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Seguridad 🚨

A 10 meses del asesinato de Fernando Báez Sosa, la situación judicial de cada uno de los rugbiers imputados

Tras el pedido de elevación a juicio de la fiscal de Villa Gesell, esta es la nómina de todos los sospechosos, imputados y sobreseídos.

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Tras el pedido de elevación a juicio de la fiscal de Villa Gesell, esta es la nómina de todos los sospechosos, imputados y sobreseídos.

La siguiente es la nómina de los diez rugbiers que habían sido imputados por el crimen de Fernando Báez Sosa, en Villa Gesell, de los cuales ocho serán sometidos a juicio oral y dos fueron sobreseídos, a quienes se le suma el sospechoso número 11 que nunca fue acusado en el caso.

Los rugbiers que van a Juicio

Máximo Thomsen (20), apodado «Machu»: se formó como rugbier en el Arsenal Zárate Rugby y jugaba en el Club Atlético San Isidro desde 2017, pero fue suspendido como socio tras conocerse su detención por el crimen. Era estudiante en el profesorado de educación física y quería ser kinesiólogo de alto rendimiento.

Fue sacado por la fuerza del boliche «Le Brique», señalado como «uno de los agresores de Fernando», reconocido por testigos como «el sujeto que le propinara patadas en el rostro» cuando estaba «de rodillas sobre el suelo» y quien dijo a viva voz: `Quedate tranquila que me lo voy a llevar de trofeo´». Las pericias indicaron que fue él quien le dio la patada mortal a Fernando.

Ciro Pertossi (20): es otro de los acusados a los que la Justicia le atribuye mayor responsabilidad en el crimen, ya que fue reconocido por al menos tres testigos «como el sujeto que le pegó a Fernando cuando ya estaba en el piso, en su cabeza, cara, y pecho». Imágenes aportadas a la causa lo muestran «chuparse los dedos» con sangre cuando es interceptado por personal policial. Casi una hora y media después del ataque, escribió en el grupo de Whatsapp que compartía con el resto del grupo: «Chicos, no se cuenta nada de esto a nadie». Es hermano de Luciano Pertossi y primo de Lucas Pertossi.

La fiscal describió en su requerimiento que “se lo visualizó en la fracción fílmica que observa como el sujeto 2 (Máximo Thomsen) golpea al damnificado y luego le propina golpes (patada).

Lucas Pertossi (21): es el mayor del grupo. La fiscalía determinó que registró con su iPhone la secuencia del ataque, desde que fueron expulsados del boliche hasta que él mismo dejó de grabar la golpiza para agredir a un amigo de Fernando. Diez minutos después del ataque, envió un audio al resto de los rugbiers: «Estoy acá cerca donde está el pibe y están todos ahí a los gritos, está la policía, llamaron a la ambulancia… caducó». Es primo de Luciano y Ciro Pertossi.

Luciano Pertossi (19): el menor de los diez rugbiers. Fue reconocido por testigos como uno los «agresores de Fernando». En las filmaciones se lo observó cómo participó de la golpiza a Fernando. Es hermano de Ciro Pertossi y primo de Lucas.

Matías Benicelli (21): fue quien abrió la puerta a la policía a las 10.30 cuando se ordenó la aprehensión del grupo en la casa que alquilaban en Villa Gesell. Un testigo lo ubicó como «agresor directo» de Fernando, al menos otro lo situó «agrediendo también a un amigo» y un restante lo identificó como quien le gritaba a Fernando «a ver si volvés a pegar, negro de mierda».

Enzo Comelli (20): al ser detenido presentaba un «hematoma sobre el labio inferior» y, según la fiscalía, «premeditadamente» agredió a Fernando «junto con los restantes imputados, previo repartirse roles para agredir físicamente a la víctima y posteriormente matarla».

La fiscalía estableció que fue quien “le propina en la secuencia fílmica golpes a otros sujetos masculinos que se encuentran en el piso y luego observa de cerca la golpiza que recibe la víctima”.

Blas Cinalli (19): es el segundo más joven del grupo y, según la imputación, «existen sendos elementos probatorios» para atribuirle «una participación criminal esencial en la comisión del hecho» y como «agresor directo de Fernando». En el requerimiento para la elevación a juicio se constató que “golpea a unos sujetos que se encuentran en el piso”.

Ayrton Viollaz (21): es el único del grupo que no tenía teléfono celular y la fiscalía entendió que «todas la probanzas valoradas» lo «ubican claramente junto a Fernando pudiendo quizás tratarse de un agresor directo». “Se lo observa cerca de todo lo sucedido”, indicó el informe final de la fiscal.

Sobreseídos

Alejo Milanesi (19): fue detenido junto al resto de sus amigos, pero recuperó la libertad por falta de mérito. En el documento donde se solicita la elevación a juicio indica que “se halla en una zona más alejada del altercado”.

Juan Pedro Guarino (19): fue apresado junto a los otros rugbiers, pero fue excarcelado por falta de mérito.

Sospechoso

Tomás Collazo: no fue detenido ni imputado aunque sí señalado como «el sospechoso 11». Tras un análisis de las cámaras de seguridad de la zona y de testimonios, se confirmó que salió del boliche once minutos después que el resto de los imputados, por lo que, para la fiscalía, no estuvo involucrado en el hecho. “Solo observa todo lo sucedido (el cual no resulta imputado en autos, ni ha sido identificado durante la investigación como agresor)”, describió la fiscalía sobre su actuación en el hecho.

