación e intervino para protegerla. En el forcejeo, el agresor, quien sería una persona conocida por la familia, atacó a Cáceres con dos puñaladas en el cuello y la cabeza, provocándole heridas fatales que le causaron la muerte en el acto.
Luego del crimen, Amarilla huyó. La niña logró escapar de la escena y pidió ayuda a los vecinos. Su testimonio ante los investigadores resultó determinante para identificar y localizar al sospechoso. Una de las frases que trascendió de su declaración resume el horror de lo vivido: «Me tapó la boca para que no gritara».
La detención y el peso de la ley
El allanamiento que derivó en la captura fue descripto como sorpresivo por fuentes policiales. Amarilla se encontraba en el edificio de la calle Florida sin aparente resistencia al momento de ser aprehendido.
Este lunes se realizará la lectura de cargos, el acusado enfrenta cargos por homicidio calificado por mediar violencia de género con uso de arma blanca y su condición de prófugo le cierra la puerta a cualquier beneficio procesal. «Se enfrenta una pena en expectativa a perpetua.
Violencia de género: el crimen que no puede naturalizarse
El caso de Yolanda Cáceres no es un hecho aislado. Es el resultado de una violencia estructural que sigue cobrando vidas de mujeres en Argentina. Una madre asesinada por interponerse entre un agresor y su hija de 9 años que era víctima de abuso sexual. Una niña que ahora carga con el testimonio de haber visto morir a su madre mientras la defendía. Un femicida que huyó y se escondió durante dos días antes de ser atrapado.
La muerte de Yolanda exige respuestas que van más allá de la condena individual: políticas públicas de prevención, recursos para la justicia con perspectiva de género, y una sociedad que no mire para otro lado cuando hay señales de violencia en el entorno.
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