Columna
La lucha sigue: Paro y movilización contra la Ley Bases
Comunicado del Partido Comunista: sólo el pueblo salvará al pueblo.
El Partido Comunista de la Argentina repudia la aprobación en el Senado de la Ley Bases, la represión desatada por el gobierno, y exige la inmediata liberación de todxs lxs detenidxs.
La forma en que se trató la ley, se consiguieron los votos para su aprobación y se atacó al pueblo movilizado que rechazaba ese proyecto frente al Congreso son una muestra cabal de su carácter reaccionario, colonial y antipopular.
El rol de los senadores y senadoras radicales que con absoluta genuflexión han hecho malabares discursivos para posar como opositores y a la vez justificar sus votos positivos, el de quienes electos con la boleta de Unión por la Patria votaron en sentido favorable al gobierno, el de miembros de partidos provinciales que negociaron cargos personales a cambio de su apoyo, entre otros elementos, muestran que el problema excede por mucho al gobierno y a los nombres particulares.
Lo que queda en evidencia es la crisis de un modelo de democracia delegativa que cada vez representa menos al pueblo y cada vez se reduce más a gestionar los intereses del poder económico e inclusive ser útil a los proyectos personales de quienes acceden a los cargos públicos.
La distancia entre lo que se discute entre funcionarios, legisladores, la dirigencia del establishment político por un lado, y lo que se plantea en la calle por otro, muestra con toda claridad que sin movilización y lucha el gran ausente de la agenda política seguirán siendo los intereses del pueblo.
Ante este panorama, el camino es continuar impulsando la movilización popular con protagonismo del movimiento obrero, del feminismo, del movimiento estudiantil, de los barrios populares, la coordinación de todas las acciones para superar la dispersión, en marcha hacia un nuevo paro general para el día en que este nefasto proyecto se vuelva a tratar en la Cámara de Diputados. Sólo el pueblo salvará al pueblo.
Columna
Humanizar el capital
“No se trata de resistir, se trata de avanzar. No se trata de oponerse, se trata de proponer. No se trata de gritar, se trata de conversar».
Por Cristian Dodaro
Integrante del Espacio de Comunicación Sindical
Docente e investigador en comunicación
Frente a un oficialismo que parece creer que la verdad se decreta emerge con fuerza una oportunidad: salir al territorio, escuchar y, desde allí, construir los consensos que humanicen la economía. Nada bueno puede hacerse diciéndole a todo el país desde Palermo lo que hay que hacer.
Dos Argentinas, dos lenguajes
En una esquina de la discusión pública, el Gobierno nacional y sus voceros insisten en un relato. Hablan de «cepos al trabajo», de «flexibilización» y «modernización laboral». Son las mismas recetas, con distintos eufemismos, que buscan transferir ingresos de trabajadores a empresarios, debilitar la organización sindical y precarizar las condiciones laborales.
Frente a esto los sindicatos, los movimientos sociales y referentes políticos tienen en sus manos una respuesta que permite rechazar el guión de la polarización estéril. La consigna es Humanizar el Capital, un concepto que busca poner la economía al servicio del pueblo.
Pero lo más revolucionario no es solo el qué, sino el cómo. La propuesta reconoce que una idea, por más justa que se considere, no se impone por decreto. Debe ser puesta en común.
El plan: contagiar la idea, no imponerla
El núcleo de esta estrategia es combinar acciones territoriales, medios y redes. El objetivo es claro: salir de la trampa de hablar solo para los convencidos.
La hoja de ruta es opuesta a la lógica de los chicos que se hablan a si mismos en streams. En lugar de decir qué hacer, propone «salir a escuchar»: ir sistemáticamente a fábricas, talleres, clubes y plazas. Construir una red orgánica, «de abajo hacia arriba, horizontal y colectiva».
Las acciones son concretas y buscan generar adhesión, no solo rechazo. «Caravanas de la Dignidad» que recorran polos industriales; «Asambleas Abiertas» en plazas centrales. Una campaña de «Escanea la Dignidad», donde murales y stickers con códigos QR en fábricas recuperadas y espacios públicos lleven a la gente a testimonios, propuestas legislativas y datos contrastados.
La narrativa: construir desde lo positivo
Mientras el oficialismo se empeña en etiquetar a sus opositores, este plan busca construir atributos positivos para el sindicalismo y el peronismo: «Defensores históricos de la dignidad laboral», «Constructores del modelo productivo nacional», «Innovadores en derechos laborales». Al mismo tiempo, expone al libertarianismo como lo que es «deshumanizador», «regresivo» y «elitista».
«Mientras el pueblo sufre, ellos doman reposeras».
Los ejes de debate están planteados en un lenguaje claro y directo, pensado para las redes y la calle:
«Más tiempo para vivir, misma plata para vivir» (Reducción de la jornada laboral).
«Ni esclavos digitales ni emprendedores frustrados» (Regulación de plataformas).
«El que pone el cuerpo tiene derecho al fruto» (Participación en las ganancias).
«Los que más tienen, más aportan – menos conferencias, más soluciones» (Tributación a grandes fortunas).
La oportunidad: la política del diálogo vs. la soberbia del monólogo
El contexto es propicio. La fatiga de la sociedad ante la grieta permanente abre una ventana para quienes propongan un camino de conversación y construcción. «No se trata de resistir, se trata de avanzar. No se trata de oponerse, se trata de proponer. No se trata de gritar, se trata de conversar».
La verdadera apuesta es demostrar que la fuerza no está en la capacidad de gritar más fuerte desde un micrófono, sino en la habilidad de tejer consensos en el barro del territorio. Es una apuesta arriesgada, que requiere paciencia y humildad, dos virtudes escasas en la política argentina actual.
Mientras el Gobierno confía en la potencia de su relato unidireccional, esta otra estrategia apuesta a que las soluciones duraderas no nacen en los escritorios ni espacios de stream sino de la capacidad de «humanizar hasta lo que parece inhumano». En un país sediento de soluciones y hastiado de enfrentamientos vacíos, hay que escuchar y debatir.
Puede ser el único camino real para generar los consensos que la Argentina necesita.
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