Represión

Represión: Policía de la Ciudad golpeó y gaseó a trabajadores que marchaban contra el cierre de fábricas

El ministro bonaerense Gabriel Katopodis y el empresario textil Rodolfo Liberman participaron de la movilización.

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#Represión a trabajadores que marcharon contra el ajuste: 25.000 fábricas cerradas y un herido en la cabeza

La protesta, convocada por sindicatos, gremios y empresarios pyme para visibilizar el impacto del ajuste sobre el tejido industrial, terminó con heridos, denuncias por uso de gas pimienta y cuestionamientos sobre la jurisdicción del operativo policial.

Este miércoles la avenida General Paz fue escenario de una movilización popular que reunió a trabajadores, sindicalistas y empresarios del sector pyme en el puente de San Martín, en la arteria que separa la Ciudad Autónoma de Buenos Aires de la provincia de Buenos Aires. La convocatoria tuvo un eje claro: denunciar el cierre masivo de fábricas y la destrucción del empleo industrial bajo la gestión de Javier Milei. La respuesta del Estado fue la represión.

Golpes, gas pimienta y un herido trasladado al hospital

Según denunciaron los propios manifestantes, la Policía de la Ciudad avanzó sobre la columna con escudos, gases lacrimógenos y golpes, en medio de empujones y corridas que derivaron en al menos un herido grave. Agustín, abogado presente en la protesta, sufrió una herida en la cabeza y relató lo ocurrido en la TV con el rostro ensangrentado: «Estábamos en la calle, aparecieron los policías con los escudos y nos golpearon en la cabeza. Están buscando la confrontación y la violencia. Tiraron gas pimienta. Esto es una manifestación pacífica. Han muerto 25 mil pymes en este país. La cantidad de familias sin trabajo es terrible.»

Otro manifestante describió el mismo cuadro de situación: «Atacaron a todos sin motivo. Es un desastre. Estábamos sobre la vereda en el puente. Son de la Ciudad y vinieron para el lado de provincia.» Un tercer testigo fue categórico: «Le abrieron la cabeza a un compañero. Reprimieron de la nada, estábamos todos tranquilos y en orden.»

El problema jurisdiccional: la Policía de la Ciudad del lado bonaerense

Uno de los cuestionamientos más graves que emergieron de la jornada apunta a la competencia territorial del operativo. Varios de los incidentes más violentos habrían ocurrido en la franja provincial de la General Paz, donde la Policía de la Ciudad carece de jurisdicción para actuar. La denuncia abre una dimensión institucional que podría derivar en reclamos formales ante la justicia, aunque a la fecha este medio no pudo confirmar si ya fue iniciada alguna actuación judicial al respecto.

Desindustrialización: el trasfondo de la marcha

Los organizadores de la movilización denunciaron que el escenario económico vigente ya provocó el cierre de unas 25.000 empresas y la pérdida de más de 300.000 puestos de trabajo en el sector industrial. Estas cifras fueron proporcionadas por los propios manifestantes y no han sido verificadas de manera independiente por este medio, aunque se enmarcan en un contexto económico que las propias estadísticas oficiales confirman como crítico.

Según datos del INDEC correspondientes a marzo de 2026, la Canasta Básica Alimentaria acumula una variación interanual del 32,8%, mientras que el gasto primario del Estado cayó un 31% en términos reales desde diciembre de 2023. El rubro transporte acumula subas del 912% desde el inicio de la gestión libertaria, según informes del IIEP (UBA-CONICET), una carga que golpea de manera directa la estructura de costos de las pequeñas y medianas industrias y que profundiza la crisis del sector.

Las voces del rechazo: Katopodis y los empresarios pyme

El ministro de Infraestructura y Servicios Públicos de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Katopodis, estuvo presente en la movilización y no midió sus palabras: «Basta Milei. No podemos permitir, tenemos que frenar este desastre que es el cierre de la industria. Milei cree que la Argentina sale de pie ajustando y pidiéndole más sacrificio a los trabajadores y a la clase media. Nosotros creemos que la Argentina se pone de pie con industria nacional y apoyando a los empresarios de nuestro país.»

La presencia del sector empresarial pyme resultó significativa en la jornada. El empresario textil Rodolfo Liberman advirtió: «Estamos viendo una desindustrialización del país. La apertura de importaciones y la caída del consumo forman parte de una política destructiva que queremos revertir.» La imagen de empresarios y trabajadores marchando bajo la misma consigna refleja el alcance transversal del deterioro industrial que atraviesa el país.

Un patrón que se repite

La represión no es un hecho aislado en el mapa de la protesta social argentina. Durante la gestión de Javier Milei, las movilizaciones contra el ajuste económico han sido recurrentemente respondidas con operativos de dispersión que derivaron en enfrentamientos, heridos y detenidos. La figura de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, artífice del protocolo antipiquetes, sobrevuela cada episodio represivo como el telón de fondo de una política de control del espacio público que prioriza el «orden» por encima del derecho constitucional a la protesta y la libre expresión.

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