Buenos Aires
Sin lobos al acecho: 70 caperucitas rojas por el derecho a tomar decisiones
En La Plata, en la biblioteca popular La Chicharra invitan a conocer nuevas y empoderadas versiones del cuento de los Hermanos Grimm.
Por Diana López Gijsberts
Setenta versiones de «Caperucita Roja», niña, adolescente, morena, rubia, gótica o moderna pero siempre alegre, curiosa y honrando a sus ancestras, se exhibirán desde mañana en una biblioteca popular de La Plata para reivindicar el derecho de la mujer a seguir el camino elegido, sin «lobos» al acecho y habilitadas para dudar y cuestionarlo todo.
«El significado original del cuento ya ha quedado en el olvido y hoy sus reversiones son más lúdicas», dice Ana Omelusik, la librera que prestó su colección personal para la exposición.»Caperucita Roja», el cuento que madres y padres leen a sus hijos en la infancia a pesar de la crudeza de una historia donde un lobo devora a una anciana y su nieta, se originó en Europa, a fines del 1600, como un relato oral que no estaba destinado a niños aunque luego fue versionado en papel por Charles Perrault.
«Había una vez una niñita en un pueblo, la más bonita que jamás se hubiera visto», comienza el relato de Perrault en el que la protagonista, vestida con una caperuza roja, debe llevar a su abuela enferma una tarta, según le cuenta a un lobo que encuentra en su camino y que llegará más rápido que ella hasta la casa de esa abuelita y, tras devorarla, esperará a la niña para hacer lo mismo.



«Aquí vemos que la adolescencia, en especial las señoritas, bien hechas, amables y bonitas no deben a cualquiera oír con complacencia, y no resulta causa de extrañeza ver que muchas del lobo son la presa«, se lee en la moraleja final de Perrault.
El relato fue tomado luego por los hermanos Grimm, que atenuaron el horrendo final e incorporaron la figura de un cazador que logra rescatar con vida del vientre del lobo a la niña y su abuela. Lo que no cambió es la presencia de una advertencia final a las niñas/mujeres, que en esta nueva versión encuentra a Caperucita reflexionando: «Nunca más me apartaré del camino y adentraré en el bosque».
Sin duda, esta historia ha funcionado como uno de los cuentos disciplinadores de la conducta y el cuerpo femenino pero esa no es la única lectura que se puede hacer de él. Para motivar esas «otras lecturas», a partir de mañana la biblioteca popular La Chicharra, ubicada en las calles 18 y 71 de La Plata, invita a conocer la muestra «Setenta Caperucitas y una librera».
Son 70 ediciones de Caperucita Roja, libros publicados en el país y otros países del mundo que reversionan ese relato: la historia retorna en diversas épocas, con distintas Caperucitas, distintos lobos y hasta distintas versiones de abuelas pero con un mismo objetivo: repensar qué nos dice hoy el cuento, por qué mantiene su vigencia esta historia que tiene más de 400 años.
«La idea de hacer este tipo de iniciativas nació en medio de la pandemia. Queremos trabajar muestras de libros que impliquen el ejercicio de hacer algunas preguntas, motivar lecturas a partir de la idea de variaciones y versiones posibles de un mismo libro que, como en este caso, se transformó en un clásico«, cuenta Gabriela Pesclevi, integrante de la Biblioteca La Chicharra, donde tendrá lugar la exhibición que se extenderá hasta el próximo 30 de septiembre.
«Mi familia materna me legó la Caperucita de las advertencias, tal tal cual fue parida en 1697, con extrema literalidad y con el mismo folklore, pero a pesar de ese cuento admonitorio, que tenía que ver con el ´no te vayas a lo desconocido’, había un goce que excede a la advertencia e invita a la transgresión, a que siempre está la posibilidad de transgredir, de seguir por un camino alterno«, dice la bibliotecaria.

En la biblioteca popular La Chicharra se habían realizado años atrás talleres infantiles donde se había trabajado con la figura del lobo, que incluso derivó en la elaboración de un hermoso libro que plantea diversos «tipos» de lobos, ilustrado por los propios niños. Y lo que selló el tema de la muestra fue el contacto con la librera Ana Omelusik, quien puso a disposición su colección de Caperucitas Rojas.
«Cuando comencé a atesorar las diferentes versiones de Caperucita no tenía claramente la idea de una colección o lo que se entiende por ella. Desde muy joven siempre fui de reunir libros ilustrados con diferentes temáticas que me atraían. En el caso de Caperucita, mi especial afecto por ella se remonta a mi infancia y me conecta directamente con mi abuela paterna. Fueron sus versiones del cuento, que me contaba de camino al campo, las que despertaron en mí este interés que perdura hasta hoy», explica a esta agencia Omelesik.
