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Entrevista

«Francisco está atento a los signos de su tiempo en el tema de la mujer»

Entrevista a María Fernanda Silva, embajadora argentina en el Vaticano. A 10 años de ser elegido, la diplomática se refirió a la «apertura» del Pontífice hacia una mayor participación femenina en la Iglesia. Además, repasó las transformaciones centrales de su pontificado.

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Por Hernán Reyes Alcaide

La embajadora argentina ante la Santa Sede, María Fernanda Silva, consideró que el Papa Francisco «está atento a los signos de su tiempo en el tema de la mujer», al analizar la apertura del Pontífice hacia una mayor participación femenina en la Iglesia y repasar los lineamientos centrales del pontificado en ocasión del décimo aniversario de su elección, que se celebra el 13 de marzo.

¿Cuáles son las palabras con las que definiría los primeros diez años del pontificado de Francisco?

Lo primero que pienso es en la fraternidad, porque apenas es elegido, en ese primer discurso improvisado ante la multitud en la Plaza San Pedro, Francisco dice tres veces la palabra fraternidad. Ahí nos contó el camino de su papado. Otra palabra es profecía: hay un papado profético, en el sentido más profundo de quien para cumplir la profecía va y ve. El «ven y lo verás» del Evangelio. Y eso nos lleva a su tercer elemento que es la cercanía. La profecía es central en la tríada porque está también en las palabras que eligió para su escudo: «Misericordiando y Eligiendo», es decir «lo miró con misericordia y lo eligió». Eso es la conciencia de no ser perfecto, de que Dios no elige perfectos, pero que tiene una misión para cada uno y cada una, y allí está la profecía, una profecía que se cumple colectivamente. Y así se van entramando las palabras que hacen a su papado, como el conocimiento directo y el discernimiento, en la comprensión de la misión con humildad, que es otra de las palabras de su pontificado. El Santo Padre es pensamiento y es acción, pide que su pueblo fiel no se quede en una espiritualidad vaga sino que vaya a lo concreto. Él hace los gestos y los lleva a la acción.

¿Cómo ve que se expresan en Francisco su dimensión latinoamericana, siendo el primer Papa en la historia que viene de la región, y su dimensión global, convertido en una figura mundial?

Francisco es sin dudas el Papa más global, es el pontífice de los medios de comunicación en nuestras casas y en nuestras manos todo el tiempo. Siendo además un Papa de mucha presencia en redes sociales, uno podría tener su palabra a la mano todo el tiempo si quisiera. Y eso le da una globalidad única que se reforzó en el momento de la pandemia: ese fue el momento en que se definió como líder global más allá de la fe y de creencia o no creencia, en ese rezo en soledad del 27 de marzo de 2020 y el «nadie se salva solo» frente al planeta entero. Es un nadie se salva solo que también es parte de la iglesia latinoamericana.

Lo latinoamericano se ve en su primer escrito, la exhortación Evangelii Gaudium, cuando propone una Iglesia pastoral en salida misionera. Dice que la sueña, que es un verbo recurrente de su papado. Es el sueño latinoamericano, de quien está creciendo y tiene esa capacidad de soñar, y en eso lo veo no solo muy latinoamericano, sino muy americano, porque también es el sueño de Martin Luther King. Y en su encíclica Fratelli Tutti dice que Martin Luther King fue uno de los personajes que lo inspiró.

¿Cómo ve la apertura del Papa en el tema de la mujer, incorporando mujeres en altos cargos? Sin ir más lejos, por ejemplo, nombró una mujer en un cargo en el ministerio que nombra obispos, a otra como responsable de la relación con los organismos multilaterales.

Cada papado tiene signos de sus tiempos. Todos. El del papa Francisco no es ajeno a eso, y hay un signo de los tiempos que es de mayor equidad en la participación de las mujeres. Y él ha sido abierto a eso, las ha convocado, le ha dedicado mucho a escribir sobre las mujeres. Francisco tiene una esperanza en nosotras, puesta en el modo femenino de mirar y cuidar la vida. Porque también es el Papa que habla del cuidado. En esos dos aspectos, en la relevancia que le da a una mayor equidad y a los aspectos del cuidado, atiende a un signo de los tiempos. Si bien es el Papa de una Iglesia que según su relato nace con un Dios que transita una experiencia humana y también elige mujeres para hacerlas partícipes del hecho más grande de la historia que es su resurrección. La presencia de la mujer en la Iglesia católica está desde el comienzo, es cierto, pero hay una atención especial del Santo Padre a estos signos.

