Consumo
Acuerdan con panaderías precios que regirán en septiembre y octubre
Del convenio participan más de 5 mil panaderías de todo el país que deberán señalizar sus locales con cartelería de Precios Justos para identificar que participan del programa.
El secretario de Comercio, Matías Tombolini, junto a representantes de la Federación Argentina de la Industria del Pan y Afines (FAIPA) y la Cámara de Industriales Panaderos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CIPC) acordaron un valor máximo para el kilo de pan francés de hasta $680 hasta el 30 de septiembre, y de $715 para todo octubre en panaderías de todo el país.
Del convenio participan más de 5 mil panaderías de todo el país que deberán señalizar sus locales con cartelería de Precios Justos para identificar que participan del programa.
La medida, además, cuenta con el respaldo de los molinos que forman parte del Fideicomiso del Trigo (FETA) y que abastecen a las panaderías, en tanto que la Secretaría de Comercio fiscalizará el cumplimiento del acuerdo.
El acuerdo permitirá a las panaderías garantizar un valor máximo para el kilo de pan francés de hasta $680 hasta el 30 de septiembre, y de $715 para todo octubre en panaderías de todo el país, se informó oficialmente
Este entendimiento garantiza el abastecimiento del kilo de pan francés a precios acordados en todo el territorio nacional al tiempo que refuerza el funcionamiento del Fideicomiso del Trigo (FETA) que compensa el costo de la bolsa de harina 000 que venden los molinos a las panaderías.
En ese sentido, el precio de la tonelada de harina de trigo subsidiada del FETA continúa un 40% por debajo del precio de mercado de dicho producto.
Además, la variación interanual del precio de la harina compensada por el FETA fue de 81,2%, mientras que el incremento general de los precios fue de 113,4% interanual en julio.

Este entendimiento permitirá a las panaderías garantizar un valor máximo para el kilo de pan francés de hasta $680 hasta el 30 de septiembre, y de $715 para todo octubre en panaderías de todo el país, se informó oficialmente.
“Necesitamos dar señales claras a la sociedad y por eso es fundamental fortalecer las herramientas que tenemos y cumplir con los acuerdos. Además de dar previsibilidad a la mesa de los argentinos, este compromiso también es muy importante porque es el mejor modo de darle existencia a la herramienta del fideicomiso del trigo”, destacó Tombolini durante la firma del acuerdo.
Este entendimiento garantiza el abastecimiento del kilo de pan francés a precios acordados en todo el territorio nacional al tiempo que refuerza el funcionamiento del Fideicomiso del Trigo (FETA) que compensa el costo de la bolsa de harina 000 que venden los molinos a las panaderías
En ese marco, el presidente de FAIPA, Miguel Di Beta, destacó el acompañamiento de los molinos y señaló que “el objetivo es trabajar en conjunto porque es lo que necesitamos todos los argentinos”.

Por su parte, el presidente de CIPC, José Álvarez, remarcó: “El acuerdo lo venimos trabajando desde hace ya más de un mes y esto es el resultado del esfuerzo de los molinos y del Estado a través del fideicomiso. Estamos incentivando a todos los industriales panaderos para que compren esta harina subsidiada y a los molinos para que abastezcan a más panaderías en todo el país”.
También participaron de la firma el subsecretario de Políticas para el Mercado Interno, Gustavo Faskowicz; el vicepresidente de FAIPA, José Hernández; el director de Asuntos Corporativos de Molino Cañuelas, Rafael Rodríguez Roda; el representante de Molinos Florencia y director Ejecutivo de Molinos Cañuelas, Daniel Ercoli; y el representante de Lagomarsino S.A, Juan Luis Busto. De forma virtual participaron el representante de Molinos Marimbo Juan Luis Martín y el representante de San Salvador Hugo Marcos Ovejero.
Consumo
El sueldo que no alcanza: la brecha entre inflación y salarios destruye el consumo de las familias argentinas
Los datos cruzados del INDEC y del Ministerio de Capital Humano revelan que los salarios perdieron terreno frente a los precios tanto en marzo como en el primer trimestre del año. La brecha acumula presión sobre las familias trabajadoras en un contexto de tarifas disparadas y canasta básica que no cede.
Salarios contra inflación: el poder adquisitivo sigue cayendo y el consumo interno se resiente
★ En marzo de 2026, la inflación registrada por el INDEC fue del 3,4%, mientras que la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE), que publica el Ministerio de Capital Humano a través de la Secretaría de Trabajo, creció apenas un 2,4%. La diferencia, de un punto porcentual, puede parecer menor en términos abstractos, pero se convierte en un deterioro concreto y mensurable para los hogares que dependen de un salario para subsistir.
