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Entrevista

“Luana es vida”: la historia de una madre que pelea contra el abandono y no se rinde

En una charla íntima con su madre, Lucía Espíndola, la historia de Luana expone las fallas de un sistema que llegó tarde y la lucha cotidiana por acceder a lo básico: un andador clave para su rehabilitación, una casa adaptable y la esperanza de caminar por primera vez. Además, relata cómo su hija marcó un antes y un después en su vida: “Gracias a ella volví a vivir”.

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Luana Espíndola tiene 15 años, vive con parálisis cerebral y hace poco más de un año atravesó una cirugía clave en sus piernas. Para que ese esfuerzo no quede inconcluso, hoy necesita un andador especial, con un costo de $7 millones, que le permitiría iniciar la rehabilitación y avanzar hacia una mayor autonomía. También necesita adaptar una casa precaria para poder moverse con dignidad.

A pesar de todo, Luana sonríe. Sonríe frente a un cuerpo que no siempre responde y frente a un sistema que llegó tarde. “Ella le da para adelante siempre y a mí me sorprende que siempre está sonriendo. Ha pasado por un montón de cosas para las que yo no sé si sería tan fuerte”, dice su mamá, Lucía. “Eso es lo que me da fuerza para seguir acompañándola”.

La historia de Luana empezó a torcerse apenas días después de nacer, cuando su cuerpo comenzó a dar señales de que algo no estaba bien.

-¿Recordás cuál fue la primera señal que te hizo desconfiar de que algo no estaba bien, pese a lo que te decían los médicos?

-Cuando nació Luana yo tenía 15 años, la misma edad que ella tiene hoy, pero yo me crié rodeada de bebés. Había visto muchos chicos crecer y desarrollarse. Entonces, veía señales de que algo no estaba bien. Decía: no puede ser que mi hija esté tan tranquila, que no se le escuche ni siquiera llorar. Ella sonreía, miraba para los costados, pero no buscaba hacer cosas que un bebé empieza a hacer cuando va creciendo.

Todo eso lo notaba y le decía a la pediatra que necesitaba una interconsulta, otro médico, algún especialista, porque con todo lo que ya venía atravesando, algo no cerraba. 

Tenía casi un año cuando la neuróloga la ve y nos dice que tenía parálisis cerebral, con retraso madurativo. En ese momento, me confirmó que era porque había tenido una falta de oxígeno al nacer que afectó una parte del cerebro.

A mí nunca nadie me había dicho nada de esto. Mi embarazo había sido perfecto, Luana venía sana. Yo tuve una cesárea de urgencia y ella tuvo insuficiencia de oxígeno en el cerebro. Fue una mala praxis porque el médico que me atendió nunca nos dijo que había pasado esta dificultad en el trabajo de parto. 

-Casi 15 años después, Luana accedió a una cirugía clave en sus piernas, una intervención que ya sabías que iba a requerir elementos ortopédicos fundamentales para el posoperatorio y la rehabilitación. ¿Cómo fue ese proceso?

-Con la obra social renegamos muchísimo. Luana estuvo dos o tres años sin silla de ruedas, algo básico para su vida diaria. 

En 2024 nos dicen que estaba la posibilidad de operarla. La operación fue el 4 de diciembre de ese año. Nos dijeron que había que empezar los trámites con tiempo, porque todo demora. Nosotros hicimos los pedidos a tiempo, con mucho margen. Les explicamos que ella necesitaba esos elementos antes de la operación, porque después de sacarle los yesos los iba a necesitar sí o sí. Pero no llegaron. Pasó la operación y el posoperatorio fue muy duro. Luana estuvo más tiempo internada que en casa. Le salieron escaras en los pies, se le inflamaron, la pasó muy mal.

Recién dos meses después llegaron cosas que necesitaba mucho antes. Hoy todavía las usa, pero nos falta el andador especial, que es fundamental para cumplir este sueño de verla caminar por primera vez. La verdad es que no tengo los recursos ni ayuda del Estado. Estoy cansada de pedir. También necesitamos adaptar la casa para que ella pueda moverse con comodidad, y no recibimos ayuda por ningún lado. 

