Análisis
El regreso de Mordisquito
Reflexiones en tiempos de crisis y oportunidad.
Por Jorge Elbaum
¿A mí me la vas a contar?
¿Por qué me decís que tiene que volver Mordisquito? La gente ni siquiera lo conoce. Y quienes se reían y pensaban con él ya están fuera del juego…
Cuchame, Chabón: el que no lo conozcan ni lo recuerden no significa de que no sea necesario. ¿Vos conocés al abuelo de tu tatarabuelo? El hecho de que no lo conozcas no lo hace menos importantes. Sin él vos no estarías acá. Hay personas que se quedan instaladas ahí ¿ves? En lo importante. En lo trascendente. En aquello que tiene verdadero significado.
¿Sabés lo que creo que pensaría y diría Mordisquito?
Que no arruguen. Que esto va a pasar. Pero depende de nosotros de cómo pase. De como termine este fantoche llamado Milei. Su banda quiere que nos desmoralicemos. Que nos atosiguemos de malas noticias. Que veamos sólo cómo “juegan ellos”: cincuenta noticias por día de despidos, de malaria, de leyes ómnibus, de privatizaciones, de destrucción de la soberanía. Él y sus acólitos trabajan para destruir el único poder que tenemos; nuestra articulación social, nuestra sensación de pertenencia a un colectivo superior a nosotros mismos. El pueblo.
Porque el objetivo estratégico de esos sátrapas es convertirnos en sujetos aislados para certificar su íntima victoria, la de fragmentarnos, la de cortarnos en pedacitos para operar sobre nosotros sin que podamos defendernos en conjunto. Si compramos que todo los colectivos son corruptos, detestables, sucios y malos. Si nos hacen creer que tener un comedor para pibes desahuciados, para compañeros muertos de hambre, es un acto de corrupción, en ese momento nos derrotaron en los profundo. Porque nosotros, estando juntos, podemos bancar la parada de estos tipos crueles y sádicos. Podemos hacerle frente en la calle con nuestras banderas y nuestros bombos.
Petro si nos llegan a encontrar a todos peleados, a todas y todos repletos de desconfianza y de bronca entre los militantes, los activistas sociales, y los cooperativistas, los laburantes y los sindicalistas, ahí hacen la diferencia. Ahí nos clavan el puñal uno a uno por separado.
Mordisquito la tenía claro porque las había pasado todas. Se morfó a los milicos, tuvo que aguantar a la década infame –cuando te inventaban triunfos electorales truchos– y tuvo que soportar también la represión y el hambre. Mordisquito la tenía clara. Sabía olfatear el momento. Por eso creo que hoy nos hablaría de lo que significa “Crisis” para los chinos. Allá, en el lejano Oriente, esa palabra remite a “desastre” y al mismo tiempo a “oportunidad”.
“Este es el momento”, nos advertiría: no podemos haber caído tan bajo. Lo que queda es rebotar en el fondo del pozo en el que estamos instalados. Tenemos la oportunidad de reconvertirnos. De aprender realmente de nuestros errores. Porque no llegamos hasta acá solo con el engaño de este panelista televisivo que la va de economista. No. Llegamos hasta acá porque no fuimos consecuentes con los principios que habíamos sustentado. Entonces nos dejaron de creer. Nos llenamos la boca de defender al Estado y no utilizamos sus recursos para beneficiar en serio a las grandes mayorías. ¿Cómo crees que te crean?
Bueno llegamos hasta acá. ¿Y que vamos a hacer si recuperamos la confianza de los que defraudamos? Te lo dice Mordisquito: hay que terminar con el juego de la moderación.
Estos tipos utilizan la “doctrina del shock” y nosotros parecemos sujetos temerosos, tímidos y cobardes. Quedó demostrado con el caso Vicentín. Ese era el momento de la expropiación y de asumirse como lo que somos: un colectivo popular –a cargo de un Estado– que asume sus compromisos. Ese era el momento de armar cientos y miles de empresas de alimentos estatales, de cooperativas locales y redes de trabajo local. Ese era el momento exacto de tomar por asalto los mecanismos centrales del comercio exterior y de empoderar sindicalmente a los millones de trabajadores informales.
