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Consumo

Semana Santa: ¿qué tener en cuenta para consumir pescado?

El organismo recomendó para los consumidores adquirir los productos de la pesca en los comercios, nunca en la vía pública, no comprar productos de elaboración casera o artesanal que no estén debidamente registrados y autorizados.

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El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) recomendó este lunes diversas pautas sobre el consumo de pescado en el marco de la Semana Santa destinada a consumidores, transportistas y hasta comerciantes.

En ese contexto el organismo recomendó para los consumidores adquirir los productos de la pesca en los comercios, nunca en la vía pública, no comprar productos de elaboración casera o artesanal que no estén debidamente registrados y autorizados.

«En caso de pesca propia, verificar con la autoridad sanitaria local la seguridad de la captura en el área, conservarlos en hielo durante la pesca y el transporte», agregó al indicar que «es preferible consumir los pescados bien cocidos especialmente en individuos más susceptibles (mujeres embarazadas, niños, ancianos e inmunosuprimidos)».

En el caso de los transportistas el Senasa indicó que deberán mantener la cadena de frío y actualizar su registro para el transporte de productos alimenticios, transportarlos en condiciones adecuadas de embalaje y, en los casos que corresponda, con abundante hielo en escamas.

Mientras que para los comerciantes se recomendó «mantener las temperaturas de cámaras y freezers dentro de los niveles exigidos, que los pescados y mariscos en exposición y en estado fresco cuenten con abundante hielo en escamas y mantener permanentemente la higiene del local».

También el organismo indicó que controla los principales puertos marítimos de los que provienen los productos que se consumen en el país y que se exportan a diferentes destinos alrededor del mundo.

En ellos figuran los de Buenos Aires, Mar del Plata, Necochea, Bahía Blanca, San Antonio Oeste, Puerto Madryn, Rawson, Comodoro Rivadavia, Caleta Paula, Puerto Deseado, Punta Quilla y Ushuaia.

Consumo

Decadencia: el consumo de carne toca mínimos históricos por la suba de precios

El consumo de carne vacuna cayó más de 10% interanual y ronda los 44,8 kilos por habitante. Hace una década superaba los 60 kilos. La suba de precios y la pérdida del poder adquisitivo explican el cambio en los hábitos alimentarios.

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Lo que tenés que saber:

  • El consumo de carne vacuna sigue en caída y se ubica en niveles históricamente bajos
  • La suba sostenida de precios impacta directamente en la mesa de los hogares
  • Los ingresos no acompañan y obligan a reducir o reemplazar este alimento
  • Se consolida un cambio hacia otras proteínas más accesibles
  • La caída del consumo afecta a toda la cadena productiva

El consumo de carne cae y marca un piso histórico

El consumo de carne vacuna en Argentina volvió a caer y se ubica en uno de los niveles más bajos de las últimas décadas. Según datos de CICCRA, el promedio anual por habitante ronda los 44,8 kilos.

La cifra refleja una caída superior al 10% en comparación interanual y consolida una tendencia descendente que se viene registrando en los últimos meses.

El impacto de los precios en la mesa

El principal factor detrás de la caída es la suba de precios. En el último año, la carne registró aumentos acumulados superiores al 70%, con incrementos aún mayores en algunos cortes populares.

Este escenario impacta de lleno en el consumo cotidiano, ya que la carne tiene un peso relevante en la canasta básica y en el gasto de los hogares.

Salarios en baja y cambio de hábitos

La pérdida de poder adquisitivo empuja a las familias a modificar sus decisiones de consumo. Frente a precios elevados, muchos hogares reducen la cantidad de carne vacuna o directamente la reemplazan.

En este contexto, otras opciones ganan terreno: el pollo y el cerdo se consolidan como alternativas más económicas, lo que marca un cambio estructural en la dieta.

Un indicador clave del deterioro económico

El consumo de carne es considerado uno de los indicadores más sensibles del nivel de vida en Argentina. Su caída no solo refleja la inflación, sino también el deterioro del ingreso real.

En perspectiva histórica, el nivel actual queda muy por debajo de los registros de años anteriores, cuando el consumo superaba ampliamente los 60 kilos por habitante.

Impacto en la producción y exportaciones

La caída del consumo interno también afecta a la cadena productiva. La producción mostró una baja en el primer trimestre, mientras que el mercado interno pierde volumen.

En paralelo, las exportaciones crecieron y funcionan como una alternativa para el sector, aunque no logran compensar completamente la debilidad de la demanda local.

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