-¿Eso te motivó a contar tu historia en redes sociales?

-Sí. Las redes (@todosxluanaa) son una forma de dar a conocer nuestra historia y a apelar a la solidaridad. Siempre digo que la situación está difícil para todos, pero lo único que busco es acompañamiento y que me ayuden a visibilizar.

Quizás nuestra historia llegue a alguien que tenga, por ejemplo, un andador que ya no use y lo pueda donar. El único sueño que tengo como mamá es ver a mi hija caminar. Por eso, lo único que pido es que me ayuden con eso. Solo espero que puedan ponerse un segundo en mi lugar.

-Hoy viven en una casa muy precaria. Más allá de tus otros hijos, ¿qué es lo que necesitás con urgencia para mejorar la calidad de vida de Luana?

-Hoy estamos tratando de arreglar el baño, agrandarlo y adaptarlo para que Luana tenga comodidad. Ahora es muy chiquito y tenemos que meterla en una silla para poder bañarla.

Queremos que tenga su bañera, su espacio, su comodidad. También necesitamos agrandar nuestra pieza para que ella pueda movilizarse mejor. La habitación es larga, pero está dividida en dos: en una duerme Luana con uno de sus hermanitos y en la otra mi nene más chiquito. Mi prioridad hoy es seguir adaptando la casa para ella. Después, el resto llegará. Yo creo que los tiempos de Dios son perfectos y que las cosas van llegando de a poco.

“Ella me salvó a mí”: la maternidad como refugio, fuerza y sentido 

-Lucía tu historia está marcada por la adversidad, desde abusos en la infancia hasta batallar a diario con la pobreza. ¿Qué significa Luana en tu vida?

-Ella me salvó a mí. Ella vino a salvarme. Luana tenía un propósito en su vida, en existir en este mundo, y fue llegar a mí para salvarme, porque yo había pasado por algo terrible. No tenía ganas de nada, estaba cansada, no encontraba un motivo para salir adelante. Cuando la persona que te tiene que cuidar te falla, se te cae todo y ya no esperas nada de nadie. Ella me dio vida. Y hoy quiero hacer todo lo que esté a mi alcance para sacarla adelante, aunque sea que esté un poquito mejor.

-¿Pudiste sanar esa herida tan profunda de tu propia historia de abuso?

-Esa etapa la cerré. Quise olvidarla porque Luana me dio esperanza, me dio vida. Con ella no sé lo que es estar mal ni volver a atravesar todo lo feo que viví. No tengo rencor ni odio. Lo único que pienso es en sacar adelante a mi hija. Creo que por algo las cosas pasan, que Dios tiene un propósito para cada persona. Esto pasó y me tocó vivirlo a través de mi hija. Gracias a ella volví a vivir, volví a sonreír, volví a ser fuerte. Tengo ganas de vivir por ella y para ella.

Línea 102
Si necesitas ayuda o conoces a alguien que esté expuesto a violencia, llamá al 102. Es un servicio gratuito y confidencial, de atención especializada sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. Podés llamar ante una situación de vulneración de derechos. Si vivís una emergencia llama al 911.

-Si tuvieras que resumir en una idea qué aprendiste de Luana como mamá y como mujer, ¿qué sería?

-Luana me enseña todos los días a ser mejor persona. Luana es vida. Es el ser más hermoso y más bueno que existe. Tiene una inocencia que te enseña que no todo lo malo tiene que quedarse con vos.

A pesar de todo, se puede seguir peleando y salir adelante, no importan los obstáculos que la vida te ponga. Yo la miro y pienso: ella no camina, no habla, y sin embargo todos los días se levanta sonriendo y le da pelea a este mundo. Y uno, que tiene las posibilidades, las fuerzas, las herramientas, muchas veces se rinde. Ella no.

-Cuando pensás en el futuro de Luana, ¿qué deseás para ella?

