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Análisis

Un año de Milei: ajuste fiscal y apatía social

Doce claves de la gestión libertaria.

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En un contexto de crisis económica, los datos expuestos por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) destacan un panorama desolador.

La caída del empleo industrial, el impacto de las tarifas de servicios esenciales y el recorte en el gasto público configuran un escenario de mayor desigualdad y pérdida de derechos sociales.

“Industricidio”: empleo en retroceso

Mientras la economía cayó un 3,3% al mes de septiembre, los sectores extractivos con orientación exportadora (agro, minería e hidrocarburos) experimentaron un incremento, beneficiándose de políticas que priorizan la exportación de recursos primarios.

En contrapartida, los sectores intensivos en empleo como la industria, el comercio y la construcción sufrieron una drástica caída:

• Industria: -6%

• Comercio: -8%

• Construcción: -17%

Este fenómeno se relaciona directamente con la apertura indiscriminada de importaciones, que incluye la reducción de aranceles, la eliminación de restricciones y la desregulación aduanera.

Además, el aumento de los costos en dólares y la caída del consumo interno consolidan un escenario de cierre masivo de empresas: más de 16.500 firmas han desaparecido, debilitando aún más el aparato productivo nacional.

Tarifazos: un golpe a los hogares y ganancias extraordinarias para las empresas

Las tarifas de electricidad, gas y agua registraron un aumento de 400%, afectando desproporcionadamente a los hogares y comercios.

Este incremento no estuvo acompañado de una revisión de los costos de producción, situándose muy por encima de la inflación.

El resultado inmediato fue el fortalecimiento de las empresas energéticas, cuyas ganancias operativas se multiplicaron por 4, mientras que el oligopolio petrolero vio un crecimiento de sus beneficios por 8.

A su vez, la desregulación del precio del crudo y los combustibles encareció la canasta energética, agravando aún más la situación económica de las familias argentinas.

Ajuste fiscal: recorte del gasto público y debilitamiento del Estado

El ajuste en el gasto público alcanzó un 28% interanual en términos reales, impactando en áreas críticas como:

• Obra pública.

• Subsidios a la energía y transporte.

• Universidades, FONID (Fondo Nacional de Incentivo Docente) y jubilaciones.

El recorte no solo golpeó el acceso a bienes y servicios públicos esenciales, sino que también afectó a la comunidad científica.

Instituciones como el CONICET, INTA e INTI sufrieron recortes severos. Además, se implementaron planes para la privatización de ARSAT y otras áreas estratégicas del desarrollo nacional.

Un modelo regresivo con consecuencias estructurales

Los datos reflejan una reprimarización de la economía argentina, profundizando un modelo que prioriza sectores extractivos en detrimento de actividades industriales y de generación de empleo.

A su vez, el ajuste fiscal y los tarifazos configuran una redistribución regresiva del ingreso, donde los costos recaen sobre los sectores más vulnerables mientras se favorece a grandes corporaciones.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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