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Análisis

Un debate sobre la mercantilización de la vivienda

Resistir la vida precaria: La charla realizad en el Centro Cultural Kirchner planteó una pregunta central: ¿Cómo luchar contra la mercantilización de la vivienda?.

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Por Mariana Collante

La charla realizada el jueves pasado en el Centro Cultural Kirchner planteó una pregunta central: ¿Cómo luchar contra la mercantilización de la vivienda?  Para iniciar la conversación se proyectó la película española “En los márgenes” protagonizada por Penélope Cruz, y Luis Tosar.

Luego hubo una puesta en común entre la legisladora porteña Ofelia Fernández, Fernando Muñoz, integrante de Inquilinos Agrupados, y los realizadores del film; Juan Diego Botto y Olga Rodríguez.

La película narra un día en la vida de varios personajes arrojados a diferentes formas de precariedad, que se entrelazan, y cuyo centro es la lucha de una mujer para evitar que la desalojen de su casa.

La falta de acceso a la vivienda no posee fronteras, pero sí características particulares. “En los márgenes” toma las consecuencias de la ‘burbuja inmobiliaria global’ en España, un período que comenzó en 2008 y concluyó en 2014 con miles de personas desalojadas, y cientos de suicidios.

Las veinticuatro horas que viven los personajes son decisivas, y lo que le ocurre a cada uno, no es extraordinario, es más bien fruto del desamparo colectivo. Si el arte, en este caso el cine de ficción, tiene algún propósito es hacer visible lo que se naturaliza, y poder ver la anomalía: una vivienda no es solo un bien de mercado, implica la vida de las personas en toda su dimensión.

Preguntarse, entonces, cómo se frena este proceso de mercantilización es urgente, sobre todo, para la política institucional, que salvo algunas excepciones, no quiso ni quiere incomodar al capital rentista con regulaciones y controles. En cambio, para las organizaciones sociales movilizadas en torno al reclamo por el acceso al hábitat digno, su propia existencia supone un freno, y  el desafío de disputar un derecho.

En este sentido, Juan Diego Botto, director y guionista del film comentó que en las marchas de los y las vecinas para frenar los desahucios, una de las consignas que más se escuchaba era: “No nos representan” dirigida al gobierno español. Porque su única intervención en el proceso fue enviar a la policía para instrumentar los desalojos, y dejar que los bancos y los propietarios hicieran según sus intereses. Es decir, el estado eligió defender a los más poderosos.

Por su parte, Olga Rodríguez, guionista de “En los márgenes” puso el foco en la actuación de los medios de comunicación, primero cubriendo, con cierta empatía, las historias de quienes estaban luchando por tener un lugar donde vivir, y luego criminalizándolos. “Transformaron lo que es una necesidad y un derecho en un delito” explicó la guionista.

Destacó, además, que la película buscó retratar la mayoritaria participación de las mujeres en las organizaciones, algo que se logró incluyendo, en su trama, secuencias de una asamblea real.

En su intervención, la diputada Ofelia Fernández, consideró que la política no está dando lugar a cuestionar la tensión social que existe entre el uno por ciento más rico, y el resto de la población. “Es una lucha que enfrenta intereses económicos, con intereses vitales como el trabajo o la vivienda”.

Dijo también que es necesario construir un movimiento transversal y ciudadano para dar respuesta a la mercantilización, y superar la falta de noción de futuro, y la fragmentación que existe en la sociedad.

Fernando Muñoz, integrante de Inquilinos Agrupados sumó la experiencia local haciendo un recorrido por las contundentes medidas que tomó el primer peronismo para regular el acceso a la vivienda, basadas en la concepción de la función social de vivienda.

Para el dirigente frenar al capital rentista requiere de audacia y decisión por parte de los gobernantes, y de las organizaciones, ya que existen ejemplos a lo largo de la historia que se pueden adaptar y actualizar.

Opinión

A 24 años de la masacre de Avellaneda: Dario Santillán y Maximiliano Kosteki presentes

La masacre de Avellaneda no fue un hecho aislado. Fue parte de una lógica política que intentó contener la crisis política-económica-social con represión y la criminalización de quienes sufrían consecuencias.

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Por Jesús Rivero*

A 24 años del asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, la memoria de la represión de Puente Pueyrredon vuelve a interpelar el presente. Hoy, la impunidad sigue presente con Eduardo Duhalde libre y como una especie de gurú político dando consejos en instituciones y medios de comunicación.

Dario Santillán  y Maximiliano Kosteki no fueron victimas de un enfrentamiento fue la violencia y represión institucional (policía bonaerense) las que recibieron órdenes del poder ejecutivo para reprimir y asesinar en un contexto de crisis política-económica-social como efecto de las políticas neoliberales que se aplicaron a nivel global como efecto de la caída del muro de Berlín en 1989 y el fin de las ideologías simbólicamente y la emancipación del sistema capitalista a nivel global, a nivel nacional (particular) con los gobiernos neoliberales de Carlos Menem y De la Rúa.

Darío Santillán  y Maximiliano Kosteki  eran dos militantes que fueron acribillados el 26 de junio de 2002 por uno de los tantos operativos represivos contra organizaciones que reclamaban por trabajo, alimentos y condiciones dignas de vida.

La fecha toma una dimensión política particular con la reaparición de Eduardo Duhalde en la escena pública. El ex presidente que gobernaba el país durante la masacre de Avellaneda, volvió a subir a escena en un contexto marcado por la crisis del gobierno representado por Javier Milei y sostenido por el círculo rojo internacional, por ahora.

La figura de Duhalde no es casualidad, el contexto es similar. Su gobierno llegó luego del paradigmático y dramático 2001 con un país atravesado por el desempleo, la pobreza, la indigencia y una enorme conflictividad política y social. En ese momento, como en el actual, la respuesta del Estado (una forma de organización política) frente al crecimiento de los movimientos sociales y piqueteros, fue la violencia institucional. 

El operativo del Puente Pueyrredón involucró distintas fuerzas de seguridad y terminó con el asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

La masacre de Avellaneda no fue un hecho aislado. Fue parte de una lógica política que intentó contener la crisis política-económica-social con represión y la criminalización de quienes sufrían consecuencias.

En aquel contexto, como el actual, miles de trabajadores informales (desempleados) se organizaban en las periferias de las urbes (barrios) frente a un modelo económico que había dejado una enorme exclusión. 

En lo concerniente a las condenas, los autores materiales fueron condenados por la presión y lucha popular, los autores intelectuales no lo fueron. Hoy, es nuestra responsabilidad exigir a la Justicia como poder independiente en teoría, porque en la práctica no lo es, que avance y legitime una necesidad de justicia. 

*escritor y dirigente social.

 

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