Entrevista
“Madrid, Buenos Aires, París, a través del espejo” de Aye Seque
Entrevista a la escritora y médica mercedina que surfea el difícil género fantástico.
Por Antonio Secci
Aye Seque (seudónimo de Ayelén Sequeiro) es médica oriunda de la ciudad de Mercedes, al oeste de la ciudad de Buenos Aires, especializada en Medicina Gral. Familiar y Diabetología.
Lectora contumaz desde su adolescencia, acarició durante años la idea de ponerse al otro lado del papel y escribir sus propios libros.
Finalmente, a sus 37 años y con una trayectoria consolidada en la medicina, acaba de publicar su primera novela en Argentina: Madrid, Buenos Aires, París, a través del espejo (Acercándonos Ediciones). Una ópera prima que augura un recorrido fértil en el ámbito literario.
El Argentino charló con la autora sobre su libro y los pormenores de esta creación que ya jalona las estanterías de las librerías en su país.
Mucha gente atesora la idea de “algún día” comenzar a escribir un libro. Otras –las menos– de iniciar una carrera literaria. Usted acaba de publicar su primera novela. Si esto fuera una encuesta… ¿En cuál de los dos grupos usted marcaría una X?
Si bien la idea siempre fue de “algún día” poder atravesar la experiencia de la escritura y con la meta cumplida, me dejó con ganas de más, pero por ahora desde el disfrute y no desde el enfoque laboral.
Es joven y demostró talento… ¿Ese “por ahora” podría mutar hacia algo permanente más adelante?
Supongo que sí. Mi formación en medicina fue una carrera y una inmersión académica en toda regla. Luego de eso me propuse poder elegir desde otro lado los proyectos que se fueron sucediendo, como este de escribir.
Para empezar el camino de las letras escogió un género nada sencillo, que es el fantástico. No cualquiera se atreve. ¿Cómo surgió la idea y cuánto tiempo la tuvo “in pectore” antes de sentarse a escribirla. Seguramente hay lectores que les gustaría saber su proceso creativo… Cuéntenos, si quiere.
La idea surgió una tarde de marzo en la cual estábamos en familia. Les estaba contando a mis cuñados que había comenzado a leer varios libros y mirar series, pero no hallaba en ellos la historia que quería leer o ver, por lo que al pasar les dije a modo de broma: voy a escribir yo un libro. Mi cuñado tomó el testimonio y me dijo: ¿Y por qué no lo haces? Esa pregunta disparó mi propósito y a la semana estaba escribiendo las ideas principales, las cuales fui puliendo en los meses siguientes. Todo fue tomando forma y adquiriendo su propia dinámica narrativa. Fue muy curioso y estimulante a la vez.

Toda novela –y la suya, desde ya– generalmente tiene dos o tres niveles de lecturas: la forma (lo argumentativo); la trama simbólica (es decir, las representaciones arquetípicas que allí se plasman); y lo sociológico, ideológico o político que pueda tener (muchos libros carecen de esta subcapa y eso no es ni malo ni bueno). ¿Su novela puede leerse en cuántas claves?
Eso dependerá mucho de la apertura del lector, el cuál puede quedarse con la trama de una novela, o puede sentirse interpelado por las reflexiones que se proponen en ella desde el punto de vista filosófico y político. Hay un fragmento en el que un personaje se plantea el carácter cíclico de los acontecimientos. No es extraño que ese aspecto aparezca en la novela, justamente en estos últimos tiempos en los que estamos transitando ciclos ya vividos como país y como comunidad global.
En su novela los personajes viajan en el tiempo casi sin darse cuenta y contemplan sus vidas entrecruzadas por cambios de lugares y de etapas. Sin dudas eso resuena a una metáfora de algo más sutil (cada lector interpretará a su manera esta novela). Usted como autora, qué nos quiso decir entrelíneas a través de ese viaje temporal de Mara, Marie y Gabrielle, las protagonistas?

Aye Seque hace guiños constantes a los lectores, jugando con el espacio-tiempo y lo que ello produce en la mirada existencial de los protagonistas.
Que toda elección es, a su vez, una renuncia. Que nos construimos a partir de ellas y que la Teoría de la Relatividad y de los múltiples universos pueden concretarse a través de la catarata de eventos que de allí se desencadenan.