-Cuando Luana cumplió 15 años entré en un ataque de pánico. Me tuvieron que medicar, porque la verdad me da miedo. Mi miedo es pensar que siga creciendo así. ¿Quién la va a cuidar si no estoy yo? ¿Cómo la van a cuidar? Ese es mi mayor temor y también mi deseo.

Le pido tanto a Dios y al universo que, por lo menos, ayude a mi hija a caminar, que pueda independizarse un poco más. Porque si no… no quiero ni pensarlo. Llevo una mochila muy grande en la espalda desde hace mucho tiempo.

*Lucía compartió su alias para quienes quieran colaborar para ayudar a su familia:

-ALIAS: lalu05

-CBU: 0110106130010605031533

-Banco nación

-Titular: Espindola Lucia Natali

Entrevista

Juan Palomino: “Ir al teatro hoy es una gran inversión” en medio de la crisis

Tras el inicio de la gira nacional de El divorcio del año, el actor reflexiona sobre los vínculos en la era de las redes sociales, defiende la identidad del teatro nacional y analiza el impacto de la crisis económica en el acceso a la cultura, con una mirada crítica sobre la realidad social del país.

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Al término de un ensayo, con la energía todavía en el cuerpo y la gira nacional ya en marcha, Juan Palomino dialoga con El Argentino sobre el presente de El divorcio del año y, al mismo tiempo, despliega una mirada más amplia. Entre reflexiones sobre los vínculos, las redes sociales y la exposición, el actor traza también un diagnóstico social sin rodeos: identidad, cultura y crisis económica atraviesan una charla amena -y con profundidad- que trasciende el escenario sin dejarlo atrás. Palomino, el actor que viaja en subte, celebra su construcción individual y manifiesta su frustración más grande.

En ese cruce entre lo personal y lo profesional se inscribe también el presente de la obra. “El divorcio del año”, dirigida por José María Muscari y escrita junto a Mariel Asensio, comenzó su gira por el conurbano y el interior del país este 2 de mayo, en un formato que -según el propio Palomino- le devuelve algo que la pantalla no puede: el cara a cara con el público. 

En sus palabras hay entusiasmo y también emoción, porque para él no se trata solo de trabajo. “Si algo de hermoso tiene una gira es poder reencontrarse con el público que a uno lo ha conocido por una novela, una película, una plataforma o un reportaje. Ese es el valor agregado de estar en relación directa con el público, y eso es lo que a mí me gratifica muchísimo”.

Vínculos, redes y una comedia “salvaje”

En la primera parte de la nota, Palomino se mete en la obra y va más allá de lo argumental: conecta con lo que se pone en juego y habla de tensiones que no son nuevas pero que hoy -según plantea- se ven amplificadas. “Yo creo que tiene que ver mucho con los vínculos en estos tiempos, entre padres e hijos, entre las parejas”, explica, y enseguida abre el plano: “Si uno revisa el teatro argentino y el teatro mundial, los vínculos están en primerísimo plano”.

Sin embargo, hace una salvedad y sostiene que lo que cambia es el contexto. “Esta propuesta de Muscari-Asensio muestra lo que sucede en una pareja que ha construido una identidad desde lo mediático y que, de alguna manera, se ha olvidado de lo esencial: cultivar el vínculo con su hija -el personaje de Rocío Igarzábal-, que en esa disfuncionalidad termina siendo una víctima”.

Ahí aparece otro de los ejes que atraviesa la charla: el peso de las redes sociales en la vida cotidiana. “En estos tiempos, donde los dispositivos y las redes sociales están cada vez más presentes, han invadido la intimidad y la identidad, y eso es un factor clave que plantea la obra”.

Más allá de la historia puntual, insiste en que hay algo que excede a los personajes de El divorcio del año: “Creo que hay algo de universal en la obra, que tiene que ver con elementos de la cotidianidad de los vínculos que hoy se acentúan aún más, producto de las redes sociales y de cómo uno construye identidad y protagonismo”.

