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Entrevista

Viviana Saconne: “He perdido mucho por haber amado demasiado”  

La prestigiosa actriz habló de “Un Viaje en el tiempo”, el éxito de la temporada en Carlos Paz que protagonizan Paula Chaves y Pedro Alfonso. Además, aseguró que no le tiene miedo a los desafíos y confesó por qué el estar en pareja no es una necesidad en su vida.

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Por Andrea Reyes

En el mundo de las telenovelas, Viviana Saccone es recordada por interpretar a las mejores villanas, aunque la actriz, que debutó en Clave de Sol en 1988, se destaca por una larga trayectoria no sólo en televisión, sino también en cine y teatro. 

Actualmente, se encuentra haciendo temporada de verano en Carlos Paz junto a Pedro Alfonso y Paula Chaves, en la obra “Un Viaje en el tiempo”. 

En diálogo con El Argentino la prestigiosa actriz nos cuenta cómo es trabajar con Paula y Pedro y se sincera sobre cómo vive los cambios en su carrera, los desafíos y sus ganas de “trabajar mucho más en plataformas”

Además, abre su corazón y confiesa que si hoy volviera para atrás y pudiera hablar con aquella Viviana que vino de un pueblo de Brandsen le diría que “preste más atención…”.  

-Viviana, ¿es la primera vez que trabajas con Paula Chaves y Pedro Alfonso?

-Estás en lo cierto, es la primera vez que trabajo con los chicos. Estoy viviendo una experiencia de trabajo divina, me encanta la onda con la que trabajan. Me siento muy cómoda de trabajar con ellos. Manejan muy bien la comedia.  

“Un viaje en el tiempo”

-Para los que todavía no vieron “Un Viaje en el tiempo”, ¿de qué se trata?

-La historia se desarrolla en un tono de comedia para toda la familia. Transcurre en discoteca, hay un personaje que viene a tasarla para ponerla a la venta y, sin querer, se topa con una máquina del tiempo que quien la había inventado no sabía que funcionaba. Eso lo lleva a otros momentos de su vida, a encontrarse con un montón de personajes y a descubrir varias situaciones que estaban ocultadas.

-La historia transcurre en esta época y en 1986. ¿Cuál era tu artista o grupo favorito de los años ‘80?

-Yo estaba terminando el secundario y me gustaban mucho “Los enanitos verdes”; estaba a full con “Sandra y Celeste”; también escuchaba algo de “Zas” que estaba muy de moda. En aquellos años se escuchaba mucho rock nacional.    

-El año pasado estrenaste “Privier”, la primera mini-serie argentina realizada para un canal de YouTube. ¿Cómo lo viviste?

-Esto de aggiornarse a lo que viene es algo indispensable. En 2021, cuando se filmó la miniserie, Privier, se hizo con la intención de que se viera en alguna plataforma, sin tener bien clara la posibilidad, hasta que una vez terminada se abrió la posibilidad de proyectarla en Luzu TV. Me pareció una idea formidable. 

Me gustaría que se sigan fomentando este tipo de cosas. La ficción cambió, antes todo pasaba por la televisión, ya no es así y está bueno que todas las otras plataformas se abran a esta posibilidad. Así que estoy agradecida a la gente de Luzu TV que dio la posibilidad de que esto se vea.

La miniserie se puede ver gratis desde YouTube y comprende seis capítulos que son de una calidad a nivel internacional y la historia es hermosa. Un profesor de ciencias cree firmemente que el alma es inmortal y está dispuesto a todo para demostrarlo. 

-¿Extrañas hacer ficciones “como las de antes”? ¿Estás de acuerdo con los colegas que se manifiestan en contra de las ficciones enlatadas y reclaman más producción nacional?

-En relación a lo que le pueda pasar a otros colegas, yo creo que cada uno hace el proceso que puede, que quiere, y vive cada situación de la manera en que lo siente. Yo prefiero no meterme ni opinar en cómo cada uno transita las situaciones,porque es muy personal. Yo estoy focalizada en ver cómo voy creciendo yo cada día. 