Con estas 70 versiones publicadas en el país, en España, en Chile, en Estados Unidos y Francia, entre otros países-más de la mitad de ellas reversiones o versiones libres- Paula Panfili , Verónica Barbera y Gabriela Pesclevi se ocuparon de montar la muestra en esa entidad con el objetivo de generar interpretaciones, lecturas y repensar qué nos dice Caperucita Roja hoy, si sigue el mensaje disciplinador, a qué le temería en el presente y también quiénes son los lobos.
«Originalmente transmitidos de manera oral, los cuentos populares hablaban de fantasía y de miedo a la vez, e intentaron enseñar, a los niños y niñas de la época, aspectos y valores de la vida con mensajes moralistas. La función era desalentar a los niños a cometer acciones imprudentes», precisa Omelusik, que remarca que el «el cuento de Caperucita no surgió en principio para un público infantil».
«Ninguna historia puede permanecer inalterada durante mucho tiempo. Caperucita es una de ellas. Su significado original ya ha quedado en el olvido. Se ha suprimido la carga de violencia original, adhiriendo a valores de reconciliación y perdón. Creo que hoy sus reversiones son más lúdicas. El antagonismo Caperucita-Lobo ya no cuenta de la misma manera, con la misma carga simbólica. Los roles se invierten, los encuentros son amistosos. Caperucita no es para nada ingenua y el Lobo ya no es tan feroz», destaca.


Omelusik sostiene que «la figura del hombre lobo, Bzou o simplemente lobo, es fascinante. En las versiones está presente de diferentes maneras. Desde la más tradicional como el astuto y amenazador villano omnipresente, o como la gran sombra transformada en bosque, o un ingenuo goloso, el perdido enamorado o el huraño conquistado por una caperucita lectora» .
Un ejemplo de ese lobo no tan feroz se puede encontrar en el libro «Una Caperucita roja», de Marjorie Leray, una de esas 70 versiones de este relato que se exhibirá en esta muestra. Allí aparece un «lobo feroz» delgado, con garras y colmillos enormes que anuncia a Caperucita que se la va a comer pero la niña, muy segura, dice: «no», que no se la devorará porque «tienes mal aliento» y a continuación le ofrece un caramelo.
Desconcertado el lobo acepta y al instante se toma la garganta con sus garras para luego caer muerto. En la página final vemos a Caperucita decir satisfecha «Ingenuo», tras haberlo envenenado con su caramelo.«Hay versiones donde el lobo no quiere ser feroz sino feliz, y le interesa la danza, o ediciones que recuperan la mirada del lobo y explican su resentimiento hacia los humanos por haberle matado a su compañera loba, es decir, recuperan la mirada del lobo», asegura la librera.
Para Pesclevi, la figura del lobo «invita a reflexionar quién es el otro en la historia, cómo miramos a los otros, incluso a los animales». En muchas de esas versiones tampoco el bosque es tal y ha mutado en entornos urbanos: desde el interior de un colectivo de pasajeros hasta una urbe de edificios altos y autopistas donde hay bandas juveniles que acechan como lobos.
En estas 70 versiones no sólo son protagonistas Caperucita y el lobo, ya que la muestra recupera también la figura de la abuela, principalmente una abuela astuta, activa.«En muchas familias contemporáneas la figura de amparo, de protección, es la abuela, porque la madre labura todo el día. Es la figura hospitalaria, el lugar de confianza y de transgresión, con la abuela se pueden hacer cosas que con la madre no y eso es muy caperuciano en su versión original», sostiene Pesclevi.
Respecto a la astucia de la abuela recuerda que «en una de las versiones, ‘La noche de la visita’, de Benoit Jacques, editada en Francia con excelentes ilustraciones y un texto rimado, hay alguien que toca la puerta de la casa de la abuela, de noche, un hombre evidentemente y la abuela desde adentro no le abre. No es zonza, tiene el conocimiento del viejo Vizcacha y no va a dar paso a quien no conoce», ejemplifica.»No lo conozco», «soy algo dura de entendederas. Puede gritar?», «le oigo mal», son las excusas que pone la anciana para no abrir a un lobo que se hace pasar por distintos vendedores y comienza a cansarse: «Soy el del cuarto, que está harto o mejor el del tercero que está hasta los pelos», declama, hasta que como último recurso confiesa que es el lobo feroz y «estoy aquí para comérmela como estaba convenido, así que sea razonable, ábrame».Pero ni eso logra que la anciana le abra y finalmente se va.
