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“Si hay un proyecto nacional al servicio de las mayorías populares todo es posible”

El secretario general de la Federación Gráfica Bonaerense, Héctor “Gringo” Amichetti, dialogó con El Argentino sobre el Cordobazo y los desafíos presentes. La resistencia, la vigencia de los programas del movimiento obrero, la lucha contra las corporaciones y el fortalecimiento de la democracia a través del ejercicio del poder del pueblo.

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El-Argentino-Entrevista a Amichetti-Gráficos-Cordobazo

Fotos: Eloísa Molina

La sede de la Federación Gráfica Bonaerense, en Paseo Colón 731, escenario de una larga historia de lucha y organización del movimiento obrero argentino, ampara la tradición de un sindicalismo antiburocrático, protagonista de la resistencia que enfrentó a la dictadura y constructor de la unidad que hizo del Cordobazo una pueblada única. A 53 años de aquel 29 de mayo de 1969 conversamos con Héctor “Gringo” Amichetti.

–¿Qué representó para vos el Cordobazo?

–Hay jornadas en la historia que producen cambios trascendentes, la más importante fue la del 17 de octubre de 1945 que cambió el rumbo de la historia, se avanzó en derechos, se desarrolló la industria nacional y crecieron los beneficios sociales. El Cordobazo se dio en el marco de la resistencia a la dictadura que empezó con Aramburu, proscribiendo al peronismo y que con Onganía generó una política económica liberal con Krieguer Vasena como ministro. El Cordobazo fue el hecho culminante que hizo que la dictadura se tuviera que retirar para, en 1973, recuperar la democracia. El Cordobazo empezó con la conformación de la CGT de los Argentinos. En marzo de 1968 una mayoría de gremios se impuso en un Congreso normalizador de la CGT que llevaba el nombre de Amado Olmos. Esa mayoría no fue reconocida por la dictadura, tenía legitimidad pero no legalidad, tuvo un fuerte crecimiento en el interior del país impulsando las luchas que se venían dando producto de las políticas económicas y de ajuste de Onganía.

–¿Cuál era el contexto en el ‘69?

–1969 fue un año clave, se dio un encadenamiento de luchas, empiezan las luchas. En Tucumán por el cierre de los ingenios, el Ocampazo, en la universidad ante la concesión de los comedores estudiantiles que provocó levantamientos en Chaco y Corrientes, y se extendió en todo el país. Estaban muy combinadas las luchas entre estudiantes y la CGTA en cada lugar. Fueron días que agitaron todo el país, pueblada tras pueblada, y el hecho culminante fue el Cordobazo, que se produjo más desde el movimiento obrero, se combinaron las tres patas, los mecánicos por el descanso del Sábado Inglés con asambleas multitudinarias del Smata, conducido por Elpidio Torres, que no era un hombre de la CGTA, estaba más bien cercano a Vandor, pero encabezó esa lucha tomando las reivindicaciones de los trabajadores que representaba. Atilio López, de la Unión Tranviaria Automotor, y Agustín Tosco que sí era de la CGTA, junto con una cantidad de gremios. Tosco era el que más vinculación tenía con el sector estudiantil. La toma de la ciudad durante tantas horas demostró el ejercicio del poder popular, el pueblo fue dueño de la situación. Había que transformar eso en organización.

–¿Qué rol jugó la CGTA en todo el proceso?

–Creo que fue clave, la CGTA a través de su programa planteaba mucho más que la lucha por las reivindicaciones laborales, hablaba de un proyecto de país. El primer punto era que la propiedad debía existir en función social, algo que venía desde la constitución del ‘49 y que la “fusiladora” había borrado de un plumazo. También decía que los trabajadores tenían derecho a participar de la producción, del control y la gestión de las empresas. Había un proceso de concentración que generaba empobrecimiento del pueblo y la CGTA en su programa hizo un planteo general y profundo: lo que había que cambiar era el sistema.

–¿Y la resistencia peronista?

–La posta de la resistencia la tomó la clase trabajadora. En 1957, cuando la Revolución Libertadora intentaba formar una CGT adicta y el capitán Patrón Laplacette llamó a un Congreso, surgieron las 62 Organizaciones, que eran peronistas y comunistas, y rompieron esa maniobra de la dictadura. En el ‘57 hubo una primera reunión en Córdoba y nació el programa de La Falda, que planteaba un proyecto de país, decía que los recursos naturales pertenecían a la nación, que había que combatir a los monopolios, que la consolidación de un proceso de liberación era la integración latinoamericana. Planteos que se profundizaron con el programa de Huerta Grande en el ‘62, con la nacionalización de la banca, la expropiación a los monopolios. Luego, el de la CGTA el 1° de Mayo. Fue un proceso de resistencia encabezado por los propios trabajadores y trabajadoras.