A mí me parece que es indispensable adaptarse a las cosas nuevas, aunque por supuesto que extraño esa televisión donde se hacían quince novelas a la vez y donde, realmente, teníamos un montón de trabajo. Dentro de esta cosa disruptiva y cíclica que es el trabajo del actor, había cierta continuidad en eso. 

Esto cambió por distintas razones que tienen que ver con múltiples factores. Así que trato de adaptarme a estas nuevas situaciones, a mí incluso me gustaría trabajar mucho más en plataformas. Por alguna razón, no tengo todavía la posibilidad de estar haciendo demasiadas series, y sí me gustaría hacerlo. No es algo que me enoja, es algo a lo que aspiro. Ojalá, en algún momento, se me convoque más para hacer miniseries. 

-Por lo pronto, estás haciendo mucho teatro

-Sí, y es algo que añoraba. El teatro es la base del territorio por excelencia del actor, por muchas razones, entre otras, porque te permite expresar de una manera única y es algo que a la virtualidad y la inteligencia artificial le va ganando terreno a pasos agigantados. Hay una mística que se produce en el teatro que es única. Así que estoy muy feliz con eso, pero bueno, hay que adaptarse a los nuevos tiempos que vienen. 

-¿Conducirías un streaming?

-Sí, yo haría todo. A mí los desafíos me producen una sensación súper agradable. Tengo que confesar que el streaming tiene una dinámica que todavía no la tengo, pero tendría que ver un poco de qué va y el streaming también tendría que tener que ver con mi esencia, con lo que yo pueda aportar. No me convertiría en otra persona para hacer un streaming, pero sí lo haría. Me atrevo a los desafíos. 

-Viniste a Buenos Aires de muy jovencita. Habrás pasado situaciones difíciles. Si hoy volvieras a ese momento, ¿qué le dirías a esa Viviana?

-Siempre la abrazo a esa Viviana. Le agradezco los pasos que dio y haber seguido avanzando a pesar de los miedos y las dificultades. Le perdona las equivocaciones que ha tenido, y si hoy volviera para atrás le diría que preste más atención a quién le daba su amor, su esfuerzo y su trabajo, porque ha perdido mucho por haber amado demasiado. 

-De todos modos, ¿crees que siempre vale la pena animarse a amar?

-Por eso hablé de perdonarse. Es de lo que menos hay que arrepentirse en un punto, pero tendría que haber sido más precavida en algunas cosas.

-¿Les aconsejas a tus hijas para que no cometan tus mismos errores?

-Los padres no podemos evitar los “piñones” porque las decisiones siempre las tienen nuestros hijos. Pero sí, mi experiencia me sirve para decirles a mis hijas “che, a mí me pasó esto, fijate”. Por lo menos se los puedo decir, de ahí a que lo hagan hay una brecha enorme. Es su propia experiencia, pero trato de evitarles esos errores que cometí. Lo que intento es acompañarlas e ir adaptándome a esta situación de entender que ellas van haciendo su propia vida y me importa poner el foco en su bienestar, que mi consejo tenga que ver con que estén bien. Lo más importante es que puedan ser felices y acompañarlas en ese proceso.

-¿Cómo andamos en el amor?      

-Estoy sola y muy tranquila. Estoy en un hermoso romance conmigo misma.

-¿Te gusta tener tiempo para vos misma?

-Necesito espacios de soledad, de hecho a veces me planteo: “Si estuviera en pareja, ¿cómo hago para hacer esto? Porque a mí esto me encanta hacerlo sola” y estar en pareja implica una negociación con el otro. Así que sí, es un estado lindo el de la pareja, pero no es una necesidad en mi vida. Eso es lo bueno, disfruto mucho de mí y de mis tiempos. Si tiene que llegar, llegará en algún momento y sino así estoy muy pero muy bien. 