Omelusik valora que «en el relato el rol de la abuela es muy importante. Es la persona que le manda a hacer y regala la caperuza roja, la causante de enfatizar la belleza de la niña, alimentando su vanidad. Es la razón por la cual Caperucita es enviada a atravesar el bosque. La abuela completa el ciclo de pubertad-maternidad-menopausia«.
Buenos Aires
Prefectura desplegó megaoperativo por cinco pescadores desaparecidos en el Río de la Plata
Un grupo de pescadores salió a navegar desde la Costanera de Hudson y no regresó a tierra. Prefectura Naval Argentina montó un amplio rastrillaje por agua, aire y tierra, mientras los familiares aguardan noticias en la costa.
Un grupo de pescadores permanece desaparecido desde este domingo luego de adentrarse en el Río de la Plata a bordo de una lancha con motor naftero, que partió desde la Costanera de Hudson, en el partido de Berazategui, y no regresó a puerto. La Prefectura Naval Argentina (PNA) lidera desde entonces un operativo de gran escala para dar con su paradero.
La embarcación contaba con elementos de seguridad, entre ellos radio, bengalas y chalecos salvavidas, según precisaron fuentes oficiales. La denuncia fue radicada en la Comisaría Cuarta por Ricardo Kovach, hermano de dos de los tripulantes, Carlos y Claudio Kovach, quien fue alertado por un trabajador del puerto. «A las 18 se contactó el muchacho que los embarcó con otro de mis hermanos y ahí iniciamos la búsqueda», relató Kovach.
Un operativo de gran escala con hipótesis inciertas
El rastrillaje cuenta con medios técnicos y humanos de múltiples jurisdicciones. «Hay embarcaciones de Capital, de Dock Sud, Quilmes y La Plata y una aeronave de Prefectura», detalló Ricardo Kovach. Ante la falta de información sobre el rumbo inicial de la lancha, la familia evalúa contratar un vuelo privado para ampliar las tareas de búsqueda.
Las hipótesis apuntan a que la corriente pudo haber arrastrado la embarcación hacia el sur, en dirección a La Plata, aunque los propios familiares reconocieron que «no tenemos el rumbo inicial, todo lo que sea hipótesis no lo conocemos». La zona del Río de la Plata a la altura de Hudson es reconocida por sus condiciones cambiantes y sus vientos intensos, que en episodios anteriores ya provocaron situaciones de emergencia similares.
Antecedentes de tragedias en el mismo tramo del río
El tramo del Río de la Plata entre Berazategui y la costa de Avellaneda acumula una historia de siniestros acuáticos. En abril de 2026, Prefectura Naval recuperó el cuerpo sin vida de Alcides Ledesma, de 47 años, quien junto a José Luis Herrera se había internado en el río desde el Parque del Río de Villa Domínico, también en condiciones climáticas adversas. El caso puso en evidencia los riesgos que enfrenta quien navega en embarcaciones pequeñas en esta zona, donde el viento puede arrastrar una lancha a un kilómetro de la costa en minutos, según testimonios de testigos presenciales. Herrera continúa desaparecido desde ese episodio.
En ese caso, la hija de Ledesma precisó que el bote salió solo para una excursión breve, con un motor recientemente reparado y un solo remo como respaldo. La similitud con la situación actual, donde también se investiga si la embarcación sufrió un desperfecto técnico o fue víctima de las corrientes, refleja una problemática estructural en materia de seguridad náutica en el conurbano bonaerense.
Las horas pasan y la incertidumbre crece
A pesar de que las condiciones climáticas son favorables para las tareas de rescate, el tiempo transcurrido sin novedades genera una angustia creciente entre los allegados de los desaparecidos, que permanecen apostados en la costa de Hudson a la espera de cualquier señal. Las autoridades no confirmaron aún si la embarcación fue hallada ni si existen indicios de los tripulantes en algún punto de la ribera.
El operativo continúa activo con guardacostas, personal especializado y patrullas que recorren distintos sectores de la costa bonaerense. Desde la Comisaría Cuarta de Berazategui, jurisdicción a cargo de las actuaciones, no trascendieron precisiones adicionales al cierre de esta edición.
Puntos clave
- Un grupo de pescadores permanece desaparecido desde el domingo tras partir desde la Costanera de Hudson, en Berazategui.
- La Prefectura Naval Argentina desplegó un operativo por agua, aire y tierra con embarcaciones de Capital, Dock Sud, Quilmes y La Plata.
- La denuncia fue radicada en la Comisaría Cuarta por un familiar de los tripulantes, identificados entre ellos como Carlos y Claudio Kovach.
- Las hipótesis apuntan a un posible desperfecto técnico o al arrastre de la embarcación por la corriente hacia el sur.
- La zona ya fue escenario de episodios similares, como el caso de Alcides Ledesma y José Luis Herrera, ocurrido en abril de 2026.
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