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Opinión

San Valentín y la romantización del amor: cuando el amor se convierte en violencia

El Día de San Valentín perpetúa la romantización del amor tóxico y la dependencia emocional. Es necesario cuestionar el modelo de amor que la sociedad nos impone.

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Cada 14 de febrero, el mundo se viste de rojo y rosa para celebrar el Día de San Valentín, una fecha en la que el amor se idealiza con cenas a la luz de las velas, regalos costosos y promesas de amor eterno.

Sin embargo, detrás de esta celebración, se esconde un problema que rara vez se menciona: la romantización de las relaciones tóxicas y la violencia de género disfrazada de amor.

El amor no debería doler

Desde chicas, crecimos con el mandato de que el amor verdadero es aquel que lo soporta todo: los celos, el control, la manipulación e incluso el maltrato. La sociedad patriarcal impuso la idea de que los sacrificios son prueba de amor, de que el sufrimiento fortalece a la pareja y de que el «amor todo lo puede«. Pero, ¿qué pasa cuando esas creencias justifican la violencia dentro de una relación?.

Muchos agresores utilizan frases como «te controlo porque te amo», «me pongo celoso porque no quiero perderte» o «sin mí no eres nada». Expresiones que refuerzan la dependencia emocional y conducen a situaciones de violencia que, lejos de ser románticas, pueden ser mortales.

San Valentín y el mercado del amor

El Día de los Enamorados no solo perpetúa ideas dañinas sobre el amor, sino que también es un negocio multimillonario que refuerza la presión social por tener pareja. Quienes no están en una relación son vistos como incompletos, mientras que quienes están en una relación sienten la obligación de demostrar su amor con regalos.

Pero, ¿qué sucede cuando una relación es violenta? Muchas mujeres en situaciones de maltrato sienten miedo o sienten que deben permanecer al lado de su agresor, porque la sociedad les ha enseñado que «el amor verdadero es para siempre». Esta romantización del amor impide que muchas víctimas reconozcan que están en peligro.

Nada que festejar

Mientras las marcas venden anillos de compromiso y peluches gigantes, en Argentina una mujer es asesinada cada 28 horas en un femicidio. San Valentín se convierte en un recordatorio de que para muchas, el amor es una trampa mortal.

Es hora de cambiar la narrativa: el amor no es sufrimiento, no es sacrificio, no es posesión. El amor no es amor si duele.

Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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