¿Se sintió cómoda en el (muy difícil) género fantástico? No sé si conoce al británico Terry Pratchett (no es muy conocido por los lectores de América Latina), pero Pratchett es la mejor muestra de que el género fantástico goza de enorme salud entre los lectores… ¿Su próxima obra será en la misma línea o tiene pensadas otras incursiones? En cualquier caso, creo que en esta primera obra, hay mucha promesa de más material y además bueno… Usted dirá lo que sigue.
No he leído nada de Terry Pratchett, pero ya lo voy a investigar. Me sentí muy cómoda con el género, ya que me resulta mucho más sencillo por la infinidad de enfoques en los que puede diverger y las posibles consecuencias. Mi próxima obra no está definida aún, sobre todo porque cuando me siento a escribir, las ideas brotan y cobran vida propia, por lo que no puedo adelantar hacia dónde querrán ir esta vez.
Por último… ¿Cómo fue su rutina de trabajo, habida cuenta de que además de profesional de la salud es madre de dos niñas y esposa? ¿La narración fluyó? ¿Corrigió mucho? ¿Hubo contramarchas en el desarrollo o partes que tuvo que cambiar o desechar? El proceso creativo no siempre es lineal, aunque hay autores que fluyen increíblemente cuando se sientan a escribir. ¿Cómo fue esta parte de la experiencia para usted?
Confieso que uso el horario de 23 a 1.30 o 2 AM para las actividades que me propongo (ya sean cursos de actualización, lectura y escritura), hay varios días que no trabajo de mañana y eso me permite extender el horario nocturno.
Como anécdota puedo contar que el proceso de armado de la historia no partía de una planificación previa, ya que al escribir la historia iba tomando un curso propio, que a veces no era el que había pensado. Cuando imagino la escena voy sintiendo como una voz en off que relata lo que va pasando.
Los griegos atribuían a eso, a ese susurro sutil que favorece la creación artística, a la intervención de las Musas. Un artista es muchas veces un médium, un intérprete de lo que algunos denominan la “supraconciencia”. Yo adhiero a ese enfoque absolutamente.

Aye Seque nos recibió en su casa de Mercedes y dialogamos extensamente sobre su ópera prima y la trastienda creativa de su novela de género fantástico, Madrid, Buenos Aires, París, a través del espejo.
Son como mundos paralelos que cohabitan ese espacio en donde la creación se expresa. No creo que los griegos estén alejados de esta visión que también comparto. Con respecto al desarrollo de la historia, fue bastante fluido ya que en cuatro días pude armar el eje transversal, en dos semanas ya estaba la estructura principal y a los dos meses había terminado de escribirla. Luego comenzaron las correcciones con la ayuda de mi amiga Gabriela Pérez. Trabajo que disfrutamos muchísimo. Al contactarme con la editorial, volvimos a realizar algunas correcciones, que se siguieron hasta los días previos a imprimir (creo que siempre se encuentra algo nuevo que pulir)
Algo que evaluamos mucho fue la característica de los nombres que eran muy similares y por momentos pensamos en cambiarlos para no crear confusión, pero decidimos dejarlo como condimento que exija la atención del lector. Contamos con varios lectores previo a la impresión que nos ayudaron a vislumbrar dificultades en la comprensión del desarrollo de la historia, ya que al estar tan empapadas en ella, no podíamos verlas con claridad.
Una bella primera obra de la que debe estar orgullosa, sin dudas.
Gracias… Estoy feliz por ello.
¿Dónde se puede obtener en Argentina?
En papel en cualquier librería de Buenos Aires. En formato digital a través de la editorial Acercándonos:
https://www.acercandonoscultura.com.ar/libro-313-madrid-buenos-aires-paris.html y en la ciudad de Mercedes donde resido, en la librería Tiempo de Papel ubicada en la calle 30 con 21. Por fortuna con muy buena recepción hasta el momento en todos los formatos. Estoy muy contenta por esa buena acogida, que fue agradable sorpresa para mí.
Entretenimiento
La Granja de Zenón cumple 10 años: «Cuando veo conectar a los chicos con los personajes, siento que todo vale la pena»
En diálogo con El Argentino, el productor Maximiliano Córdoba reconstruye la historia de La Granja de Zenón y explica por qué el fenómeno sigue vigente diez años después. Además, comparte las experiencias que más lo marcaron junto al público y recuerda la casualidad que terminó llevándolo al universo del teatro.