Entre la exposición y la vida real: identidad, calle y familia

Partiendo de la relación entre los personajes de la obra y las redes sociales, la conversación gira hacia la exposición pública. Palomino no se corre; al contrario, se planta desde su forma de vivir. No hay estrategia, dice. Hay elección. “Yo uso las redes sociales para mostrar lo que quiero”.

Pero lo que más remarca es otra cosa: nunca se despegó de la vida cotidiana. “Siempre fui una persona que construyó su identidad pública sin separarse demasiado de su vida cotidiana. Yo viajo en subte desde los ‘90, incluso cuando ya era conocido”. Lo cuenta como quien habla de algo natural, sin épica. “Yo tengo esa dinámica de manejarme por la calle y, si me puedo sacar una foto con alguien, me la saco”. Aunque, aclara, hay un límite. “Creo mucho en el acercamiento, pero las formas son las que definen eso”. Esa idea -la de moverse entre lo público y lo privado sin perder el eje- aparece una y otra vez. Y no solo en su carrera.

Cuando habla de su vida personal, el tono cambia. Se vuelve más reflexivo. No esquiva la complejidad, pero tampoco dramatiza: la pone en contexto. “Tienen muchísimo que ver las madres”, dice, en referencia a las mujeres con las que formó su familia. “Han tenido muchísimo que ver con el respeto, con el cariño, con entender también situaciones que no dejan de ser traumáticas y dolorosas. Eso es verdad, no voy a decir que no. Pero en el debe y el haber queda eso: prevalece el cariño, prevalece el respeto, prevalece la alegría de haber compartido y tener tres hijos. Porque siempre una separación, un divorcio, es doloroso”.

Esa experiencia, explica, no es algo separado de lo que es hoy. “Soy lo que soy producto de mis convicciones, de mi genealogía, de mis padres, de mi nacimiento en La Plata, de mi infancia y adolescencia en Cusco, Perú, de mi juventud en Melchor Romero y en la ciudad de La Plata”.

Más que una definición, suena a recorrido. “Creo que eso es lo que caracteriza a un sujeto, más allá de que sea actor, director, ingeniero o médico: esas características son las que me construyen como individuo”. Y vuelve al origen, casi como un punto de apoyo: “Sin olvidarme del contexto en el que estoy y de qué significó ser quien soy en distintas etapas, hay algo esencial que es el origen: mi papá y mi mamá son los que me dieron la base de lo que soy”.

Teatro e identidad: la defensa de lo propio

Cuando Juan vuelve a hablar de teatro, el tono se vuelve más enfático. No lo plantea como una cuestión estética, sino como algo más profundo: identidad. “Nuestros rasgos identitarios están dados por nuestros autores, por nuestra idiosincrasia”. En relación a su propia historia explica: “Mi primera obra fue El jardín del infierno, de Osvaldo Dragún, en el año 81, en plena dictadura, cuando Dragún estaba prohibido”.

Desde entonces, dice, hay una línea que no se corta. “El autor nacional es lo que nos identifica, y en ese sentido coincido plenamente con la idea de defender a nuestros autores”. Sin embargo, hace hincapié en que el escenario cambió: “Hoy prevalecen otras lógicas: hay menos ficción en televisión y todo pasa más por las plataformas”. Aun así, pone en valor lo que está haciendo hoy: “Estar haciendo autores nacionales en la calle Corrientes y salir de gira con una obra de autor nacional es un hecho gratificante”.

Aunque no deja de marcar el contexto: “Estamos en un momento bastante complicado con respecto a nuestra identidad y la relación directa que tenemos con el arte”. En ese momento, el actor pone en evidencia un punto clave: el acceso, es que para Palomino el problema ya no es solo qué se produce, sino quién puede acceder. “Son momentos muy complicados donde pienso que se está construyendo una economía para un 20% de la población y el resto no llega a fin de mes”.

La frase no queda aislada. La conecta directamente con el teatro. “Lo que antes era un derecho de la clase media trabajadora se fue degradando”. Por eso, dice, el vínculo con el público también cambia. “Nosotros tenemos una gran responsabilidad de dar lo mejor, porque sabemos que hoy ir al teatro es una gran inversión”. Y, al mismo tiempo, lo pone en valor: “Que el público elija ver una obra de autor nacional es muy gratificante en tiempos económicos complejos”.