La tendencia se sostiene al ampliar el horizonte temporal. En el primer trimestre de 2026, la inflación acumulada alcanzó el 9,4%, en tanto que los salarios medidos por el RIPTE avanzaron un 8,6%. Eso significa que, incluso en el período en que el Gobierno anuncia una desaceleración inflacionaria, los ingresos de los trabajadores no logran seguir el ritmo de los precios.
Un deterioro que se acumula sobre otro deterioro
El dato de marzo no emerge en el vacío. Se monta sobre una base salarial ya diezmada por años de ajuste. Desde el inicio de la gestión libertaria de Javier Milei en diciembre de 2023, el esquema de tarifas y precios relativos golpeó con dureza desproporcionada a los sectores de ingresos fijos. Según datos del IIEP (UBA-CONICET), los servicios y el transporte público acumularon subas que superaron el 525% desde entonces, con el transporte liderando la escalada con un incremento cercano al 912%.
En ese marco, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) registró en marzo de 2026 una variación interanual del 32,8% y la Canasta Básica Total (CBT) del 30,4%, de acuerdo a datos del propio INDEC. Estas cifras confirman que el alimento sigue siendo el campo donde más se siente la erosión del salario real, aun cuando el índice mensual dé señales de moderación.
El «sueldo disponible» y el efecto sobre el consumo
Más allá del RIPTE, el impacto real sobre las familias se mide en lo que los economistas denominan «salario disponible»: lo que efectivamente queda en el bolsillo luego de cubrir las obligaciones básicas como alquiler, servicios, transporte y alimentación. En la medida en que esas obligaciones fijas crecen más rápido que los ingresos, el margen para el consumo de otros bienes se contrae.
Este es el mecanismo que explica la debilidad del consumo interno. Cuando las familias deben destinar una porción creciente de sus ingresos a gastos no postergables, el gasto en indumentaria, electrodomésticos, esparcimiento y otros rubros se retrae. Ese retroceso se traslada a la cadena productiva, deprimiendo la actividad industrial y comercial y generando un círculo de contracción que las cifras macroeconómicas oficiales tienden a subvalorar.
La discusión sobre el indicador
El Gobierno nacional cuestiona la representatividad del RIPTE como indicador de la evolución salarial, aduciendo limitaciones en su composición. El índice tiene características metodológicas específicas: considera únicamente los puestos de trabajo con una antigüedad mínima de 13 meses, incluye tanto al sector privado como al público nacional, provincial y municipal (solo para las cajas previsionales transferidas al SIPA), y contabiliza exclusivamente los componentes remunerativos hasta el tope imponible para aportes al sistema de seguridad social.
Estas restricciones son reales y deben tenerse en cuenta al interpretar el indicador. Sin embargo, la propia existencia de estas discusiones metodológicas no cancela la tendencia que los datos revelan, y que otros indicadores como el Índice de Salarios del INDEC o los convenios colectivos homologados refuerzan consistentemente: los ingresos de los trabajadores retroceden frente a los precios.
Estanflación como escenario de fondo
Los datos de abril de 2026 agregan otro elemento al diagnóstico. Consultoras como Eco Go y Equilibria proyectaron una desaceleración de la inflación hacia el 2,5% mensual, pero los combustibles presionaron con subas del 10,4%, generando una inercia que neutraliza cualquier alivio puntual en los alimentos. Esta dinámica configura un escenario de estanflación persistente: economía que no crece, precios que no ceden lo suficiente y salarios que no alcanzan.
El panorama es especialmente crítico en un contexto de deuda externa con el FMI que condiciona la política fiscal. El ajuste del gasto público comprometido con el organismo, que en el primer trimestre de 2026 implicó una caída adicional del 5,1% interanual en el gasto primario, reduce la capacidad del Estado de compensar la caída del poder adquisitivo mediante transferencias sociales, jubilaciones actualizadas o políticas de ingresos.
Puntos clave:
– En marzo de 2026, la inflación (3,4%) superó al crecimiento del RIPTE (2,4%), según datos del INDEC y del Ministerio de Capital Humano.
– En el primer trimestre, la brecha se mantuvo: 9,4% de inflación acumulada frente a 8,6% de suba salarial.
– La Canasta Básica Alimentaria registró una variación interanual del 32,8% en marzo de 2026.
– Los servicios y el transporte público acumulan aumentos superiores al 525% desde diciembre de 2023.
– El ajuste del gasto primario cayó un 5,1% adicional en el primer trimestre de 2026, agravando la pérdida de ingresos disponibles.
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