La Granja de Zenón celebra diez años sobre los escenarios con una nueva temporada de En busca del arcoíris, el espectáculo que forma parte de la cartelera de vacaciones de invierno y permanecerá en el Teatro Astral hasta el 2 de agosto. Lo que comenzó como una propuesta para llevar al teatro a los personajes que millones de chicos ya seguían en YouTube terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos del entretenimiento infantil más importantes del mundo hispanohablante.
Detrás de ese recorrido está El Reino Infantil, el universo creado por Roberto «Kuky» Pumar, que hoy supera los 240 millones de suscriptores en YouTube y se expandió a la televisión, las plataformas digitales, los videojuegos, los productos licenciados y los espectáculos en vivo. En diálogo con El Argentino, el productor Maximiliano Córdobareconstruyó cómo nació la apuesta teatral, explicó por qué el vínculo con el público sigue siendo el corazón del proyecto y recordó las experiencias que, diez años después, todavía lo emocionan.

Del éxito en YouTube al teatro: el encuentro que pedían las familias
Cuando La Granja de Zenón se convirtió en un fenómeno en YouTube, el universo de El Reino Infantil ya había trascendido la pantalla. Las canciones, los juguetes, los libros y los peluches acompañaban la vida cotidiana de miles de familias, mientras la comunidad crecía en distintos países. En ese contexto surgió una nueva pregunta: ¿cómo llevar esa experiencia al mundo real?
«Fue una necesidad que surgió del pedido del público en las redes»,recuerda Córdoba.
«Leader Entertainment trabajamos como una empresa 360. Tratamos siempre de completar un poco más la experiencia. Teníamos algo sin precedentes en plataformas digitales, los juguetes, los libros, los peluches… lo que nos faltaba era el encuentro genuino con el público, poder verlo cara a cara. Querés ver nuestros capítulos y nos tenés en YouTube; querés tener nuestros personajes y vas a las jugueterías más importantes del país; ahora, querés vernos en vivo y conectarte con nosotros, vení a vernos al teatro», comenta.
Con el paso de los años, esa propuesta también fue transformándose. No porque cambiara el público al que apunta -niños de entre uno y seis años-, sino porque el equipo fue aprendiendo qué esperaba la audiencia de cada función. La tecnología, las proyecciones y la puesta en escena evolucionaron, pero el cambio más importante estuvo en la manera de vivir el espectáculo.
«El público ya no quiere ser más un simple espectador, sino que quiere ser parte del show. Eso fue mutando mucho en estos años. Tratamos de encontrar esa comunión entre la música, el texto y la interacción», explica el productor. Para Córdoba, ese intercambio es el que permite que, por un momento, un personaje de dos metros de altura deje de ser un actor disfrazado para convertirse, a los ojos de los chicos, en el verdadero Bartolito o la Vaca Lola.
El vínculo con los chicos, la clave de un fenómeno que cruzó fronteras
Si el teatro nació para acercar los personajes a las familias, la permanencia del fenómeno, cree Córdoba, tiene otra explicación. No habla de estrategias comerciales ni de fórmulas para sostener el éxito. La respuesta, dice, la encontró hace tiempo en una conversación con Roberto «Kuky» Pumar, creador de El Reino Infantil.
«En una charla que tuve con Roberto Pumar le pregunté por qué creía que el fenómeno seguía vigente. Su respuesta fue muy simple, pero a la vez muy profunda: ‘Todos tratan de generar un producto para la familia; yo simplemente creo personajes para los chicos. Están pensados para entretener, acompañar y convertirse en un amigo, en un compañero. Están pensados para ese público, qué es lo que el niño necesita'», recuerda Córdoba.
Esa manera de pensar los contenidos, sostiene, también terminó reflejándose fuera de la Argentina. Lo que comenzó como un fenómeno local hoy tiene elencos que recorren distintos países y funciones que convocan a miles de familias en España y Latinoamérica. Y todavía se sorprende con la respuesta del público: «He estado en los mejores teatros de España y, de repente, empiezan a sonar los clásicos de La Granja de Zenón y ves a mil o tres mil personas cantando sin parar. Esto es un fenómeno».
Las escenas se repiten una y otra vez, sin importar el país. «Veo salir a la Vaca Lola en Manizales, Colombia, y parece que salieran los Rolling Stones. Lo mismo pasa con Bartolito en Bolivia, Perú o Centroamérica». Para Córdoba, esa reacción confirma que la música y los personajes lograron construir un lenguaje común que atraviesa generaciones y fronteras.
