Opinión
Agónico y algorítmico
Por Santiago González Casares @filosofopueblo X
A Julio
No me dejes morir
(R. Sánchez)
Más de 500 mil millones de personas en el mundo son pobres, desplazadas, más de la mitad de esas personas son niños y niñas, si pudiera Ud. colaborar con 500 pesos argentinos diarios durante un año para ayudar a esta pobre gente…por supuesto, ¡pero claro! ¿Pero cómo? ¿Qué hago exactamente? ¿De quién se trata? ¿Dónde están? Ya ni sé que estoy escuchando… Peaceful oboe, Baroque Edition. ¡Ah! Bueno, sí, la verdad, peaceful. Pero, volvamos al Köln concert, ¡Ah! Ahora sí. ¿Qué decíamos?
– P R O Pa GanDa -. Si Ud. quiere vivir en los Estados Unidos y tiene una profesión de científico o ingeniero…
Lo político sin duda tiene su origen en la competencia (agón), en el enfrentamiento originario entre los individuos que disputan un lugar común. La ciencia política es entonces la herramienta fundamental para dirimir ese conflicto inicial, diría Clausewitz, la guerra por otros medios. Y claro, siempre queda esa posibilidad, cuando la ciencia del pueblo no resuelve sus problemas, la razón de las armas suele imponer su voluntad. La política no es solo la recreación de ese conflicto claro está, es mucho más, es discusión, deliberación, expresividad popular, elección. Sin embargo, todo parece emanar y desembocar en el mismo lugar, en esa contienda primigenia, nosotros y ellos, unitarios y federales, justicialismo y libertad.
Pero el algoritmo hace de esta recreación, una quimera, una ficción, algo que ocurre quien sabe uno donde, el algoritmo es el no lugar por excelencia que no responde de ninguna nacionalidad, no está en ningún lado, no es de nadie. Sin embargo, nos da la sensación de estar en algún lado, de alguna manera nos hace participar de ello como si fuese realmente nuestro, como si nos perteneciera, a él le dedicamos la mayor cantidad de tiempo y es el lugar de relación con los demás, es el otro, dentro de lo Mismo, lo que todos compartimos, pero que no es de nadie. Insistimos hace tiempo con esto, la razón digital gobierna la relación de la comunidad, la organiza y nivela. No vamos a seguir insistiendo, simplemente dar cuenta de que es la razón por la cual la elección de este domingo, se dio de la manera que se dio. Vence el medio, el algoritmo gana la elección. Finalmente, el dueño del algoritmo establece un gobierno, se establece en ese lugar en donde se dice, se sabe, se rumorea, todo el mundo dice y nadie sabe nada, todos están corriendo y nadie hace nada. Y nadie se entera. No pasa nada.
El proceso es bastante simple la verdad, tan viejo como el régimen, el discurso político es propaganda y el que compra más de ella, logra imponer su objetivo. Esto es algo que ocurre en el mundo entero, es verdad, pero hasta ahora no se había impuesto con tanta claridad la propaganda al punto tal que de que un panelista mediático llegue a presidente, al menos no en este país. Todos sabemos también, que él no es realmente quien está a cargo. La propaganda por definición, busca influir en la manera de actuar del individuo, y vemos bien ahora, que el algoritmo ha logrado configurar un triunfo electoral en un país donde, al menos hasta ahora, tenía una sólida estructura social, sin ir más lejos, la coalición derrotada era la construcción de una hegemonía integrada por los movimientos sociales, un sector de la iglesia, el oficialismo a decir verdad, los sindicatos y el partido justicialista, en su rama masculina, como femenina y trans. Eso quizás sea lo más alarmante del resultado de esta elección, que el algoritmo venció a la comunidad organizada, quizás mal organizada, pero organizada al fin. Quizás sea esa la agonía que sufre hoy nuestra sociedad, se ha derrotado lo común, aquello que nos hace quienes somos, nuestro lugar. Sin duda, ese desconsuelo volverá a ser contienda, y volverá la posibilidad de apropiarnos a nosotros mismos, volver a ser quienes realmente somos y a ejercer la potencia soberana de la comunidad.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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