–¿Qué mantendrías hoy de los programas de La Falda, Huerta Grande y CGTA?

–La recuperación del rol del Estado. La transformación del sistema financiero, hoy seguimos con la ley de la dictadura, con un sistema financiero que opera para reproducir el beneficio de los poderosos y multiplicar sus ganancias, la fuga de capitales pasa por los bancos. El crédito al servicio de la producción para reactivar la economía, apoyar la industria nacional y recuperar el control del comercio exterior para que esté en manos del Estado.

–¿Cómo está la situación para los trabajadores gráficos?

–El gremio nuestro fue muy impactado por la tecnología, en el proceso de producción gráfica por lo que significó la digitalización, la computarización. Otro efecto es la reconversión, lo que antes era la base de la industria gráfica, los diarios, las revistas en papel, hoy está debilitado. Esas grandes editoriales con 400 trabajadores ya no existen. Se mantienen como editoriales periodísticas pero no existen los grandes talleres gráficos. Es el caso de editorial Atlántida, Abril, Perfil, Fabril Financiera. Las revistas tienen pocos tirajes y se lee mucho vía digital. Los diarios también, algunos desaparecieron o salen una vez a la semana y se imprimen varios diarios en un sólo taller. Pero ha crecido el área relacionada al packaging, a los envases, el sistema se llama flexográfico, hay plantas que tienen 300 trabajadores y van en crecimiento, con mucha tecnología. En términos generales el gremio se ha achicado en puestos de trabajo y el impacto son las crisis porque la industria gráfica está muy ligada al consumo interno y a otras industrias. Si hay menos venta de alimentos hay menos producción gráfica porque se hacen menos envases, cajas, paquetes la etiqueta de un producto. En ese sentido la crisis económica es la que más afecta a los puestos de trabajo.

–¿Cómo impacta el nivel de concentración de la producción?

–Hay una concentración muy grande de la producción de los insumos, que son el mayor costo en los productos, el acero, el aluminio, el papel. Hay dos grandes empresas, Ledesma y Celulosa, que son productoras de papel y que no abastecen la demanda que tiene hoy la industria del libro. Se ponen de acuerdo y fijan los precios como se les da la gana. Eso encarece enormemente la producción, pone límites a la producción nacional con lo cual también corremos el riesgo de que las editoriales vuelvan a imprimir fueras del país. Es parte de una batalla integral, ellos quieren limitar el desarrollo industrial. Cuando combatimos la inflación vamos a controlar los precios al final de la cadena, un supermercado por ejemplo, y no controlamos la estructura de costos de lo que tiene mayor incidencia en el precio que es el que fabrica el insumo difundido. No nos metemos con Ledesma, no nos metemos con Celulosa, no nos metemos con Techint, no nos metemos con Aluar y entonces ellos son los que determinan cuál es el precio de un producto o qué capacidad de producción tenemos. Para revertir esto el Estado tiene que intervenir, si no está el Estado es el mercado el que determina. Perón decía que la economía no es neutral, o la maneja el Estado o la maneja el mercado. El Estado tiene que volver a controlar el mercado exterior, tiene la capacidad para controlar el Río Paraná, construir el Canal de Magdalena para no depender del puerto de Montevideo, tiene la posibilidad de incidir en el sistema financiero. Hay que creer que esas cuestiones siguen vigentes. El Estado y el pueblo son los factores fundamentales para recomponer el derecho a la autodeterminación.

–¿En la coyuntura actual, la falta de radicalidad en los gobiernos progresistas facilita el crecimiento de las fuerzas reaccionarias?

–Yo creo que surgen estas nuevas expresiones de la derecha producto de la debilidad del poder que construimos las fuerzas nacionales y populares. Tuvimos cuatro años de un gobierno con fuerte impronta neoliberal que provocó un daño enorme sobre la producción, el trabajo, aumentó pobreza, desindustrializó aún más, generó endeudamiento externo y mayor dependencia. Te dejó condicionado, cuando el pueblo reaccionó frente a eso, lo hizo con lucha. El 2019 no fue producto de una cantidad de dirigentes que se unieron y conformaron un frente, fue producto de un proceso de lucha en las calles que dieron las organizaciones populares. Calculo que cuando el FMI le dio ese préstamo a Macri pensó en dos direcciones que apuntaban a lo mismo: o ayudamos a este gobierno a consolidarse o condicionamos fuertemente a cualquier alternativa popular que pueda venir. De hecho en la práctica ocurrió eso. Condicionan de tal manera que no es fácil salir de esa trampa y genera un descontento muy grande que lo capitalizan las fuerzas extremistas en este caso de derecha. Ellos usan hoy la palabra libertad pero es la libertad del capital, pretenden dejar todo librado al mercado. El extremo de lo que nosotros tenemos que construir. Esos sectores corporativos lo que quieren es recuperar el control del gobierno.

