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La ilusión de la «recuperación»: el espejismo financiero que esconde el deterioro productivo en CABA

El crecimiento del 4,7% interanual está sostenido casi exclusivamente por la especulación financiera, mientras sectores estratégicos como industria y energía retroceden. El IDECBA advierte sobre la fragilidad de una economía que sólo crece en las oficinas de la City porteña.

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El Argentino Diario-Producción-Industria-Alimenticia-Galletitas.

— 🎙️ Resumen de audio generado por IA.

★ La Ciudad Autónoma de Buenos Aires exhibe un crecimiento económico del 4,7% interanual durante el tercer trimestre de 2025, según datos del Instituto de Estadística y Censos porteño (IDECBA). Sin embargo, detrás de esta cifra aparentemente alentadora se esconde una realidad preocupante: la recuperación está sostenida casi en su totalidad por la intermediación financiera, mientras la economía real sigue en terapia intensiva.

El informe oficial revela que el Producto Geográfico Bruto (PGB) acumula un avance del 5,2% real en 2025, con un crecimiento desestacionalizado de 1,4% en el último trimestre. Pero el propio organismo estadístico lanza una advertencia contundente sobre «la fragilidad de esta recuperación, que está altamente concentrada en el sector financiero».

La bicicleta financiera como motor económico

Los números son elocuentes: el sector de intermediación financiera registró un salto del 33% interanual, la variación más alta desde 2004. Este único sector aportó 3,78 puntos porcentuales al crecimiento total de 4,73 puntos, es decir, prácticamente el 80% de la expansión económica de la Ciudad.

Según el IDECBA, este desempeño excepcional se explica por «la intermediación monetaria y financiera de entidades bancarias y no bancarias, sociedades gerentes de fondos comunes de inversión y agentes y sociedades de bolsas». En otras palabras, la especulación financiera y los negocios de la City porteña están impulsando las estadísticas mientras el resto de la economía muestra «un desempeño mucho más débil», como reconoce el propio informe oficial.

Este modelo de crecimiento reproduce el viejo esquema de valorización financiera que caracterizó a otras etapas de apertura irrestricta: el dinero circula entre bancos, fondos de inversión y corredores de bolsa, generando ganancias extraordinarias para un sector reducido, mientras la producción de bienes y servicios languidece.

El derrumbe de los sectores productivos

El informe del organismo porteño desnuda el reverso del «crecimiento»: la electricidad, gas y agua cayeron un 11% interanual, evidenciando el deterioro de servicios públicos estratégicos. La industria manufacturera retrocedió un 2,2%, con especial impacto en la fabricación de prendas de vestir, sector que tradicionalmente emplea mano de obra intensiva.

Estos datos contrastan brutalmente con la euforia del sector financiero. Mientras los operadores de la City celebran ganancias récord, las fábricas reducen turnos y los trabajadores pierden poder adquisitivo. El modelo de recuperación que exhibe el gobierno libertario no genera empleo de calidad ni producción nacional: genera oportunidades de especulación para quienes ya concentran la riqueza.

Los únicos sectores con crecimiento positivo moderado fueron Transporte y Comunicaciones (3,8%), impulsado por servicios de gestión y logística para el transporte de mercaderías, y Servicios inmobiliarios, empresariales y de alquiler (3,6%), explicado principalmente por servicios informáticos. Aun así, estas variaciones resultan insignificantes frente al salto exponencial de la intermediación financiera.

Una recuperación para pocos

El reconocimiento oficial sobre la fragilidad del crecimiento revela las contradicciones de un modelo que apuesta todo a la desregulación financiera mientras desatiende la economía real. La concentración extrema del crecimiento en un solo sector no sólo evidencia desequilibrios estructurales, sino que anticipa la vulnerabilidad de una recuperación que puede evaporarse ante cualquier turbulencia en los mercados internacionales.

La historia económica argentina está plagada de ejemplos similares: períodos de euforia financiera que terminaron en crisis devastadoras cuando el capital especulativo decidió migrar hacia otros destinos. La pregunta que flota en el aire es cuánto tiempo podrá sostenerse este espejismo de crecimiento antes de que la realidad de la economía productiva termine por imponerse.

