Análisis
Parar la estafa
Sin vueltas ni componendas.
El objetivo central de la política económica debe ser, sin ninguna duda, organizar el trabajo y la producción para el buen vivir sin exclusiones, con un aprovechamiento integral y una justa distribución de nuestros recursos e ingresos, sustentable, con ciencia, técnica, industria, independencia y soberanía.
¿Cuenta la Argentina con las posibilidades, capacidades y medios para hacerlo? Sabemos que sí, nuestra generosa geografía lo demuestra. Tenemos capacidad humana para trabajar y transformarla. Producimos alimentos, energía, tenemos agua y minerales estratégicos, tierras y mar con diversidad biológica y comprobada productividad, potencial científico y tecnológico.
Sin embargo, no lo logramos. No se cumplen los objetivos de la Constitución Nacional de “progreso económico con justicia social” y de “crecimiento armónico de la Nación”, equilibrando “el desigual desarrollo relativo de provincias y regiones” (1) ni hemos alcanzado una matriz industrial diversificada a partir de nuestros recursos y con generación de empleo calificado.
Nuestra economía real demanda importar bienes o insumos industrializados con valor agregado en otros países. Las divisas (dólares) disponibles para adquirirlos no alcanzan.
Exportamos sobre todo materias primas con escaso trabajo argentino agregado (2). Y en su voracidad los complejos exportadores imponen a la venta en el país de esos bienes transables precios muy por encima del costo real y de una ganancia razonable. Esos precios están acoplados a los del mercado internacional sin considerar la ventaja de la productividad de nuestro suelo y el trabajo de nuestro pueblo.
Así sucede que cuanto el peso se devalúa por las propias presiones de los exportadores sobre el tipo de cambio, los precios internos aumentan. Ahora bien, cuando el peso se revalúa, también toman los costos internos y los transmiten a los precios. De allí que tenemos siempre precios caros de los bienes esenciales para vivir y producir, como sucede en el caso de los alimentos, los medicamentos, la energía y la tecnología.
Desde hace 50 años (3), con el predomino de la estrategia de la valorización financiera del capital que conlleva un endeudamiento externo creciente, las consecuencias negativas de la situación que describimos que afectan a la balanza comercial, se extienden a la balanza de servicios con malos resultados para el movimiento y nivel de las reservas del país. En consecuencia, a partir del acrecentamiento de la deuda externa que por ello tomó la dictadura cívico militar neoliberal instaurada en 1976, toman importancia las condiciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) (3).
En esa situación una economía bimonetaria se fue constituyendo en Argentina. Y es en su mayor parte en negro, es decir ilegal, en ella confluyen incluso el producto de actividades criminales como el narcotráfico, la trata de personas.
Los pesos con los que se compran dólares en el mercado paralelo de divisas e incluso al Banco Central (BCRA) resultan de la apropiación de transferencias de ingreso de los sectores más pobres y medios a los más ricos por los distintos tipos de rentas que estos últimos obtienen, y son muchas veces fruto de operaciones no registradas oficialmente, sobre las que no se pagan impuestos ni contribuciones patronales a la seguridad social.
La mayoría de las corporaciones y empresas de todo tamaño pagan parte de los salarios en blanco y en negro, o en bienes, e incluso algunas lo hacen en el exterior, la mayoría de las operaciones de compra-venta de bienes muebles e inmuebles, se realizan en parte en blanco, en parte en negro o totalmente en negro, en gran parte en dólares, en transacciones de ilegalidad manifiesta. La elusión y evasión impositiva son moneda corriente en detrimento del financiamiento del gasto público (4).
Esa estrategia, en perjuicio del trabajo y el interés nacional, beneficia a los grandes fondos de inversión y bancos acreedores, y a sus socios en los hechos, los grandes grupos empresarios locales o transnacionales, a los oligopolios que nos imponen sus precios.
Es que el endeudamiento público con el sector privado – y luego, al no poder pagar esa deuda, con el FMI- permite períodos de estabilización de la cotización del dólar y favorece la valorización financiera de los excedentes empresarios mediante el arbitraje entre el valor de los activos financieros en moneda nacional y un tipo de cambio estable, con la mecánica de la bicicleta financiera (“carry trade”), les posibilita convertir sus ganancias en divisas y fugarlas del país, provocando una devaluación. De esta manera aceleran las crisis de la deuda para disminuir el valor de los activos internos; se genera así una oportunidad de recompra y acumulación de ganancias. Es decir, se crea dinero a partir del dinero aumentando su precio, se imponen precios exorbitantes a consumos e insumos esenciales, se evaden o eluden impuestos, y a partir de ahí se fugan capitales, es decir se forman activos en el exterior o fuera del sistema financiero.
Esos sectores beneficiados y su estrategia han condicionado a todos los gobiernos.
Hoy la Argentina sigue bajo programas del FMI ilegalmente acordados e irregularmente autorizados, y todavía debe esos dólares, más los que le dieron al actual gobierno, que también están yendo a la fuga.