–¿Qué pasa con esa debilidad de la democracia?

–Hay un derecho al ejercicio del voto pero después hay una incapacidad para que el pueblo siga siendo protagonista a través de sus organizaciones. La democracia tal cual está estructurada, ¿tiene el poder suficiente como para defender los intereses del pueblo? Yo creo que no, esos poderes institucionales están cooptados por las corporaciones. En el Poder Judicial se ve claramente. El bloque opositor del Legislativo defiende los intereses de esos grandes grupos corporativos y el Ejecutivo está condicionado. Hay que pensar en nuevas instituciones que fortalezcan la democracia, que recuperen su verdadero rol. Tenemos que pensar en un cuarto poder que sea la expresión de las organizaciones del pueblo y que también intervenga, pero no como espectador del debate en la cúpula política. Tenemos que apuntar a recuperar el verdadero valor de la democracia que es el poder del pueblo.

“Fue una etapa riquísima que construyó un poder y una organización popular en los barrios, en los sindicatos, en las universidades. Fue el gran obstáculo para las fuerzas oligárquicas y la explicación de por qué tenemos 30.000 compañeros desaparecidos. Había que desarticular esa fuerte organización popular que se venía forjando durante décadas, esa estructura de organización popular que ponía en jaque al propio sistema. En Argentina tuvo características muy particulares que son las comisiones internas, los cuerpos de delegados. Esa acción represiva masiva le permitió a la dictadura iniciar el proceso de debilitamiento del Estado, la desindustrialización del país, la financiarización de la economía e instalar un nuevo instrumento de dominación que fue el endeudamiento externo”.

“Pareciera que ya no se puede hablar del rol que debe ocupar el Estado, de que los trabajadores tienen que tener todos los mismos derechos y la misma dignidad, pareciera que la fragmentación que creó el neoliberalismo en la sociedad no puede ser modificada. Yo creo que sí, tenemos que volver con la vigencia de esa idea potente: si hay un proyecto nacional al servicio de las mayorías populares todo es posible”.

Análisis

Cuba: ¿en el ojo de la tormenta?

Argentina ¿se une al bloqueo contra Cuba?.

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Por Stella Calloni

En un comunicado enviado a sus operadores de turismo este 24 de abril la Empresa Cubana de Aviación, línea aérea de la República de Cuba informa a sus operadores de turismo que debió cancelar vuelos a Buenos Aires porque las empresa proveedoras de combustibles se niegan a proveerla.

“Ante la abrupta negativa de las empresas proveedoras de combustible de aviación en la República Argentina de prestar servicio a la aerolínea Cubana de Aviación, SA y a sus vuelos autorizados por la Administración Nacional de aviación Civil de Argentina (Anac) invocando disposiciones de las medidas de bloqueo de Estados Unidos contra Cuba”, señala el comunicado de esa empresa.

Por esta razón se informa que los vuelos de Cubana “que debían salir entre el 23 y 24 de abril fueron cancelados y la negativa alcanza a otras líneas aéreas contratadas por la empresa para tratar trasladar a los pasajeros afectados impidiendo con ello cumplir los compromisos asumidos por la aerolínea con éstos».

En estos momentos está tratando de lograr cupos en otras líneas aéreas que llegan a Cuba, para trasladar a los pasajeros que tenían previsto retornar a su país el 24 de abril que serán protegidos en la medida en que existan asientos disponibles en otras aerolíneas que poseen rutas aéreas desde Cuba hacia Argentina.

En otro orden se informa que los pasajeros que no hayan iniciado el viaje podrán recibir el cien por ciento del reembolso de su boleto aéreo. Finalmente señalan que las acciones de los proveedores argentinos escapan a toda decisión de Cubana de Aviación.

Resulta imposible no analizar que esto indicaría que el gobierno argentino, que suspendió los vuelos de Aerolíneas Argentinas a la Habana, no permite que Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) provea de combustible a los aviones de Cubana de aviación y toma la decisión de unirse al bloqueo de Estados Unidos de 63 años contra Cuba, un récord de un sitio medieval en la historia de la humanidad, que fue reforzado en 1996 con la Ley Helms Burton de 1996 y profundizado hasta la asfixia con nuevas más de 250 nuevas medidas que fueron decididas durante el gobierno del republicano Donald Trump y sostenidas por el actual gobierno demócrata de Joe Biden.

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