Puntos clave:

• La intermediación financiera creció 33% interanual, el mayor salto desde 2004, aportando el 80% del crecimiento total de CABA
• La industria manufacturera cayó 2,2% y el sector de electricidad, gas y agua se desplomó 11% en el mismo período
• El propio IDECBA advierte sobre la fragilidad de una recuperación altamente concentrada en el sector financiero
• El PGB de CABA acumula un crecimiento real del 5,2% en 2025, revirtiendo la tendencia recesiva del año anterior
• Transporte y Comunicaciones crecieron 3,8% y Servicios inmobiliarios 3,6%, cifras modestas comparadas con el boom financiero

CABA

Una familia porteña necesitó $1.651.798 para superar la línea de pobreza en agosto

Un hogar porteño de cuatro integrantes necesitó $1.651.798 para superar la línea de pobreza y $2.603.556 para ingresar al sector medio. La canasta alimentaria y la canasta total volvieron a subir y dejaron al descubierto cuánto se achicó el margen de las familias.

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El ingreso mínimo para ser considerada de clase media llegó a $2.603.556. Mientras el umbral de indigencia se ubicó en $903.930.

Una familia porteña de cuatro integrantes necesitó $1.651.798 durante agosto para no quedar debajo de la línea de pobreza, mientras que debió reunir $2.603.556 para ser considerada de clase media, según el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA).

El dato mostró, sin maquillaje, el tamaño del esfuerzo que tuvieron que hacer los hogares para sostener una vida cotidiana cada vez más cara. El grupo familiar tomado como referencia estuvo compuesto por dos adultos y dos menores. Para no caer en la indigencia necesitó, como mínimo, $903.930.

La canasta volvió a correrle al bolsillo

La Canasta Básica Alimentaria, utilizada para fijar el umbral de indigencia, subió 1,69% en agosto. La Canasta Básica Total, que además de alimentos contempló bienes y servicios indispensables y marcó la línea de pobreza, avanzó 1,74%.

La inflación porteña también llegó al 1,7% durante el mes. Así, el ingreso familiar tuvo que correr detrás de precios que no dieron tregua, incluso en un escenario de aumentos mensuales que el Gobierno nacional presentó como una señal de estabilidad. Para las familias, la cuenta fue bastante menos amable: cada compra ocupó una porción mayor del ingreso y el margen para pagar alquiler, transporte, medicamentos o educación quedó cada vez más ajustado.

Qué significó ser pobre o de clase media

El esquema del IDECBA distinguió a los hogares según su ingreso total y su capacidad para cubrir las canastas de consumo. Quienes no alcanzaron a pagar la Canasta Básica Total quedaron debajo de la línea de pobreza. El sector medio, en cambio, comenzó en un ingreso equivalente a 1,25 veces esa canasta y se extendió hasta menos de cuatro veces su valor.

Por eso, los $2.603.556 no representaron un salario cómodo ni una garantía de bienestar. Fueron apenas el piso estadístico para que una familia tipo ingresara al sector medio porteño. La etiqueta sonó a progreso, pero la realidad del changuito y las facturas marcó otra cosa: ser de clase media empezó por alcanzar una cifra que ya se consumió buena parte del mes antes de pagar todos los gastos básicos.

Un año después, el alivio no apareció

La comparación interanual también expuso el deterioro. En agosto de 2025, la línea de pobreza para esa familia se ubicó en $1.229.444. Un año después llegó a $1.651.798. La línea de indigencia, por su parte, pasó de $660.658 a $903.930.

La diferencia no fue un número perdido en una planilla. Fue la distancia que cada hogar tuvo que cubrir con salarios, jubilaciones, changas o más horas de trabajo. Mientras los ingresos quedaron obligados a negociar con paritarias, trabajos informales o empleos cada vez más inestables, los precios siguieron marcando las condiciones. El resultado fue un bolsillo con menos aire y una clase media a la que le exigieron cada vez más para seguir llamándose como antes.

Puntos clave

  • Una familia porteña de cuatro integrantes necesitó $1.651.798 para superar la línea de pobreza en agosto.
  • El ingreso mínimo para ser considerada de clase media llegó a $2.603.556.
  • El umbral de indigencia se ubicó en $903.930.
  • La Canasta Básica Alimentaria subió 1,69% y la Canasta Básica Total aumentó 1,74% en agosto.
  • La línea de pobreza pasó de $1.229.444 en agosto de 2025 a $1.651.798 un año después.
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