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Cultura

Año Nuevo Chino 2026: 4 reglas para atraer la buena fortuna del Caballo de Fuego

El Caballo de Fuego pide libertad, impulso y celebración, pero con reglas claras. Cumplilas hoy y dejá que la prosperidad encuentre su lugar.

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Arranca el Año Nuevo Chino 2026 y no es un comienzo más. El Caballo de Fuego inaugura un ciclo lunar intenso, veloz y purificador, con advertencias claras de la tradición oriental. Este 17 de febrero, cada gesto cuenta: lo que hagas (o evites) marca el pulso de los próximos doce meses.

1) Nada de escobas ni limpieza: prohibido “barrer” la suerte

El primer día del año no se barre ni se saca la basura. Simbólicamente, eso expulsa la fortuna recién llegada. La limpieza profunda va antes.

Tampoco se recomienda lavar ropa ni el cabello: el agua “se lleva” la energía nueva.

2) Cero deudas y palabras negativas: cuidá el karma verbal

El Caballo de Fuego amplifica todo. Discutir, reclamar deudas o usar palabras asociadas a enfermedad, muerte o pobreza atrae conflicto.

Pagar o pedir dinero hoy se asocia a escasez durante el año. Clima ideal: diplomacia, calma y optimismo, incluso si algo se desacomoda.

3) Evitá tijeras y objetos punzantes

Cuchillos, tijeras y filos “cortan” la suerte y los lazos de abundancia. Por eso, los banquetes se preparan con anticipación. Guardá los objetos cortantes por 24 horas y dejá que los proyectos fluyan.

4) Ojo con el llanto y las medicinas (si no es urgente)

Salvo emergencia, no iniciar tratamientos invasivos ni visitas médicas este día. La tradición busca evitar la energía de la enfermedad al comienzo del ciclo.

El llanto infantil también se evita: se prioriza la alegría y un clima celebratorio en casa.

En síntesis: vibrar alto, sin roces ni apuros. El Caballo de Fuego pide libertad, impulso y celebración, pero con reglas claras. Cumplilas hoy y dejá que la prosperidad encuentre su lugar.

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CABA

De la Biblioteca Nacional a los barrios: el mapa de bibliotecas que conserva la cultura porteña

Cada 13 de septiembre se celebra en Argentina el Día del Bibliotecario, una fecha que tiene su origen en un hecho ocurrido en 1810, cuando Mariano Moreno anunció en la Gazeta de Buenos Ayres la creación de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, antecedente de la actual Biblioteca Nacional.

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Más de dos siglos después, las bibliotecas continúan siendo espacios fundamentales para el acceso a la cultura y al conocimiento. Algunas funcionan en edificios monumentales que forman parte del patrimonio porteño. Otras, mucho más pequeñas, sostienen la vida cultural de los barrios y ofrecen espacios de estudio, encuentro y acceso a libros.

Biblioteca Nacional Mariano Moreno

Agüero 2502

La actual sede de la Biblioteca Nacional, ubicada en Recoleta, fue inaugurada en 1992 sobre el terreno donde anteriormente se encontraba el palacio de los Unzué, residencia presidencial y lugar donde murió Eva Perón.

El edificio fue diseñado por el arquitecto Clorindo Testa y declarado Monumento Histórico Nacional en 2019. En sus tres subsuelos conserva cerca de 3 millones de libros y 500.000 ejemplares de diarios y revistas.

La mudanza respondió a una necesidad concreta: la antigua sede de la calle México había quedado chica para una colección que continuaba creciendo.

Biblioteca del Congreso de la Nación

Hipólito Yrigoyen 1750

La Biblioteca del Congreso fue fundada en el siglo XIX y funciona en el anexo del Senado. Su patrimonio bibliográfico incluye obras de referencia, materiales históricos y publicaciones vinculadas especialmente con el derecho y la política.

Durante las visitas guiadas también puede conocerse la imponente sala de lectura oficial, donde se conservan códigos, fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y revistas de jurisprudencia argentina.

Biblioteca Esteban Echeverría

Perú 130

La biblioteca de la Legislatura porteña funciona dentro del Palacio Legislativo y conserva una importante colección vinculada con la historia institucional de la Ciudad de Buenos Aires.

A pesar de encontrarse a pocos metros de Plaza de Mayo, es uno de esos espacios patrimoniales que suelen quedar fuera de los recorridos turísticos tradicionales.

Biblioteca Nacional de Maestros

Pasaje Pizzurno 953

Fundada en 1870, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, la Biblioteca Nacional de Maestros cuenta con más de un siglo y medio de historia.

Su colección reúne manuales escolares, revistas especializadas y documentos vinculados con la educación argentina, un patrimonio especialmente relevante para reconstruir la historia de la enseñanza en el país.

Biblioteca y Museo Casa Ricardo Rojas

Charcas 2837

En la vivienda que perteneció al escritor e intelectual Ricardo Rojas funciona actualmente una biblioteca y museo.

El espacio combina una arquitectura de estilo neocolonial con un archivo literario y conserva libros y publicaciones que formaron parte de la colección privada del escritor. La propuesta permite recorrer una biblioteca dentro de las habitaciones de la antigua casa.

El otro mapa: las bibliotecas populares

Más allá de los grandes edificios, Buenos Aires también cuenta con una red de bibliotecas populares, gestionadas por asociaciones civiles y vecinos y con apoyo de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP).

Según el material, hay 38 entidades inscriptas en la Ciudad, aunque el universo real sería mayor. El modelo tiene sus raíces en 1870, cuando Sarmiento impulsó la creación de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares.

Una de las experiencias más antiguas de Buenos Aires es la biblioteca de la Sociedad Luz, en La Boca, fundada el 29 de abril de 1899 como parte de una iniciativa del Partido Socialista destinada a promover la instrucción popular.

Estas instituciones cumplen una función que va mucho más allá del préstamo de libros. Brindan apoyo escolar y espacios de estudio, ofrecen acceso gratuito a internet, organizan talleres y actividades culturales y funcionan como lugares de encuentro para distintas generaciones.

Así, las bibliotecas populares mantienen una función central en los barrios: son espacios culturales y comunitarios que permiten acceder a libros y conocimiento, pero también construir vínculos y sostener la vida colectiva.

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