Por otro lado, le da mucha importancia a la mujer como gestora y a la capacidad de la mujer de moverse con convicciones, pero a la vez en los matices. Y eso ha hecho que la relevancia de convocar a mujeres al Vaticano y luchar también contra las desigualdades muy profundas. Por ejemplo, hay una mirada muy concreta del Papa sobre el tema de las mujeres y niñas como víctimas de distintas situaciones. Casi semanalmente hay una dedicación sobre estos temas puntuales. En definitiva, Francisco visibiliza desigualdades. Tiene una mirada hacia los últimos, sean desplazados, migrantes, víctimas de la trata ilegal de personas, del hambre, de conflictos bélicos o del racismo.

Usted marcaba al inicio algunas de las palabras clave del pontificado. Los dos Jubileos que ha convocado el Papa, el de 2015-2016 y el de 2025, tienen como ejes la misericordia y la esperanza. ¿Qué papel tienen estos conceptos en el magisterio de Francisco?

La misericordia es cercanía. Y el Papa centró en la misericordia el Jubileo Extraordinario que convocó en 2015-2016, durante el que dedicó semanalmente gestos de cercanía a los últimos. Y en el caso del Jubileo convocado para 2025, «peregrinos de la esperanza», junta dos figuras muy fuertes, la imagen del peregrino, es decir el que camina sabiendo a dónde va, con la esperanza, de la que dice que es la más pequeña de las virtudes, pero es la que sostiene a todas las demás. Y así, en esta situación de crisis de hambre, con guerra de efectos de espectro total, nos convoca a ser peregrinos de la esperanza, a sostener la fe.

¿Qué cree que representan las resistencias que hay desde distintos sectores al pontificado?

Las resistencias al pontificado son un síntoma de miedo. Es solamente miedo al cambio. A transformarse. Algo tan humano como el miedo. No avanzamos si nos enojamos frente a esas resistencias, si tratamos de discutir malamente o si somos indiferentes. Avanzamos si vamos amorosamente a tratar de explicar de qué se trata: la única manera de vencer al miedo es con amor.

De estos diez años, ¿cuál cree que es la frase o acción que quedará en la memoria colectiva?

El rezo del Statio Orbis el 27 de marzo en la Plaza San Pedro, cuando pronunció el «nadie se salva solo» va a quedar para siempre, es algo que lo trasciende, así como todo el desarrollo que hizo sobre lo que significa que estamos todos juntos en esta barca. Ahí está toda su idea de fraternidad, de misericordia, de cercanía, de esperanza. Nos transmito que hay un camino de salvación que es colectivo.

Entrevista

Juan Palomino: “Ir al teatro hoy es una gran inversión” en medio de la crisis

Tras el inicio de la gira nacional de El divorcio del año, el actor reflexiona sobre los vínculos en la era de las redes sociales, defiende la identidad del teatro nacional y analiza el impacto de la crisis económica en el acceso a la cultura, con una mirada crítica sobre la realidad social del país.

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Al término de un ensayo, con la energía todavía en el cuerpo y la gira nacional ya en marcha, Juan Palomino dialoga con El Argentino sobre el presente de El divorcio del año y, al mismo tiempo, despliega una mirada más amplia. Entre reflexiones sobre los vínculos, las redes sociales y la exposición, el actor traza también un diagnóstico social sin rodeos: identidad, cultura y crisis económica atraviesan una charla amena -y con profundidad- que trasciende el escenario sin dejarlo atrás. Palomino, el actor que viaja en subte, celebra su construcción individual y manifiesta su frustración más grande.

En ese cruce entre lo personal y lo profesional se inscribe también el presente de la obra. “El divorcio del año”, dirigida por José María Muscari y escrita junto a Mariel Asensio, comenzó su gira por el conurbano y el interior del país este 2 de mayo, en un formato que -según el propio Palomino- le devuelve algo que la pantalla no puede: el cara a cara con el público. 

En sus palabras hay entusiasmo y también emoción, porque para él no se trata solo de trabajo. “Si algo de hermoso tiene una gira es poder reencontrarse con el público que a uno lo ha conocido por una novela, una película, una plataforma o un reportaje. Ese es el valor agregado de estar en relación directa con el público, y eso es lo que a mí me gratifica muchísimo”.

Vínculos, redes y una comedia “salvaje”

En la primera parte de la nota, Palomino se mete en la obra y va más allá de lo argumental: conecta con lo que se pone en juego y habla de tensiones que no son nuevas pero que hoy -según plantea- se ven amplificadas. “Yo creo que tiene que ver mucho con los vínculos en estos tiempos, entre padres e hijos, entre las parejas”, explica, y enseguida abre el plano: “Si uno revisa el teatro argentino y el teatro mundial, los vínculos están en primerísimo plano”.