La falta de dólares es creciente, no solo pues hay que pagar las importaciones acrecentadas por una apertura comercial irrestricta, es que a las divisas también se las llevan la remisión de utilidades al exterior, los pagos de la deuda y sus intereses, la fuga de capitales, que constituye el principal problema que afecta a nuestra economía, que comprende a otro: la evasión o elusión impositiva. Son causas también de la insuficiencia de las inversiones públicas y privadas, del déficit de nuestra balanza de pagos y del desequilibrio fiscal que tiene su origen en una estructura regresiva del sistema tributario y la falta de eficacia del estado en la lucha contra la evasión impositiva (5).
Esto sucede también durante los muchos años de superávit comercial que se registraron, a pesar del contrabando, la sobrefacturación de importaciones y la subfacturación de exportaciones, pues Argentina incrementó sus exportaciones y tiene condiciones de responder a la demanda de importaciones generada por la evolución de su economía real a pesar de sus muchos problemas irresueltos, entre ellos las limitaciones de su matriz productiva o la falta de regulaciones y controles efectivos.
Al respecto, un reciente estudio estima que “entre 1976 y 2023 la deuda externa acumuló 286 mil millones de dólares, la fuga de capitales al exterior 382,4 mil millones de dólares mientras que el déficit fiscal primario -que incluye el consolidado de Nación, Provincias y Municipios- 99,4 mil millones de dólares”. Es decir, la fuga de capitales al exterior que más que triplica el déficit fiscal” (6).
A esta situación hay que responder con decisión, sin vueltas ni componendas, articulando la fuerza necesaria para parar esta estafa (7), y salir de este círculo vicioso de ajuste, endeudamiento y fuga de capitales que sólo favorece a la renta financiera, destruye nuestra economía real, empobrece a nuestras familias y atenta contra el interés nacional.
Como venimos afirmando, para hacerlo es necesario superar la actual crisis de representación con un plan común (8) a los sectores del trabajo y la producción vinculados al interés nacional y al mercado interno, comprendiendo:
● una inmediata recuperación del poder adquisitivo de los salarios, jubilaciones, salario social complementario, y asignaciones familiares, imprescindible para mejorar las condiciones de vida y en consecuencia incentivar la demanda interna;
● la reversión de la apertura irrestricta de las importaciones;
● desacoplar los precios internos de los externos, para evitar – desdolarizando el mercado interno- el doble juego de las empresas que cuando les conviene equiparan los precios internos a los internacionales, y cuando el peso se revalúa usan los costos internos para fijar precios;
● la administración de los precios de los bienes y servicios básicos para vivir y de los insumos para producir; para ello es necesario el seguimiento público y publicitado de sus costos producción y comercialización; poner límite a la voracidad de los oligopolios;
● la regulación y fiscalización del comercio exterior, el movimiento de capitales, el flujo de divisas; de todos los movimientos de la balanza de pagos;
● la revisión, previa investigación, de la deuda externa. Su pago, en la medida que corresponda, debe estar a cargo de sus beneficiarios. El reciente acuerdo entre el Fondo Monetario y el Gobierno de Javier Milei se concretó en contra de la ley argentina y del convenio constitutivo del FMI. Esas mismas anomalías afectan al préstamo otorgado al Gobierno de Mauricio Macri. Por ello no deben ni pueden pagarse (9);
● la recomposición de la estabilidad de la moneda y el crédito; reforma y reorientación de toda la actividad financiera, bancaria o no bancaria, incluso la de plataformas, al servicio del trabajo y la producción. Nueva ley de servicios financieros;
● una reforma y simplificación tributaria – que paguen más quienes acumulan más rentas –, ley de coparticipación federal progresiva (10);
● una planificación económica integral articulando a las economías regionales, todas las cadenas productivas, a las producciones urbanas, agrarias y mineras, integrando el sistema educativo, científico y tecnológico nacional, con condiciones laborales donde la revolución tecnológica también redunde en beneficio de los trabajadores que la hicieron posible; con un programa federal de industrialización (11);
● relaciones económicas internacionales multilaterales acordes a nuestro interés nacional;
● recuperación y reestructuración del Estado y reforma de la legislación en función de los objetivos arriba señalados.
FORO ECONOMIA Y TRABAJO
Ricardo Aronskind, Carlos Baraldini, Gabriel Barceló, NoemíBrenta, Juan Pablo Costa, Norberto Crovetto, Marcelo Di Ciano, Marisa Duarte, Eduardo Dvorkin, Roberto Feletti, José M.Fumagalli, Américo García,Carlos Gutiérrez, Ricardo Koss, Bernardo Lichinsky, Pablo Manzanelli, Jorge Marchini, Felisa Miceli, Tomás Raffo, Horacio Rovelli, José “Pepe” Sbatella, Nahuel Silva, Coordinación: Eduardo Berrozpe.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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