-Además el amor llega de todos lados

-Es muy importante esto que decís, es cierto que uno va encasillando y por supuesto que tener un compañero para determinadas situaciones o cuando los hijos empiezan a ser grandes, está bueno, pero esto del amor y vivir en un estado de amor, dando y recibiendo, es súper valioso. 

 

Entrevista

Juan Palomino: “Ir al teatro hoy es una gran inversión” en medio de la crisis

Tras el inicio de la gira nacional de El divorcio del año, el actor reflexiona sobre los vínculos en la era de las redes sociales, defiende la identidad del teatro nacional y analiza el impacto de la crisis económica en el acceso a la cultura, con una mirada crítica sobre la realidad social del país.

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Al término de un ensayo, con la energía todavía en el cuerpo y la gira nacional ya en marcha, Juan Palomino dialoga con El Argentino sobre el presente de El divorcio del año y, al mismo tiempo, despliega una mirada más amplia. Entre reflexiones sobre los vínculos, las redes sociales y la exposición, el actor traza también un diagnóstico social sin rodeos: identidad, cultura y crisis económica atraviesan una charla amena -y con profundidad- que trasciende el escenario sin dejarlo atrás. Palomino, el actor que viaja en subte, celebra su construcción individual y manifiesta su frustración más grande.

En ese cruce entre lo personal y lo profesional se inscribe también el presente de la obra. “El divorcio del año”, dirigida por José María Muscari y escrita junto a Mariel Asensio, comenzó su gira por el conurbano y el interior del país este 2 de mayo, en un formato que -según el propio Palomino- le devuelve algo que la pantalla no puede: el cara a cara con el público. 

En sus palabras hay entusiasmo y también emoción, porque para él no se trata solo de trabajo. “Si algo de hermoso tiene una gira es poder reencontrarse con el público que a uno lo ha conocido por una novela, una película, una plataforma o un reportaje. Ese es el valor agregado de estar en relación directa con el público, y eso es lo que a mí me gratifica muchísimo”.

Vínculos, redes y una comedia “salvaje”

En la primera parte de la nota, Palomino se mete en la obra y va más allá de lo argumental: conecta con lo que se pone en juego y habla de tensiones que no son nuevas pero que hoy -según plantea- se ven amplificadas. “Yo creo que tiene que ver mucho con los vínculos en estos tiempos, entre padres e hijos, entre las parejas”, explica, y enseguida abre el plano: “Si uno revisa el teatro argentino y el teatro mundial, los vínculos están en primerísimo plano”.

Sin embargo, hace una salvedad y sostiene que lo que cambia es el contexto. “Esta propuesta de Muscari-Asensio muestra lo que sucede en una pareja que ha construido una identidad desde lo mediático y que, de alguna manera, se ha olvidado de lo esencial: cultivar el vínculo con su hija -el personaje de Rocío Igarzábal-, que en esa disfuncionalidad termina siendo una víctima”.

Ahí aparece otro de los ejes que atraviesa la charla: el peso de las redes sociales en la vida cotidiana. “En estos tiempos, donde los dispositivos y las redes sociales están cada vez más presentes, han invadido la intimidad y la identidad, y eso es un factor clave que plantea la obra”.

Más allá de la historia puntual, insiste en que hay algo que excede a los personajes de El divorcio del año: “Creo que hay algo de universal en la obra, que tiene que ver con elementos de la cotidianidad de los vínculos que hoy se acentúan aún más, producto de las redes sociales y de cómo uno construye identidad y protagonismo”.

Entre la exposición y la vida real: identidad, calle y familia

Partiendo de la relación entre los personajes de la obra y las redes sociales, la conversación gira hacia la exposición pública. Palomino no se corre; al contrario, se planta desde su forma de vivir. No hay estrategia, dice. Hay elección. “Yo uso las redes sociales para mostrar lo que quiero”.