Sin embargo, hace una salvedad y sostiene que lo que cambia es el contexto. “Esta propuesta de Muscari-Asensio muestra lo que sucede en una pareja que ha construido una identidad desde lo mediático y que, de alguna manera, se ha olvidado de lo esencial: cultivar el vínculo con su hija -el personaje de Rocío Igarzábal-, que en esa disfuncionalidad termina siendo una víctima”.

Ahí aparece otro de los ejes que atraviesa la charla: el peso de las redes sociales en la vida cotidiana. “En estos tiempos, donde los dispositivos y las redes sociales están cada vez más presentes, han invadido la intimidad y la identidad, y eso es un factor clave que plantea la obra”.

Más allá de la historia puntual, insiste en que hay algo que excede a los personajes de El divorcio del año: “Creo que hay algo de universal en la obra, que tiene que ver con elementos de la cotidianidad de los vínculos que hoy se acentúan aún más, producto de las redes sociales y de cómo uno construye identidad y protagonismo”.

Entre la exposición y la vida real: identidad, calle y familia

Partiendo de la relación entre los personajes de la obra y las redes sociales, la conversación gira hacia la exposición pública. Palomino no se corre; al contrario, se planta desde su forma de vivir. No hay estrategia, dice. Hay elección. “Yo uso las redes sociales para mostrar lo que quiero”.

Pero lo que más remarca es otra cosa: nunca se despegó de la vida cotidiana. “Siempre fui una persona que construyó su identidad pública sin separarse demasiado de su vida cotidiana. Yo viajo en subte desde los ‘90, incluso cuando ya era conocido”. Lo cuenta como quien habla de algo natural, sin épica. “Yo tengo esa dinámica de manejarme por la calle y, si me puedo sacar una foto con alguien, me la saco”. Aunque, aclara, hay un límite. “Creo mucho en el acercamiento, pero las formas son las que definen eso”. Esa idea -la de moverse entre lo público y lo privado sin perder el eje- aparece una y otra vez. Y no solo en su carrera.

Cuando habla de su vida personal, el tono cambia. Se vuelve más reflexivo. No esquiva la complejidad, pero tampoco dramatiza: la pone en contexto. “Tienen muchísimo que ver las madres”, dice, en referencia a las mujeres con las que formó su familia. “Han tenido muchísimo que ver con el respeto, con el cariño, con entender también situaciones que no dejan de ser traumáticas y dolorosas. Eso es verdad, no voy a decir que no. Pero en el debe y el haber queda eso: prevalece el cariño, prevalece el respeto, prevalece la alegría de haber compartido y tener tres hijos. Porque siempre una separación, un divorcio, es doloroso”.

Esa experiencia, explica, no es algo separado de lo que es hoy. “Soy lo que soy producto de mis convicciones, de mi genealogía, de mis padres, de mi nacimiento en La Plata, de mi infancia y adolescencia en Cusco, Perú, de mi juventud en Melchor Romero y en la ciudad de La Plata”.

Más que una definición, suena a recorrido. “Creo que eso es lo que caracteriza a un sujeto, más allá de que sea actor, director, ingeniero o médico: esas características son las que me construyen como individuo”. Y vuelve al origen, casi como un punto de apoyo: “Sin olvidarme del contexto en el que estoy y de qué significó ser quien soy en distintas etapas, hay algo esencial que es el origen: mi papá y mi mamá son los que me dieron la base de lo que soy”.

Teatro e identidad: la defensa de lo propio

Cuando Juan vuelve a hablar de teatro, el tono se vuelve más enfático. No lo plantea como una cuestión estética, sino como algo más profundo: identidad. “Nuestros rasgos identitarios están dados por nuestros autores, por nuestra idiosincrasia”. En relación a su propia historia explica: “Mi primera obra fue El jardín del infierno, de Osvaldo Dragún, en el año 81, en plena dictadura, cuando Dragún estaba prohibido”.

Desde entonces, dice, hay una línea que no se corta. “El autor nacional es lo que nos identifica, y en ese sentido coincido plenamente con la idea de defender a nuestros autores”. Sin embargo, hace hincapié en que el escenario cambió: “Hoy prevalecen otras lógicas: hay menos ficción en televisión y todo pasa más por las plataformas”. Aun así, pone en valor lo que está haciendo hoy: “Estar haciendo autores nacionales en la calle Corrientes y salir de gira con una obra de autor nacional es un hecho gratificante”.