No lo hicimos pero ahora vemos cómo estos monigotes son capaces –sin el más mínimo soporte político– instituir reglas del juego beneficiosas para los centros de poder. ¿Si hacemos lo contrario, si beneficiamos a los que más sufren, te parece que no nos van a bancar en las calles? ¿No te das cuenta –se preguntaría Mordisquito– que los laburantes no se bancan a los tibios? Y no los soportan, sobre todo, porque los tibios no ofrecen peleas ni te abren ventanas de esperanza. Y nosotras y nosotros, los que la yugamos, necesitamos sueños: somos asiduos consumidores natos de esperanza.
Aunque no lo creas, el mequetrefe que tenemos de presidente ofreció algo parecido a un destino: romper todo para que la inflación mejore. Ya sabemos –insistiría Mordisquito– que fue todo una farsa. Pero muchos de los que conocemos compraron boletos de sueños con Bancos Centrales destruidos, con Castas Políticas desahuciadas y con un futuro inmediato promisorio. Les ofreció una quimera. Una ilusión que –ya se ve– era una mierda. Muy bien. Aquí estamos. Y ahora ya sabemos tres cosas.
Una: que no podemos claudicar porque nos comen los piojos. Y que a continuación vienen ellos a destriparnos. Dos: Que hay que jugársela sin miedo en los cinco minutos que tenés el “derpo”. Y eso, por supuesto, supone que tenés que arriesgar. Que sabés que te van a pegar. Pero que no llegás para ser ordenadito y “hacer la plancha”. Y tres: Que la política consiste en proponer esperanzas realizables. Pero que viene a degüello contra vos cuando no las cumplís.
Eso es, justamente, los que Mordisquito me advirtió ayer en un sueño: ya empiezan a juntarse los pedacitos de un pueblo que empieza a “cortarle boleto” a Milei. Pero podemos volver a frustrarnos si solo nos contentamos con repetir el mantra pedorro de “volver mejores”. Hay que cumplir con los compromisos. Recién ahí –me dijo ayer Mordisquito– te van a salir a bancar quienes te apoyaron.
¿Ahora entendés porque es tan necesario su regreso?.
Análisis
La Mano de D10S
Diego, marcó. Dejó, cedió una huella que sostiene. Cómo en la imagen. Diego Armando, armó (a-mor etimológicamente significa vivir sin muerte) con su juventud, una juventud que sonríe.
Por Jesús Rivero*
Transmisión etimológicamente significa: acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá.
Diego, marcó. Dejó, cedió una huella que sostiene. Cómo en la imagen. Diego Armando, armó (a-mor etimológicamente significa vivir sin muerte) con su juventud, una juventud que sonríe.
No es solo fútbol. Pulula desde las periferias, desde los barrios, un nacionalismo, sin centro. Es la juventud, su brazo, su mano, la mano de Diego.
No es romantizar el fútbol, menos la vulneración de un pueblo que pide a gritos una sonrisa, una felicidad. Es decir, poder leer en términos del psicoanálisis lacaniano el orden de lo real, y tocarlo por medio del orden simbólico. Hoy, el objeto de representación imaginaria es un objeto redondo, esférico, llamado pelota, pero que remite estrictamente al orden de lo real, al inconsciente político.
Es obvio e histórico que el fútbol y los mundiales son un velo que no manifiesta la realidad explícita. En nuestro imaginario con solo tocar por medio del orden simbólico (la palabra) lo real, nos remite a la realidad atroz que veló el mundial de 1978.
Hoy, la realidad no es diferente. Que el Gobierno representado por Javier Milei, pero sostenido por el círculo rojo internacional que en teoría llegó al Ejecutivo por las vías democráticas, en la práctica es un gobierno de facto, por fuera del marco jurídico, violando la reforma Constitucional de 1994 y los tratados internacionales que se introdujeron en la misma con jerarquía constitucional.