Pero lo que más remarca es otra cosa: nunca se despegó de la vida cotidiana. “Siempre fui una persona que construyó su identidad pública sin separarse demasiado de su vida cotidiana. Yo viajo en subte desde los ‘90, incluso cuando ya era conocido”. Lo cuenta como quien habla de algo natural, sin épica. “Yo tengo esa dinámica de manejarme por la calle y, si me puedo sacar una foto con alguien, me la saco”. Aunque, aclara, hay un límite. “Creo mucho en el acercamiento, pero las formas son las que definen eso”. Esa idea -la de moverse entre lo público y lo privado sin perder el eje- aparece una y otra vez. Y no solo en su carrera.

Cuando habla de su vida personal, el tono cambia. Se vuelve más reflexivo. No esquiva la complejidad, pero tampoco dramatiza: la pone en contexto. “Tienen muchísimo que ver las madres”, dice, en referencia a las mujeres con las que formó su familia. “Han tenido muchísimo que ver con el respeto, con el cariño, con entender también situaciones que no dejan de ser traumáticas y dolorosas. Eso es verdad, no voy a decir que no. Pero en el debe y el haber queda eso: prevalece el cariño, prevalece el respeto, prevalece la alegría de haber compartido y tener tres hijos. Porque siempre una separación, un divorcio, es doloroso”.

Esa experiencia, explica, no es algo separado de lo que es hoy. “Soy lo que soy producto de mis convicciones, de mi genealogía, de mis padres, de mi nacimiento en La Plata, de mi infancia y adolescencia en Cusco, Perú, de mi juventud en Melchor Romero y en la ciudad de La Plata”.

Más que una definición, suena a recorrido. “Creo que eso es lo que caracteriza a un sujeto, más allá de que sea actor, director, ingeniero o médico: esas características son las que me construyen como individuo”. Y vuelve al origen, casi como un punto de apoyo: “Sin olvidarme del contexto en el que estoy y de qué significó ser quien soy en distintas etapas, hay algo esencial que es el origen: mi papá y mi mamá son los que me dieron la base de lo que soy”.

Teatro e identidad: la defensa de lo propio

Cuando Juan vuelve a hablar de teatro, el tono se vuelve más enfático. No lo plantea como una cuestión estética, sino como algo más profundo: identidad. “Nuestros rasgos identitarios están dados por nuestros autores, por nuestra idiosincrasia”. En relación a su propia historia explica: “Mi primera obra fue El jardín del infierno, de Osvaldo Dragún, en el año 81, en plena dictadura, cuando Dragún estaba prohibido”.

Desde entonces, dice, hay una línea que no se corta. “El autor nacional es lo que nos identifica, y en ese sentido coincido plenamente con la idea de defender a nuestros autores”. Sin embargo, hace hincapié en que el escenario cambió: “Hoy prevalecen otras lógicas: hay menos ficción en televisión y todo pasa más por las plataformas”. Aun así, pone en valor lo que está haciendo hoy: “Estar haciendo autores nacionales en la calle Corrientes y salir de gira con una obra de autor nacional es un hecho gratificante”.

Aunque no deja de marcar el contexto: “Estamos en un momento bastante complicado con respecto a nuestra identidad y la relación directa que tenemos con el arte”. En ese momento, el actor pone en evidencia un punto clave: el acceso, es que para Palomino el problema ya no es solo qué se produce, sino quién puede acceder. “Son momentos muy complicados donde pienso que se está construyendo una economía para un 20% de la población y el resto no llega a fin de mes”.

La frase no queda aislada. La conecta directamente con el teatro. “Lo que antes era un derecho de la clase media trabajadora se fue degradando”. Por eso, dice, el vínculo con el público también cambia. “Nosotros tenemos una gran responsabilidad de dar lo mejor, porque sabemos que hoy ir al teatro es una gran inversión”. Y, al mismo tiempo, lo pone en valor: “Que el público elija ver una obra de autor nacional es muy gratificante en tiempos económicos complejos”.