“Cuando los veo conectar, siento que todo vale la pena»
Más allá del éxito, Córdoba asegura que lo que más recuerda no son las cifras ni las giras, sino los encuentros con las familias que asisten a cada función de La Granja de Zenón.
Uno de esos recuerdos está ligado a las funciones distendidas, una propuesta que incorporaron para que chicos con diferentes necesidades sensoriales y de apoyo puedan disfrutar del espectáculo. «Me ha pasado de ver a chicos autistas, a chicos con parálisis cerebral, y lo que genera la música en ellos es indescriptible. Se me pone la piel de gallina de ver cómo el cuerpo responde, de ver cómo la música empieza, y tiene que ver con esa cosa maravillosa que tiene la música, que nos une, que nos moviliza el cuerpo, que nos iguala, que nos hace sentir», cuenta el productor.
Momentos como ese son los que, según cuenta, le reafirman por qué eligió dedicarse al teatro. Incluso admite que nunca había experimentado una emoción similar con otro espectáculo. «Esto no me ha pasado nunca con otro personaje, con otro producto. Cuando los veo conectar, siento que todo vale la pena. Que ya marcamos algo en un niño, dos o tres, ya está. Poder darle un ratito de alegría a tantos niños me afirma que fue el camino correcto», confiesa.
Esa idea de encuentro atraviesa toda la propuesta de La Granja de Zenón. Para Córdoba, el objetivo nunca fue solamente montar un espectáculo, sino construir un espacio donde los chicos puedan reencontrarse, año tras año, con personajes que sienten cercanos. «A mí me pasa que cuando era chico era fanático de Los Muppets y de Plaza Sésamo. Lo que tenían de maravilloso, y es lo que busco con mis espectáculos, es que los chicos se lleven que siempre hay un lugar donde nos pueden encontrar. Que el teatro es un lugar de reunión porque siempre nos vamos a poder volver a encontrar. Es mantener viva la ilusión de que nosotros estamos ahí».
“Sentí que pertenecía a ese lugar»
La manera en que Córdoba habla del teatro también tiene una explicación personal. Mucho antes de convertirse en productor y recorrer escenarios de distintos países, hubo una función que cambió su vida para siempre.
«Yo era un pibe muy tímido. Un día, la empresa para la que trabajaba mi tío regaló entradas para ir a ver Arlequín, servidor de dos patrones, en el Teatro Margarita Xirgu. Yo nunca había ido al teatro, creo que tenía ocho o nueve años, y me enamoré. Sentí que pertenecía a ese lugar, a los olores, a la comunidad, a esa fiesta que iba a suceder. Esa fue mi primera conexión con el teatro», recuerda.

Esa sensación fue el punto de partida de un recorrido que todavía continúa. Primero estudió actuación, aunque pronto entendió que su lugar estaba detrás del escenario. «Empecé a estudiar actuación, me di cuenta de que no era lo mío, pero que yo quería estar ahí«, cuenta el productor de La Granja de Zenón. Poco después consiguió su primera oportunidad como utilero en el Teatro Broadway y empezó a descubrir cada uno de los engranajes que hacen posible una función.
«Lo que más me fascinó del teatro fue que te da la posibilidad de ver demasiadas áreas en conjunto y de todo podés aprender. Fui encontrando mi lugar de alguna manera. Siempre quise hacer producción», afirma. Desde entonces recorrió la Argentina de punta a punta con distintas compañías y más tarde llevó ese trabajo a escenarios de otros países, una experiencia que, asegura, sigue disfrutando como el primer día.
«Me siento muy privilegiado con el recorrido que pude hacer. Siempre trato de no dejar de sorprenderme, que creo que es lo que me hace feliz», dice. Y enseguida vuelve sobre una idea que atravesó toda la charla: la necesidad de escuchar al público y crecer con él: «El teatro también va cambiando. La gente consume cada vez más y hay que darle propuestas mejores, más elaboradas. A mí me interesa hacer productos que te dejen pensando».
Diez años después de llevar a La Granja de Zenón a los escenarios, Córdoba sigue buscando que cada función provoque en otros chicos algo parecido a lo que él sintió aquella primera vez que cruzó la puerta de un teatro: la sensación de haber encontrado un lugar al que siempre vale la pena volver.
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