Bajo el señuelo del mundial de fútbol, en Ejecutivo lanzó una agenda económica-política en tiempo récord, estableciendo convenios estratégicos de alto impacto y que mantiene bajo estricto hermetismo el avance hacia la privatización de sectores clave como el agua, minerales críticos y energía nuclear.
Hoy, tenemos instalado en Argentina al magnate Peter Thiel con su proyecto de la Inteligencia Artificial y que necesita de la Patagonia para materializarlo y sobre todo de la continuidad del gobierno representado por Javier Milei, con un establishment (equipo) que no es nuevo. Sus apellidos son conocidos: Luis Caputo, Federico Sturzenegger, Patricia Bullrich y Diego Santilli, es decir, Mauricio Macri.
Hoy, como ayer mientras los goles (la fiebre del mundial) copaban las pantallas, se ejecutaban políticas que favorecen al mismo sector de siempre, a los poseedores del gran capital. En este modelo de socialización de las pérdidas y privatización de las ganancias, por ejemplo Capital Humano activó una de las medidas más drásticas del año con la caída de la prórroga automática de 446 convenios colectivos de trabajo, en el mismo momento que dejaba sin percibir el Salario Social y Complementario a mas de 1.000.000 de trabajadores de la Economía Popular.
En simultáneo el Ministerio de Defensa selló un negocio con Estados Unidos para el acceso a combustible militar y tecnología digital (drones), profundizando el alineamiento geopolítico de Argentina, pasando por alto la asamblea legislativa, es decir, la democracia.
Desde que el velo del mundial como cortina tapa el grifo que cerró las transferencias, las licitaciones y auditorias avanzan a paso firme en las oficinas de la Agencia de Transformación de Empresas Públicas, apuntando a tres ejes fundamentales:
●AySA (Agua y Saneamientos Argentinos): el servicio de agua potable y cloacas de Buenos Aires se encuentra en la fase técnica final para su concesión al sector privado. El proceso se maneja con un perfil inusualmente bajo para evitar la resistencia social que históricamente generan las privatizaciones de servicios públicos esenciales.
●Intercargo (aerocargo): la empresa estatal que monopoliza el servicio de rampa y logística de cargas aéreas en los aeropuertos del país avanza en su pliego de privatización. El conflicto latente con los gremios aeronáuticos se ha mantenido congelado mediáticamente durante un mes.
●Centrales Nucleares: el paquete de medidas más sensible involucra a Nucleoeléctrica Argentina (operadora de Atucha l, Atucha ll y Embalse). Cómo efecto del velo del mundial como distracción se aceleró la privatización parcial y contratos operación internacional.
En lo que respecta al poder legislativo hubo un tratamiento de urgencia para el pago de 104 millones de dólares a los últimos fondos buitres (Bainbridge y Attester Value) que se aprobó a espalda de la ciudadanía.
No hay duda que “la libertad avanza» para unos pocos, los mismos de siempre. Es imperante para el Ejecutivo la reforma estructural para materializar su proyecto, mientras las pantallas suben la fiebre mundialista. Cuándo la misma baje será responsabilidad nuestra trabajar sobre este nacionalismo que polulo desde las periferias, que se mezcló entre el fútbol como caballo de Troya. Una latencia que se multiplicó por un instante en alegría, como el recordado 17 de octubre, donde las fuentes se llenaron de cabecitas negras, de obreros. Las hazañas siempre fueron peronistas, como los días más felices también fueron y serán peronistas, porque el peronismo es un movimiento que está constituido por sectores de centro-izquierda, centro y conservadores. Un significante vacío que busca su punto de capitón, su significación (negociación). Solo el que no sea peronista puede creer que el peronismo se está destruyendo. Es todo lo contrario, cuando nos peleamos, nos estamos reproduciendo, es la lucha de clases dentro del movimiento, son las características de la democracia.
En este sentido y como decía Diego: fuy, soy y seré peronista. Porque los días más felices fueron, son y serán en un porvenir peronista. Porque como lo ilustra la imagen, hay una juventud que pulula desde las periferias con una sonrisa, con un brazo, con una mano, que sostiene la bandera, la mano de D10S.
*escritor y activista político.
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