La comparación es directa: “Antes era algo natural: podías ir a ver tres o cuatro obras al mes. Hoy eso se reduce a una, y no a todos les afecta de la misma manera”.

Empatía, crisis y una Argentina que duele

En ese punto, la charla se corre del teatro y entra de lleno en lo social. Pero no desde el discurso, sino desde una idea concreta: la empatía. “No es necesario transitar la angustia de no llegar a fin de mes para entender lo que está pasando”. Y refuerza: “No me tiene que pasar para darme cuenta de lo trágico que significa esto y cómo se ha ido degradando”. No habla solo de economía. “La empatía implica poder ver lo que sucede alrededor, aunque a uno le vaya bien”.

En este sentido, Palomino amplía el diagnóstico: “El mundo está muy complicado y la tecnología está ocupando un lugar central en todos los planos, también en la política”. Y deja una advertencia: “Veo un futuro bastante distópico y creo que hay que estar muy preparados para seguir siendo empáticos, amorosos e inteligentes para poder seguir contando historias”.

Cuando se le pregunta qué le duele del presente, no duda. Responde rápido, casi sin pensar. “La violencia verbal me lastima”. Y suma: “Me lastima ver gente durmiendo en la calle, cada vez más”. 

En esa misma línea, después aparece lo estructural: “La economía me lástima, porque por más que baje la inflación, los salarios no alcanzan”. Describe una escena que, dice, ya se volvió cotidiana: “El multi-trabajo se volvió algo normalizado y la idea de ser tu propio empresario muchas veces es una forma de auto-explotación”. Y desde su lugar, Palomino marca una diferencia: “Nosotros estamos acostumbrados a la incertidumbre, pero hay mucha gente que vivió años con estabilidad y hoy fue expulsada de ese sistema”.

La conclusión es clara: “Se está produciendo un cambio de paradigma muy grande en las formas de trabajo”, dice Juan.

Nuevas generaciones y futuro

Finalmente, en relación con este clima de incertidumbre, el actor reflexiona sobre el horizonte para los jóvenes y ahí vuelve a lo más cercano: la familia. “Todo depende de las estructuras familiares”, dice, y se detiene en que “los valores que trato de dar tienen que ver con la ética del trabajo, la solidaridad, el respeto y la curiosidad”.

No esquiva el contexto, pero tampoco se queda en eso. “Son épocas oscuras, con mucha violencia instaurada y con retrocesos en derechos conquistados”. Y, aun así, encuentra un lugar posible: “Trato, desde ese microespacio que es la familia, de construir cierta armonía en tiempos muy complicados”.

Juan en pocas palabras

Un ping-pong íntimo por sus gustos, valores y recuerdos.

Deporte favorito:

“Hago ejercicio, pero no soy deportista. Me encantó la experiencia del automovilismo”.

Club de tus amores:

“Boca Juniors, obviamente”.

Canción para una cena íntima:

“Hay un tema de Charo (Bogarín), mi mujer, que me encanta y se llama Areté”.

Un referente latinoamericano:

“Diego Armando Maradona”.

Lugar en el mundo:

“Es donde estoy, es mi casa. No sueño con una isla desierta ni nada por el estilo: mi lugar en el mundo es donde pueda estar con toda mi gente”.

Un recuerdo de la infancia:

“En el jardín de infantes en Perú, no haber podido interpretar a San Martín el 28 de julio porque era morocho y no era blanco como se suponía que era. Es mi frustración más grande”.

Un plato que lo devuelve a la infancia:

“El choclo con queso, con granos del Valle Sagrado de los Incas, que no existe acá”.

El barrio:

“Es mi patria chica. Ahora es San Telmo”.

El legado de tus padres:

“El afecto, el amor, la ternura, las convicciones y el hecho de no aceptar algunas reglas de juego y tener que romperlas”.

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