Aunque no deja de marcar el contexto: “Estamos en un momento bastante complicado con respecto a nuestra identidad y la relación directa que tenemos con el arte”. En ese momento, el actor pone en evidencia un punto clave: el acceso, es que para Palomino el problema ya no es solo qué se produce, sino quién puede acceder. “Son momentos muy complicados donde pienso que se está construyendo una economía para un 20% de la población y el resto no llega a fin de mes”.

La frase no queda aislada. La conecta directamente con el teatro. “Lo que antes era un derecho de la clase media trabajadora se fue degradando”. Por eso, dice, el vínculo con el público también cambia. “Nosotros tenemos una gran responsabilidad de dar lo mejor, porque sabemos que hoy ir al teatro es una gran inversión”. Y, al mismo tiempo, lo pone en valor: “Que el público elija ver una obra de autor nacional es muy gratificante en tiempos económicos complejos”.

La comparación es directa: “Antes era algo natural: podías ir a ver tres o cuatro obras al mes. Hoy eso se reduce a una, y no a todos les afecta de la misma manera”.

Empatía, crisis y una Argentina que duele

En ese punto, la charla se corre del teatro y entra de lleno en lo social. Pero no desde el discurso, sino desde una idea concreta: la empatía. “No es necesario transitar la angustia de no llegar a fin de mes para entender lo que está pasando”. Y refuerza: “No me tiene que pasar para darme cuenta de lo trágico que significa esto y cómo se ha ido degradando”. No habla solo de economía. “La empatía implica poder ver lo que sucede alrededor, aunque a uno le vaya bien”.

En este sentido, Palomino amplía el diagnóstico: “El mundo está muy complicado y la tecnología está ocupando un lugar central en todos los planos, también en la política”. Y deja una advertencia: “Veo un futuro bastante distópico y creo que hay que estar muy preparados para seguir siendo empáticos, amorosos e inteligentes para poder seguir contando historias”.

Cuando se le pregunta qué le duele del presente, no duda. Responde rápido, casi sin pensar. “La violencia verbal me lastima”. Y suma: “Me lastima ver gente durmiendo en la calle, cada vez más”. 

En esa misma línea, después aparece lo estructural: “La economía me lástima, porque por más que baje la inflación, los salarios no alcanzan”. Describe una escena que, dice, ya se volvió cotidiana: “El multi-trabajo se volvió algo normalizado y la idea de ser tu propio empresario muchas veces es una forma de auto-explotación”. Y desde su lugar, Palomino marca una diferencia: “Nosotros estamos acostumbrados a la incertidumbre, pero hay mucha gente que vivió años con estabilidad y hoy fue expulsada de ese sistema”.

La conclusión es clara: “Se está produciendo un cambio de paradigma muy grande en las formas de trabajo”, dice Juan.

Nuevas generaciones y futuro

Finalmente, en relación con este clima de incertidumbre, el actor reflexiona sobre el horizonte para los jóvenes y ahí vuelve a lo más cercano: la familia. “Todo depende de las estructuras familiares”, dice, y se detiene en que “los valores que trato de dar tienen que ver con la ética del trabajo, la solidaridad, el respeto y la curiosidad”.

No esquiva el contexto, pero tampoco se queda en eso. “Son épocas oscuras, con mucha violencia instaurada y con retrocesos en derechos conquistados”. Y, aun así, encuentra un lugar posible: “Trato, desde ese microespacio que es la familia, de construir cierta armonía en tiempos muy complicados”.

Juan en pocas palabras

Un ping-pong íntimo por sus gustos, valores y recuerdos.

Deporte favorito:

“Hago ejercicio, pero no soy deportista. Me encantó la experiencia del automovilismo”.

Club de tus amores:

“Boca Juniors, obviamente”.

Canción para una cena íntima:

“Hay un tema de Charo (Bogarín), mi mujer, que me encanta y se llama Areté”.

Un referente latinoamericano:

“Diego Armando Maradona”.

Lugar en el mundo:

“Es donde estoy, es mi casa. No sueño con una isla desierta ni nada por el estilo: mi lugar en el mundo es donde pueda estar con toda mi gente”.

Un recuerdo de la infancia:

“En el jardín de infantes en Perú, no haber podido interpretar a San Martín el 28 de julio porque era morocho y no era blanco como se suponía que era. Es mi frustración más grande”.

Un plato que lo devuelve a la infancia:

“El choclo con queso, con granos del Valle Sagrado de los Incas, que no existe acá”.

El barrio:

“Es mi patria chica. Ahora es San Telmo”.

El legado de tus padres:

“El afecto, el amor, la ternura, las convicciones y el hecho de no aceptar algunas reglas de juego y tener que romperlas”.

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