La comparación es directa: “Antes era algo natural: podías ir a ver tres o cuatro obras al mes. Hoy eso se reduce a una, y no a todos les afecta de la misma manera”.

Empatía, crisis y una Argentina que duele

En ese punto, la charla se corre del teatro y entra de lleno en lo social. Pero no desde el discurso, sino desde una idea concreta: la empatía. “No es necesario transitar la angustia de no llegar a fin de mes para entender lo que está pasando”. Y refuerza: “No me tiene que pasar para darme cuenta de lo trágico que significa esto y cómo se ha ido degradando”. No habla solo de economía. “La empatía implica poder ver lo que sucede alrededor, aunque a uno le vaya bien”.

En este sentido, Palomino amplía el diagnóstico: “El mundo está muy complicado y la tecnología está ocupando un lugar central en todos los planos, también en la política”. Y deja una advertencia: “Veo un futuro bastante distópico y creo que hay que estar muy preparados para seguir siendo empáticos, amorosos e inteligentes para poder seguir contando historias”.

Cuando se le pregunta qué le duele del presente, no duda. Responde rápido, casi sin pensar. “La violencia verbal me lastima”. Y suma: “Me lastima ver gente durmiendo en la calle, cada vez más”. 

En esa misma línea, después aparece lo estructural: “La economía me lástima, porque por más que baje la inflación, los salarios no alcanzan”. Describe una escena que, dice, ya se volvió cotidiana: “El multi-trabajo se volvió algo normalizado y la idea de ser tu propio empresario muchas veces es una forma de auto-explotación”. Y desde su lugar, Palomino marca una diferencia: “Nosotros estamos acostumbrados a la incertidumbre, pero hay mucha gente que vivió años con estabilidad y hoy fue expulsada de ese sistema”.

La conclusión es clara: “Se está produciendo un cambio de paradigma muy grande en las formas de trabajo”, dice Juan.

Nuevas generaciones y futuro

Finalmente, en relación con este clima de incertidumbre, el actor reflexiona sobre el horizonte para los jóvenes y ahí vuelve a lo más cercano: la familia. “Todo depende de las estructuras familiares”, dice, y se detiene en que “los valores que trato de dar tienen que ver con la ética del trabajo, la solidaridad, el respeto y la curiosidad”.

No esquiva el contexto, pero tampoco se queda en eso. “Son épocas oscuras, con mucha violencia instaurada y con retrocesos en derechos conquistados”. Y, aun así, encuentra un lugar posible: “Trato, desde ese microespacio que es la familia, de construir cierta armonía en tiempos muy complicados”.

Juan en pocas palabras

Un ping-pong íntimo por sus gustos, valores y recuerdos.

Deporte favorito:

“Hago ejercicio, pero no soy deportista. Me encantó la experiencia del automovilismo”.

Club de tus amores:

“Boca Juniors, obviamente”.

Canción para una cena íntima:

“Hay un tema de Charo (Bogarín), mi mujer, que me encanta y se llama Areté”.

Un referente latinoamericano:

“Diego Armando Maradona”.

Lugar en el mundo:

“Es donde estoy, es mi casa. No sueño con una isla desierta ni nada por el estilo: mi lugar en el mundo es donde pueda estar con toda mi gente”.

Un recuerdo de la infancia:

“En el jardín de infantes en Perú, no haber podido interpretar a San Martín el 28 de julio porque era morocho y no era blanco como se suponía que era. Es mi frustración más grande”.

Un plato que lo devuelve a la infancia:

“El choclo con queso, con granos del Valle Sagrado de los Incas, que no existe acá”.

El barrio:

“Es mi patria chica. Ahora es San Telmo”.

El legado de tus padres:

“El afecto, el amor, la ternura, las convicciones y el hecho de no aceptar algunas reglas de juego y tener que romperlas”.

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