Consumo
El alfajor también es peronista
Si bien «hoy los alfajores Havanna son los del tipo industrial más caros», en su origen el éxito «estuvo muy asociado a la aparición del turismo social».
El alfajor se convirtió en un producto de consumo masivo y souvenir por excelencia «a partir de la aparición del turismo social», explicó a Facundo Calabró, autor del libro «En búsqueda del alfajor perdido».
El joven de 25 años conocido como «Catador de Alfajores» en sus redes sociales, destacó entre las curiosidades históricas vinculadas a esta golosina «la simbiosis entre (la marca) Havanna y el peronismo», al explicar que «si bien hoy esos alfajores son los del tipo industrial más caros», en su origen el éxito «estuvo muy asociado a la aparición del turismo social».
«En el mismo momento de que Mar del Plata dejaba de ser la ciudad balnearia de la aristocracia y pasaba a ser la de los trabajadores», detalló.
Por otra parte, en cuanto a la historia de las empresas alfajoreras más conocidas consideró «curioso» el hecho de que «las multinacionales no hayan podido absorber por completo el mercado y haya empresas nacionales como Guaymallén que se creó en la década del ’50 del siglo pasado (contemporánea a Havanna)».
El estudioso de los alfajores dijo que «hay tres grandes familias» tradicionales: la del alfajor santafecino, que tiene la misma masa de la empanadita de cayote o de la colación cordobesa y es la masa más antigua, original y clásica; la del alfajor cordobés moderno, que es el que tiene bicarbonato de amonio, un receta distinta a la colación; y la del alfajor marplatense, cuya masa es parecida a la del cordobés moderno porque también tiene miel, mucha azúcar y manteca, pero tiene chocolate.
En ese aspecto, agregó que antes del marplatense los alfajores «no tenían chocolate» y la variedad que se industrializó fue la de esa ciudad balnearia, sobre todo porque el chocolate «ayuda a impermeabilizar y suelen tener mayor duración».
«El alfajor se asimila al territorio, entonces aparecen variedades que toman los ingredientes más típicos de cada zona», dijo, y como ejemplo citó el caso de la Patagonia donde existen alfajores «con masa marplatense en general pero con rellenos propios, autóctonos como frambuesa, arándanos y todos los frutos rojos».
La golosina tuvo un origen ibérico y llegó a la Argentina con las inmigraciones españolas, pero con el paso del tiempo en el país se le fue cambiando su composición y forma, que era parecida a la del turrón hasta adquirir la magnitud conocida actualmente.
Consumo
Decadencia: el consumo de carne toca mínimos históricos por la suba de precios
El consumo de carne vacuna cayó más de 10% interanual y ronda los 44,8 kilos por habitante. Hace una década superaba los 60 kilos. La suba de precios y la pérdida del poder adquisitivo explican el cambio en los hábitos alimentarios.
Lo que tenés que saber:
- El consumo de carne vacuna sigue en caída y se ubica en niveles históricamente bajos
- La suba sostenida de precios impacta directamente en la mesa de los hogares
- Los ingresos no acompañan y obligan a reducir o reemplazar este alimento
- Se consolida un cambio hacia otras proteínas más accesibles
- La caída del consumo afecta a toda la cadena productiva
El consumo de carne cae y marca un piso histórico
El consumo de carne vacuna en Argentina volvió a caer y se ubica en uno de los niveles más bajos de las últimas décadas. Según datos de CICCRA, el promedio anual por habitante ronda los 44,8 kilos.
La cifra refleja una caída superior al 10% en comparación interanual y consolida una tendencia descendente que se viene registrando en los últimos meses.
El impacto de los precios en la mesa
El principal factor detrás de la caída es la suba de precios. En el último año, la carne registró aumentos acumulados superiores al 70%, con incrementos aún mayores en algunos cortes populares.
Este escenario impacta de lleno en el consumo cotidiano, ya que la carne tiene un peso relevante en la canasta básica y en el gasto de los hogares.
Salarios en baja y cambio de hábitos
La pérdida de poder adquisitivo empuja a las familias a modificar sus decisiones de consumo. Frente a precios elevados, muchos hogares reducen la cantidad de carne vacuna o directamente la reemplazan.
En este contexto, otras opciones ganan terreno: el pollo y el cerdo se consolidan como alternativas más económicas, lo que marca un cambio estructural en la dieta.
Un indicador clave del deterioro económico
El consumo de carne es considerado uno de los indicadores más sensibles del nivel de vida en Argentina. Su caída no solo refleja la inflación, sino también el deterioro del ingreso real.
En perspectiva histórica, el nivel actual queda muy por debajo de los registros de años anteriores, cuando el consumo superaba ampliamente los 60 kilos por habitante.
Impacto en la producción y exportaciones
La caída del consumo interno también afecta a la cadena productiva. La producción mostró una baja en el primer trimestre, mientras que el mercado interno pierde volumen.
En paralelo, las exportaciones crecieron y funcionan como una alternativa para el sector, aunque no logran compensar completamente la debilidad de la demanda local.
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